Contra el odio

 

ira_thumb.jpgRecordé dos cosas a la vez.

Recordé el consultorio de mi alergólogo cuando tenía 17 años y habían determinado que una cantidad de sustancias sabía sin mucho esfuerzo ponerme al borde de la muerte, y, las clases de mi maestro Jean en CM2. Descubrí dentro de mí que sólo odiaba el odio por esas dos razones. Como si fueran parte de las moléculas que me matan creo que exponerse demasiado a los círculos sociales también nos afecta, nos sobrepasa, nos asfixia. Y creo en la voz de mi maestro con su visión de que el mundo sólo existe en lo diverso. Creo tanto en eso que algunos me han calificado de liberal, otros de activista pro LGBTI. Solo creo que nadie tiene que vivir al márgen…

Pero todos estamos tan acostumbrados a los márgenes que hacemos de ellos banderas. Como si la discriminación sólo existiera después que alguien la denuncia de injusta.

Me sentía asfixiada, como con aquellas grandes alergias, en los discursos que me rodeaban.

Los hippies odian a los funcionarios que les resultan burgueses, burócratas, dueños de todos los males que contaminan la revolución.

Los funcionarios odian a los hippies que consideran expertos en trasquilar presupuestos a base de utopías y cantos que se ahogan en marihuana.

Los intelectuales odian todas las manifestaciones de la gente llana. Su música, su habla, sus noches de sábado con caña clara y cerveza.

Los técnicos odian a los políticos que se especializan en mentir, en prometer y en repartir lo que no les cuesta.

Los políticos odian a los técnicos y su manera de negarse a cualquier idea que suponga un avance.

Los comunistas odian a los religiosos que resumen en panfletarias ideas que no escribieron ellos y los religiosos no ven sino el apocalipsis en los rojos.

Los venezolanos cada día seguimos caminando en un camino que manda a odiar y justifica el odio. Por el que se fue, por el que se vino. Por el que nos atacó, por el que no nos defendió. Por lo que somos, por lo que no hemos sido…

Y a mí esto se me convirtió en una tristeza agobiante, tanto, como las crisis de alergia.

A mí en definitiva ya se hacía mas larga la lista de gente que me  odiaba, por hippie, por funcionaria, por política, por técnica, por comunista, por religiosa, por venezolana.

Pero mi lista de odiados seguía intacta. No odiaba a los funcionarios, ni a los hippies, ni a los comunistas, ni a los religiosos, ni a los que me odiaban génerica o individualizadamente, y eso, en este tiempo, termina siendo una causal para no terminar de entrar, ni aquí, ni allá, sino en esta categoría rara y solitaria donde creo que estoy.

Y aunque eran tantas las ganas de llorar sólo quería viajar en el tiempo y agradecer, por encima de las soledades que esto cueste, a Jean por enseñarme a no poder odiar.

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El chocolate de la vergüenza

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Una compañía que no supera los cuarenta seguidores en su cuenta en Facebook ha puesto a circular una publicidad de golosinas que ha indignado a un país. Su campaña es uno de los pocos temas que he visto ha sido denunciada por articulistas de la derecha y de la izquierda pidiéndole al Estado, a través de CONATEL, que saque del aire esa publicidad en la cual un alumno, viendo que su destino era raspar un examen, decide sobornar a la maestra entregándole junto al defectuoso ejercicio, una golosina.

Hablamos de la publicidad de temporada del producto Señor Cacao Dott, en la cual se condensa todo el discurso que por meses hemos visto agudizarse según el cual la venezolana es una sociedad sin valores, compuesta de pequeños bribones de los cuales, diría Julio Borges, deben los Estados Unidos proteger a la región con alguna invasión humanitaria o algún otro tipo de acorralamiento.

La publicidad es un mecanismo que se utiliza para introducir en el imaginario nuevas necesidades, las de aquellos productos que quien la utiliza desea comerciar y en principio, debe originarse sobre mercancía que exista o que pronto fuera a existir y mostrar ese estado de bienestar que por efímero todos perseguimos como un hámster en una rueda.

Desde el punto de vista de su control jurídico en el presente Venezuela enfrenta una dificultad puesto que el medio por el que se transmite –en este caso- es competencia de CONATEL que debe garantizar el correcto uso del espacio radioeléctrico pero el contenido –todo lo referente a publicidad y promociones- es competencia de la SUNDDE, institución rectora en materia de comercialización de bienes y servicios. Un pequeño detalle jurídico que se traduce en una complejidad administrativa que favorece que ante la transgresión, para los mismos agentes del Estado sea difícil determinar quien debe accionar.

En estos tiempos donde estamos en medio de potentes operaciones psicológicas la publicidad en vez de servir para aumentar los deseos, es una correa por la que circula la frustración. Hace años, en algún otro espacio, yo me interrogaba porque el territorio de la República Bolivariana de Venezuela era el destino predilecto de tantas campañas que ofrecían productos que se comercializaban exclusivamente en Colombia, en Chile o Argentina.

Ahora, cuando tantas caretas han caído podríamos ver como estos son los países del capitalismo salvaje que nos han erigido en modelos del éxito y la prosperidad que aquí no puede alcanzarse. Algunos dirán que esto es una simple coincidencia.

Pero volvamos a nuestro asunto de hoy. Hablamos de una publicidad en horario estelar, en la televisión nacional de mayor ranking y en las cableras internacionales. Por ende, hablamos de una gran cantidad de dinero destinada a vender la idea que con el esfuerzo no se consigue nada, ni tan rápido ni tan bueno como con la trampa.

La publicidad termina con una nota que indica que se trata de un seriado. Como advirtiendo que en una próxima entrega la maestra decidirá qué hacer con sus dos estudiantes, el estereotipado protagonista que le da el chocolate y con el morenito que estudia y pasa su examen echándole pierna pero la historia abierta, al borde del pecado, con la picada de ojo, es la que queda en la memoria con el corte y la música.

Se trata de un mensaje que llega a una niñez y adolescencia que justo empieza a recibir de sus maestros las normas de conducta del año escolar, en el que se sembrará esa semilla del ciudadano futuro. Jurídicamente no existe la posibilidad de dudar que será difícil demostrar la compatibilidad del mensaje con el sistema de protección integral y de interés superior del niño que edifican la Lopnna.

Y si esto es difícil, también lo es dudar que es una transgresión a las normas que establecen para todos los sujetos que hacen uso de los medios la responsabilidad social de desarrollar mensajes positivo y que cuide en especial a los niños, niñas y adolescentes.

Es quizás esta una oportunidad propicia para abrir debates fundamentales ¿no ha de controlarse la publicidad de alimentos azucarados y grasosos? ¿no existe ninguna norma que limite usar los medios para promover la vergüenza nacional o los antivalores en horario estelar? ¿a la hora actual, qué es lo afirmativo venezolano? Seguramente este tema se lo tragaran los granes y espeluznantes titulares que colapsan las redacciones de los periódicos, esperemos que no mueran de la misma manera en las manos de quienes deben prevenir y al menos corregir que esto ocurra.

La mujer un reto para la Revolución

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¿Cuál es el espacio del pensamiento feminista en la fase actual de la Revolución Bolivariana? Afilo la pregunta ¿cuál es el espacio de la mujer en el presente venezolano? Recuerdo con emoción la ebullición del 2007 y el paso que logró sostener un par de años. Tan profundo fue el cambio de la concepción jurídica de la igualdad de género como rápida la construcción real de la nueva arquitectura. Para el 2010, ya casi toda Venezuela tenía miles de leyes impresas, tribunales y fiscales nuevos. Para el 2012, se profundizó en el debate de la realidad laboral de la mujer y la visión de género que requería la nueva regulación. Sin embargo, en los últimos tiempos el asunto se ha ralentizado.

Quiero poner sobre la mesa algunas cifras para luego entrar a algunas valoraciones mas subjetivas. Así veremos que,

  • A la hora actual, en Venezuela existen 5 gobernadoras. Las cuales representan a los Estados Aragua, Cojedes, Delta Amacuro, Falcón y Monagas y juntas representan el 21,7% del total de los cargos de elección popular de este rango. Este nivel político será renovado en escasos veinte días y las colisiones políticas han presentado sus formulas. La del Gran Polo Patriótico tiene tan sólo 4 mujeres para un nuevo 17,3% que es superior a la postulación de la derecha donde tan sólo hay tres mujeres, es decir 13,3%. Por lo cual, gane quien gane será menor la presencia de mandatarias regionales al final del próximo mes.

 

  • De los cinco poderes públicos nacionales que, en vida de Chávez fueron presididos todos menos el Ejecutivo por mujeres, en este momento tan sólo queda una mujer frente al Poder Electoral, lo que significa que pasamos de un 80% a un 20% de mujeres.

 

  • En el Poder Legislativo donde otrora hubo mujeres en la Presidencia ahora sólo hay una mujer en la segunda vicepresidencia, lo que fue un ligero avance respecto a la conformación del 2016 donde no hubo ninguna fémina. Con respecto a su conformación interna, la Asamblea Nacional tiene 15 comisiones, de las que 4 son presididas por mujeres (27%) y sólo en 2 hay mujeres vicepresidentas (13%).

 

  • En el Poder Judicial, los números revelan una mayor paridad. En tanto, siendo el presidente un hombre la primera vicepresidenta es una mujer y de las seis salas, tres son presididas por hombres (50%) y tres son presididas por mujeres (50%).

 

  • Con la nueva figura de la política nacional, la ANC,  la situación no es radicalmente distinta a la de la Asamblea Nacional con la muy destacable diferencia que es presidida por una mujer. Sin embargo, al mirar la conformación de sus veintidós comisiones de evidencia que tan sólo en seis hay presidentas (27%), y en ocho hay vicepresidentas (36%).

 

Por lo cual, parece ocurrir que la presencia de mujeres en los altos cargos del gobierno venezolano presenta una tendencia a la baja. Alguno quizás dudará cuál es mi objetivo de señalar esta situación pues no es determinar que el gobierno del Comandante Hugo Chávez fue per se mas feminista que el gobierno del Presidente Nicolás Maduro Moros sino volver a poner el foco en que los procesos que estamos aguantando en Venezuela tienden a reducir la vida pública de la mujer venezolana.

Confluyen en la vida común de todos y todas, el encarecimiento de los bienes y servicios con la mayor dificultad para realizar actividades cotidianas en una estructura donde las mujeres son en su mayoría madres y en buena parte de los casos, son madres solteras. Ante esta situación la permanencia laboral de las mujeres se dificulta considerablemente.

¿Quién compra? ¿Para cuánto alcanza el salario? No son preguntas raras en los hogares venezolanos que ven la necesidad de empleos informales aumentar frente a la estrechez generalizada

¿Cuál política pública debe, con perspectiva de género, diseñarse para el desarrollo pleno de las mujeres y su permanencia en las carteras que sólo en Revolución ha alcanzado? ¿O, podemos plantearnos esto obviando que Venezuela ha sido de los pocos países donde las carteras duras, como defensa y penitenciaria, han sido ocupadas por mujeres?

¿Cuál es el patrón de vida que se estimula para las mujeres en Venezuela, si seguimos con tasas tan bochornosas de maternidad infantojuvenil y proyecciones cada vez mas estereotipadas de las mujeres en los medios de comunicación social?

¿Cuál es la oferta que hacemos a las mujeres en primeros rangos de competitividad? ¿Cuál es la política en contra del acoso sexual en el trabajo o de la inequidad salarial que estamos aplicando? Hay un largo camino detrás de nosotras, nobles esfuerzos como el de Nora Castañeda y sus propuestas de financiamiento de las pequeñas empresas de mujeres que hoy siguen andando en programas como el Soy Mujer pero hay un gran vacío en esa franja media que debemos atender al tiempo que hacemos frente a todos los intento de borrar lo que ya hemos sabido obtener.-

Ideas sobre la democracia

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El 15 de septiembre de cada año, se celebra desde que la Unión Interparlamentaria adoptara una Declaración Universal sobre Democracia que reafirma sus principios y los elementos y prácticas necesarios para un gobierno democrático, el día de la democracia.

Fecha que es usada con plena alevosía para ratificar los expedientes negros de los malos alumnos del sistema internacional. Así, se escucharán rimbombantes declaraciones contra algunos gobiernos, entre los cuales, muy probablemente vuelva a estar Venezuela.

Antes que eso ocurra queremos revisar algunas ideas sencillas para que cada quien asuma el día y el bombardeo mediático correspondiente desde su consciencia.

Por ello, queremos revisar algunas ideas sobre la democracia.

Si nos acordamos de aquella clase de educación cívica lo primero que tomaremos en cuenta es la definición etimológica –la de las palabras- que nos hablará que existe un demos –que es un pueblo- que ejerce un kratos –que es un poder-, cerrando nuestro recuerdo con esa idea de agenda que la democracia es aquel sistema político donde el poder lo ejerce el pueblo.

Si esto es así, felicitaciones, usted obtuvo seguramente un veinte en la boleta con un concepto que no nos dice absolutamente nada –como buena parte de las otras bases que nos trajimos de la escuela-, porque todavía nos encaramos al problema de saber quién es el pueblo e incluso que es el poder.

¿Es el pueblo toda la población de un país? ¿Es la mayoría de un país? ¿O, tan sólo con que haya mucha gente basta para que se considere el pueblo? A lo largo de la literatura social y del discurso político todos estos conceptos parecen ser intercambiables: mucha gente en una marcha es el pueblo, la mayoría que votó es el pueblo, todos los venezolanos somos el pueblo.

A los efectos de la democracia, en sus significados más generales de todos estos conceptos tan solo importa el de la mayoría –incluso cuando la minoría cuente tan sólo con una persona menos y por tanto sea muy numerosa-. Pese a ello, los gobiernos respaldados por mayorías que no dan espacios a las minorías no son tampoco considerados como democráticos.

Una democracia es entonces el gobierno de una mayoría, sobre un todo –que equivale a un país- al cual se han venido exigiendo otras cosas como respetos a normas jurídicas preestablecidas o previsiones en materia de derechos fundamentales. Estos últimos temas ya no van a referirse al demos sino al kratos.

El poder es, la potestad de someter al otro, en base al mito de un viejo hecho que así lo legitima, incluso contra su voluntad, para alcanzar un interés público o general.

Normalmente, aquí terminan las clases sobre la idea de democracia e incluso el contenido que sobre la misma reflejan los documentos internacionales que hoy resaltan como el hecho de vivir en una democracia seria inclusive un derecho humano.

Esta lectura, sin embargo, resulta claramente parcial porque obvia que el mundo de hoy está conformado en una densa maraña donde el único que ejerce poder no es tan solo esta autoridad electa por esa mayoría sino que la economía y el plano internacional son agentes de presión y de moldeamiento de nuestras sociedades tan o más importantes que todos los sujetos de los que hablamos antes.

Este asunto de la democracia real como enemiga del capitalismo es un tema profundo pues vemos en el plano internacional validarse un discurso que ubica elementos del capitalismo como esencia de la democracia olvidando que si este es el gobierno de la mayoría para todos, no puede sostenerse como natural la exclusión propia de este sistema económico. Por ello, pensamos como Boaventura Dos Santos,

La democracia liberal fue históricamente derrotada por el capitalismo y no parece que la derrota sea reversible. Por eso, no hay que tener esperanzas de que el capitalismo vuelva a tenerle miedo a la democracia liberal, si alguna vez lo tuvo. La democracia liberal sobrevivirá en la medida en que el capitalismo global se pueda servir de ella. La lucha de quienes ven en la derrota de la democracia liberal la emergencia de un mundo repugnantemente injusto y descontroladamente violento debe centrarse en buscar una concepción de la democracia más robusta, cuya marca genética sea el anticapitalismo. Tras un siglo de luchas populares que hicieron entrar el ideal democrático en el imaginario de la emancipación social, sería un grave error político desperdiciar esa experiencia y asumir que la lucha anticapitalista debe ser también una lucha antidemocrática. Por el contrario, es preciso convertir el ideal democrático en una realidad radical que no se rinda ante el capitalismo. Y como el capitalismo no ejerce su dominio sino sirviéndose de otras formas de opresión, principalmente del colonialismo y el patriarcado, esta democracia radical, además de anticapitalista, debe ser también anticolonialista y antipatriarcal. Puede llamarse revolución democrática o democracia revolucionaria -el nombre poco importa-, pero debe ser necesariamente una democracia posliberal, que no puede perder sus atributos para acomodarse a las exigencias del capitalismo. Al contrario, debe basarse en dos principios: la profundización de la democracia sólo es posible a costa del capitalismo; y en caso de conflicto entre capitalismo y democracia, debe prevalecer la democracia real.

 

Lo que pensamos era la causa por la cual decía Eduardo Galeano, en el libro de los abrazos, “la democracia es un lujo del norte. Al sur se le permite el espectáculo, que eso no se le niega a nadie. Y a nadie molesta mucho, al fin y al cabo, que la política sea democrática, siempre y cuando la economía no lo sea.”

 

Y esta idea que existen pueblos que tienen derecho a un sistema de gobierno que les represente mas y a remodelarlo según sus necesidades históricas es la clave de lo que le está negado al sur que ha de acoplarse a conceptos que pueden no se acerquen a los sentimientos y necesidades de su gente. Este es el caso por ejemplo de lo que sentía Roque Dalton sobre la libertad de prensa, tan costosa y defendida cuando se habla del derecho que a ella tienen los grandes mediotenientes, tan barata y relativa cuando se mira desde el derecho que tiene un  cualquiera de denunciar algo o de informarse fielmente.

La democracia en el Continente era una vieja de memoria corta, de vals con los tiempos predefinidos donde el mandante cedía todos los derechos salvo el de obedecer. Hasta que algunos países se dieron la titánica tarea de desafiar las fronteras de lo que se había condenado afirmándolo imposible, planteando un sistema de gobierno donde el poder no se transfiere, es el tiempo de la democracia como línea horizontal, como forma de vida y modelo de gestión. No como fecha de calendario.

Con tal resolución venezolana, seguida por Bolivia y Ecuador empezó el trabajo de levantar la bandera que incluso, cuando las dictaduras del cono sur había sido convenientemente olvidada. De allí, todo este entuerto de intentar ponerle a Venezuela la camisa de fuerza tejida por la OEA de su Carta Interamericana.

Por eso en días como este, no hay que dejarse impresionar con las frases preconstruidas y sus bonitos decorados, hay que tomar una postura propia desde lo que se sienta, se observe y se determine como los intereses propios y los de los interlocutores que amanecerán con las camisas rasgadas de tanto clamar por democracia sin bandera, sin país y sin dignidad.-

La Milla. Poesía.

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¿Qué se hace con un poemario? En especial, ¿con un poemario perdedor de un concurso? Podría condenarse a la vergüenza y al polvo. Dejarlo allí como levitando, como si nadie lo hubiera escrito, o, condenarlo a ser remarcado, achicado, cambiado muchas veces al gusto de un jurado que escribe genéricas normas de presentación. O, una puede venir y decidir que una debe liberarse de ese hijo, dejarlo salir, como el hijo que alcanzó plena y feliz su gestación.

 

“La Milla” es un poemario que quizás merece un poquito más de amor pero que no quiero olvidar. Su contenido volvió a su esencia original, lejos del deber de completar los no sé cuantos versos que quería fulano de tal.

 

En otros tiempos, como fue el caso de Versos Incómodos, estaría analizando cuál casa editorial podría quererlo pero en este tiempo prefiero regalárselos a los que quieran poesía.

Les dejo entonces aquí, un pequeño librito de versos rosas que prometí un día escribir a quien me retó que ninguno poemario podría llamarse de esa manera.

Para descargar y leer –> la milla (1)

De la forma al fondo, comentarios a la ANC

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El día que se instaló la Asamblea Nacional Constituyente defendimos la idea de Thomas Jefferson sobre el hecho que para construir un país y sus instituciones no se requiere más que profesar la religión de lo público, el sentir del ciudadano. Con ello, queríamos dar al traste con esas operaciones horrorosas que durante la campaña se viralizaron según las cuales debían ser especialistas los que se ocuparan de las cuestiones fundamentales y no el pueblo llano.

Ahora, nos proponemos un asunto relativamente distinto. Puesto que consideramos importante traer algunos aspectos que aunque menores parecen juntarse para el gozo de una oposición que siempre ha apostado por la incapacidad del pueblo de organizarse a sí mismo y de un pueblo de resistir los embates de un Imperio.

Por ello, queremos hacer pequeñas recomendaciones al margen que son estrictamente personales pero que nacen de combinar la teoría estudiada, la practica parlamentaria y mirar los grandes debates y sinsabores que tras cámara están ocurriendo.

Partimos por pensar el rol de un diputado que no es el de una asamblea ordinaria como sería cualquier Congreso de otro país o de los que en este país han ocurrido sino el de un constituyente en una democracia participativa y protagónica.

En ese escenario, ese diputado no habla en nombre del pueblo sino que su ejercicio ha de limitarse a ser  el eco de la voz que le eligió. Por eso, la Asamblea Nacional Constituyente no ha de hablar por el pueblo sino que ha de permanecer siendo pueblo. El constituyente pescador, por nombrar alguno, es en su configuración un hombre de un pueblo de mar que conoce la faena y la sal, que debe mantener ese espíritu y traer las angustias de su gente. Lo mismo ocurre con todos los demás.

Expliquemos esto de una manera más sencilla. Los encuentros promovidos por la ANC difieren de la mera consulta legislativa o de alguna política donde un miembro del cuerpo acude a contar su visión o a exponer los resultados del trabajo parlamentario. En un encuentro constituyente el diputado ha de acudir a debatir toda la visión país de su sector, cuales son las necesidades actuales que sienten deben superarse para siempre. Así, nacen los derechos.

¿O es qué acaso hemos olvidado que el derecho a la tutela efectiva, por ejemplo, se derivó del derecho procesal civil cuando las personas se dieron cuenta que aquello que sus casos nunca fueran atendidos o lo hicieran muy tarde, no era justo? Lo mismo ocurrirá en tantas materias donde, hay derechos consagrados que no han sido alcanzados o necesidades nuevas o viejos temas donde hemos mirado para otro lado, como la sexualidad o la igualdad civil.

Por ende, las sesiones de la Asamblea no son más que el momento donde se exponen los resultados de la voluntad recibida  a la vez que se le permite a los que no fueron al encuentro organizado, o a los que quieren expresarse por escrito o pedir la palabra, acudir conociendo el tema del que se va a debatir.

Ese ejercicio, que no es una sesión permanente sino una escucha permanente ha de minimizar las fricciones y las diferencias que ocurren entre la agenda del cuerpo representativo y las necesidades del pueblo elector que es el único plenamente soberano.

En este punto, las ideas del Comandante Chávez eran sumamente sencillas en el discurso de la apertura de la Asamblea Nacional Constituyente de 1999, cuando recordaba que no existe un pueblo tan solo porque haya gente sino que el mismo es una masa politizada con un pasado y un deseo futuro que les une.

Si eso dijo Chávez en 1999, podríamos detenernos en pensar qué significa que en su última proclama dijo que los venezolanos y las venezolanas, tenían y tendrían, una Patria.

Un asunto igualmente espinoso es el del tiempo y no en función de la vigencia de la Asamblea Nacional Constituyente sino en el que debe cubrir con sus actos. Las leyes, en general, se dictan para el futuro y esto ha de considerarse particularmente en el caso de las leyes constitucionales y de la Constitución en sentido estricto.

Ahora, cuando estamos bajo la vigencia de la Constitución de 1999, la misma de las misiones de Chávez que la que fue borrada en abril de 2002 y que ha sido llevada a su sola portada, por la derecha, en el 2017, hay que recordar que se trabaja para el futuro, el cual puede y debe diseccionarse en pedazos. ¿Qué necesitamos para el tiempo más próximo? ¿Cuáles son las bases del tiempo por venir? Enmendando lo que mal quedó en el pasado para el después,  no legislando hacia atrás.

Volvamos a lo procedimental ¿quién dicta la agenda de la Asamblea Nacional Constituyente? En toda evidencia el mismo ejercicio. De lo contrario cualquiera trabajará en función de un instinto o de un interés que, por noble que sea, no aglutinará lo colectivo.

Evidentemente no todos estos procesos deben hacerse tan sólo por medo de asambleas cuando hoy en día existen tantos medios de comunicación que permiten el contacto sin implicar la presencia.

Debiendo quizás, por ejemplo, plantear en vez de programas de televisión que le den la palabra a los constituyentes dársela a los colectivos organizados, a las organizaciones no gubernamentales, a los distintos voceros territoriales para que puedan ellos decir que esperan y que exigen de este momento.

Cuando en los últimos tiempos la estrategia de la derecha  ha sido centrar la responsabilidad en pocos sujetos y a veces por miedo a traiciones y otros males hemos nosotros caído en esto,  el costo ha sido una disminución de la base social organizada de la población y una mayor frustración.

Por ello, que sea fundamental que el proceso constituyente sirva para inyectar energía hacia abajo y no para trasladar la culpa manteniéndose el diagnóstico del problema tan arriba.

La Asamblea Nacional Constituyente es en sí misma un acierto. De allí que ha de cuidarse en todos los aspectos de no destinarla o desmeritarla en temas menores o por errores que se cometen mas por improvisación que por intención.

Chávez lo dijo siempre, muchas veces citando a Dussel, el gobierno ha de encontrar sus respuestas en las bases y ahora los constituyentes han de serles fieles, enraizarse en quienes son, demostrar que son este mismo y santo pueblo.

La crisis de los abrazos

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Yo no sé a ustedes pero yo amo los abrazos tanto que he aprendido a guardarlos para algunas personas, para los mejores y los peores momentos. No me gusta ese asunto de la gente que vive encima de uno, de niña lo hacía hasta que el látigo de la familia y el colegio me quitó la costumbre. El tiempo que he vivido, que ya se va alargando, de una rutina solitaria hace que la cercanía y el ruido me molesten mas pero no esos, los abrazos que llegan como paraguas, como agarraderas amables cuando uno va en caída libre. Esos abrazos hacen falta en la vida.

De la economía al clima, pasando por la política y las artes, estos son tiempos malos. El mercado ha triunfado sobre las almas y las profesiones. Las redes sociales nos venden un collage empastelado de lo inmediato donde ya nada importa si es bueno o malo sino su nivel de impacto. En cualquier esquina la gente prefiere unos audífonos que cargar un poco del día del otro que es por cierto, el cultivo de los abrazos y nos hemos acostumbrado tanto a ser espectadores que ahora nuestro placer es que otro nos espíe, esté allí, cerca y lejos, donde por cierto, no puede abrazarnos.

Cuando empezábamos en la política, en mi caso en la Juventud Comunista, todas las jornadas parecían un abrazo. Una abrazaba una idea, un libro, un proyecto, una duda. Una abrazaba a los compañeros y tejió con ellos una familia. Como lo fue, definitiva y hermosa, la familia que dejé en la Juventud Socialista. La política era eso, idea y compañía.

Oíamos mucho a Silvio Rodríguez porque es una especie de obligación de toda la izquierda latinoamericana y tantas canciones no tenían ningún sentido. Desde el unicornio hasta las trovas que pedían permiso por la felicidad, todas eran un deber a la vez que un placer tanto como hoy son más claras y ligeramente insoportables.

Entonces ahora que esas canciones se parecen más a lo que vivimos, las cosas han cambiado para nosotros. Vamos dando prueba de nuevas mezquindades y desintereses, algunos los tecnificarán hablando de los desgastes naturales que sufren los movimientos sociales, otros, lo minimizarán desde una óptica economicista. Con ello nos sentiremos mejor, al final, ese es el bálsamo que desplazó nuestra eterna excusa que todo era un problema derivado de la inexistencia de una política comunicacional de la izquierda.

Al leer las noticias de estos días moría poco a poco de aburrimiento. El ejercicio de enfrentar la tormenta luce desangelado, no parece haber un abrazo que nos encuentre en las ideas ni en las personas. Da un poco la sensación del concurso final de oratoria de un liceo y menos el momento vital de un encuentro donde se ejecuten premisas colectivas de gobierno y movimiento. Parece un plató donde algunos exfuncionarios quieren montarse con el nuevo traje del intelectual impoluto mientras otros le gritan su falta de meritos para hablar desde esa tribuna.

Entonces me preguntaba a dónde habían ido a parar nuestros abrazos, el de las ideas que nos exigen ver que carrizo hacemos con un país asediado, con un modelo estrangulado, con la gente que sufre lo que ya no sufría.

La crisis de los abrazos que se me presentaba no era una patología de los altos funcionarios, ni de los tecnócratas, ni de los intelectuales. Era una consecuencia del cansancio, era universal, picaba de arriba abajo y de abajo arriba. Sus soluciones no eran en divisas, ni en tabulaciones del banco central.

Había en ella una colección de pequeños descuidos, de egos, de autosuficiencias, de omisiones de ayudas oportunas, solidarias…, era una explicación aniñada que me resultaba necesaria por democráticamente sentida.

Nota de urgencia: Sanciones de Trump

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Hoy, 25 de agosto de 2017, la Casa Blanca ha dictado un nuevo acto de dominio. Una declaración donde fija la primera sanción económica general contra Venezuela camuflada en una acción que declara que fue quirúrgicamente tomada para afectar lo menos posible al pueblo y lo más severamente posible al gobierno.

Quizás esa frase suene bien para un titular, no lo sé pero es una mentira de las tantas que nos hemos acostumbrado a escuchar. Primero por el elemental hecho que internacionalmente los Estados tienen un gobierno, una población y un territorio, que de manera conjugada e indivisible conforman una unidad.

Segundo porque las sanciones económicas, incluso individuales, han sido denunciadas desde las agencias de la ONU como una práctica que afecta siempre al pueblo porque dentro de los países o del sistema de países que las adoptan sirven para advertir a las empresas y a los ciudadanos que actúan a su riesgo en países que tienen hábitos de aplicar con mayor severidad y eficiencia sus normas que nosotros.

Pero si eso va sobre la generalidad quiero presentarles una primera y urgente lectura del texto según la redacción en ingles que del mismo hizo Rusia Today a través de un RT de lo publicado por Eva Golinger.

Al final del séptimo párrafo precisa el documento que las medidas supuestamente tan comedidas van a favor de asfixiar al gobierno y permitir la ayuda humanitaria. Quiero llamar la atención que las crisis humanitarias, de la que tanto posicionamiento mediático se ha hecho no son simplemente una situación más difícil que la ordinaria para acceder a los derechos.

La crisis y la ayuda humanitaria son conceptos típicos del derecho. Es decir, tienen un contenido preciso y se da en el marco del Derecho de Ginebra, de la guerra, de la hambruna, de la catástrofe.

¿Una declaración abierta de que se favorecerá la ayuda humanitaria? ¿Es decir, que se admite frontalmente que la situación que vivimos es provocada y que empeorará? ¿Cómo va a empeorar?

La redacción integra del comunicado, haciendo alusión a la decisión del Estado de llamar a una Asamblea Nacional Constituyente –obviando por ejemplo que la misma nació de una elección-, de cortar la entrada de canales de televisión al espacio radioeléctrico nacional y por último, que la Asamblea Nacional Constituyente asuma la omisión parlamentaria. Son todas decisiones nacionales enmarcadas dentro del concepto de la soberanía nacional.

Este es el insumo primero que nos enfrenta a la tarea del presente, la supervivencia de la autodeterminación de los pueblos, la negación que pueda un tercer Estado reducir el marco de protección de los derechos humanos –integral y ordinario- a la penuria del socorro de la ayuda y el derecho humanitario de todo un pueblo.

La humanidad, insisto, está enfrentando la peor crisis de refugiados de la que se tenga registro. Este decreto empuja la situación venezolana a la despiadada situación a la que se ha sometido a Siria.

Miremos esta acción de modo concatenado con lo que viene de hacer Panamá. No estamos frente a una sanción contra PDVSA sino la negación del derecho a la vida, dentro o fuera de Venezuela, para los venezolanos. Esta acción, como tanto se ha dicho desde Chávez, es como las bombas no existe un radar que haga que sólo la paguen los chavistas.

El médico no cura por teléfono, recomendaciones para la ANC económica.

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Suelo hacer molestar a mi hermana cada vez que me enfermo porque, pese a mi edad, soy una muy mala enferma. Apenas me sube un poco la fiebre o tengo algún otro tipo de quebranto empiezo a arrastrar la cobija y repito el mismo ritual: levanto el teléfono y le digo “hola soy yo, cúrame” y antes que entre en su explicación científica que sin ver los médicos no curan y que sin tratamiento nadie se mejora, le digo “entonces no sé para qué sirven los médicos“.

Al trancar me resigno y retorno al ritual de ir a un consultorio, toser, mostrar la lengua, sacarme la sangre, ir a la farmacia…lo que todos sabemos que se hace…

Así como a los médicos –al menos desde las lecciones de Hipócrates hasta acá- les han enseñado que su profesión es de medios y no de resultados, que la sanación del cuerpo requerirá tanto descanso y medicación como de la voluntad del enfermo y de sus características fisiológicas, el derecho y las leyes, son hermanas de este tipo de artes.

Cierto, un médico puede parando una hemorragia salvar la vida en un sólo acto y puede una autoridad pública frustrar un homicidio pero la verdad es que pese a estos golpes terminan por entender que su trabajo es un proceso, incluso, un sistema.

Un médico no será un mal profesional porque en la primera consulta no salve la vida de un enfermo e incluso no lo será porque se le muera un paciente. Será un mal medico en la medida que no haga  uso de todo su saber, de todas las herramientas, para salvar el buen vivir, la dignidad y finalmente la vida del enfermo.

Del mismo modo, en el marco de un bloqueo financiero, de una revuelta de la burguesía, de un poder económico estructurado en monopolios y en oligopolios, con un sistema de distribución y comercialización con al menos cinco años en colapso, las respuestas que emanen en materia económica y social de la Asamblea Nacional Constituyente obedecen a la lógica del trabajo del médico.

Podrá y deberá detener cuanta hemorragia mortal se consiga aplicando sutura, deberá bajar las nuevas fiebres pero a los problemas estructurales deberá dar respuestas producto del consenso de todos los sectores representados y todos lo que debe democrática y tercamente llamar a involucrarse.

Para poder transitarlo habrá que aprender a transitar un camino minado de trampas epistemológicas, es decir, de conceptos.

La primera, en mi opinión, es la afirmación común en el país -asumo que se ha dicho desde la Colonia incluso- según la cual el gobierno no ha hecho nada para enfrentar la especulación y el acaparamiento.

Y esto, en el presente, es una enorme mentira. Nada más desde el punto de vista normativo, en el tema de los precios, se ha dictado una ley que se ha cambiado tres veces. Se ha cambiado la política cambiaria, flexibilizando el asunto de los ilícitos cambiarios para permitir un flujo mayor de mercancías hacia el país. Se han activado 27.000 inspectores populares y 3.000 fiscales, luego, se han desactivado.

Se han supervisado los minoristas, luego los mayoristas, luego los productores. Se ha importado de preferencia insumos para el transporte de mercancías. Se han eliminado las restricciones horarias de circulación de mercancías. Se han subsidiado los productos, se han liberado las presentaciones sustitutas. Se han fijado los precios, se han liberado los precios, etc. Por no acordarnos del gran acierto que resultaron los CLAP.

Es decir, se han hecho y ejecutado planes pero el fenómeno ha mutado. Esa es para mí la clave conceptual primera para la construcción. La guerra económica no es estática, se transforma igual o más rápido que nosotros cambiamos las estrategias; es política, tiene picos en épocas pre electorales y finalmente actúa, como ocurrió en Chile antes de Pinochet usando la especulación como un látigo que se coma los beneficios sociales de las mayorías a modo de preservar la división de clases que favorece a las minorías.

¿Cuáles son los bienes esenciales que las personas no obtienen? ¿Cuáles son las expectativas económicas que saltaron del esperar las vacaciones a auténticos imposibles, que frustran a la población? ¿Cuál es la alternativa para los niños y adolescentes en el año escolar que se avecina?

Una de las cosas que debe quizás intentarse, es aprovechar la representación municipal para el diseño territorial de estrategias pues las necesidades no son las mismas. Lo recuerdo siempre, en la voz de una campesina que me llamaba todas las semanas a insultarme porque el gobierno no hacía nada ante todo lo que la crisis le estaba haciendo vivir a los niños del paramo de Mérida.

Esto lo pienso porque siento que desde la Constituyente, en el marco de un bloqueo financiero, nuestro acercamiento a la economía ha de ser fundamentalmente social y mirar hacia adentro porque la segunda gran mentira es traernos modelos importados cuando el neoliberalismo se ha comido tantas estructuras que el mundo pasó del estado de bienestar a la pandemia de los desahucios.

Como el médico que recibe en la clínica a un enfermo, le pregunta cómo se siente, le prescribe las medicinas y conoce la historia familiar, la Asamblea Nacional Constituyente debe ser quirúrgica para parar la fiebre que se convierte en hemorrágica con las temporadas económicamente relevantes –como la vuelta a clases o la navidad- pero también y sobre todo debe diseñar el mecanismo de participación en preocupaciones, sueños y alternativas para todo el pueblo venezolano porque a la final, diría mi hermana, nadie cura por teléfono.

Mujeres y constituyente

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En tiempos constituyentes, todos los cuestionamientos son válidos. En especial, aquellos que emanen del sentir del pueblo que se norma y que propendan a cambiar el estado de las cosas. Con tal objeto, queremos en el día de hoy advertir el esfuerzo que significará ampliar la perspectiva de mujer y género en la norma constitucional.

Al respecto, desde el Derecho hemos de decir que la Constitución de 1999 fue la pionera mundial al entender que para la igualdad es necesario garantizar primero la existencia y para ello, que las partes que permanecían en la sombra, atropelladas por sectores que, entendiéndose mayoritarios se pretendían únicos, debían diferenciarse. De allí, que la Constitución vigente tenga tantas “a” que demostraron que el país podría tener un Presidente o una Presidenta, un Ministro o una Ministra, etc.

El asunto de las “a” fue tan trivializado que algunos no dudaron en mostrarse descontentos, ridiculizando a los sujetos que las emplearon e incluso redactando extraños artículos para desmarcarse de aquella pauta constitucional, como se hizo por ejemplo, en la Ley Orgánica Procesal del Trabajo, donde literalmente se afirma “la designación de personas, en masculino, tiene en las disposiciones de esta Ley un sentido genérico, referido siempre por igual a hombres y mujeres.”

Por eso, por la fuerte resistencia del machismo orgánico, fueron necesarios ocho años para que el asunto pudiera tratarse seriamente y que se dictase la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y se regularan los derechos laborales y maternales que hoy son la barrera de no retorno en la materia.

En este sistema normativo, las venezolanas tienen permisos de maternidad remunerados, derecho a amamantar, una protección integral contra la violencia y reglas procedimentales especiales reafirmadas por el máximo tribunal.

Pero ¿es esto realmente todo? ¿En qué medida es real? Bajo el polvo de la indiferencia parlamentaria se mantienen temas fundamentales para la vida de las mujeres en este país, como las propuestas para discutir anticoncepción y aborto que se han pospuesto indefinidamente por el miedo que produce que los sectores mas conservadores, sonrojados, nos den la espalda.

Falta esto tanto como las políticas públicas que sean suficientes para evitar el embarazo precoz y que obliguen a una paternidad responsable. Constituyendo estos temas, sin duda, parte del estadio del derecho a alcanzar y así ha de plantearse, con seriedad.

En otro saco queda el cúmulo de temas donde no ha sido posible avanzar consistentemente, bien porque nunca hemos llegado al punto anhelado por la legislación, o, porque si nos acercamos en algún momento, ahora retrocedemos.

Pongamos un ejemplo, ¿cuál es la imagen de la mujer en la televisión venezolana? ¿En qué rol, en qué medida? ¿Cómo se ha avanzado en destruir el estereotipo que se entiende en sí mismo una forma de violencia?

La televisora estatal, VTV, en su portal web anuncia cuáles son sus principales programas, aquellos por los cuales la gente vuelve cada día a sintonizarlos. Ninguno es conducido por una mujer, y, en los bloques horarios estelares donde abundan hombres que de manera independiente anclan un programa, las pocas mujeres que participan lo hacen acompañadas. ¿No es tiempo de fijar, de manera equitativa, la parrilla audiovisual?

En este mes de agosto que justo abrimos una nueva contienda electoral donde, un grupo de hombres y mujeres, disputarán las jefaturas estadales, las mujeres ocupan un sector muy minoritario, que tan sólo alcanza el 17,3% de las postuladas por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y el 4,3% de las postuladas por Acción Democrática. Son estos números muy desalentadores a la promesa que tantas veces se ha hecho de una participación política paritaria.

La esperanza estará puesta en este tema en la conciencia que lleven las mujeres constituyentes a este foro, felizmente presidido por una mujer y en la presión que puedan los movimientos ejercer para exigir las premisas fundamentales para un mundo de iguales.