Nota de urgencia. Claves para entender la investigación contra Venezuela de la Corte Penal Internacional

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El 7 de de febrero de 2018, Fatou Bensouda procuradora ante la Corte Penal Internacional declaró a la prensa que dicha instancia internacional iniciaba el examen preliminar de las situaciones de Filipinas y Venezuela. En el contenido de la nota se lee textualmente lo siguiente:

El examen preliminar sobre la situación en Venezuela analizará crímenes presuntamente cometidos en este Estado Parte al menos desde abril de 2017, en el marco de manifestaciones y la inestabilidad política conexa. En particular, se ha alegado que fuerzas de seguridad del Estado con frecuencia utilizaron fuerza excesiva para dispersar y reprimir manifestaciones, y que han detenido y encarcelado a miles de miembros de la oposición, reales o aparentes, algunos de los cuales habrían sido presuntamente sometidos a graves abusos y maltrato durante su detención. También se ha informado que algunos grupos de manifestantes habrían recurrido a medios violentos, resultando en lesiones o muertes de algunos miembros de las fuerzas de seguridad.[1]

Lo que nos lleva a detenernos sobre este fallido organismo internacional; sus procedimientos; qué significa lo que ocurrió e intentar proyectar qué puede ocurrir.

En su definición de Wikipedia, la Corte Penal Internacional es un tribunal de justicia internacional permanente cuya misión es juzgar a las personas acusadas de cometer crímenes de genocidio, de guerra, de agresión y de lesa humanidad. Su creación y sus funciones quedaron establecidas en el Estatuto de Roma, firmado en el año 2000, en base al cual se esperaba entrar a un estado en el que desde la Sociedad de las Naciones se persiguieran todos los delitos entendidos como atroces en los textos fundamentales. En esta norma, los delitos que ya conocía el ámbito internacional se ordenaron y se quiso poner fin al viejo hábito del derecho internacional, de crear tribunales especiales y posteriores, a los conflictos internacionales.

Esta Corte funciona en La Haya, como la Corte Internacional de Justicia pero tiene diferencias grandes con ella. Esta, es la única que persigue personas individuales, condenándolas en su humanidad y no como países. Los responsables son entonces juzgados de un modo relativamente parecido al esquema que han adoptado casi todos los países de occidente. Así las conclusiones de la Corte Penal Internacional son del estilo “fulano de tal es culpable de haber cometido un crimen de lesa humanidad” y no que “la República X es responsable de violar los derechos humanos del pueblo Y”

Al ser un tribunal penal actúa en el marco de los principios de juzgamiento establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos que obliga a presumir que todas las personas son inocentes, que todos son iguales ante la ley, que todos tienen derecho a ser escuchados por un tribunal independiente y que crimen debe estar definido al momento de la comisión y que este sea competencia de la Corte.

A lo cual se le suma que es una instancia internacional y que estas mantienen una relación de complementariedad –incluso de subsidiariedad- con relación a las instancias nacionales. Normalmente, sólo puede accederse a ellas cuando un país no juzga o no puede juzgar los hechos de competencia del tribunal.

La manera en la que la Corte Penal Internacional fue creada supuso el entusiasmo de varios países y de especialistas en Derecho Internacional que sintieron que con ella se superaría las viejas dificultades que habían permito que ocurriera y se perpetuara la guerra. Sin embargo, este entusiasmo duró poco porque apenas se construía la Corte, los Estados Unidos en vez de ratificar el contenido del Estatuto decidió retirar la firma que había hecho.

La firma del Estatuto de Roma por parte de la administración Clinton fue depositada el 31 de diciembre del 2000, último día para hacerlo (según el art. 125 del Estatuto de Roma), conjuntamente con Israel y con Irán.

Dicha firma fue declarada no tener ninguna implicación legal por parte de la Administración Bush el 6 de mayo del 2002 (gesto inédito denunciado como equivalente al retiro de una firma). Esta verdadera innovación jurídica fue seguida por Sudán (26 de agosto del 2002) y por Israel (28 de agosto del 2002).[2]

De modo que, han pasado casi veinte años de su nacimiento y en la actualidad la integran más de cien países aunque los últimos tiempos han demostrado ser difíciles para la institución cuando en el octubre de 2016 Rusia decide retirarse por considerar que es una infraestructura demasiado onerosa y poco útil; seguida en febrero de 2017 por Sudáfrica quien denunció el Estatuto una vez que ocurrió la polémica decisión de dicha Nación de no acatar una orden de aprehensión que la Corte había dictado en el 2015, en contra del presidente sudanés, Omar al-Bashir.

El conflicto africano de la Corte Penal Internacional es sumamente interesante puesto que, no pocos analistas han denunciado que este juez es imperialista y racista porque según datos publicados en el 2017 Desde su puesta en marcha en el 2003, la CPI, había abierto diez investigaciones, nueve de ellas en países africanos.[3]

Con ello esperamos acercarnos a quién es el organismo que está actuando sobre lo cual lo más relevante, a esta hora resulta que con esta acción observamos la colocación del “tema Venezuela” en casi todas las agendas universales puesto que recientemente veíamos actuar otros tribunales que quieren rejudicializar el territorio venezolano.

Hemos señalado que normativamente la Corte Penal Internacional se encuentra en el Estatuto de Roma, instrumento ratificado por todos los países latinoamericanos con la excepción de Nicaragua y Cuba; y, que sus procedimientos son relativamente parecidos al de los tribunales penales venezolanos.

Así, encontraremos que en el juicio interactuarán varios sujetos y se pasará por varias fases. La fiscal o procuradora ha determinado que el caso venezolano se encuentra en el paso 1; de igual modo, no ha identificado a los sujetos sobre los cuáles la investigación criminal se desarrollará pero ha advertido que su despacho no descarta que existan responsables gubernamentales y no gubernamentales.

Por lo tanto, nos encontramos en lo dispuesto en el artículo 53 del Estatuto de Roma,

Artículo 53

Inicio de una investigación

  1. El Fiscal, después de evaluar la información de que disponga, iniciará una investigación a menos que determine que no existe fundamento razonable para proceder a ella con arreglo al presente Estatuto. Al decidir si ha de iniciar una investigación, el Fiscal tendrá en cuenta si:
  2. a) La información de que dispone constituye fundamento razonable para creer que se ha cometido o se está cometiendo un crimen de la competencia de la Corte;
  3. b) La causa es o sería admisible de conformidad con el artículo 17;
  4. c) Existen razones sustanciales para creer que, aun teniendo en cuenta la gravedad del crimen y los intereses de las víctimas, una investigación no redundaría en interés de la justicia.

El Fiscal, si determinare que no hay fundamento razonable para proceder a la investigación y la determinación se basare únicamente en el apartado c), lo comunicará a la Sala de Cuestiones Preliminares.

  1. Si, tras la investigación, el Fiscal llega a la conclusión de que no hay fundamento suficiente para el enjuiciamiento, ya que:
  2. a) No existe una base suficiente de hecho o de derecho para pedir una orden de detención o de comparecencia de conformidad con el artículo 58;
  3. b) La causa es inadmisible de conformidad con el artículo 17; o
  4. c) El enjuiciamiento no redundaría en interés de la justicia, teniendo en cuenta todas las circunstancias, entre ellas la gravedad del crimen, los intereses de las víctimas y la edad o enfermedad del presunto autor y su participación en el presunto crimen; notificará su conclusión motivada a la Sala de Cuestiones Preliminares y al Estado que haya remitido el asunto de conformidad con el artículo 14 o al Consejo de Seguridad si se trata de un caso previsto en el párrafo b) del artículo 13.
  5. a) A petición del Estado que haya remitido el asunto con arreglo al artículo 14 o del Consejo de Seguridad de conformidad con el párrafo b) del artículo 13, la Sala de Cuestiones Preliminares podrá examinar la decisión del Fiscal de no proceder a la investigación de conformidad con el párrafo 1 o el párrafo 2 y pedir al Fiscal que reconsidere esa decisión;
  6. b) Además, la Sala de Cuestiones Preliminares podrá, de oficio, revisar una decisión del Fiscal de no proceder a la investigación si dicha decisión se basare únicamente en el párrafo 1 c) o el párrafo 2 c). En ese caso, la decisión del Fiscal únicamente surtirá efecto si es confirmada por la Sala de Cuestiones Preliminares.
  7. El Fiscal podrá reconsiderar en cualquier momento su decisión de iniciar una investigación o enjuiciamiento sobre la base de nuevos hechos o nuevas informaciones.

Eso nos ubica en la fase preparatoria del proceso penal, o, fase de instrucción a la cual se llega cuando ha ocurrido lo que dispone el artículo 13 y es que la Corte ha recibido una solicitud de abrir la investigación que emana del Consejo de Seguridad, de un país, o, como en este caso del Fiscal o Procurador ante la CPI.

A partir de este momento, como se considera que se está desarrollando una investigación puede comenzar la Corte Penal Internacional a desarrollar su poder cautelar en los términos consagrados en el artículo 58 y siguientes que, dependen de los indicios fundados que tenga el Tribunal de estar en presencia de hechos de su competencia.

La nota de prensa, ambigua y escueta, no deja mucho más que la certeza del inicio de una situación muy delicada para Venezuela, donde, serán las próximas horas que determinarán el alcance de lo planteado en esta declaración por la fiscal. Sin embargo, esto es lo que significa lo hasta ahora dicho, que abre una inminente urgencia de explicarle a la urgencia la descarnada cara de la ofensiva imperial.-

[1] https://www.icc-cpi.int//Pages/item.aspx?name=180208-otp-stat&ln=Spanish

[2]10 años de la entrada en vigor del Estatuto de Roma https://www.google.co.ve/search?q=bush+retira+firma+del+estatuto+de+roma&ie=utf-8&oe=utf-8&client=firefox-b-ab&gfe_rd=cr&dcr=0&ei=ppl8WrC-KsaD_Aau9azgDQ

[3] https://www.nacion.com/el-mundo/conflictos/tribunal-de-sudafrica-anula-decision-de-retirarse-de-la-corte-penal-internacional/XCNFDDM2MNEZBC5R4V6AK7NMQQ/story/

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“Nunca vamos a firmar”

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Hoy es un día confuso y amargo para Venezuela. Un día triste, de sentir eclipses y frenazos. Nuevamente se ha pospuesto la hora de detener este juego demencial que nos deja sin Patria. Esta convocatoria a los amos imperiales que se traduce en arriesgar nuestra Guayana, sacrificar nuestra industria petrolera y seguir ahondando el sentimiento de que en este país no queda nada que buscar.

Ese sentimiento no se construye sólo con marketing sino con fuerza, con horror. Se logra mediante la paralización de nuestra economía con la depreciación del trabajo de cada uno de nosotros y la sumisión a condiciones de muerte a millones de compatriotas, que poco importa políticamente quiénes son, que edad tienen, de quién son padres o hijos.

Quizás de hecho esto ya no sea un sentimiento sino una realidad. Estamos asfixiados por lo que algunos llaman diplomacia. Estamos en una situación tan delirante que resulta que cualquier país, no importa cual, en el que usted piense le resultará mejor por la sencilla causa que somos un país al que le han declarado la guerra.

Yo venía del trabajo con ese escenario en la cabeza. Recordando que en el pasado todo lo que estudié pensando en la construcción de sistemas de garantía permanente y universal de derechos humanos estuvo escueto. Nunca imaginé vivir en mi propia vida lo que en los libros era un caso extremo, que solo ocurría en países raros. Generalmente, anti sistema.

Pero no pensé seriamente cómo se construían los países raros, ni siquiera como se construían los países obedientes. Hasta hace un par de años nuestra realidad era completamente diferente aunque gobernara el mismo sector. Se venía pagando interna y externamente una deuda histórica. Éramos ejemplo de las mejores prácticas culturales (el Sistema, por ejemplo); llegábamos al espacio; regresábamos como protagonistas al concierto de las Naciones.

Hasta que fuimos declarados una amenaza y el movimiento de la nueva izquierda latinoamericana comenzó a derrumbarse, entre golpes y crisis inducidas y costosísimos errores de estrategia.

Son embargo, el caso Venezuela se ha tornado extraordinariamente complejo. Para explicarlo, está ya demasiado usada la historia de Allende y la verdad, su corta permanencia en el tiempo y ya las décadas que nos separan de eso así como el papel glasé que se ha puesto para declarar a uno de los sistemas más desiguales del mundo como una de las mejores “democracias” hace que no quiera hablar de ello.

Yo sólo soy venezolana. Legalmente, es mi única nacionalidad y sentimentalmente, es mi único deseo pero mi madre y su madre, su padre y sus hermanos, son panameños. Panamá que es ahora vital en el proceso de aislar a Venezuela, de declarar que los venezolanos somos gitanos o palestinos. Sin duda alguna, seres incomodos y nefastos aunque aquellos que  Panamá deporta son los que ante la prensa dice apoyar.

Pero yo no quiero hablar de este Panamá, dominado por intereses mercantilistas, experto en represión del movimiento obrero, ahora furiosamente anti venezolano sino que no puedo mirar el escenario de Venezuela con su sonido de “game over” con la cara de espanto de los acompañantes internacionales, con la celebración de Tillerson que sobre nuestras vidas la palabra final es de Trump sin recordar 1989.

Un año donde un pueblo sin ejército y sin armas aguantaba un bombardeo. Bombardeo de barrios contenido por estudiantes y sanado con improvisados paramédicos. Un país que recuerdo claramente con sus letreros en inglés, con su idioma intervenido, con sus zonas prohibidas, con sus banderas norteamericanas y la promesa, a modo de dadiva y simulación, de devolver el canal siempre y cuando Torrijos antes se encontrara bien muerto.

Dice ahora la oposición y sus voceros extranjeros que Venezuela tiene un conflicto del que no saldrá con elecciones y donde quieren imponer un tutelaje. Recuerdan, tutelaje fue una palabra infame que usó hace ya bastante tiempo el gobierno argentino. Para el Derecho, eso es la negación absoluta de la soberanía de un pueblo.

Digo ahora para hablar de lo que dijo esta madrugada del 7 de febrero, Julio Borges quien afirma que jamás va a firmar un acuerdo. Lo repite llenando la frase de complementos gramaticales pero repitiendo el centro de la oración “nunca va a firmar”. Es justamente lo contrario a lo que dijo todos los días anteriores donde planteó que era cuestión de lograr los últimos acuerdos.

Allí es donde se le ve la costura, en ese cambio radical de posición y donde con su cobardía decide doblar y quitar la bandera. Es decir que señala que para ellos, no existe otro destino distinto para el mundo que obedecer, como si viviésemos bajo el más puro de los sistemas coloniales o quizás, empeorado.

Con este acto, negar que existe un camino para la paz, una manera de destrancar el juego  ha puesto sobre la mesa los supuestos más atemorizantes. Rápidamente se coló la duda si esto significaba que la oposición piensa ir a la confrontación directa, a la promoción de asaltos, actos terroristas y volver a su ya patentada formula, las guarimbas.

¿Se trata de escribir sobre la gloriosa historia bolivariana la triste hora de Siria? O ¿de legitimar, como tantas veces ha ocurrido, por ejemplo en Nicaragua que Estados extranjeros armen cuerpos irregulares para llegar abiertamente a una situación de guerra?

¿Qué creemos nosotros, en definitiva, qué es la Guerra? ¿Recordamos algo? Las guerras declaradas en Venezuela no se viven desde hace más de un siglo. Sin negar con ello que la historia ha sido plagada de capítulos de exterminio y persecución.

¿Qué creemos que son los actos que continuamente comprometen la electricidad y las telecomunicaciones? ¿El desvío del material estratégico? ¿El tratamiento permanente del “tema Venezuela” en reuniones donde no somos convocados hasta cuando las reglas de las organizaciones lo impiden? ¿Es realmente nuestra crisis de salud o nuestra merma del poder adquisitivo una causa para tanto escándalo? ¿Por qué no hay la mitad de las reuniones que se hacen sobre Venezuela para hablar de la red de esclavos y esclavitud que recorre media África? ¿No ameritaría que se lleven más agendas abiertas de giras internacionales el creciente riesgo nuclear en el planeta que la situación en un país que no ha amenazado de guerra a ningún vecino y que no tiene un gasto militar capaz de sonrojar a nadie?

A los pocos días de la invasión a Panamá, los muertos habían sido olvidados. Se había escrito la retórica de que Estados Unidos había vuelto a poner orden en aquella merienda que habían hecho esos seres caribeños que decían ser capaces de gobernarse en libertad. Aunque el acto simbólico de reconversión del canal ocurrió diez años después de aquella masacre y la bandera nacional puede ondear, Panamá sigue siendo un país obediente que hace obedecer a cualquiera que sienta injusto un sistema donde la especulación gobierna.

Así de pronto, con horror entendía y aunque era una tarde hueca, innecesaria, a la que le faltaba el júbilo de cerrar estas malas horas, recordaba a Chávez pues si este es el tiempo de la segunda y verdadera Independencia, es evidente que el combate será cerrado, doloroso, lleno de momentos de profunda incertidumbre y a veces, enviarán sus mejores hombres o se conseguirán los  más canallas hombres que hayan nacido en esta tierra para evitar que llegue el tiempo donde seamos irreductiblemente libres.

Se llama José, tiene sesenta años

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Se llama José, tiene sesenta años. Un día cualquiera, hace par de ellos, le vino un ACV. Un ictus dirían ahora los médicos. La noche antes se acostó como cualquier día y a la mañana siguiente su cerebro había sido tomado por una hemorragia. Era quirúrgica, urgente, enorme. Los médicos,  al ver la imagen se asustaban. No vieron la imagen el día que pasó porque no habían maquinas disponibles. Todas estaban apagadas, puestas, acumulando polvo en los hospitales mientras José era sólo uno más en la lista de los que la necesitaban.

Para llegar a esa escena, la médica sentada con su bata blanca en una computadora y su cara de susto habían ocurrido varias cosas antes. La familia había rogado ayuda, el seguro había rebotado y todos habían intervenido. En ese trance, incluso algunos querían creer que el drama sería la imagen.

Pero no, ese era tan sólo el comienzo. La tragedia vendría después y en vez de presentarse como un paquete para llevar, sabiéndolo todo y decidiendo rápido,  aparecía como un goteo en la medida que las cosas se conseguían.

José estaba consciente y adivinaba bien lo que ocurría. Se había convertido en un número en una lista. Necesitaba cosas que no había. La familia corrió a abrir los closets, las cajitas de cosas importantes, la sección de lo que nunca nadie usó.

Todo absolutamente todo se puso en venta pero en esos días todos ponían todo en venta y las compras estaban escasas.

Para vender, ponían todo a grandes precios o al menos así sonaba pero no había manera que eso aguantara una vuelta a la farmacia. Una casa valía menos que un par de metros de gaza.

Iban visitando hospitales. En un momento decidieron que eso era muy peligroso para José y evitaban llevarlo. Con las hojas en mano le iban contando el caso a médicos que urgidos y compungidos habían cambiado de trabajo.

Como si el último bombillo del pasillo se hubiese apagado tras languidecer, el Hospital había cambiado de naturaleza. Había gente. Mucha gente. No había mucho más que gente.

Médicos de todas las ramas habían cambiado su trabajo y se convirtieron de a poco en alquimistas. Otros redescubrieron que en curar había tanto –o más- de comprensión y cariño que de cortadas y químicos.

Ellos estaban allí, en medio de mafias increíbles. Hasta la muerte ahora parecía dominada por un personaje que encarnaba lo peor de lo raza humana. El dolor era su negocio y el personaje a veces era un simple empleados, otras veces un médico, otras, un camillero. Era un personaje omnipresente que sacaba lo poco que quedaba en los estantes y convertía lo gratuito en impagable. Era hombre o mujer. Jugaba a ser Dios o el demonio.

La esperanza comenzaba a sonar como el teléfono. La hija de José sabía que no estaba sola. Había sistemas, trabajadores sociales, instituciones de beneficencia, centros de llamadas de hospitales y farmacias.

Pero José era uno más en una lista para esos números, no para ella. Todos bajaban la cara cuando escuchaban la historia, cuando sentían la agonía, el gotero que se desparramaba en el piso cuando pasaban las horas y la salida era cada día menos esperanzadora.

Un par de señoras, entre la lástima y el gozo, querían transformar la ocasión en una epifanía. Un deber de aceptar la más rotunda derrota. El dolor de los enfermos era culpa del gobierno. Sentenciaban, ejemplificaban, insistían.

Venía el cuento macabro y repetido de la crisis humanitaria pero a punta de post verdades y de escándalos a esas señoras se le habían olvidado muchas cosas. Como que las medicinas prometidas por Madrid eran pocas y estaban vencidas; que Colombia había avanzado en su doble juego, haciéndose la vista gorda del contrabando que salía de Venezuela y bloqueando las compras de medicinas que hacía Caracas; que las farmacéuticas en su mayoría eran trasnacionales norteamericanas y Europeas; que los planes de salud muchos se hicieron con antiguos aliados como Brasil, que hoy nos apuntan.

José entonces a mi me resultaba un herido de guerra en aquella camilla. Víctima de todos estos bloqueos que nos vienen aplicando, los que causan que las maquinas no tengan repuestos, los que exacerban esa necesidad reptil de aprovechar la herida de otros para hacer, así sea falsa, alguna riqueza.

Era también un herido de la información mal comunicada, de los miedos de admitir que hace mucho tiempo, aún si nos envían embajadores o encargados de negocios, hay países que nos han declarado la guerra.

Cerraba esta nota, dolorosa, con la prensa imprimiendo las noticias. Ya Estados Unidos se olvidó de su promesa inicial de castigar personeros. Junto con Argentina vienen con todo contra PDVSA, a alguno se le olvidará también explicarnos qué significará esto para las emergencias.

Engendros

Yo no sé si todos ustedes han visto alguna vez la película de Dracula. Sin duda, algunos han leído el libro y en el universo de todos los que conocen la historia debe haber quedado la impronta de aquel hombrecillo que perseguía al Conde repitiendo “maestro”. No sé si algún especialista sabe en quien se inspiró Bram Stoker para inventar a aquel engendro, incapaz de acciones distintas a la adulación y desprovisto de un elemental código moral que le hiciera dudar ante las ordenes de su amo. Lo triste es que, sea quien fuere el modelo original, la historia política está llena de personajes que le emulan sin una pisca de vergüenza.

Nosotros, los venezolanos a esta hora presente tenemos una foto de dos buenos imitadores que andan por el mundo buscando Condes a quienes rendirle una reverencia propia que la que merecía Dracula por los ríos de sangre que han hecho correr rumbo al Mediterráneo, la reinstauración de campos de concentración en la ya no tan humanista República Francesa y quienes tienen más de una explicación pendiente por su demencial carrera guerrerista.

Una vez que la Mesa de la Unidad Democrática no ha rechazado las sanciones de Trump sobre Venezuela y que al respecto ha dado explicaciones más erráticas que el mismo cuento de la famosa abuelita, hay que mirar cual es el contexto europeo, en el que ya se ha ido apagando esa llama con la que rechazaron la elección de Trump dándose el tiempo de invitarlo a almorzar en la torre Eiffel y de celebrar par de posturas del cada vez mas aceptado mandatario. Por lo cual, es evidente que el objeto de esa gira es pedir que Europa se sume al coro de las sanciones contra Venezuela.

Ahora, veamos algunos detalles. Por ejemplo, que dos dichos diputados de un Parlamento que ellos denunciaron disuelto aparecen fotografiados en el exterior. Nadie sabe a ciencia cierta con cual cualidad si ellos denuncian que la perdieron pero esto es un asunto menor frente al hecho que dos ciudadanos, hombres, blancos y católicos, hablan en representación de un país mayoritariamente femenino, mestizo y diverso en religiones. Es un sector que siempre ha resaltado que el tatarabuelo era español o portugués, de linaje o de bodega pero finalmente extranjero.

¿Dignos de aquellas mesas, entonces? ¿En contraste con la gente de este país que merece el escarnio y la pobreza como destino como sostiene la farándula e incluso algunos miembros de la Iglesia? No es menor que aquellos miembros de la OTAN se sienten en la mesa con quienes en alguna cosa al menos se les parezca, a quienes venderían el alma por un visado que les limpie el tantito de indios que les queda en la sangre, venezolana o peruana, según cuentan.

Esa mañana, cuando pensaba en escribir mi columna una señora se me sentó al lado y me dijo “mija, el problema de este país es que todo el mundo cree que es buena gente y por eso se perdonan lo que hacen incluso antes de pensarlo“. Puede que sea o no sea el caso pero insiste, aquel que formó parte del 11 de abril en presentarse como quien va por la vida preñado de buenas intenciones, destruyendo por buena gente y verse chic, su país a su paso, como un tornado…

@anicrisbracho

Caracas

Nos bloquean porque nos quieren

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Luz Escarrá, citando a alguien, me planteaba que la situación venezolana parecía un ciclo de violencia de género. Yo no me impresioné ni me detuve en el planteamiento. Si no lo hice es porque hace ya varios años que yo vengo trabajando la desigual afectación de la Guerra Económica en función del género y de la carga doméstica. Sin embargo, como suele ocurrir cuando uno escucha sin mucha atención a los días mi valoración cambió.

Por eso, los invito a almorzar conmigo.

Estamos en una atestada sala para comer, decenas de funcionarios pelean contra el tiempo y con ese fastidio que dan los últimos mordiscos que nos separan de volver a la máquina. Es un lunes y aunque el martes sea la quincena calendario, ya el pago se hizo el jueves, ya la gente acudió al supermercado y volvió las cuentas y las bolsas vacías. Es comienzo de mes y los servicios privados de educación ya convocaron a reunión de padres, es decir,  anuncian que anunciarán nuevos precios. Como todavía es comienzo de año está la pereza. Es comienzo de, lo que sea que viene antes, de una campaña electoral y esa noche llegarán los voceros a la famosa mesa de diálogo.

Es decir, que no les estoy hablando de un almuerzo en la pradera sobre un mantel de cuadros rojos con manzanas y pan con pepinillos. No, hablo de viandas de arroz con apuro y tedio.

Los que no están en Venezuela pueden imaginar como transcurren estos días, en un estado que tiene un tanto de pánico y otro de hipnosis. Sólo hay un tema de conversación  aunque ya tanto escándalo hace que nadie se escandalice; sólo se habla de los precios.

En el mundo de los precios, con sus infartos, hipotensiones y taquicardias el asunto se ha ido reduciendo. Raro será quien ahora le hable del precio de los zapatos. Esas cosas de piel que cubren los pies y que han aguantado ¡Cuánto han aguantado! ¡Hay que hacerle un monumento a los zapateros y a los zapatos que aguantan o que los hacemos aguantar!

La gente habla de comida. No imagine usted cualquier comida. Ya incluso el jamón y el queso se han disipado, el tema va de huevos, harina y café. La leche, el azúcar, la carne, ya nos han preocupado tanto que nadie los nombra.

Yo almuerzo con el mismo desgano. Me he convencido que debo leer al mediodía y correr por las tardes. Me  niego a doblar mi vida hasta el tamaño de un billete, pienso, que esa es ya su máxima victoria: la gente vive dentro de un billete que se hace cada día mas pequeño, que tiene menos espacio, que compra menos cosas…

Entonces yo ando por allí, quizás como Heidi. En la nube de que existe otra ciudad, que el cielo lo habitan aves maravillosas, que no existe la tierra prometida y que el pasado también tenía sus asuntos.

Ella se sienta delante de mí absolutamente irritada. Toda su frustración, lo ha decidido, tiene que soltarla conmigo porque además, yo, Ministra de nada, responsable de nada, he decidido seguir hablando porque temo el silencio y he defendido que esto que estamos viviendo es producto del experimento malicioso de otra gente.

Ella entonces tomó aire tras tragar. Me miró a los ojos pero yo no sostenía la mirada y dijo  “esto es culpa de nosotros. Si nosotros hubiésemos hecho las cosas distinto…”, sin dejar de ojear el libro repliqué “¿qué cosa?” “Esto, la Revolución. Hemos debido advertir que el imperio se venía en contra y prepararnos. Hay cosas que no hicimos”. Repetí “¿qué cosa?” Insistió había algo en todo esto que debía ser culpa de nosotros y yo pregunté “¿nosotros, quiénes?” “¿la gente, ella y yo, el gobierno, Chávez?” Realmente allí me interesé ¿cuál es el nosotros culpable de todos los males?

Me gusta pensar en esto como poetizaba Machado porque yo, como él, he andado y en todas partes he visto virtuosos trabajadores que levantaron escuelas donde antes sólo hubo ruinas, ancianas de ochenta años organizando elecciones, muchachos y niños haciendo jornadas, Ministros desvelados llegando a Hospitales y trabajadores ingeniandose como darle más uso a lo que ya estaba roto.

También he visto madres que le quitan el pan a sus hijos de la boca a cambio de monedas y jóvenes vestidos de la vinotinto vendiendo billetes. Galpones donde se dejaron vencer toneladas de leche para niños, empleadores que compran la complicidad de todos sus empleados a cambio de un “beneficio” adicional. He visto políticos impresentables y las dolorosas transformaciones de aquellos que uno siguió en seres de rapiña.

Por eso siento que he visto un pueblo multiforme que ha aguantado y cambiado sus maneras de vivir, que ha votado, que ha inventado. Que soporta una burocracia absurda que frustra y otras veces abusa, y, algunas contadas veces he visto la burocracia transformarse y echar una mano.

¿Pero es este asunto así, es de ese pueblo, en su conjunto la culpa? El pueblo venezolano tiene la culpa de la mujer insultada por cambiar la foto de sus redes sociales. Lo he visto en las que piden perdón antes de recibir una golpiza por no servir el desayuno. Se parece entonces en algo el asunto a la idea que cargaba Luz Escarrá.

También se parecen los victimarios. Si usted tiene una duda si un abusador, un violador o un golpeador realmente lo es fíjese que siempre le hablara primero de su bienestar con Dios y su extrema generosidad con los necesitados. Su bondad será tanta que le sobrará para ayudar a los vecinos y ser el hijo ejemplar.

…Tranquilo que como a aquella mujer le pegan porque la quieren, a nosotros nos bloquean las rutas de barco y los movimientos de banco porque se preocupan qué podremos comer, así son las cosas, imagino.

El internet si se puede regular: el caso francés

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El Consejo Constitucional Francés, es una figura sui generis del Derecho galo, una especie de máxima instancia con competencias de control de la constitucionalidad sin por ello constituirse en una jerarquía de los tribunales judiciales o administrativos, función que cumple el Consejo de Estado, o, los tribunales contenciosos.

Sin embargo, en la medida que el control constitucional ha ganado importancia y que su función ha sido aceptada en términos más kelsenianos la importancia del Consejo Constitucional ha sido mayor. El Consejo constitucional es un órgano consultivo y jurisdiccional. En cuanto órgano jurisdiccional, el Consejo desempeña una función de juez electoral y de juez constitucional.

Como juez constitucional, vela por el respeto de la Constitución. Para ello, ejerce un control facultativo, a instancia de las personas y organismos legitimados, sobre las leyes y los tratados, y obligatorio sobre las leyes orgánicas y los reglamentos de las Cámaras parlamentarias.

Las decisiones adoptadas por el Consejo constitucional vinculan al conjunto de los poderes públicos, administrativos y jurisdiccionales. Además, no cabe contra ellas recurso alguno. Cuando el Consejo declara que una ley es contraria a la Constitución, la ley se anula, ya sea en su totalidad o parcialmente.

Por la fuerza vinculante de sus decisiones, el Consejo constitucional opera también como un centro de producción de encuentros y publicaciones que van marcando o guiando las grandes preocupaciones nacionales. Una de ellas, la más reciente, apareció en octubre del año 2017 y se refiere íntegramente, a diversos aspectos del “numerique” (el mundo virtual para nosotros) y el derecho constitucional.

¿Qué influencia tienen las redes sociales en la noción de la democracia? ¿Si el Estado y en consecuencia, el Derecho Público fueron siempre entendidos como sistemas de subordinación qué genera esta manera de interactuar, directa, permanente y horizontal que tienen las personas con las autoridades en las redes sociales, en especial en Twitter? ¿Serán las redes sociales un medio suficiente, idóneo, para las grandes consultas públicas? ¿Serían vinculantes?

Al constatar la existencia de esta publicación no queda sino caer a la evidencia que el tema de las redes sociales va impactando en el Derecho con mucha fuerza. Desde aquél inicio donde la pregunta que se planteó, incluso en la ONU, era si el internet podía considerarse un Derecho Humano y vaya, que se complicaba el asunto por ser un campo de desarrollo mercantil y porque, algunos supuestos pueden incomodar la seguridad pública como el acceso al Internet por parte de personas que cumplen medidas de privación de libertad, el tema no ha parado de calentarse.

En textos anteriores hemos adelantado que haysupuestos que ya han ocupado la agenda jurídica francesa en la materia. Por ejemplo, hace un año, se estableció el derecho de los trabajadores y las trabajadoras a no ser contactados fuera de horario, vía mensajería o redes, por sus patronos, porque esto constituye una prolongación de la jornada de trabajo, que interrumpe el descanso y además genera derechos laborales que debe cancelar la empresa.

Y más recientemente pudimos observar que el Presidente francés es cada vez más abierto a las ideas de regulación de medios –que incluyen redes sociales- que han avanzado en Alemania.

De allí que no sorprenda que la Comisión Nacional de la Informática y las libertades, CNIL por sus siglas en francés que significan Commission nationale de l’informatique et des libertés, adelante las medidas administrativas desde el Ejecutivo del hexágono que buscan proteger a los ciudadanos de otro de los grandes riesgos detectados de la vida virtual: el derecho al resguardo del habeas data individual que a diario arrojamos a través de las computadoras y los celulares.

Hablamos en específico de la instrumentación del “derecho al olvido” que  ha sido establecido en Francia, como país miembro de la Unión Europea, donde se reconoce la prerrogativa de las personas de solicitar que sus datos sean borrados del internet.

Entonces y pese que algunos defensores del derecho a la información se nieguen a ello, cada quien puede solicitar de los prestadores de servicios informáticos la supresión, bloqueo o desindexación de información que se considera cierta pero obsoleta o no relevante por el transcurso del tiempo.

Un último punto ocupa la agenda y es la decisión del CNIL que instrumenta lo anterior específicamente en cuanto al intercambio de datos que, automáticamente, hacen dos titanes de las redes sociales: Facebook y Whatsapp.

En concreto, explica la autoridad administrativa[1], que el problema se origina después que Whatsapp fuese comprada en 2014 por Facebook y que, en 2016 cambiara las condiciones de servicio indicando que las conversaciones allí mantenidas serían transmitidas a la corporación madre que las usaría para publicidad, seguridad y mejora de los servicios prestados.

Para los franceses, estas nuevas condiciones son muy vagas, no capaces de explicarle a los usuarios hacia donde van sus datos y que con ellas,  se les niega el derecho a oponerse a su utilización. Finalmente,  también consideran que no existe asidero legal que permita que se pase la información personal de este modo entre dos plataformas distintas pese a ser, como lo son, de un mismo dueño.

Por los momentos, se trata de un expediente abierto, agravado por la poca cooperación de los señalados que se encuentra publicado desde diciembre del año pasado pero nos permite mirar conceptos que chocan: libertad de expresión, derecho a la intimidad, derecho a la protección del honor, derecho a la confidencialidad, y, que son evidentes –e incalculables- las consecuencias que estas nuevas interacciones traen para la noción del espacio público.

Con una parte de estos conceptos, nosotros mantenemos con ellos una relación jurídica en los términos que la define Duncan Kennedy, pues, a modo de periferia hemos tomado algunos como el orden público, el Derecho Administrativo, los servicios públicos y nociones  de la libertad.

En este contexto, si bien tenemos una Constitución muy posterior (la Carta Magna francesa es de 1958 y la nuestra de 1999) por lo recientes que son estos temas no estamos mejor preparados que ellos y menos cuando no nos enfrentamos tan sólo al uso ordinario de estos sino a su empleo para fines desestabilizadores, la materia en Venezuela se hace mucho más importante.

El debate impostergable de la regulación del internet debe tener una dimensión de cuestión de Estado y de Derechos Fundamentales.  Se debe discutir sobre el Derecho y los derechos de los que crean los contenidos y de sus destinatarios.

Aquí cerramos la hoja esperando que para tratar estos temas y el aún mas urgente uso para la promoción del odio y el eclipse de nuestra economía nacional a través del Internet no tengamos que esperar que sobre esto se escriba un tratado extranjero que venga a decirnos qué hacer.

[1] https://www.cnil.fr/fr/transmission-de-donnees-de-whatsapp-facebook-mise-en-demeure-publique-pour-absence-de-base-legale

Tan mal que ya no se aguanta

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Sentada, desde el cansancio que produce intentar sobrevivir la realidad que vivimos en Venezuela, la muchacha fue lapidaria. Era una de esas muchachas que venía del campo. Una vida rural, siete hermanos, padres trabajadores que no terminaron el bachillerato. Ella sí que pudo. Si pudo con la escuela, el bachillerato y la universidad. Se hizo abogada en una universidad que tuvo clases todos los días, comió todos sus almuerzos en el comedor universitario, utilizó los libros que necesitaba en la Biblioteca y pudo sacar las copias que necesitaba e imprimir sus trabajos. Ella era la tercera de los siete y moría de angustia. Con el costo del pasaje, la residencia y la necesidad de la casa, sus hermanos tenían mucho más difícil lograr ser universitarios y para ella, eso no fue una verdadera hazaña.

Había rumores de cambios de ministros y ella lo escuchaba sin hacerse reales esperanzas, que los cambien todos, dijo. Que los cambien porque estos lo están haciendo muy mal. Ya no se aguanta.

Ciertamente hay muchas cosas que cuesta aguantar. Cuesta pararse tan temprano para ir a una larga cola y darle, una y otra vez, todo el efectivo a un chofer. Cuesta andar a la caza de un trozo de pan y calcular qué porcentaje (el 5, el 15 o el cuanto) será ese precio del salario que ya está comprometido para tantas otras cosas.

Cuesta vivir sobreviviendo el día y sin una noción clara de qué pasará al día siguiente. Este período especial, esta resistencia heroica, este compartimiento histórico que no se define sino por su dificultad.

Como ella, yo sabía que el asunto no se iba a apañar con un cambio de ministros que puede que ocurra -o que no- pero yo me deslicé de ese espacio profundamente preocupada porque ella, chavista, en el sentido que muchos de mi generación lo fue[1], no lograba encontrar un sentido en lo que ocurría.

Necesitaba un relato en el cual protegerse, porque al final, así somos los humanos. La existencia de nuestra especie se la achacamos al maíz, al trigo o a Dios. Las penurias al jardín del edén y el perdón a la muerte de Cristo…, por eso lo necesitaba. Tanto como necesitaba sentir que esto acabaría en algún momento y que valdría la pena.

Las explicaciones, sin embargo, estaban allí aisladas, incomprensibles, llenas de promesas imposibles de cumplir y obviaban algunas cosas fundamentales. Tales como el hecho que nosotros somos un pequeño país de la periferia del mundo.

¿Un pequeño país? ¿Y todo el discurso del mejor país del mundo, de las hermosas mujeres, de la patria de los Libertadores? Aunque sean ciertas, al menos parcialmente estas afirmaciones, somos un pequeño país que vende –a lo que le paguen- la materia prima para un centro saqueador, dominante y bribón que no ha perdido el poder que detenta desde aquella vez que un español –o un italiano o un portugués- llamado Cristóbal Colón pisó América.

¿Entonces Bolívar no logró la Independencia? Es terrible decir esto. Logró ganarles las batallas a los generales presumidos que enviaba el Rey a estas tierras. Logró darnos Constitución e ideas pero fue traicionado, desterrado, condenado a la soledad de las plazas que muchas veces se llenaron de malvivientes.

Desde entonces, con sus idas y venidas, sus patriotas que avanzaron y traiciones que nos hicieron retroceder, vivimos en un mundo desigual que coloniza, por las ideas, los productos y la economía, estas partes del sur.

Como en la Colonia, Venezuela se levantó primero en esta segunda oleada. Avanzamos en lo jurídico y en lo estratégico. Tuvimos un líder que nos convenció que éramos, por derecho y fortuna, más que ese país pequeño que debía decir siempre que sí. Ese país tan bien descrito por Alí Primera como aquél que del progreso tenía los afiches y el este, el resto, era campo, cerro y olvido.

Olvido del plan ferroviario, olvido de la plantación de trigo, olvido del consumo del maíz puro. Olvido que existen otras carnes que se pueden cazar, criar o conseguir. Olvido que la Independencia fue un proceso doloroso, sacrificado, traicionado. Olvido de que la Guerra Federal se fue cayendo cuando en plena batalla matan a Ezequiel Zamora, olvido que la Revolución Bolivariana nació despertando el sueño de libertad y su eterna sombra, la conspiración.

Como si con esa voz y esa rabo ‘e cochino, Chávez hubiese despertado los campos, los hombres, las ideas y los odios, vivimos un tiempo donde la luz reapareció impactante y fue acumulando las sombras, esas que nos llevaron al momento donde estamos, recordando la fuerza y la osadía con la cual se nos castiga y se nos traiciona.

El tema de las sanciones es la principal situación que vivimos y se diluye. La gente entendió como aquella muchacha que la Revolución era un período de bonanza. Entonces, acabado o diluido este sienten que la Revolución se acabó, o peor, que no queda nada que salvar.

Pero las sanciones son precisamente eso, el proceso mediante el cual se complejiza la garantía derechos sociales y una vez más citamos la meridiana conclusión del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU al respecto:

Si bien los efectos de las sanciones varían de un caso a otro, el Comité es consciente de que casi siempre producen consecuencias dramáticas en los derechos reconocidos en el Pacto. Así, por ejemplo, con frecuencia originan perturbaciones en la distribución de suministros alimentarios, farmacéuticos y sanitarios, comprometen la calidad de los alimentos y la disponibilidad de agua potable, perturban gravemente el funcionamiento de los sistemas básicos de salud y educación y socavan el derecho al trabajo. Además, cabe citar entre las consecuencias indeseadas el refuerzo del poder de minorías opresoras, la aparición prácticamente inevitable de un mercado negro y la generación de grandes beneficios inesperados para los grupos de privilegiados que lo administran, el aumento del control que las minorías gobernantes ejercen sobre la población en general y la restricción de oportunidades de búsqueda de asilo o de expresión de oposición política. Aunque los fenómenos mencionados en la frase anterior tienen un carácter esencialmente político, ejercen asimismo un importante efecto adicional en el disfrute de los derechos económicos, sociales y culturales.[2]

Si volvemos el día de hoy a este tema no es tan sólo por traernos esa conversación con la muchacha sino porque sabemos que muchos de ustedes la ha tenido. Con ella, con él, con ustedes mismos. Una conversación que obvia, por ejemplo, que ese título de profesional que obtuvieron gratuitamente en la Venezuela chavista es un bien de riqueza indevaluable que nos dejó el Comandante Chávez que sirve aquí o allá o donde usted lo quiera usar. Es una muestra de redistribución del ingreso que no podrá perderse con el macabro juego de la paginita aquella.

También lo hacemos porque hoy, la televisora rusa, publicaba la escandalosa declaración del secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, según la cual este personero afirmó “La muerte de norcoreanos es un indicio de que la diplomacia estadounidense funciona[3]

Su gozo era absoluto, afirmaba que las sanciones empezaban a doler cuando, recordando la risa por los muertos que hace par de años soltaba Hilary Clinton, decía que la muerte de pescadores en altamar que tienen que buscar pescado y arriesgarse a irse sin combustible ayudaría a la población a darse cuenta de quiénes son los malos y que los Estados Unidos pueden ser la solución.

¿Algo que hemos vivido antes? A mí me recordó las horas que me tocó esperar por gasolina en Valera a pocas horas de navidad. Las mismas que sacaban de aquél hombre de pueblo que servía en la estación la oportunidad de cambiarse de bando y poder decidir, quién tenía suerte y quien no, en esa fecha.

No somos el único país sancionado. En esta fecha, ese señor no hablaba de Venezuela. Las sanciones producen crisis humanitarias. Vaya la casualidad que esto sea de lo que se acusa a Venezuela como si pudiese en política, con nombrarlas, hacer que las cosas sucedan. Lo mismo le pasa a Irán que ahora está conociendo las guarimbas y a Rusia.

Para Irán, por ejemplo, la industria nacional es una salida al problema pero su principal fábrica que es la de vehículos sufre porque Europa encarece y dificulta la compra de piezas. Ellos también aplican subsidios distintos a personas que se encuentran en mayor riesgo y cuando logran aguantar mejor la pela, aparecen nuevas dificultades que generan la risa del Imperio.

Yo no tengo la formula que nos indique como sobreponernos a esto, sólo observo con preocupación cómo avanzan las estrategias del enemigo: nos hacen vivir la pelea de perros que denunciaba Thierry Meyssan cuando crean el caos y nos dejan a nosotros ver como lo superamos. En una situación donde se hace más sencillo señalarnos entre venezolanos y finalmente entre camaradas que poder detectar que somos para otros, un experimento.

Requerimos una mejor explicación de la situación que vivimos y las medidas que adoptamos, por ejemplo, toda esta necesidad de las criptomonedas que alentadoras para los que las conocen resultan lejanas e incomprensibles para mucha gente.

Requerimos entender mejor el cuadro de la época post Chávez que a mí me resulta cada vez mas como la muerte del pater familia donde no podemos esperar que las cosas sigan sucediendo de la misma manera, ante nuestra indiferencia, más dispuestos a quejarnos que a tomar responsabilidades directas, en el espacio concreto donde nos desenvolvemos.

De esa imagen finalmente vuelvo a un cuadro de nuestra historia, ese diciembre-enero donde el Libertador, convertido en Dictador de la Gran Colombia convoca a los más admirables de los ciudadanos para que le ayuden a salvar la Patria y estos ponen su mejor esfuerzo en el Congreso, aunque dudan de qué tantos poderes tienen. Dictan una Constitución que para algunos llega muy tarde por la fuerza en contra que ejercen Santander y Páez. Son asechados y olvidados.

A los meses asesinan a su Presidente, Antonio José de Sucre y la Gran Colombia no logrará nunca la unión que requerían las nuevas naciones para aguantar el deseo colonial de los viejos países europeos ni el nuevo que desarrollaban las antiguas colonias inglesas, ellas si, compactamente unidas.

La libertad en la historia, ese valor que consideró Bolívar es el que vale todos los sacrificios, no ha sido nunca un regalo. No podemos que en tiempos donde la dinámica mundial se baila en ritmos de reggeaton y trap  esperar que el asunto se haga más sencillo.

[1] entendiendo que el chavismo era esta especie de alquimia que convirtió a obreros en profesionales, a campesinos en citadinos, a arrendatarios en propietarios.

[2] https://conf-dts1.unog.ch/1%20spa/tradutek/derechos_hum_base/cescr/00_1_obs_grales_cte%20dchos%20ec%20soc%20cult.html#GEN8

[3] https://actualidad.rt.com/actualidad/260346-tillerson-norcoreanos-diplomacia-estadounidense

Esos países feos

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El mundo está en otro capítulo de escándalo desde que se hicieron virales las declaraciones de Trump en las que se refería a Haití y a los estados africanos como “países de mierda”. Claro, ya con todo el revuelo internacional algunos senadores han salido a apoyar al Presidente diciendo que esa frase él nunca la había dicho. Dicen incluso que el magnate afirmó que es el menos racista de los Presidentes que han tenido los Estados Unidos de Norteamérica.[1]

El problema es que si el Presidente no dijo esa frase tan fea sus actos demuestran que esto es en definitiva lo que piensa. No tan sólo porque Trump tuvo una campaña electoral que anunciaba una política migratoria cada vez más restringida sino porque sus acciones en la Casa Blanca han sido consecuentes.

Así, por ejemplo, el poco aire que habían recibido los migrantes en el 2016 se acabó cuando en diciembre de 2017 el gobierno oval anunció que se retiraría del el Pacto Mundial de la ONU sobre migración y refugiados en tanto que consideró que sus previsiones son inconsistentes con las políticas de inmigración y refugiados de Estados Unidos y los principios de inmigración de la Administración que dirige.

En ese contexto es que realmente lo que haya dicho Trump en específico sobre África y Haití se vuelve irrelevante cuando seguimos teniendo una situación migratoria mundial particularmente compleja.

Uno de los aspectos más difíciles del momento es que la migración, que entra a Estados Unidos o que se concentra en las puertas de Europa está conformada principalmente por niños y niñas.

Es interesante en esto mirar cómo se construyen las noticias virales y para qué sirven puesto que el tremendo escándalo de Trump deja pasar por debajo de la mesa que desde el 11 de enero en Francia se prepara una nueva reforma al derecho de asilo, donde los lapsos son más cortos para los permisos y a cambio de alguna mejora para los que ya se encuentran en el hexágono se habla, con mucha elegancia, de un sistema de disuasión migratoria.[2]

Es decir, de convencer a aquellos de los países feos que es mejor que no vengan porque  será cada vez más difícil que su aventura termine en la  adquisición de la nacionalidad galesa o al menos en su integración a la vida en ese país.

La línea que sustenta esta política del sistema de disuasión migratoria es más fuerte que las leyes que al respecto intentó y aplicó Nicolás Sarkozy y su discusión empieza por una visita del Jefe de Estado francés a Calais, legendario por desastroso e inhumano, donde se reunió primeramente con los policías a quienes promete un sistema de bonos de eficiencia.

¿Eficiencia en la política que desde hace más de una década se denuncia como de caza, en especial de niños y mujeres? Parece que por allí va el asunto, lo que no es tampoco tan distinto a lo que se reportaba en diciembre desde España con los refugios/hogares/cárceles donde los inmigrantes esperan que se decida cuál será su destino.

El tema de la migración que nos sigue pareciendo accesorio es un asunto que tiene cada vez mayor importancia, no tan sólo por la cantidad de personas que se encuentran en esta situación, no tan sólo venezolanos queridos amigos sino ciudadanos de todas las partes del mundo, sino por lo que devela de la realidad de las premisas fundamentales de los Derechos Humanos.

Así, según información de la ONU publicada en enero de 2016, el número de personas que viven fuera de su país de origen alcanzó 244 millones en 2015, lo que supone un aumento de 41% con respecto al año 2000[3] por lo que modifica la conformación cultural y etnográfica de distintas regiones del mundo.

Para el mundo que queremos la situación que provoca la migración ha de superarse y esto no se ve próximo donde con escándalo y  discreción como cortina se evidencia que el trato de los migrantes sigue  pareciéndose al de todos los objetos residuales, tras escoger cuáles les gustan, el resto le molestan.

[1] http://www.lasexta.com/noticias/internacional/respuesta-trump-llamar-paises-mierda-haiti-salvador-soy-persona-menos-racista-que-hayais-entrevistado_201801155a5c57220cf211aa0d557c7d.html

[2] http://www.lemonde.fr/immigration-et-diversite/article/2018/01/11/que-contient-le-projet-de-loi-asile-immigration_5240339_1654200.html

[3] http://www.un.org/spanish/News/story.asp?NewsID=34205#.Wl4kYHmJgdU

Jean

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En Francia, todos los niños aprenden a decirle a su maestro “Monsieur”. Se les educa que esa palabra va pegada, antecediendo, a todos los nombres, por lo que siempre existirá esta distancia entre ellos y los otros, así se les diga que las distancias son simplemente cortesía.

Hoy es el día del maestro y yo andaba con ganas de encontrar una foto pero no lo logré. Son muy pocas las que tengo de él. Como de Farid de Jean, no tengo apellido. Sólo una historia.

Fue en esa misma escuela del Valle, ese edificio pequeño, con sótano y patio, donde íbamos a parar los niños inmigrantes. Víctimas de los años noventa donde el racismo a los franceses todavía les daba un poco de vergüenza.

Era una escuela de barrio. En las afueras de una ciudad muerta. Era una escuela de hijos de alcohólicos, de desempleados, de señoras que se apañaban con sopa en el invierno. Una escuela donde la merienda era agua con granadina y en la comida casi nunca había carnes de primera sino todas esas otras carnes que se comen en invierno.

Jean era el maestro de cuarto grado, titular de un aula de unos veinte muchachos. Su rostro lo recuerdo poco salvo que era grande. Grande como para los niños son los adultos.

Yo era una niña extranjera, inmigrante. Con un rotundo desconocimiento del francés y una precaria, si, precaria escuela primaria en otro formato y reglas.

Jean nunca quiso que yo dejara de sentirme extranjera quiso que mi mundo impactara los espacios que iba pisando y buscó en el mapa Venezuela aunque lo que le salió era más propio para una Argentina. Antes de explicar que yo no hablaba francés explicó que ninguno, ni él,  hablaba español y ese sería el comienzo de una aventura conjunta.

Todos debíamos aprender el otro idioma y sólo teníamos en común el mundo de las matemáticas.

Como llegamos a Francia en octubre muy pronto se hizo el invierno y con él, la tarde era ya la noche. Las jornadas de esos días fueron las más largas de mi vida.

Aunque Jean no hablaba español lograba que yo entendiera su idioma y se le fueron ocurriendo ideas para que yo no muriera de frustración. El sistema apremiaba y la clase para extranjeros ya no sería autorizada, el asunto del presupuesto…

A cambio de mi dedicación, él me prometió que yo escribiría en el periódico cuando llegara el verano y entonces todas las reglas, de caligrafía, ortografía, gramática y pronunciación tendrían sentido. Yo podía no sólo hablar español como él no podía sino que podría escribir en francés como otros no podían.

Así se fueron pasando los verbos, el pasé composé, el savoir lire et savoir faire.

Así fue que conocí a Rimbaud y memoricé a Verlaine.

Así fue que supe que Guillermo era Duque de Normandía y que el teatro, el teatro a veces nos muestra lo que no queremos saber de la vida.

Cuando una crece a veces entiende el tamaño de los seres en su vida y quizás lamenta no poder volver a decir en correcto francés, gracias por marcar mi vida.

Por dejarme ser para siempre la niña inmigrante que entiende que el lugar de uno es donde el corazón esté; por haberme mostrado las cosas que nunca dejé de hacer y porque, cuando la realidad nos tocó y nos arrancó un pedazo yo quise dedicarle a Farid mi vida por los derechos de los inmigrantes.

Pero no fui yo tan extraordinaria, mi Jennifer se hizo maestra y estudió español, en su casa había hasta discos de Alí Primera y ella sí supo diferenciar un venezolano de un mexicano o un chileno.

Esas son las historias que los maestros nos contaron, los ejemplos que nos hicieron, las causas que nos empaparon y esa es una verdad inmensa para mí orgullosísima egresada no de aquél enorme colegio de Maracaibo sino del pequeño colegio de barrio donde un maestro no se dejó llamar Monsieur y se vistió de payaso.

En alguna escuela seguramente ese Jean sin apellido sigue prendiendo luciérnagas que iluminan otras vidas…

Me quedé tan sola

SOLEDAD-SIGNOS

Me quedé tan sola y odio las fotos con Cruz Diez, converses y maletas. Esas fueron aproximadamente las dos últimas frases de “Estás hecha para mí” una de las obras de microteatro, o teatro de ¼ que se presentan en esta temporada en el Teatro Urban Cuplé del Centro Comercial Tamanaco.  Quienes me conocen se sorprenderán que yo comience escribiendo sobre esto. No es mi tema, no es mi zona, no es mi ambiente. Yo soy de otros teatros, otros sectores y otras editoriales pero llegué allí.

Ocurrió cuando un día que empezó en un simple desayuno se transformó con esa magia que tienen los encuentros de la gente amada que pueden –antes de que te des cuenta- durar hasta la medianoche.

Esta obra gritada, llena de lugares comunes y presentada en una sala abarrotada, iba tras las pistas de las mismas preguntas que he venido haciéndome intentando entender esta juventud que conformamos, en un escenario de un país sancionado, quemado en las brasas de una inclemente confrontación política.

¿Dónde estamos? ¿Nos estamos quedando solos? ¿Dónde están nuestros amigos? ¿Qué nos une? ¿Qué nos anima a pararnos cada día? ¿Quién trabaja, para quién, para qué? ¿Cómo escondemos nuestra crisis de fe, en lo individual, en lo político, en lo nacional, en lo humano?

¿Qué generación somos? ¿Qué hacemos con una vida que arrancó con la vueltica de Salserín y que ahora queda impregnada por el drama de Chino y Nacho, o, la inexistente moral de Maluma?

Para mi columna yo hoy respondía lo que creo. Hay que vivir y ya, pero, esto no resulta tan sencillo. Para los dolores que ahora se exhiben en tablas y televisores, los que dejan las despedidas, se ha creado toda una industria de marketing, aquellos grupos que marcaron una generación ya tienen sus canciones para los que se quedan, para los que se van; para la prima de Turquía y el novio en Panamá, hay ropa, souvenirs y claro, redes sociales.

Para otro tipo de soledades nuevas no hay tanto consuelo. La soledad que deja que algunos se convenzan que no pueden seguir siendo amigos ni familia de otros. De los otros…

Pero la verdad aquellos grandes bloques del pasado ahora parecen volverse permeables. Ya no es un asunto de chavistas y escuálidos, no ante las dificultades nacionales, no ante una realidad donde parece que el asunto va entre los que se quedan y los que se van.

Al pensar en esto ante un drama basado en una muchacha que busca en redes para “ligar” conocer mujeres porque ya no le quedan amigas en el mismo huso horario y termina siendo encasillada como lesbiana, el personaje se derrumba al encontrarse en un mundo donde barreras virtuales y reales le dificultan que en medio de tan agrestes tiempos alguien le dé un abrazo,  haga un ruido,  le dé un bofetón o simplemente le haga sentir acompañada.

Sin dudarlo, la soledad me parece un impuesto más grande que la angustia que produce la hiperinflación. Es una daga a nuestro corazón caribe, a nuestra manera tradicional de superar las cosas.

Quizás yo no termine por recomendarles esta obra, clasemediera en todo su imaginario, prejuiciosa y sosa en sus personajes pero comparto esa necesidad de ubicarnos, en lo que somos y en lo que estamos.

Estoy convencida desde las miradas que me traigo cada vez que cruzo Caracas o la manera en la que la gente se toca las manos, angustiados, en Maracaibo que nosotros tenemos muchos esfuerzos por delante. Algunos los hemos pospuesto desde siempre, a decir verdad, no nosotros, nuestros abuelos o sus abuelos, los dejaron para el después. Ese tema sería el de las instituciones solidas.

Otros, han venido multiplicándose en estos tiempos y ese quizás es el asunto de la producción y la eficiencia pero hay uno que nadie podrá solucionarnos y que no podemos dejar para algun otro tiempo que es elevar una contención, más alta que incluso nuestras posturas individuales ante la pretensión de hacernos estallar sentimentalmente, intímamente.

Este es el drama de nosotros, los de los ochenta y los noventa, los que nos preguntamos viendo jugar en un parque qué le daremos a nuestros hijos; un drama que va más allá de las etiquetas, donde todos nos hemos equivocado, donde a todos nos han abandonado.

Ni Eje del Mal, ni trópico poblado únicamente por bellezas tropicales, ni tierra de piratas y brivones, ni cuna de puros candidatos al Olimpo, somos un país que se merece este encuentro entre nosotros mismos. Cierro mis líneas con las ganas de que esto no siga siendo un asunto menor. Sentirnos mal, sentirnos solos, vivir del miedo tiene un enorme potencial para evitar que la libertad que soñamos pueda ser y consolidar la sensación de que estamos cada día más lejos del mundo que prometimos hacer.