Esos países feos

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El mundo está en otro capítulo de escándalo desde que se hicieron virales las declaraciones de Trump en las que se refería a Haití y a los estados africanos como “países de mierda”. Claro, ya con todo el revuelo internacional algunos senadores han salido a apoyar al Presidente diciendo que esa frase él nunca la había dicho. Dicen incluso que el magnate afirmó que es el menos racista de los Presidentes que han tenido los Estados Unidos de Norteamérica.[1]

El problema es que si el Presidente no dijo esa frase tan fea sus actos demuestran que esto es en definitiva lo que piensa. No tan sólo porque Trump tuvo una campaña electoral que anunciaba una política migratoria cada vez más restringida sino porque sus acciones en la Casa Blanca han sido consecuentes.

Así, por ejemplo, el poco aire que habían recibido los migrantes en el 2016 se acabó cuando en diciembre de 2017 el gobierno oval anunció que se retiraría del el Pacto Mundial de la ONU sobre migración y refugiados en tanto que consideró que sus previsiones son inconsistentes con las políticas de inmigración y refugiados de Estados Unidos y los principios de inmigración de la Administración que dirige.

En ese contexto es que realmente lo que haya dicho Trump en específico sobre África y Haití se vuelve irrelevante cuando seguimos teniendo una situación migratoria mundial particularmente compleja.

Uno de los aspectos más difíciles del momento es que la migración, que entra a Estados Unidos o que se concentra en las puertas de Europa está conformada principalmente por niños y niñas.

Es interesante en esto mirar cómo se construyen las noticias virales y para qué sirven puesto que el tremendo escándalo de Trump deja pasar por debajo de la mesa que desde el 11 de enero en Francia se prepara una nueva reforma al derecho de asilo, donde los lapsos son más cortos para los permisos y a cambio de alguna mejora para los que ya se encuentran en el hexágono se habla, con mucha elegancia, de un sistema de disuasión migratoria.[2]

Es decir, de convencer a aquellos de los países feos que es mejor que no vengan porque  será cada vez más difícil que su aventura termine en la  adquisición de la nacionalidad galesa o al menos en su integración a la vida en ese país.

La línea que sustenta esta política del sistema de disuasión migratoria es más fuerte que las leyes que al respecto intentó y aplicó Nicolás Sarkozy y su discusión empieza por una visita del Jefe de Estado francés a Calais, legendario por desastroso e inhumano, donde se reunió primeramente con los policías a quienes promete un sistema de bonos de eficiencia.

¿Eficiencia en la política que desde hace más de una década se denuncia como de caza, en especial de niños y mujeres? Parece que por allí va el asunto, lo que no es tampoco tan distinto a lo que se reportaba en diciembre desde España con los refugios/hogares/cárceles donde los inmigrantes esperan que se decida cuál será su destino.

El tema de la migración que nos sigue pareciendo accesorio es un asunto que tiene cada vez mayor importancia, no tan sólo por la cantidad de personas que se encuentran en esta situación, no tan sólo venezolanos queridos amigos sino ciudadanos de todas las partes del mundo, sino por lo que devela de la realidad de las premisas fundamentales de los Derechos Humanos.

Así, según información de la ONU publicada en enero de 2016, el número de personas que viven fuera de su país de origen alcanzó 244 millones en 2015, lo que supone un aumento de 41% con respecto al año 2000[3] por lo que modifica la conformación cultural y etnográfica de distintas regiones del mundo.

Para el mundo que queremos la situación que provoca la migración ha de superarse y esto no se ve próximo donde con escándalo y  discreción como cortina se evidencia que el trato de los migrantes sigue  pareciéndose al de todos los objetos residuales, tras escoger cuáles les gustan, el resto le molestan.

[1] http://www.lasexta.com/noticias/internacional/respuesta-trump-llamar-paises-mierda-haiti-salvador-soy-persona-menos-racista-que-hayais-entrevistado_201801155a5c57220cf211aa0d557c7d.html

[2] http://www.lemonde.fr/immigration-et-diversite/article/2018/01/11/que-contient-le-projet-de-loi-asile-immigration_5240339_1654200.html

[3] http://www.un.org/spanish/News/story.asp?NewsID=34205#.Wl4kYHmJgdU

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Jean

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En Francia, todos los niños aprenden a decirle a su maestro “Monsieur”. Se les educa que esa palabra va pegada, antecediendo, a todos los nombres, por lo que siempre existirá esta distancia entre ellos y los otros, así se les diga que las distancias son simplemente cortesía.

Hoy es el día del maestro y yo andaba con ganas de encontrar una foto pero no lo logré. Son muy pocas las que tengo de él. Como de Farid de Jean, no tengo apellido. Sólo una historia.

Fue en esa misma escuela del Valle, ese edificio pequeño, con sótano y patio, donde íbamos a parar los niños inmigrantes. Víctimas de los años noventa donde el racismo a los franceses todavía les daba un poco de vergüenza.

Era una escuela de barrio. En las afueras de una ciudad muerta. Era una escuela de hijos de alcohólicos, de desempleados, de señoras que se apañaban con sopa en el invierno. Una escuela donde la merienda era agua con granadina y en la comida casi nunca había carnes de primera sino todas esas otras carnes que se comen en invierno.

Jean era el maestro de cuarto grado, titular de un aula de unos veinte muchachos. Su rostro lo recuerdo poco salvo que era grande. Grande como para los niños son los adultos.

Yo era una niña extranjera, inmigrante. Con un rotundo desconocimiento del francés y una precaria, si, precaria escuela primaria en otro formato y reglas.

Jean nunca quiso que yo dejara de sentirme extranjera quiso que mi mundo impactara los espacios que iba pisando y buscó en el mapa Venezuela aunque lo que le salió era más propio para una Argentina. Antes de explicar que yo no hablaba francés explicó que ninguno, ni él,  hablaba español y ese sería el comienzo de una aventura conjunta.

Todos debíamos aprender el otro idioma y sólo teníamos en común el mundo de las matemáticas.

Como llegamos a Francia en octubre muy pronto se hizo el invierno y con él, la tarde era ya la noche. Las jornadas de esos días fueron las más largas de mi vida.

Aunque Jean no hablaba español lograba que yo entendiera su idioma y se le fueron ocurriendo ideas para que yo no muriera de frustración. El sistema apremiaba y la clase para extranjeros ya no sería autorizada, el asunto del presupuesto…

A cambio de mi dedicación, él me prometió que yo escribiría en el periódico cuando llegara el verano y entonces todas las reglas, de caligrafía, ortografía, gramática y pronunciación tendrían sentido. Yo podía no sólo hablar español como él no podía sino que podría escribir en francés como otros no podían.

Así se fueron pasando los verbos, el pasé composé, el savoir lire et savoir faire.

Así fue que conocí a Rimbaud y memoricé a Verlaine.

Así fue que supe que Guillermo era Duque de Normandía y que el teatro, el teatro a veces nos muestra lo que no queremos saber de la vida.

Cuando una crece a veces entiende el tamaño de los seres en su vida y quizás lamenta no poder volver a decir en correcto francés, gracias por marcar mi vida.

Por dejarme ser para siempre la niña inmigrante que entiende que el lugar de uno es donde el corazón esté; por haberme mostrado las cosas que nunca dejé de hacer y porque, cuando la realidad nos tocó y nos arrancó un pedazo yo quise dedicarle a Farid mi vida por los derechos de los inmigrantes.

Pero no fui yo tan extraordinaria, mi Jennifer se hizo maestra y estudió español, en su casa había hasta discos de Alí Primera y ella sí supo diferenciar un venezolano de un mexicano o un chileno.

Esas son las historias que los maestros nos contaron, los ejemplos que nos hicieron, las causas que nos empaparon y esa es una verdad inmensa para mí orgullosísima egresada no de aquél enorme colegio de Maracaibo sino del pequeño colegio de barrio donde un maestro no se dejó llamar Monsieur y se vistió de payaso.

En alguna escuela seguramente ese Jean sin apellido sigue prendiendo luciérnagas que iluminan otras vidas…

Me quedé tan sola

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Me quedé tan sola y odio las fotos con Cruz Diez, converses y maletas. Esas fueron aproximadamente las dos últimas frases de “Estás hecha para mí” una de las obras de microteatro, o teatro de ¼ que se presentan en esta temporada en el Teatro Urban Cuplé del Centro Comercial Tamanaco.  Quienes me conocen se sorprenderán que yo comience escribiendo sobre esto. No es mi tema, no es mi zona, no es mi ambiente. Yo soy de otros teatros, otros sectores y otras editoriales pero llegué allí.

Ocurrió cuando un día que empezó en un simple desayuno se transformó con esa magia que tienen los encuentros de la gente amada que pueden –antes de que te des cuenta- durar hasta la medianoche.

Esta obra gritada, llena de lugares comunes y presentada en una sala abarrotada, iba tras las pistas de las mismas preguntas que he venido haciéndome intentando entender esta juventud que conformamos, en un escenario de un país sancionado, quemado en las brasas de una inclemente confrontación política.

¿Dónde estamos? ¿Nos estamos quedando solos? ¿Dónde están nuestros amigos? ¿Qué nos une? ¿Qué nos anima a pararnos cada día? ¿Quién trabaja, para quién, para qué? ¿Cómo escondemos nuestra crisis de fe, en lo individual, en lo político, en lo nacional, en lo humano?

¿Qué generación somos? ¿Qué hacemos con una vida que arrancó con la vueltica de Salserín y que ahora queda impregnada por el drama de Chino y Nacho, o, la inexistente moral de Maluma?

Para mi columna yo hoy respondía lo que creo. Hay que vivir y ya, pero, esto no resulta tan sencillo. Para los dolores que ahora se exhiben en tablas y televisores, los que dejan las despedidas, se ha creado toda una industria de marketing, aquellos grupos que marcaron una generación ya tienen sus canciones para los que se quedan, para los que se van; para la prima de Turquía y el novio en Panamá, hay ropa, souvenirs y claro, redes sociales.

Para otro tipo de soledades nuevas no hay tanto consuelo. La soledad que deja que algunos se convenzan que no pueden seguir siendo amigos ni familia de otros. De los otros…

Pero la verdad aquellos grandes bloques del pasado ahora parecen volverse permeables. Ya no es un asunto de chavistas y escuálidos, no ante las dificultades nacionales, no ante una realidad donde parece que el asunto va entre los que se quedan y los que se van.

Al pensar en esto ante un drama basado en una muchacha que busca en redes para “ligar” conocer mujeres porque ya no le quedan amigas en el mismo huso horario y termina siendo encasillada como lesbiana, el personaje se derrumba al encontrarse en un mundo donde barreras virtuales y reales le dificultan que en medio de tan agrestes tiempos alguien le dé un abrazo,  haga un ruido,  le dé un bofetón o simplemente le haga sentir acompañada.

Sin dudarlo, la soledad me parece un impuesto más grande que la angustia que produce la hiperinflación. Es una daga a nuestro corazón caribe, a nuestra manera tradicional de superar las cosas.

Quizás yo no termine por recomendarles esta obra, clasemediera en todo su imaginario, prejuiciosa y sosa en sus personajes pero comparto esa necesidad de ubicarnos, en lo que somos y en lo que estamos.

Estoy convencida desde las miradas que me traigo cada vez que cruzo Caracas o la manera en la que la gente se toca las manos, angustiados, en Maracaibo que nosotros tenemos muchos esfuerzos por delante. Algunos los hemos pospuesto desde siempre, a decir verdad, no nosotros, nuestros abuelos o sus abuelos, los dejaron para el después. Ese tema sería el de las instituciones solidas.

Otros, han venido multiplicándose en estos tiempos y ese quizás es el asunto de la producción y la eficiencia pero hay uno que nadie podrá solucionarnos y que no podemos dejar para algun otro tiempo que es elevar una contención, más alta que incluso nuestras posturas individuales ante la pretensión de hacernos estallar sentimentalmente, intímamente.

Este es el drama de nosotros, los de los ochenta y los noventa, los que nos preguntamos viendo jugar en un parque qué le daremos a nuestros hijos; un drama que va más allá de las etiquetas, donde todos nos hemos equivocado, donde a todos nos han abandonado.

Ni Eje del Mal, ni trópico poblado únicamente por bellezas tropicales, ni tierra de piratas y brivones, ni cuna de puros candidatos al Olimpo, somos un país que se merece este encuentro entre nosotros mismos. Cierro mis líneas con las ganas de que esto no siga siendo un asunto menor. Sentirnos mal, sentirnos solos, vivir del miedo tiene un enorme potencial para evitar que la libertad que soñamos pueda ser y consolidar la sensación de que estamos cada día más lejos del mundo que prometimos hacer.

 

Balance Jurídico 2017

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Hacer un balance del Derecho nacional cada año es una tarea importante. Se trata de entender cómo interactuaron los Poderes y cuáles son las nuevas reglas del juego. Para el año 2017 Venezuela experimentó un año particularmente complejo en el tema de coexistencia de los Poderes Públicos, soberanía nacional y situación económica, lo cual evidentemente repercute en el Derecho.

Por ello, empezaremos observando que el principal conflicto jurídico que enfrentó el país en el año 2016 se mantuvo y se complejizó puesto que desde julio de aquél año, por desconocimiento de una decisión de la Sala Electoral, la Asamblea Nacional fue declarada en desacato por la Sala Constitucional. (Ver: decisiones: N.° 808 y 810 del 21 de septiembre de 2016, N.° 952 del 21 de noviembre de 2016, Nos. 1012, 1013 y 1014 del 25 de noviembre de 2016 y N.° 1 del 06 de enero de 2017, así como las sentencias de la Sala Electoral N.° 260 del 30 de diciembre 2015, N.°1 del 11 de enero de 2016 y 108 del 01 de agosto de 2016, )

En ese contexto los principales actos de control político no fueron ejercidos por el Parlamento sino accidentalmente por el Poder Judicial y tristemente se cierra un año donde no se avanzó en la legislación, orgánica y ordinaria, que requiere la Nación.

De igual manera, otro elemento constante que podemos observar es que se mantuvo  el Estado de Excepción y Emergencia Económica en todo el Territorio Nacional declarado por el Ejecutivo Nacional y confirmado como constitucional por el judicial. (Ver: sentencia N° 959 del 22 de noviembre de 2017, apreció la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia )

Ahora bien, si estos fueron los elementos estáticos muchos más fueron los dinámicos donde el elemento más importante fue la convocatoria e instalación de una Asamblea Nacional Constituyente como alternativa de solución a un prolongado conflicto que se saldó con la muerte de 131 personas (según el balance ofrecido en el portal humanidadenred.org.ve por Lugino Bracci hasta el 27 de julio) y un congelamiento de la actividad pública y privada del país.

La Asamblea Nacional Constituyente que funciona en lo principal con las normas de  debate que rigieron a su predecesora de 1999 tiene, en su organización, funcionamiento y resultados algunas particularidades tales como su composición en la que se encuentran representantes sectoriales y municipales, que hasta el momento adelanta principalmente leyes constitucionales sin que todavía se conozca el debate del texto fundamental, que en su funcionamiento haya asumido las funciones necesarias para la continuidad del Estado en el marco del desacato del Parlamento y finalmente que tenga una Comisión de la Verdad que actúe como instancia de articulación de políticas de pacificación del país. (Ver:  http://www.laverdad.com/politica/133877-comision-de-la-verdad-recomienda-liberar-a-80-presos-politicos.html

Con este elemento un tema central para el año 2017 fue el concepto y medios para la justicia. Al previamente existente conflicto entre el Poder Legislativo y el Poder Judicial se incorporó, en la persona de la Fiscalía General de la República quien consideró que se configuró la ruptura del hilo constitucional en virtud de la decisión de marzo de 2017 sobre el desacato de la Asamblea Nacional al que en su momento nos referimos ampliamente. (Ver: https://anicrisbracho.wordpress.com/2017/03/30/claves-para-entender-las-decisiones-constitucionales/) 

Entonces sin leyes “legislativas” que considerar ni reglamentos nuevos de los principales instrumentos nacionales no queda mucho mas que mirar lo que fue la actividad judicial, inmersa en la defensa de las cada vez más recurrentes medidas internacionales sobre Venezuela y donde algunos avances que se esperaban no pudieron consolidarse como las exigencias de la población LGBTI en materia de de igualdad civil.

Las decisiones entonces giraron sobretodo en declarar que la situación jurídica general no había cambiado: se mantuvo el desacato y el Estado de Excepción mientras que el ejercicio de interpretación de mayor relevancia se da cuando la Sala Constitucional declaró la constitucionalidad del Decreto Presidencial Nº 2.878, publicado en Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, número 41.156 del 23 de mayo de 2017, al conocer y declarar sin lugar el recurso de nulidad por razones de inconstitucionalidad del Decreto Presidencial Nº 2.878, publicado en Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela N° 41.156 del 23 de mayo de 2017[1] que permitió la efectiva convocatoria a las elecciones y posterior instalación de este órgano del Poder Originario.

En el marco de las protestas se observará que la Sala Constitucional mantuvo la doctrina que estableció en el año 2014 caracterizando las trancas de vías y sus consecuencias sobre la ciudad y sus habitantes como competencia, por comprender aspectos relevantes sobre derechos colectivos y difusos, de las Alcaldías, sin que se dieran novaciones en los conceptos utilizados.

Otro tema quedó de manera abierta pero no completa sobre quién, dónde y cómo se dan las imputaciones penales[2] y la competencia de la Defensoría del Pueblo para accionar penalmente como guardián constitucional de los Derechos Humanos aspecto que junto a la dimensión de la justicia militar quedaron activados en la crisis y dependen de las posturas que adopte la Constituyente para el próximo texto fundamental.

Con pocos temas de avances francos en materia de Derechos Humanos dos importantes recordatorios se hicieron desde el Poder Judicial en materia de género, el primero mediante la Resolución 2017-24 del 22 de noviembre de 2017 que recuerda a los tribunales el obligatorio uso del lenguaje de género y la Sentencia 991 de la Sala Constitucional con ponencia de Juan José Mendoza Jover que recuerda los términos en los que legalmente quedó consagrado el régimen de la lactancia materna.

En conclusión, cierra un año con menos avances que los observados en años anteriores pero en el marco de la elaboración de una nueva Carta Magna donde seguirán multiplicándose las interrogantes jurídicas y los retos para la gobernabilidad, estabilidad e independencia del país.

Las mismas preguntas quedan sobre la mesa arrastrándose al menos desde el 2014 desde cuando precisamos concluir o abolir el esquema de regulación económica que quedó planteado tan sólo en una ley orgánica que deja varios temas a instrumentos posteriores que no han visto la luz del día y que son, más que evidentemente, la urgencia social y jurídica del país.

[1] SALA CONSTITUCIONAL, PONENCIA CONJUNTA, Expediente número 2017-0610, 12 de junio de 2017

[2] Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, sentencia N° 537 del 12 de julio de 2017

Idas y caídas. Alerta sobre femicidios de venezolanas.

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Ser mujer implica muchas cosas. En resumen, más obligaciones y menos derechos. Ya hablemos del mundo laboral, del espacio familiar o de la intimidad sexual. Las mujeres, por ejemplo, no tenemos más que conformarnos con el estado físico de los hombres y no escapamos del deber de ser bonitas a sus ojos porque, parafraseando a Lydda Franco, para eso, entre otras cosas, está una.

Por esta realidad los conflictos políticos, económicos y sociales le pesan más a las mujeres que responden por la salud, crianza y educación de sus hijos, que sortean los estereotipos que les obligan a hacer o a dejar lo que hacían para adaptarse a la situación sobrevenida y esto, tiene al menos un siglo que se denuncia y se documenta.

De todos los temas, uno que es particularmente más complejo para las mujeres es la migración. Las mujeres migrantes son las más débiles frente a los enormes riesgos que significan el traslado, la situación irregular, los problemas administrativos y la precariedad del empleo que acarrea la migración de personas pobres.

Hablo de migración de personas pobres para intentar ubicarme en planteamientos como el de Cortina, el problema de los movimientos internacionales de personas ocurre cuando quienes llegan no son, en número o en su persona, los que los países de acogida desean, o que se les proyecta como aprovechadores del bienestar de este país que anhelan o en el mejor de los casos, como personas que requieren auxilio y nuevas oportunidades.

Ser una mujer de este grupo significa muchas veces tener un mayor riesgo de sufrir explotación sexual, esclavitud y violencia intrafamiliar. Estos son temas que son conocidos y cotidianos. Los informes de violaciones de los derechos humanos de las mujeres migrantes son un insumo que podemos conseguir anualmente desde los años 70 en parte de las organizaciones internacionales.

Una vez que tomamos esto como idea general queremos mirar la situación a la cual están expuestas las mujeres migrantes venezolanas en un entorno internacional cada vez más complejo para los venezolanos. En tanto se configura con un rechazo-compasión que debe leerse con las solicitudes cada vez más exigentes y frecuentes de visado vs. la facilidad con la cual algunos nacionales han obtenido asilo político en países del Grupo de Lima, Europa o Estados Unidos.

Al hacerlo no parece que exista una postura que advierta qué puede ocurrir durante el traslado o al establecerse en otro país, ya sea cuando se llega por una oferta de trabajo obtenida en línea, un puente que hace un familiar o amigo, o, por medio de establecer una unión de pareja de manera acelerada para evitar complicaciones legales para permanecer en el extranjero.

Tomo un período corto de tiempo, de noviembre a diciembre, una sola búsqueda en Google y observo lo siguiente,

  • El 5 de noviembre, Susjes de la Chiquinquirá Mejías Díaz, de 26 años, fue asesinada de trece puñaladas en un apartamento en Santiago de Chile.[1]
  • El 25 de noviembre, Génesis Gibson Jaimes -desaparecida el pasado jueves en México- fue hallada muerta en el hotel Platino de la delegación Venustiano Carranza, en Ciudad de México.[2]
  • El 6 de diciembre, Verónica Audrimar Raga Murillo, de 22 años, de nacionalidad venezolana fue hallado el pasado martes por un grupo de agricultores de la zona rural de El Diviso, ubicada entre los municipios Convención y San Pablo de Teorama del Norte de Santander, en Colombia.[3]
  • Wendy Bandera, periodista venezolana hallada muerta en Miami, asesinada por su esposo Luis Palacios Madariaga durante una discusión sobre el inicio del proceso de divorcio, el 15 de diciembre.[4]
  • El 27 de diciembre de 2017, fue noticia en México el asesinato de Andreína Elizabeth Escalona Leyzeaga, quien según se reseña era escort (para nosotros dama de compañía) en ese país.[5]

En toda evidencia esta no es una data completa. Es tan sólo los casos que he venido apuntado de un fenómeno sobre el cuál no se está hablando. Tan sólo hace unos meses ocupó la opinión pública nacional un odioso artículo publicado por el Nuevo Herald en septiembre el cual tituló “En Venezuela eran maestras y doctoras. Para comprar comida se convirtieron en prostitutas”[6]

Detrás de la prostitución no se encuentra la voluntad pura y simple de una mujer que decide de este modo solucionar una situación de pobreza. Por lo menos, no generalmente. Es harto conocido que la mujer migrante suele caer en redes de trata de mujeres y que, la prostitución suele darse en contextos en los cuales se establecen verdaderas relaciones de esclavitud.

No todos los casos que hemos reseñado se han dado en ese marco pero todos apuntan a lo mismo: mujeres en condiciones precarias que salen del país por las condiciones que se han venido construyendo, en el imaginario y en la realidad, por los procesos de acoso internacional, bloqueo económico y anuncios de invasión extranjera.

Siendo que la protección del Estado acompaña a sus nacionales en todo lugar, momento o circunstancia y que, como se evidencia en el titular del Nuevo Herald, es una situación que estimula el ánimo morboso con el que se juzga a Venezuela es urgente reconocer la existencia del problema y diseñar políticas públicas, en territorio nacional y en las instancias extraterritoriales venezolanas que protejan a quienes, les han prometido que la violencia, la pobreza y el abuso de las autoridades son males estrictamente nacionales.

[1] https://www.aporrea.org/venezuelaexterior/n316827.html

[2] http://www.caraotadigital.net/internacionales/revelaron-nuevos-detalles-de-la-venezolana-asesinada-en-hotel-de-mexico/

[3] https://elsiglo.com.ve/2017/12/06/venezolana-colombia-cadaver/

[4] http://www.el-nacional.com/noticias/sucesos/esposo-venezolana-asesinada-miami-salves-mate-esposa_215543

[5] notitotal.com/2017/12/27/asesinaron-modelo-venezolana-mexico/

[6] http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/colombia-es/article175160626.html#storylink=cpyhttp://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/colombia-es/article175160626.html

¿Porqué el Plan de la Patria de nuevo?

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El Presidente Nicolás Maduro Moros arrancó el año 2018 convocando a discutir un nuevo Plan de la Patria e inmediatamente algunos voceros de oposición y de chavismo crítico negaron la pertinencia del asunto. Hubo quién consideró que habían tareas más urgentes, o, que era necesario ver qué había sido con el que ya se aprobó obviando una razón fundamental por la cual es tiempo de revisar el Plan de la Patria que no es otra cosa que el epíteto chavista para denominar el Plan de Desarrollo que está consagrado en el numeral 8 del artículo 187 de la CRBV.

De este modo ese artículo que contiene cuáles son las responsabilidades de la Asamblea Nacional señala que esta debe “aprobar las líneas generales del plan de desarrollo económico y social de la Nación, que serán presentadas por el Ejecutivo Nacional en el transcurso del tercer trimestre del primer año de cada período constitucional.”

Un período constitucional que es el lapso de tiempo que dura este Plan corresponde al tiempo que dura un ciudadano como Presidente de la República que, según lo dispuesto en el artículo 230 del mismo texto, es de seis años.  Por lo que, el Plan de la Patria que a modo de testamento dejó el Presidente Chávez caducará en diciembre de este año y debe presentarse un nuevo documento que fije las líneas y los objetivos nacionales.

Si la Constitución habla de la obligatoriedad de este documento en ninguna parte exige su construcción colectiva, esto es parte del legado del Comandante Chávez, así podríamos recordar que la propuesta presidencial de Henrique Capriles para el año 2012 fue casi secreta.

Tampoco impide aterrizar los objetivos a las necesidades cotidianas y a la realidad venezolana que ha sido tan impactada desde aquellos bonitos tiempos que vivimos con el Presidente Chávez vivo y el bolívar fortalecido por un precio del barril del petróleo estable y alto, ni, aprovechar esas Asambleas u otras para valorar críticamente el desarrollo de los objetivos trazados ni las ahora evidentes contradicciones que tiene un plan que lo mismo defiende la ecología que tenía una noción desarrollista de la función del Estado.

Ese el momento, la tarea y la causa del llamado del Presidente a construir el Plan de la Patria.

El Neruda de los obreros

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Seguramente que al leer el nombre de Pablo Neruda empiezas a repetir aquél poema que dice “me gustas cuando callas porque estás como ausente…” y viajas por algunas cartas o recuerdos, felices o graciosos, en los que algún romántico bien armado llegó a proponerte amor. Aquél chileno, gigante como pocos, no limitó su vida a aquellos versos. Su compromiso con su Chile fue tan grande que, algunos dicen que lo mataron y otros que murió de dolor cuando el Dictador se hizo de La Moneda.

Es enero de 2018 y escribo desde Venezuela. Muchas veces he utilizado un discurso de Neruda cuando fue Senador para pensar si lo que el describió sobre su país se parece a lo que  estamos viviendo. Cuando intento pensarlo no quiero tomar la explicación aquella de cómo se hace chillar una economía sino cómo se le induce la tristeza.

¿Cómo se trabaja el discurso, el vocabulario y el sentimiento de la desesperanza? ¿Cómo llegamos a un estadio donde uno debe justificar no tener más planes que estar en su país? ¿Por qué sentimos vergüenza de vivir en un proceso, que, con sus traidores y errores, ha cambiado la geografía, la presencia internacional y las posibilidades de vida de las mayorías? Sobre eso habla el fragmento que muchas otras veces he comentado.

Ahora retomo la lectura del libro “Pablo Neruda: discursos ante el senado. Soy un escritor elegido senador por los obreros” con otra intención porque siento, con mucho pesar, que algunos de nosotros pensamos que en esta apocalíptica necesidad nacional hacer cualquier otra cosa que quejarse es transgredir un código sagrado.

Es muy posible que otros puedan comprobar que me equivoco cuando pienso que las obras más hermosas de la humanidad, en la ciencia y en las artes, se dieron en estos tiempos sombríos. De algún lado tiene que venir la afirmación de que la necesidad es la partera de la invención y de la historia.

Siendo así Pablo Neruda puso el pecho como Senador en una época en la que los obreros no se habían hecho de la Presidencia. Caminó las casas sin luz, los talleres sin baño, los salarios que no compran comida y denunció las intenciones Estados Unidos sobre su país.

¿Qué exigen de inmediato los monopolistas yanquis? Preguntó ante el Senado el 18 de junio de 1947 para responder seguidamente: “…exigen que nuestro país abandone la realización de la clamorosa esperanza de crear la industria petrolífera, presionando al gobierno para que se le entregue el petróleo sin refinar. Exigen que Huachipato se convierta en una base económica, industrial y militar para sus planes de dominación mundial, en vez de formar el cimiento especial de la industria pesada en Chile para asegurar nuestra independencia económica. Exigen que aportemos nuestra cuota para atacar militarmente a los guerrilleros antifascistas que le dieron la libertad a Grecia…”

Neruda se confiesa una y otra vez comunista. Explica detalladamente porqué la lectura de Engels y Marx le llevan a considerar urgentes causas como el derecho al voto de la mujer que entiende se encuentra entrampada en una construcción económica que sólo sirve al capitalismo.

Interrogó al Parlamento en diciembre de 1946 cuando preguntó “¿a qué se deben tantas dificultades y obstáculos que encuentra la lucha [de la mujer] por liquidar estas diferencias?” las cuales consideró  ancladas en que “dentro del régimen capitalista, la igualdad completa entre el hombre y la mujer constituye un atentado contra sus propios fundamentos: la propiedad privada y el matrimonio monográfico e indisoluble. Para obtener la plena igualdad entre hombres y mujeres se hace necesario una transformación de raíz que establezca la propiedad socialista de los medios e instrumentos de producción y una forma de matrimonio basada en la igualdad efectiva de los conyugues, ajena al interés económico, ajena a la propiedad privada.”

La vida del poeta no fue el utópico espacio del creador que se dedica a la contemplación de la belleza, al remanso de la composición ni perdió su compromiso su valor porque el sueño de su Chile obrero haya sido arrasado con sangre y fuego.

Es entonces cuando descubres que te han presentado su nombre depurado de su fuego, desconectado de las faenas de mineros donde durmió, del hambre que compartió que te toca preguntarte si es cierta esa especie de idea del tiempo como una línea evolutiva donde, sin curvas ni asechos, se llega a puerto seguro.

Si esto pensó, sufrió, padeció y defendió Neruda no queda más que abrir las puertas de la verdadera vida de los grandes que ahora se venden, estilizados, pret-a-porter, buenos para todos como Frida, Diego o Gardel.

Su obra fue tejida al tiempo de un sentimiento, de un proyecto, de asentir como en el momento en el que el Senado le otorga el voto a las mujeres, de discentir cuando se evidenciaba la entrega del país, de poner su nombre en el ejecutivo del “compañero Presidente” y de pasar, verdes y maduras, en el pueblo de Chile.

Es un enorme riesgo ver a un Neruda sin obreros, a un Chávez sin errores, a un Miranda sin afrancesamientos. No tan sólo porque todas son mentiras sino porque hacen parecer que no son los pueblos en sí mismos los extraordinarios conjuntos de personas capaces de liberarse, inventarse, defenderse o recuperarse sino masas dependientes de Mesías que sólo vuelven, a lo más, cada determinado tiempo.-

 

 

 

El trágico destino de la biblioteca

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Mi bisabuelo, Pedro Benjamín Bracho, que vivió hace más de un siglo en Pueblo Nuevo y luego en Coro era librero. Su muerte prematura marcó el destino de mi familia que desde entonces se hizo más Navarrete que Bracho porque fueron los primos de la madre los que corrieron al auxilio. Mi abuelo, Pedro L Bracho, amó los libros como amó a su padre. Dejó paredes llenas de pesados lomos marrones con finísimas hojas entre los que reposan curiosos pequeños haberes: la licencia de conducir de Pedro Benjamín firmada por Antonio Guzmán Blanco, su libro de historia de primaria en el que el mundo se acababa en la Primera Guerra Mundial…, los más citados autores de Derecho Procesal, etc. Su mundo era ese espacio donde los árboles, póstumos, le regalaban la vida.

Mi padre Pedro Luís nació en esa biblioteca, cargada de novelas de suspenso policial y poesía de talla universal. Fue juntando su propia busaquita y fue creciendo hasta que pasó el par de miles de ejemplares.

Con el paso del tiempo nacimos nosotras y resucitó aquella compulsión de Pedro Benjamín. La casa fue habitada por libros que fueron cambiando de temas y lo mismo en esta casa usted aprende a hacer cocteles mexicanos que a curar un cáncer que encuentra la transcripción de los juicios más polémicos de la Corte Suprema de los Estados Unidos de Norteamérica.

Pero llegó el momento donde los libros dejaron de ser aquella maravillosa criatura que trajo la imprenta.

Se tornaron en los molestos guardapolvos que nadie quería cerca y la casa rebosada y cansada advirtió que no podía seguir teniéndolos.

El pequeño drama familiar fue la puerta para ver otras enormes contradicciones. Los libros que ya habían dado lo que podían dar en esta casa no tenían otro destino. No había otro viaje posible.

Como buena parte de ustedes he pasado décadas de mi vida escuchando la cháchara que todo está así porque la educación y la cultura deben ser replanteadas, o, que no hay recursos o cabeza para eso.

¿Ni de a gratis, ni en una plaza, ni tome lo que quiera, ni en la casa del CLAP, ni en el consultorio popular? Los libros son bastante más difíciles de revender que una tabla y lamentablemente conozco muy poca gente que lee-de-verdad por internet.

Aquella idea se me quedó anclada en la mente. Con seguridad yo les buscaré un mejor destino a los libros que decorar una esquina en café a la moda de Maracaibo donde se hacen pilas para que exponer lo que nunca nadie lee pero, ¿qué tal si estamos haciendo esto con las ideas para superar esta mala hora?

Sentí que con la bolsa de libros que cargaba también iban soluciones.

No señorita, lo lamento, ni la universidad, ni el ministerio, ni la Iglesia, ni la casa comunal quieren su idea, disculpe, su libro.

Gustavo Millán: aprendí a ver dónde estaba parado.

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Foto referencial

Nació con los pies en el mar. Su casa, un patio de almendrones. El padre se fue temprano. Se fue, alguna vez volvió, nunca fue…, se escapó de la escuela que no era muy formal. La casa de la vieja maestra fulana de tal. Fue pescador, buzo, mecánico, chófer, soldador y marinero. Nunca votó hasta los tiempos de Chávez, trabajó para el Estado por el amigo adeco de su madre y cuando el pelo se le puso gris, la compañía no lo jubiló.

Su nombre es el de un hombre, uno cuya piel huele a Cumaná y a esas playas, poblados de a pocos, homenajes a la Virgen del Valle y es también, cualquiera. Un hombre de su tiempo, un hombre de su pueblo.

Uno que, sentado sin juez, al mirarse a sí mismo tiene la sabiduría sin filtros de la gente que anda sin tantos ademanes y de la vida que tuvo al mundo que cree que debería ser pasa sin condescender.

Así lo dice “uno de los primeros pasos de un educador es dar a los niños cómo ubicarse, verse en el Universo. No es nada más dar Astronomía, la tierra, la luna los satélites. Es empezar a ver dónde estamos parados.”

La biografía de Gustavo Millán de Araya es la decimonovena entrega de la Serie Los Baqueanos de las Ediciones del Pueblo, un libro de 55 páginas con letras grandes que ilumina la capacidad de un pueblo que crea, de una historia que cambia y de una sabiduría que llevamos dentro.

Esta serie es mi primera recomendación de lecturas para el 2018 para aquellos que les guste leer oyendo la música del hablar venezolano, que quieran encontrar la historia nacional contada por la vida y no por las estatuas, y, sobre todo para quiénes no quieran dejarse arrastrar por el desánimo y la vergüenza.-

Hablemos de la crisis. Noticias inconexas

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La vida de cada uno de nosotros ha sufrido un importante cambio. Lejos nos resultan aquellos días de bienestar económico, del dólar a Bs. 2.30, de comer en restaurantes o tomar taxis sin preguntar el presupuesto y de a poco, aunque se sienta de a golpe, hemos llegado a este estadio actual.

Mi quincena, como asumo la mayoría de las suyas no compra nada. Puedo medirla en pocos litros de refresco, en uno o dos kilogramos de azúcar, en un cuartico de litro de aceite de carro. Sin duda, en cosas incapaces de satisfacer las necesidades de mi vida.

Si lo aclaro es que no niego la crisis ni vivo en un mundo donde los privilegios me protegen de la realidad. Vivo, como creo que viven la mayoría de la gente que trabaja por un salario en bolívares.

El mundo en este momento me resulta sólo conociendo esta distinción, las personas que ganan en bolívares y las personas que tienen, ganan o reciben, dólares. Los primeros verán, medie el aumento general o el ascenso particular, la realidad como un tiempo donde a igual o a mayor trabajo recibirán menor remuneración mientras que los segundos, cada vez con un menor capital tendrán un mayor poder adquisitivo. Esto es un motor de todo lo que estamos viviendo. Las migraciones, la especulación y en definitiva, la dependencia nacional.

Las caras enrojecidas, las cadenas violentas por medio del Whatsapp, los cantos desesperados en el Twitter hablan de estas cosas que hemos dicho: con los bolívares ya no se compra nada y tomando la idea de Pepe Mujica, al final para el trabajador el dinero no es sino el instrumento mediante el cual transforma su vida en cosas, la casa que compra, el zapato que quiere, etc.

También, de manera más o menos uniforme el ambiente político vive el duelo de la muerte del realismo mágico en el que veníamos viviendo. No ocurrió que tras el más duro de los años descendiera San Nicolás y solucionara en una semana todo lo que en el año no pudo enfrentarse.

Diciembre apareció así, confuso, triste, apagado. Sin ser una tregua en el deber de tener como rutina la multiplicación de los peces de Cristo y sin que, para enfrentar las necesidades socialmente acostumbradas se produjera el milagro de Canaán ni bajaran del cielo regalos que dejaron en el Caribe un hombre halado por renos.

Era el diciembre de un año que tenía muchas características particulares, tristes en su mayoría, a las cuales queremos referirnos.

  1. Somos un país bloqueado

No ha conocido Venezuela desde el año 1902, también a finales, un periodo histórico con mayor insolencia que este.  Las decisiones sobre Venezuela, que de por sí, desde el concepto contradicen al derecho internacional se han acumulado.

Desde la OEA hasta la ONU pasando por la conformación de un bloque regional y unos ejercicios militares en nuestra frontera es absolutamente evidente que Venezuela sufre un acoso internacional que se fue complicando en los últimos años.

La diplomacia es el arte de hablar entre líneas y en tal sentido, las sanciones son la alerta a todos los inversionistas que deben abstenerse de venir a Venezuela o sus intereses serán afectados.

Estados Unidos y la Unión Europea dictaron medidas de prohibición de comercio con Venezuela así para los titulares hayan dicho que las medidas son contra fulano o mengano o tan sólo en un ámbito de la economía. La intención es simple, ahuyentar a los posibles aliados.

La situación es tan severa que la República ha tenido dificultades para cancelar los salarios del cuerpo diplomático que sirve en Europa y en Norteamérica. Asunto que no ha merecido mucha prensa porque hemos pasado el año lidiando con asuntos de mayor dimensión.

El comercio internacional es un área multifactorial donde existen como en el mercado interno poderosos grupos que controlan las principales actividades, ya hablemos de las compras, del financiamiento, del traslado o del uso de los puertos. Áreas donde antiguos países fundamentales para la normalidad económica venezolana se han declarado beligerantes en contra del proceso bolivariano, como Panamá y Colombia.

Me atrevo, en base a estos elementos anteriores, a intentar mirar el mundo de hoy en base a capítulos que ya se han vivido porque para mí no existe ninguna duda que lo que enfrentamos es la reedición del periodo especial que vivieron los cubanos.

Un momento donde su principal aliado se vio mermado, Estados Unidos logró demostrar su fuerza y la isla sufrió.

Un período que la Guerra Fría, con su enfrentamiento entre Moscú y Washington supo cobrar las bajas fuera de las fronteras de los enfrentados, en un pequeño país socialista.

Si usted cree que esto es comparable, como yo lo pienso, podrá observar cómo se va creando un discurso con mecanismos idénticos –la OEA o las sanciones- y las mismas acciones benévolas como sacar a los niños en avión para favorecer una especie de síndrome de Estocolmo nacional.

Si lo pensamos así observaremos que una de las cosas que más nos afectan es precisamente la falta de categorización y de titulación de lo que estamos viviendo. El período especial pasó, como aquí pasó el paro petrolero, pero ¿Cómo se llama esto que estamos sobreviviendo?

Al no tener nombre parece difícil poder construir en nuestra mente la claridad que se va a acabar. Esto no se obtiene con el genérico epíteto de Guerra Económica, que, como el conflicto israelí-palestino obvia que solo hay muertos en un bando, así como la fundamental faceta internacional a la que estamos haciendo referencia.

  1. Somos un Continente en recesión

Parece al leer la prensa, incluso la nuestra, que a Venezuela le cayeron las siete plagas de Egipto al tiempo que el resto del Continente disfruta sus mejores horas. Esto es falso y nos lleva a revisar algunas líneas discursivas que hemos mantenido.

El Continente no se encuentra gobernado por buenos y/o malos como si se tratara de un comic de Marvel. El Continente vive un proceso prolongado de recesión que es enfrentado desde las posturas ideológicas y los intereses de cada uno de los gobernantes.

Pongamos como ejemplo el caso argentino.

Hemos visto algunas noticias, principalmente enfocadas en la represión, que narran el convulso mes de diciembre en Buenos Aires donde el Ejecutivo Nacional acaba de anunciar una reforma del sistema de pensiones que dejará a los ancianos con una reducción atroz en sus ingresos. La medida ha generado un rechazo impresionante por tocar un sector de alta vulnerabilidad.

La reducción de ingresos de los pensionados se enmarca en un momento donde el dólar, sin que exista la fulana página, ha pasado a valorarse en 19, 20 pesos cuando, al momento de entregar la presidencia Cristina Kirchner, costaba 9 pesos.

Eso en un momento en el que se aplican en el país una serie de medidas que nosotros no hemos enfrentado como un sistema permanente de aumentos de los servicios públicos que muerde duro el ingreso individual. En ruidoso contraste con nuestro país donde hemos venido viviendo de una congelación del precio de los servicios públicos, de la exención del pago del Impuesto sobre la Renta para las grandes mayorías, el aumento numérico y en los conceptos que reciben los pensionados y las pensionadas, etc.

Con este escenario en Argentina el conflicto epistemológico se centra en si la recuperación económica prometida se está dando o no y quién se recupera. Los avances que había tenido en un país tan distinto al nuestro, cuya realidad habla por ejemplo, de un tejido industrial que nosotros no tenemos parece ir marcha atrás por las políticas en economía y conflicto social que reeditan los tiempos de la dictadura.

Si eso es cierto, pienso que tenemos que ver que el Continente tiene un decrecimiento y un tambaleo que se esconde con el ruido que se hace al acusar a Venezuela y sumiendo a los países en profundas y dolorosa crisis como la que se acaba de destapar en Perú donde el desahuciado Presidente, a cambio de no caer, resucitó a uno de los personajes más oscuros que ha habido en el Continente.

  1. La búsqueda de las respuestas

En los últimos días, como lo explicaba Diosdado Cabello en la última edición del Mazo Dando, la estrategia en contra de la Revolución se centra en promover los conflictos entre nuestros propios espacios. Es evidente que al salir del juego político la oposición se fue a sentar en una sillita a ver cómo procedemos a desgastarnos.

Todos los problemas ahora se centran en el traslado de la responsabilidad de la base al vértice al que se le exige respuestas, que, en tiempo ordinario pudieron darse de forma eficiente.

Se trata, dicen algunos, del reclamo por las promesas que no se han cumplido.

Las promesas incumplidas son, lamentablemente, el fuego de las campañas electorales, lo mismo Macri ganó en la Argentina prometiendo que los que habían llegado con Cristina a ser clase media podrían saltar el escalafón y ser definitivamente clase alta, que, Trump ofreció hacer grandiosa nuevamente a América y terminar las aventuras guerreristas de los Clinton.

Por terrible que resulte, esto no es una situación novedosa en la política. Ciertamente el módelo Chávez nos acostumbró a que, de tan sólo decretarse, las cosas cambiaban. Aunque tengamos archivados algunos temas que no lograron concretarse nunca como la independencia de la industria nacional de pañales o la soberanía alimentaria, saboteada, detenida o pospuesta según las verdades que con el tiempo iremos conociendo.

Existe un problema en el modelo de comunicación de las medidas y de la explicación de los fenómenos que estamos enfrentando. No existe alguna manera de sostener que, la alerta del recrudecimiento del bloqueo alimentario debió haberse hecho, no por el Presidente sino por las autoridades responsables antes de estas fechas  pero existe una evidente utilización política del problema.

¿El Nacional hablando que el CLAP –cuya existencia niegan- se ha atrasado? ¿La Patilla obsesionada con el Pernil luego que difundieron hace unos meses que, por decreto de la Asamblea Nacional, el Presidente de la República había abandonado su cargo? ¿Juan Pablo Guanipa reconociendo que las instituciones que niega son responsables del inédito apagón?

El problema nacional viene mutando en la dimensión que tiene. Por un lado, es más personal que nunca antes. Todos los años, hasta en los mejores tiempos de Chávez o en el periodo saudita de la Venezuela Petrolera, existió población en pobreza crítica que no comió hayacas pero este año los descubrimos.

Los descubrimos porque el problema nos los han trasladado de la dimensión pública a la privada. Con el juego con la moneda han logrado imponer que el trabajo individual o familiar es incapaz de ser la respuesta. El escenario está diseñado. A los venezolanos, en su discurso, no les queda sino humillarse.

¿Humillarse? Ahora parece que tiene más sentido aquello de la foto que se viraliza con un puñado de venezolanos rogando ayuda o abrazos en algún país extranjeros o la retórica que dice que cualquier alternativa de abastecimiento promovida por el gobierno atenta contra el decoro personal.

Recuerdo con cariño en este momento el viejo refrán que le gusta tanto a la gente en Coro, aquello de que “el que no pila maíz, no come arepa”.

Si dejamos que nos compren con la idea que la situación que vivimos es culpa graciosa, voluntaria de otros que disfrutan con nuestra suerte, que somos incapaces de hacer algo por el país que vivimos, por la mesa en la que comemos, por el barrio en el que somos, se habrán comido la Revolución entera.

La Patria como lo decía Alí Primera es el hombre y Chávez, como lo gritó a sus siete avenidas, no es un Presidente o un Ministro sino un pueblo que enfrenta tormentas.