Notas del Primer Evaluativo

Primer examen notas

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Escritoras

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¿A dónde están sus voces? Esa pudiera ser una pregunta ante una Biblioteca. Ni un solo libro de los grandes clásicos fue escrito por una mujer. ¿Las mujeres fueron voluntariamente mudas? ¿Desprovistas de imaginación y capacidad de describir? ¿Ellas, que saben distraer la pena con la promesa de un tormento o de un consuelo?

Las mujeres siempre hemos existido, o, al menos así parece desde los tiempos de Eva y las primeras mutaciones genéticas que transformaron a algunos monos.

Mi amiga Jacqueline me felicitó por una fecha que aquí no existe. Para los españoles hoy es el día de la escritora, así, con “a”. De esas que se llenan de tinta y pierden las uñas en los teclados. Las que antes firmaban con nombre de hombre, las que fueron obligadas a callarse porque les faltó el abecedario para tener voz. Esas que hoy somos tantas que nos paseamos indiferentes en relación al género de los colegas.

La paridad, la concepción de una mujer que pierda el rol de florero y la dictadura de la estética en Venezuela son urgencias y esta acción afirmativa, de memoria, de un día de la escritora podría celebrarse en Venezuela como una cuestión de justicia.

Porque Venezuela tiene escritoras y algunas incluso muy grandes son, como Teresa de la Parra, Ana Enriqueta Terán, Lydda Franco Farías o como María Calcaño indiscutible soberana de la poesía marabina.

O quizás no sea cosa de fechas sino de luces, sobre sus nombres, sobre sus sueños, sobre sus dudas. La mujer escribió y escribe sobre ella y sobre otros así como los hombres les escriben. Generalmente las Marías, las Juanas, las Carmenes están allí como majas desnudas bañadas de pétalos, en rosada promesa pero como si fuera un secreto, también existen otras, también sueñan otras cosas, también tienen fuerza y rabia.

 

El 15O explicado a los amigos extranjeros

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Ayer Venezuela fue a elecciones, como suele ocurrir casi una vez al año en la nación caribeña. La elección fue electrónica, rápida, con resultados anunciados el mismo día y fieles a la tradición la colisión opositora ya anunció que no reconocía el dictamen del CNE. En resumen, el chavismo demostró que sigue siendo la primera fuerza política en Venezuela y esto es un acto de resistencia heroica. Sin embargo, hay detalles que considerar tales como que, como era evidente mantener la titularidad chavista de todas las gobernaciones que lo eran, resultaba una meta imposible.

Al día de ayer, de un total de 23 escaños, 20 eran del gobierno y tres de la oposición. Al día de hoy  17 siguen siendo rojos.

Si el asunto de la política fuera simple matemática se vería que la fuerza del chavismo disminuyó pero esto sería un análisis irresponsable porque hay que observar que el hecho inédito fue la correlación de fuerzas que hasta ayer pintaba el mapa, casi completo, de rojo.

El resultado nacional marca estados que cambiaron de color. Eso también es más que simple matemática. El estado Miranda que la oposición considera “la joya de la corona” por poseer casi todos los municipios capitalinos retorna al chavismo luego de ser la base de operaciones de Henrique Capriles Randonsky, desinflado líder la oposición que incluso consideró, cuando cantó fraude, que le había ganado a Chávez y luego a Maduro.

Sin embargo, se configura un eje muy peligroso en la frontera con Colombia, al obtener la oposición el espacio que algunos han denominado la media luna que conforman los estados andinos, que a excepción de Trujillo, viraron a la derecha acompañados por el titán petrolero del Zulia. La frontera está a manos de la contrarevolución siendo Táchira y Zulia las zonas de mayor violencia en las jornadas de desestabilización que se han venido viviendo desde el 2014.

Como ya viene siendo tradicional en Venezuela la oposición canta fraude aclarando que “ciertas excepciones aplican” y así veremos que pasarán a reconocer los resultados en las zonas en las que ganaron y sufrirán de amnesia con respecto a que convocaron a sus votantes a la abstención.

Aquel llamado de primera hora no pudieron recogerlo ni con los curas que anunciaban que la Biblia condenaba la abstención como pecado capital en la liturgia del sábado; ni con la ruidosa cuña de la radio que soltaron en Miranda recordándole a la gente que Primero Justicia nunca les había abandonado.

Esperamos de la gente el pacifismo con el que vienen contestando a los llamados desesperados de la violencia mercenaria y mantengamos la mirada atenta, en especial al Zulia, que pasa no sólo a manos de la derecha sino a las tinieblas bajo la amarilla bandera que ha dirigido las solicitudes de intervención extranjera.

Lamento zuliano o enhorabuena maracucho

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Toda la vida he escuchado hablar del regionalismo zuliano. Nos hacen cantar canciones a objetos y no a sentimientos “tiene Lago, China y Puente”, la vieja casa, la calle que ya tumbaron.

Por allí, un puñado de locos todos los años se paran y vuelven a denunciar que a Maracaibo, la piqueta le cayó pero son pocos, un puñado.

Cada vez que regreso a Maracaibo juego al dakar manejando. La verdad, ya no manejo en el Zulia y casi no vuelvo.

Ayer le dije a mi madre hace tanto tiempo que quiero soltar un texto y aunque no me autocensuro, hay escritos que cuesta escribir pero hoy duele mucho.

Así que tiren sus insultos porque ya yo no resisto.

Enhorabuena maracucho

Felicitaciones. Han logrado quebrar todas las librerías. Ya se murió el viejito de la Cultural y la del Sur la cerraron tantas veces fuera de horario que nadie la volvió a abrir. Menos mal que resiste en solitaria dignidad el buen Carlo Maglione!

Felicitaciones. Ya no existe la Avenida Bella Vista, tras ensayar varias veces el arte del espanto ya no queda ni a quien mirar.

Gran trabajo hicieron cavando huecos de olvido en la Avenida Delicias, combinan con los semáforos que nunca volvieron a encender y con el look pelado que dejaron las guarimbas en las Mercedes donde parece que la primavera no volverá a ser.

El Ángel de Ámparo luce sin cobijo. La rata es la mascota del lugar. Las piedras no las recogió nadie de la bomba caribe.

Entiendo que ensayamos para el concurso de apilado arquitectónico de la basura que todos tiran y nadie bota.

Siempre puntual la nota de prensa que recuerda la reapertura de la Universidad pero nadie admite que la han vuelto a cerrar y lejos está el socialista brillante y orgulloso que fue Lossada, nunca leen sus versos ni caminan su calle y allí está cubierta de escombros la entrada de mi Facultad.

Ya no invito nunca a nadie a conocer mi Maracaibo. Me lo cambian cada tres meses con espléndidas nuevas barras de café pero nadie cuenta un sitio que aguante un par de décadas de historia, ni Santa Lucía que adornan borrando sus calles para abarrotarla de mamposterías.

Yo, hija dolida de esa tierra me reconozco culpable. Me he ido por no encontrarme en casa, por no poder hablar ni ser en aquella esquina y regreso tímida con un dolor que se agiganta.

A la larga siguen cantandole a las cosas y olvidando la historia, olvidando la gente. Prefiriendo la miserable riña, el ego desmedido, el pactico de canallas.

Y luego van hablando de regionalismos con los que no se aprende ni la receta con la que se fríen nuestras empanadas.

La antidemocracia de ascensor

Nancy Pelosi Marks Anniversary Of The Americans With Disabilities Act

Se recostó dejando caer el peso sobre el sofá. Su semblante evidentemente contaba que venía de perder una batalla, tomó una bocanada de aire parecida a la que hacen quienes terminan un cigarrillo y me miró.

Me dijo entonces, con esa formalidad de mala hora, “si nosotras estando allí y haciendo lo que hacemos, tenemos esto tan difícil… ¿qué queda para el resto?” Mi respuesta social se limitó a dejar caer levemente la cabeza sobre el hombro y presionar en forma incierta los labios. Era el final de una conversación y comienzo de una reflexión.

De los tiempos donde me tocó, con mucho desagrado, estudiar instituciones jurídicas y políticas del Medioevo recuerdo la descripción gráfica del poder. En ese mundo, se obtenía protección y fortuna, mediante el beso de la mano del Señor.

La escena era siempre de un hombre sentado, con la mano extendida con otro genuflexo a sus pies.  El señor daba la mano, el vasallo daba la vida. Cada uno de ellos tenía su rol, tenía su suerte y entre ellos había una frontera transparente que sólo penetraban las puntas de los dedos y los labios.

Esa escena, se supone que desapareció una vez que aquellas formas se transformaron en nuestras actuales democracias donde no hay señores ni súbditos sino ciudadanos  y los privilegios legales son, tan sólo, consecuencias temporales de la dignidad de una función pública.

Claro, la pretendida superación de esa estructura no miró muchas veces que pese al cambio anunciado de las instituciones políticas las relaciones siguen siendo así de jerárquicas –o quizás peores- con la influencia que ejercen sobre ellas, las realidades económicas.

Con eso, me atraganté pues literalmente me comía una galleta pensando en alguna cosa cuando fui detenida con una palma totalmente extendida por una funcionaria que advertía que el ascensor que esperaba no podía abordarlo pues “no estaba autorizada”.

A mi rescate –o no- apareció un ciudadano que si tenía los méritos que yo no tenía. Él intervino en la escena y le solicitó a la feroz guardiana que me diera acceso. Ella, lo tomó como una orden y él, me intentó explicar aquello.

Había algo que la señorita había ignorado, el jefe supremo me conocía. No de ese día, no de esa hora, no de esa gentileza.

Yo seguí sin levantar mi interés de la galleta limitándome a agradecer  y sin mirar a quienes compartieron en ese momento conmigo la cabina. Recordé aquella idea de mi amiga, una cosa es la cercanía y otra es la pertenencia. Como aquel cuadro de la Edad Media, ya saben, con sus transparentes líneas.

De la insólita e inexcusable indefensión

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“Que esté dispuesto a defender a alguien no significa que le dé la razón. Defender a alguien no me obliga a confundirme con él. El abogado está para defender, y no sólo a inocentes sino también a culpables. Defender no es disculpar, sino entender, aclararle a la sociedad lo que se ve”Jacques  Vergés

 

Afirma la Declaración Universal de los Derechos Humanos que todos tienen derecho a un juicio justo. Lo mismo dice el Pacto de Derechos Civiles y Políticos,  el Pacto de San José y nuestra Constitución Nacional. Sin embargo, muchos se sonrojan ante la idea, no en la teoría sino en la realidad y te preguntan con cierto asombro si tú serías capaz de defender a un asesino, a un violador o a cualquiera que la prensa haya presentado como un verdadero bribón.

Tanto como esto se afirma a nosotros nos han vendido, como un credo, que los países del norte practican mejor el Derecho, que tienen juicios rápidos, jueces justos y leyes buenas; lo que contrasta con nuestros pequeños edificios repletos de papeles que se balancean con un ventilador tras la sombra de un funcionario cansado e insolente. Así es el cuento o así va.

Vuelvo a esta duda en un momento particular de nuestra historia nacional donde el espacio de lo jurídico no es secundario sino principal, pues pesa sobre nuestro país una alerta que nos declara una amenaza inusual y extraordinaria a la vez que, al son que van haciendo retroceder los gobiernos populares del hemisferio, se escriben sanciones sin juicios sobre funcionarios que lo único que tienen en común es tener un rango tan alto que pueden ser considerados –informalmente en la mayor parte de los casos-  como representantes del país.

La acusación, en todas las sanciones, que no queda muy determinada si es una presunción o una certeza, es que estas personas han gobernado, administrado o decidido en un sentido que sencillamente es contrario a los intereses de sus emisores, lo que ni siquiera prejuzga sobre si esas acciones se alinean en el marco de nuestros principios e intereses.

El Dr. Herman Escarrá Malavé, en su condición de constituyente y de sancionado,  anunció recientemente que iba a emprender una denuncia de aquél acto abusivo de la Oficina del Tesoro Norteamericano en su contra ante la Corte Internacional de Justicia. Lo que tiene sentido y precedentes, siendo esta hasta ahora la única acción que de manera individual se ha anunciado que será hecha.

Sin embargo, pensando la situación desde la óptica de los derechos humanos y lo que ha sido la “doctrina Venezuela” que desde las instancias interamericanas se ha desarrollado, valdría la pena examinar si un acto manifiestamente contrario al espíritu de la Carta de la OEA y que viola, hacia sus destinatarios, principios fundamentales del Pacto de San José no puede y debe presentarse ante la Comisión Interamericana, al menos para ponerlos ante el embarazoso momento de desechar o desarrollar una doctrina contrario sensu a lo que hasta ahora han hecho sobre Venezuela.

La idea del juicio justo es tan importante en nuestra cultura que, en definitiva, eso es lo que todos esperamos de San Pedro y ejercer debidamente la defensa, es el juramento general de los abogados, así como las sanciones que se imponen sin juicio son un claro indicio de una conducta arbitraria. Eso, por no quedarnos en la más elemental de las ideas que nace de la afirmación de soberanía de los Estados y de la autodeterminación de los pueblos.

Para estos fines se requiere una valentía y una determinación de los abogados que recuerden la afirmación de Roscio  sobre que la construcción de la Patria requirió tanto  soldados como abogados porque ambos son cuerpos de defensa y han de poner el cuerpo para preservar lo nacional,  lo público, lo soberano.

¿Qué abogados se requieren en horas menguadas? ¿Qué instinto hay que desbloquear en los seres que aprendieron de memoria los edictos y los regímenes del comercio con más afán que la noción de lo justo o de lo público? Observando la pasividad del gremio pienso que a nosotros nos faltó en la escuela de Derecho, esa pausada atención que hacen las escuelas de Arte sobre quienes les precedieron.

En la historia, nacional y universal, existen miles de ejemplos silenciosos de hombres y mujeres que acompañaron a las personas a las que se le atropelló con normas tiránicas o sistemas de justicia injustos, o, ruidosas practicas neocoloniales con forma de ley. También, de otros que comprendieron a las personas más controversiales de su tiempo, o, a los más grandes asesinos.

¿Quiénes son? ¿Cómo razonaron? ¿Qué pensaron del derecho y del colonialismo? ¿Qué postura tomaron ante los delincuentes confesos? ¿Cómo intentaron comprender? ¿Alguna vez ganaron? ¿Es ético quedarse de lado ante un hecho tan inédito?

Está claro que estos no son tiempos ordinarios para el país y ante ellos, es necesario pensar como lo hizo Giselle Halimi, “el abogado ha de hacer del derecho su arma de militancia, ha de militar defendiendo.”

Tres historias reales del machismo disimulado

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Dicen que el patriarcado ya pasó, que las mujeres trabajan y dominan el ámbito universitario, que pronto muchos países tendrán primeras mandatarias, que en Venezuela mucho en este tema cambió y como muestra está que fulanita llegó a Jueza y que menganita dirige tal Poder. Si todo esto es verdad es tan sólo una parte del panorama, aun mas cuando en algunos países de América Latina –pese a los costos sociales- nos siguen sonrojando las compras de anticonceptivos, reconocer que nuestras niñas se embarazan o que, nuestras jóvenes abortan.

Quizás hace unos años yo misma era de las que pensaba que el machismo se arreglaba ampliando las oportunidades de las mujeres o creando instancias de gobierno dedicadas al asunto del género pero hoy, como les contaré en las siguientes líneas, creo que el asunto es más complejo.

Natividad, 30 años.

Es por mucho la mejor periodista de su generación. Titular de dos características raras en su gremio, tiene un sentido del humor fogueado con las calles llenas de gente y de olores rancios, dibujado en los paisajes del sur campesino y olvidado. Eso  por decir lo primero y lo segundo, es que tiene una pasión de lectora culta y ordenada, que muchos podríamos envidiarle.

Ha escrito por placer y la siguen miles. Ha escrito por trabajo para primeros periódicos. Ha editado para bancos, ha opinado de política. Se divierte como Ifigenia de pelo corto y mujer de picara sexualidad admitida.

Tanta libertad a muchos les repugna, hay una frase prefabricada para atacarla, definitivamente aquella mujer TIENE QUE ser gay.

 

Violeta, 35 años

Domadora indudable de un cuerpo y empeño latino, habla tres idiomas, estudió en el primer mundo, regresó y se autobautizó emprendedora. Con una jornada de hasta veinte horas, entre la televisión, la oficina y los negocios, cierra su teléfono con amenazas de violación. Todos intentan su cuartico de hora proponiendo mansiones y enviando bombones.

Ella no tiene novio, dice que eso no se usa, no tiene esposo, no tiene hijos. Su incompleta existencia es un tema que debe explicar con frecuencia, eso, mientras caen las apuestas sobre quien la disfrutara.

No existe ninguna duda, a Violeta le hace falta un marido.

Sofía, 37 años

Capaz de describir todo el fenómeno político actual y pronosticar lo que ocurre, camina con igual talento de la fotografía a la matemática, o de la ciencia producir al diseño gráfico. Es lo más parecido a un genio multitasking que puede usted imaginar. Pese a su hoja curricular, trabajos espléndidamente presentados o capacidad de análisis, Sofía si tiene marido.

Todo lo anterior se olvida en una frase repetida: Sofía es la mujer de su marido.

Tres mujeres que he encontrado en este recorrido, o, similares a las que me he encontrado muchas veces denunciando este proceso de objetivizacion y descalificación de sus existencias, a veces dirigiendo contra las otras, los anteriores epítetos.

El machismo disimulado sufre de pocos detectores y pocos sonrojos. Las tres gozan de igualdad de derecho, o, de alguna forma que les dejó llegar hasta donde están, pero al final del día pesan sobre ellas los mismos moldes, los mismos prejuicios..

Mujer con esposo, no existe.

Mujer sin marido, es una cualquiera.

Mujer de pelo corto, marimacha.

 

Y hay quienes buscan la definición de patriarcado en un libro del paleolítico.

Por un bombillo del metro

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Hace algún tiempo se viralizó una nota que contenía una teoría, supuestamente seria, sobre las causas que fomentan el vandalismo y la delincuencia. Aquella construcción sostenía que existe una mayor propensión de la gente a dañar, hurtar o destruir, lo que considera que se encuentra abandonado, desatendido o deteriorado. La explicación es esta, existe una especie de ley de atracción que tendrían las cosas descuidadas hacia destinos fatales.

Aquella idea fue lo único que me pasaba por la cabeza este martes cuando alguien que con su vida evita montarse en el metro descubrió que yo tengo un sistema de administración de rodamiento de mi carro que sólo uso para acercarme al metro porque no rueda bien y a mí ya no me alcanza para arreglarlo.

Aquello, que es una situación que en el presente ni siquiera merece mencionarse, nos lleva a esta escena donde yo esperaba tranquila que pasara el tren y mi acompañante disimulaba una crisis de nervios asegurando que todo el problema del metro, era un asunto del costo del pasaje.

Sin duda, eso se ha dicho muchas veces y algo de razón puede tener. A la final, el metro requiere personal, electricidad, equipos de ventilación, torniquetes, papelitos para el torniquete, mantenimiento de rieles y un infinito catálogo de cosas que sé que debo ignorar.

Su planteamiento, sin embargo, obviaba muchas cosas. Como yo, detrás de una casi olvidada línea amarilla había un par de cientos de trabajadores, algunos, formales y uniformados; otros, con mejor suerte eran liberales y no tenían horario; otros, trabajan en lo que caiga; otros, eran estudiantes o pensionados, o señoras que se dedican a sus casas. La verdad, es que muchos de los que estaban allí pese a que incluso podrían estar de acuerdo que el metro no puede ser tantas veces más económico que una lata de refresco, encuentran en esta vía un descanso al canibalismo especulativo que les muerde en cada tienda, en cada transporte y en cada necesidad que tengan en el día.

Seguía escuchando el discurso pero tenía muchas ganas de que la conversación se acabara. Por eso, decidí contar hasta donde la vista me dio los bombillos quemados, imaginar cuantas personas habían pisado ese piso desde la última vez que alguien le echó por lo menos un “coletico” por “donde pasa la reina” y al llegar a casa, vi un micro que contaba sobre las nueva cosas que las escuelas técnicas habían aprendido a hacer. Entonces, según el Ministerio de Educación, los talleres de herrería, carpintería y electricidad van  toda máquina, con jóvenes en pleno proceso de innovación.

Algo me hizo pensar, que si esta fase de la crisis la hemos sobrevivido –a medias, a sangre y sudor, o como sea- mediante descubrir que se pueden hacer más cosas con menos dinero, no existe otra manera de pasar este tramo sino aprender que no todo es dinero, menos cuando lo que menos vale es precisamente el dinero.

Hoy regresé al metro, seguían los bombillos quemados y pensé en nuevas formas de organizarnos para recuperarlo, ¿porque no dirigirle los aportes por responsabilidad social, hacer jornadas de donación de una ciudad que tanto quiere su principal transporte, o, dedicar los talleres de aprendizaje a hacer esas luminarias en específico?

Claro, puede que escriba desde una utopía pero creo que vale la pena intentar dar más amor y menos dinero, pues estos son tiempos donde no hay que presionar a un pueblo que ya otros intentan conminarlo al atolladero.

De este modo, se me ocurría, que podríamos intentar revertir aquella nefasta profecía pues si el caos llama al delito y al descuido, el amor debe atraer un estado de equilibrio y conservación que requiere la ciudad.

Se trata de cuidar y recuperar cuidando en que no se transforme  un servicio al que la Revolución ha garantizado el acceso universal en una vía que sólo sirva a algunos, que pueden pagarlo frente a otros, que tendrían otro problema más en esta ya tan complicada vida.

La convivencia a través del Derecho.

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Si hay un reto que todas las familias conocen, es el de la convivencia. Es un tema difícil eso de aprender a no hacer ruido porque el otro duerme o a no andar en medias porque no las lavamos y tanto, o más difícil, es el asunto de llevarnos bien con los compañeros de clase.

Ahora, desde esa tan pequeña visión, el asunto de la convivencia pacífica no hace sino complicarse cuando pretendemos que la misma sea la regla imperante en una comunidad, en una ciudad o en un país.

En toda evidencia, alcanzarlo no es una quimera y así, tras cuatro gritos vuelven los vecinos a apoyarse, los hermanos a abrazarse y los países a encontrarse. Sin embargo, este estadio no se alcanza por decreto ni tampoco por el mero hecho de imponer la fuerza.

Es con estas ideas que pretendemos en las próximas líneas observar el debate constituyente sobre la convivencia pacífica y el principal instrumento que de él se conoce, denominado  “Ley Constitucional para la Promoción y Garantía de la Convivencia Pacífica” como mecanismo que busca sanar la fractura que las más recientes guarimbas dejaron en Venezuela.

 

  1. Hablemos del tiempo

Todo principiante en las ciencias jurídicas aprende que las leyes son irretroactivas. Esta misma frase está inserta en la Constitución vigente y significa que el trabajo del legislador –en este caso, del constituyente- es mirar hacia el futuro. El pasado, en principio le sirve como fuente histórica porque le va a mostrar qué cosas pueden pasar porque simplemente, ya han pasado, pero sus leyes no pueden expiar lo que antes no fue castigado.

Entonces fijar el debate sobre crímenes de odio es primero decir “nunca más” y procurar las condiciones para que lo que ya pasó no se repita. Así, por ejemplo, se hizo el derecho internacional que prohíbe el genocidio o los crímenes de lesa humanidad.

Queda aparte el asunto de establecer un derecho a la verdad, a la justicia y a la restauración de quienes han sufrido agravios de esta naturaleza pero el aspecto central, hacia las víctimas es la garantía de no repetición, es decir, fijar las condiciones que impidan que les quemen nuevamente su casa o le insulten en un centro comercial. En esta materia en leyes de amnistía, o, en tratados de paz existen experiencias que considerar.

 

  1. Hablemos de construir la convivencia

Partamos por conocer las palabras para fijar nuestro objeto:

Convivencia es de hecho la transcripción española del latín conviventia, neutro plural del participio presente del verbo convívere, una sustantivación que nunca emplearon los romanos, y que significaría “todo aquello que convive”. El concepto latino de convivencia implica comulgar con el anfitrión, comer del mismo plato.[i]

Por ende, convivir es algo más que coexistir pues no se basta con la simple presencia de más de dos sujetos sino que exige una voluntad de compartir. Por eso, incluso podríamos considerar que la convivencia es un ideal socialista que tiene además algunas exigencias previas, tan simples como el derecho a existir que tienen los sujetos, y, una voluntad de compartir la vida.

Entonces, si tiene una persona de piel morena derecho a caminar por Altamira, o, una joven a utilizar un uniforme institucional, o, un travestido  a tener una cédula de identidad que le represente antes tiene que garantizárseles que su personalidad, en razón de su dignidad, podrá desarrollarse.

 

En conclusión, debemos para alcanzar la convivencia:

  • Reconocer que las personas son iguales en dignidad y derechos.
  • Libres de ser como les parezca, sin más limitaciones que las que les imponga el orden público.
  • Que en su derecho a ser existe una obligación de dejar ser al otro, que no es otra cosa que el deber de tolerancia que no se incluyó en la CRBV.
  • Que el Estado para garantizar la paz ha de promover el libre desenvolvimiento de la personalidad y condenar cualquier práctica tendente a discriminar o violentar a las personas por ser quienes son.

Si en esta primera parte, debemos centrarnos en el derecho de protección de cada ser y sus libertades, el trabajo no se limita a esto porque hay un segundo elemento que mirar, positivo y colectivo,  conformado por símbolos y acuerdos, que nos unen como Nación.

Con esta idea, los alemanes prohibieron que se dude de la historia oficial de la Segunda Guerra Mundial y por esta protección, cualquier extranjero en Estados Unidos o Francia tiene que presentar un examen de ciudadanía que tiene expresos renglones sobre la protección de lo nacional. Por ello, es necesario ubicarnos en nuestros principales valores y establecer mecanismos de fomento y protección.

Con esta lógica, el ejercicio debería mirar

  • Quienes conforman el Panteón histórico y cultural
  • Que música nos une
  • Que símbolos nos representan
  • Que lugares nos muestran
  • Que verdades son incuestionables
  • Que principios son innegociables
  • Que espacios tienen que permanecer libres de confrontaciones.

Aunque a alguno le sorprenda esta es la manera en que estos asuntos se han normado, prohibiendo por ejemplo las protestas cerca de hospitales o en la entrada de camposantos, o, declarando zonas de preservación especial o reglamentación de usos prohibidos o restringidos de algunos símbolos, nombres o música.

Se trata de utilizar el derecho para proteger la sensibilidad de un pueblo de embates que algunos pudieran dirigirle para romper sus vínculos como medio para dañar su existencia, su convivencia o su paz.

 

  1. Hablemos de nuevos derecho

Tenemos que considerar que, por mucho que sea la Constitución – y ahora sus leyes- la punta de la pirámide normativa esta norma es parte de un sistema. Por lo cual, las garantías que debe otorgar la ley han de superar las protecciones preexistentes no pudiendo saldar un asunto tan importante con una norma sancionatoria única, redactada como una perjudicialidad, en tanto esta siempre existió en la norma en blanco que es la agravante de los “motivos innobles o fútiles” que contiene el Código Penal.

¿Qué derecho requerían los ciudadanos que fueron quemados vivos del que no gozaron? ¿Qué causal de discriminación no prevista hemos visto surgir? ¿Existe la necesidad de consagrar un derecho a manifestar mediante ropa u ornamento una afiliación política? ¿Es suficiente la protección constitucional del domicilio en su forma actual o hay aspectos que no hayan sido constitucionalizados? ¿Existe un derecho a la protección de la familia que no habíamos considerado? ¿Quién repara materialmente a las víctimas de crímenes de odio? ¿Quién ejerce la acción penal si sus responsables se resisten? ¿Qué sanción sobre personas jurídicas de derecho público existe por la indiferencia u omisión de una Gobernación o una Alcaldía? ¿Y sobre privados en condición de patronos o dueños de establecimientos? Esas son las preguntas que harán avanzar el derecho.

[i][i] http://www.elalmanaque.com/lexico/convivencia.htm

El dorado, anhelo y vergüenza

 

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En toda evidencia, en Venezuela se ha hecho rutinario hablar de irse del país. El fenómeno, inducido o no, es palpable y ha tocado sectores que antes no recurrían a ello. La migración ya no es un tema de postura política, ni de condición económica, es tan sólo el nuevo dorado nacional.

El dorado, fue aquella leyenda que prometía a los conquistadores que conseguirían mas oro del que podían imaginar y por eso emprendieron cruentas y audaces aventuras, pagándolas con la vida propia, de sus compañeros y de los nativos. Todo valía, incluso abandonar los medios ya conocidos del sustento porque había esta promesa de un futuro  inmediato con una prosperidad irreversible. La leyenda se recuerda sin duda mucho más que la suerte de aquellos que hayan podido conseguir oro y el monto de su fortuna.

Todas las generaciones y todos los países tienen su dorado. Luego cada una de ellas tiene una manera de lidiar con ella, de determinar mecanismos validos y proscritos para hacerse de la fortuna y también, la manera de disimularla o ampliarla, según convenga. La fortuna a la que se aspira no tiene ni siquiera un monto fijo, es tan sólo la promesa de superar rápidamente las dificultades que a cada uno le aflijan que puede ir desde comer hasta adquirir palacios o islas.

Y la verdad, es que aunque todos aspiramos a él, cuando la vara del otro está más arriba, que otro ya viva nuestro anhelo nos resulta opulencia, casi pecado, desconsideración con nosotros y sobre todo con los que están más abajo, a los que sentimos que los que están más arriba deben tenerle particular compasión, incluso más que la que nosotros les tenemos porque nosotros no estamos tan poco tan bien.

Sin embargo, el dorado venezolano actual, me resulta que no es un asunto meramente económico. El anhelo que se diluye individualizado está más enraizado en cierta idea de normalidad, de zafarse de la delincuencia y de la altisonancia política, que del hecho económico en sí. Lo pienso así, dada la tendencia no despreciable de dejar de lado vidas económicamente cómodas por posturas más difíciles con tal de salir. Compulsión que sin duda sabrán explicar mejor los analistas del discurso y los psicólogos sociales, una vez que desentrañen cuales son los mecanismos que crean estas necesidades…

Ahora, como aquel sufrido conquistador en la selva amazónica ataviado con una pesada armadura, el Dorado no resulta tan fácil de alcanzar y el camino no está libre de penurias. Por el contrario, a cada paso, hay un nuevo mundo difícil y hostil que ir descifrando.

El mundo fuera de nuestras fronteras también esta extenuado. El mundo se inunda, se quiebra, se irrita. El clima comienza a mostrar que no era tan exagerado decir que desde hace par de décadas el timonel fijó, más temprano que tarde el final. Por lo que, el ecosistema y los regímenes políticos empiezan a claudicar.

De ello, las escenas de esta semana nos hablan con elocuencia: en Puerto Rico ya nadie puede obviar que el país se encuentra bajo el penoso régimen de las colonias, donde todo va al centro y tan solo se obedece, y, están estas duras horas en Cataluña.

Lo primero que deberíamos poder ver es que ninguna de las dos realidades son nuevas. El mundo está dividido entre países libres y  oprimidos, y, muchísimas veces dentro de los países existen pueblos oprimidos, como los catalanes, los gitanos, los mapuches,…, pero sobre ellos el silencio se hace endémico, el interés es prácticamente a los efectos de documentales de National Geografic o History Channel.

El escenario de los países muestran un nuevo pico para los movimientos nacionalistas, supremacistas blancos y pro mercantilistas. Las nuevas formas de los Estados se encuentran abiertamente delineadas por los intereses de un mercado cada vez más oligopolizado y que asume directamente las funciones de gobernar. Las políticas de migración son cada vez más cerradas, en general y ahora en especifico, para venezolanos.

Por lo cual, sigue mostrándose la idea de migrar como el dibujo del Dorado que llevaba al español a jugarse la vida.

No con ello se afirma que a todos y a cada uno de los que migra les irá mal. La gente no vive en realidades universalizables. La gente siempre vive dentro de su realidad individual y de su ideología. Para algunos, que en España pasen algunas cosas, solo demuestra que allá si hay algo que preservar y por ende, existe un imperativo ético para la violencia. Para otros, el irse es de por si suficiente porque el sueño no era una vida nueva sino una vida lejos.

Cuando el mapa luce tan complejo quizás valga la pena intentar convencernos no de quedarnos porque eso no cambiaría muchas cosas sino de procurarlo siendo y haciendo algo distinto.

La tierra abandonada llama a las manos, el barco pide conocer otros puertos. El trabajo de gobernar tiene que volver a ser el arte de solucionar problemas y procurar la paz. El dorado debe irse y no la gente, para plantar nuevos anhelos, libre de fotos que colgar en algún álbum digital.