Y si esa fuera tu casa

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Al 31 de julio las cifras cuentan 1370 víctimas mortales.

Empecé la semana con la firme convicción de que no volvería a hablar sobre derecho internacional. Con cada hora esa expresión pierde sentido. El mundo anda así, demostrando que tal como llegó el fin de la Sociedad de las Naciones pronto será el tiempo de cerrar la santamaría de la Organización de las Naciones Unidas y quizás pensar, si es que nuestra especie llega viva, en una asociación de los pueblos.

De vuelta a los tiempos actuales hay dos grandes ventanas de temas internacionales para el derecho, aquella de los diplomáticos y esta de los pueblos. Las dos parecen severamente fracturadas y visan levantar una demostración clara y sin edulcorante de que no valemos todos lo mismo. Decir esto cuando apenas hacen días del aniversario de Mandela y todavía algunos andan vistiéndose con sus frases trae bastante tristeza. El apartheid es la realidad de la mayor parte de los pueblos como lo dice Galeano y el genocidio es el hoy del pueblo palestino.

Por ello, vemos como quien asiste a una película infinita lo que ocurre, lo leemos desde los celulares de los médicos que curan en el Hospital Shifa o de quienes cuentan desde las escuelas como todas las identificaciones posibles habían sido dadas para que el invasor supiera que esa era una escuela y una sede improvisada del Alto Comisionado para los Refugiados.

Con menos frecuencia vemos los avances que en paralelo hace Israel en Cisjordania, uno de los cuales fue denunciado el 29 de julio por la ONG Defense for Children Palestine quien reportaba que a esa fecha 202 niños, niñas y adolescentes habían sido privados de libertad por las fuerzas de Israel de los cuales el 76% habían sido objeto de tortura, otros tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Cuando estas cosas pasan y uno revisa las listas de los expertos internacionales sobre Derechos Humanos, los cuales en su mayoría están convenientemente de vacaciones, ve el poco interés que con honrosas excepciones estas cosas les generan. Entonces, una repasa las declaraciones que en algunos escenarios hace Estados Unidos recordando que los Derechos Humanos son las varas con las que el norte mide al Sur y ve el poco eco que los gritos, que las muertes y que las tragedias tienen.

En alguna canción dice Buena Fe dice, refiriéndose a los cubanos, que “en otro lugar nos llaman palestinos” y valga la pena ampliar esta idea cuando la página del derecho internacional de América Latina está signada por las mismas ambiciones colonialistas de los lobby mundiales.

Paulo Freire, en sus Cartas a quien pretenda enseñar denuncia que “la ideología dominante no sólo opaca la realidad sino que también nos vuelve miopes para no ver claramente esa realidad” Para no ver, me atrevo a ampliar, las líneas mediante las cuales las cosas se unen para ser en definitiva iguales.

La vida de cualquiera de nosotros que andamos con el insólito propósito de querer que la vida sea experiencia digna es ante quienes nos realizan como humanoides a medio evolucionar un acto de desmedida rebeldía, el cual puede ser encuadrado, tipificado, como dirían los abogados en cualquier definición de terrorismo.

Hemos osado pretender que el Amazonas siga siendo el pulmón para la vida, que de la tierra salga comida sin sustancias nocivas, que se tome más caña de azúcar y menos gaseosa, que el trabajo que se hace en el Sur alimente sus ciudades y sus personas y esto es un extraño problema al que no pensaban enfrentarse los europeos.

Un día a este respecto tuve un encuentro que me vuelve a la cabeza. Sentado en un café con su bonito maletín de cuero, su chaqueta negra, su cuello en “V” sus ojos verdeazulados, su piel del perfecto blanco del primer mundo,  me explicaba un francés como la falta de colonias era un asunto que para ellos, dueños de la metrópolis, era insoportable. Su pragmatismo, su razonamiento en cuanto a industria y tecnología parecía hacerle ver que la vida de otros era el precio a pagar para salvar la vida propia.

Una imagen igual parece rondar las redes sociales europeas donde los impresionantes ojos azules de una palestina cuyo nombre de usuario es @Farah_Gazan lleva a que algunos la declaren la nueva Anne Frank produciendo una discusión enorme en las redes sociales europeas sobre si realmente se parece o si la cuenta es verdadera olvidando si las bombas suenan, si los niños mueren, si la vida se apaga…

Enfrentar la idea de ese mundo donde la vida es una dicotomía extraña entre tener que vivir como ellos para ser gente y tener que dejar de vivir para que ellos vivan, lleva a ver el derecho internacional como una telaraña. Una telaraña atrapa bobos donde decir mentiras que saldrán impresas en letras blancas en fondo azul y se pondrán pañitos en la conciencia los nórdicos al decir que han puesto el empeño para desarrollar apoyos humanitarios.

¿Apoyos humanitarios a los que les niegan el derecho a ser humanos? Perdónenme si esto cierra entonces como un panfleto pero sólo huele a azufre, a azufre de diablo. Perdónenme si viendo a lo lejos el Cuartel de la Montaña tan sólo quiero que se vaya la ONU y sus recomendaciones, con su aval para llamar a una “tregua” al mismísimo carajo.

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Gaza

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Si tu país quedara en Gaza

Cuando cayera la tarde

No tendrías calle a la que volver,

Te sentarías en la escuela

Y no quedarían sino algunos

De los que estaban ayer.

 

Si tu familia quedara en Gaza

Tus manos no tendrían

Todos sus dedos,

Algunos, habrían sido arrancados

Y quedarían en puntadas sangrantes

Pegadas al pecho.

 

Si tu vientre quedara en Gaza

Se te acelerarían los tiempos

Se te escurrirían los niños

Se acabaría.

 

Si tus ojos quedaran en Gaza

No tendrías más cielo

Que el humo de los aviones

No tendrías más sol

Que los eclipses de los bombardeos.

 

Si tus oídos quedaran en Gaza

Solo escucharían el rugir de la muerte

Sus distintas explosiones

Sus distintos gritos de desconsuelo.

 

Si los hermanos de tu especie

Quedan en Gaza,

Si fueras tan humano

Como los que van cayendo

Tu solidaridad se iría con ellos

Se iría con ellos

Y no conocería el regreso.

La “hostil” dignidad

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Save the Children alerta de que cada hora un niño muere en Gaza

La ONU votó nuevamente sobre Palestina. Al gran titular le suceden en líneas pequeñas una radiografía del mundo que somos y de la organización que supuestamente agrupa a todos los humanos. Pues, son diecisiete las abstenciones y una la negativa a esta resolución, y son estos casi todos los países del “centro del mundo”, a los que les parece que esto no es “para tanto”.

Sin duda alguna la situación en Palestina sirve para hacer lecturas que van más allá de su propia geografía porque cuenta cómo funciona el derecho internacional y las nuevas justificaciones para matar impunemente niños y niñas. Así las cosas no hay caso más claro para ver que genocidio y apartheid son categorías históricas inutilizables para traducir en justicia las situaciones actuales porque no hay manera de negar que lo que ocurre hoy en Gaza es la intensificación de los actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal y que los asentamientos israelitas que son barrios sólo para judíos en territorio palestino son iguales a los que había en Pretoria cuando Mandela levantó la voz.

Los israelitas como europeos extracontinentales tienen claros estos juegos que les permiten vivir a sus anchas con militares regados dotados de licencias para matar y que son tan sólo contestados con frases tibias tales como el llamamiento a que el aviso del bombardeo sea hecho con mayor antelación.

Esta declaración fue duramente castigada por la representación de Estados Unidos quien estimó que su contenido era «destructivo» y que en nada contribuía al cese de las hostilidades. Esto, por no contar la reacción de Israel quien considera que Palestina le agrede y por ende, tiene el derecho y el deber de defenderse.

Cada una de esas balas va de frente contra barrios y casas, va contra las caras y los torsos de gente que camina, que busca a sus familias, que tiene con relación a los israelitas la mismas diferencias que nosotros: el no ser europeos, el ser un pueblo de las latitudes del sur. Uno seleccionado en 1948 para ser Colonia permanente, sangrante y dolorosa.

Como el negro si se levanta contra el amo, como el indio si defiende su tierra, un palestino que lanza un cohete es castigado por la ley que hace el israelita y el socio de la ultramar. Como latino que se niega a la entrega cuando de los labios palestinos sale la palabra “dignidad” el invasor lee “hostilidad”.

Alegría de la Tierra

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Mario Briceño Iragorry Mario Briceño Iragorry (Trujillo, Estado Trujillo, 15 de septiembre de 1897 – † Caracas, 6 de junio de 1958), fue abogado, historiador, escritor, diplomático y político venezolano.

Algunos amigos, desde sus distintas trincheras, me han llamado al deber de recordar que muchos de los autores que uno lee tenían visiones que uno no comparte. Racistas, individualistas, esnobistas, machistas… los intelectuales raras veces entienden los movimientos sociales. Sin embargo, cada uno de ellos con su lente han sabido ser hombres imperfectos de sus tiempos contradictorios y sus preocupaciones nos sirven para verlos y para vernos, a veces entendiéndonos y otras soñando las cosas que aún no somos ni tenemos. Con tal idea les hago llegar pasajes de un libro que adoro: “Alegría de la Tierra” (1952) de Mario Briceño Iragorry.

Esto en este momento me resulta particularmente útil ante el contexto socioeconómico que vivimos pues oigo con frecuencia afirmaciones y preguntas tales como ¿porqué no tenemos industria?, ¿porqué no comemos lo que nace en nuestra tierra?, ¿a dónde se ha ido tanto dinero petrolero? Algunos y algunas en su indetenible empeño de confundirnos aparecen acusando como nuevas las viejas patologías y con Briceño Iragorry aquí recuperamos las crónicas de la vieja historia y la visión de un hombre a mitad del siglo XX sobre el fenómeno industrial venezolano, a ustedes de pensarlo.

Nota: Los fragmentos aparecen en este orden pero obedecen a motivaciones personales su selección.

 

1

Cada economía marca un carácter a la sociedad. Nosotros pasamos de la agrícola a la minera con tanta violencia, que se resistieron las propias fibras morales de la nacionalidad. Desde la Colonia veníamos sufriendo mudanzas en las fuentes de enriquecimiento, pero siempre en el orden de los frutos de la tierra. A la economía del cacao, del tabaco, de los cueros y del sebo antiguos, se sumaron progresivamente el añil, el café, el algodón, la caña, la madera, etc., sin que hubiese crisis como la producida desde 1922, al aparecer el generoso petróleo.

Fue mucho el dinro que vino de fuera, pero inmediatamente ocurrió el proceso de retorno. De esto no se hizo a tiempo cata y cala. Apenas en años recientes hemos advertido como hacemos el juego del presunto rico que endosa al mismo librador el cheque con que paga deudas de nueva urgencia. Nosotros no hemos hecho sino devolver a los países del capitalismo industrial el dinero de nuestro aceite.

 

2

Un amigo, conocedor de mi afición al buen café, me ha obsequiado un frasco de Coffee and Chicory Essence, fabricado por Paterson and Sons, en Glascow, Escocia. “Con una cucharada dulcera en una taza de agua caliente, me dijo, puedes preparar un excelente café”. Hice la prueba, y me resultó aquello un brebaje con el mismo sabor brómico del desagradable Sedobro. Sin embargo, parece que está a la moda en algunas mesas elegantes este infame bebedizo, que si en verdad no es café ni cosa que se le parezca, tiene al menos para los tontos el mérito preclaro de proceder de una ilustre ciudad británica.

 

3

La libertad y la confianza de derivar de nuestro propio suelo el diario nutrimiento, no las compensan los jugosos cheques que de inmediato endosamos para adquirir en mercados extranjeros aquello que una recta política económica puede y debe hacer que se produzca en la nación.

 

4

El mestizo café va a ser el fruto republicano por excelencia. A su lado el cacao representa el fastuoso poderío colonial. Es el símbolo de una América vencida. Constituye la fuerza de una pesada economía del dominio sobre el aborigen, que permitió al criollo llano comprar títulos que lo igualasen al noble peninsular.

 

5

El viejo Sebastián Díaz de Alfaro, armando en su primitivo astillero de la Guaira, el modesto navío “Nuestra Señora de la Candelaria” concreta un símbolo admirable de pujante creación. Aquellos eran hombres empeñados en formar una patria. En 1604 Sebastián Díaz de Alfaro soñaba con una gran Carcas, donde seguros y dignos, pudieran descansar y soñar sus descendientes. De entonces a la fecha, Santiago de León ha crecido intensamente, enormemente. Jamás pensó el esforzado poblador que la ciudad llegara a traspasar los linderos de su molino de Chacao, donde se ayudaba a moler las seis mil fanegas de harina, que por entonces consumía anualmente la capital. Menos pudo pensar que llegase a suceder en su Caracas, bonachona y apacible, llena entonces de la rica almendra teobrómica y bien abastecida de gordas vacas de ordeño, la escena que a diario contemplamos en nuestros bares y refresquerías. Ayer la vi por enésima vez. Junto a la mesa donde sorbía una criollísima taza de café, un mozo sirvió a dos lindas muchachas, de ojos y piel delatoras de nuestro alegre mestizaje, una mezcla de cacao y lecha, derramada de una lata que decía “Milk and cocoa de luxe”. No sé de que sitio del Norte nos envían nuestros buenos vecinos este brebaje, que es uno de los tantos enlatados cuyas leyendas extranjeras son manera de libelos infamatorios contra nuestra incapacidad y nuestro entreguismo.

 

6

La situación geográfica de Venezuela le permitió que a la hora de la conquista española aposentaran ya sobre su suelo las principales agriculturas aborígenes: la papa, procedente del Perú; la yuca del Brasil, y el maíz como hábitat en México o la América Central.

 

7

Según Spinden, el signo vegetal de la cultura americana es el maíz. Con el arroz de China y con el trigo de Europa, Norafrica y el Cercano y Medio Oriente, goza del privilegio de cubrir una de las más vastas zonas alimenticias del mundo. Signo de una cultura y, consiguientemente afinco de un abastecimiento autónomo, el maíz determinaba, para el porvenir de los pueblos americanos, la soberanía del pan.

 

8

La historia del trigo reclama otras razones para explicarse. Razones de tierra y razones de comercio. Era buen negocio, desde los días de la Guipúzcoana, traerlo de fuera y se fue abandonando el cultivo. Entre nosotros, el comercio siempre ha dominado la industria. El maíz, en cambio, siguió siendo pan de aguante. Lo consumía el pueblo y lo consumían las bestias.

 

9

El cultivo del maíz, ha sufrido una grande merma y un notable abandono durante los años que corren. Si en verdad se solicita la arepa para la dieta diaria, todos sus otros derivados han sido puestos de lado. Las señoras encuentran laboriosa la elaboración de la vieja y nutritiva mazamorra, y a ésta prefieren la avena, que viene del norte ready to eat. El pueblo ya no toma la chicha. Es bebida quizás un poco vulgar. Hay tantas cosas nuevas que tomar; por ejemplo los jugos enlatados que se importan de Norteamérica.

 

10

¿Dónde está nuestro ganado? Unos dicen que hay suficientes reses y que no debe permitirse la entrada de ganado forastero. Otros asientan que no hay ganado en el sentido nacional y debe racionarse la carne. Cristo dijo “por el fruto conozco el árbol”. El fruto principal de la buena ganadería es la lecha. Y nosotros estamos tomando leche importada. Claro que es higiénica y fácil de manipular la leche en pote. Y también da buenas ganancias a los importadores. Según el criterio de los abogados petroleros, su libre importación debe mantenerse en beneficio de la industria aceitera. Si se le cohíbe, pueden venirnos represalias. Cualquiera, en cambio, pensaría que es patriótico fomentar la lechería nacional. Otros más prácticos, creen que es más comodo tener nuestras vacas en las praderas yanquis. Por lo menos allá, dice, no les da aftosa (ya sirve para algo la peste).

Si no hay leche, tampoco hay suficiente carne para la dieta del pueblo. Somos el país de la paradoja. La nación que en América tiene per capita el más alto Presupuesto Público ocupa el último lugar como consumidor de carne.

 

11

Los medios han mejorado en los últimos años, y hoy para la ocupación no es necesario hacer uso de marinos ni de lindas naves de guerra. La ocupación se hace lentamente, suavemente, alegremente. No es preciso exponer el propio pellejo ni asustar a los indígenas. Todo lo contrario. Los indígenas se sienten profundamente complacidos “no hay como los jugos americanos” decía en estos días cerca de mí una fatua señora de la aristocracia caraqueña. “Eso de que a uno no le quede ni el olor del verdin en la mano es una gran cosa”. Esta señora es una legítima pitiyanqui, al servicio inconsciente de la invasión extranjera. Y lo que se diga de los enlatados, puede y debe decirse de los demás productos importados. Son los marinos de la nueva ocupación a quienes los pitiyanquis abren festivamente los caminos de la Nación.

 

 

Los culpables son los pitiyanquis, que hacen el juego a los invasores. El pueblo que consume estas cosas es empujado a ello por sólo la propaganda y la moda. La publicidad está al servicio irrestricto del extranjero. (..) A fin de que esa buena vecindad prospere, es necesario destruir todos los valores sencillos, ingenuos, amables, que se conjugan para dar resistencia realista a las líneas morales de nuestra tradición nacional.

la solidaridad

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Por Ana Cristina Bracho

La solidaridad (Opinión)

19 julio 2014 | Haga un comentario

 

Desde hace algún tiempo, y cada vez de forma más usual, un par de personas han puesto en mis manos una responsabilidad a la que no le consigo equivalente. Se trata de confiarme en sus momentos más duros las dificultades sociales y económicas a las que les llevan sus enfermedades crónicas. Pues la gente pasa una cantidad de quijotadas tristes cuando descubre que padece estos males o se las ingenian para vivir con ellos. Para atenderla, se ha venido tejiendo una especie de red en la cual hay gente que sabe cómo llamar a donantes de sangre, que te da una mano con el formato o con la dirección del sitio donde dan ayudas sociales, pero su desmedida generosidad me hace pensar lo poco organizada que está la solidaridad. Por ello mi nota esta vez es una propuesta: hacerla horizontal y permanente.

La democracia participativa conoce de múltiples formas asociativas que deberían pensar también en estos temas, de allí que se puede proponer que los Consejos de Trabajadores que hacen vida en empresas públicas y privadas tomen la iniciativa de supervisar parte de los fondos de responsabilidad social de sus trabajos para ir en la ayuda de enfermos crónicos y que los comités de salud en los Consejos Comunales hagan cotidianas jornadas para donar sangre y difundir de la ley de donación de órganos.

Es innegable que el Estado socialista ha puesto el mayor de los empeños para favorecer a las personas que sufren malestares permanentes, de allí vemos las farmacias de alto costo, el Cardiológico Infantil, los servicios oncológicos pero nada de esto es suficiente ante las pandemias del siglo XXI.

Creo, y me atrevo a afirmarlo, que luchar contra nuestro individualismo es la única receta que podrá mitigar el malestar que a diario pasan millones de personas. Lo contrario es sentarse a esperar que nos toque y a rezar que así no sea y enfrentarnos a estructuras en las que muchos quieren ayudar pero pocos saben cómo.

Cuando digo esto lo hago reflexionando sobre el Estado que en 1999 afirmamos querer con la Constitución y que a diario venimos haciendo, pues solo se verá poblado de mujeres y hombres nuevos cuando cambiemos las cosas que pensamos y veamos las estructuras que siguen haciendo de la pobreza y la soledad las mayores vulnerabilidades para caer enfermos. ¡Cambiemos nosotros y cambiemos esto!.

@anicrisbracho

Este artículo apareció en la versión física y en la digital del Correo del Orinoco.

A Desalambrar. Colonialismo 2.0

04-kalikatresJulio es un rosario de fiestas de Independencia: Estados Unidos, Venezuela, Argentina pero el 2014 no está de humor y va agrietando el calendario con el terror del presente. La guerra anda sin disimulo y el fascismo avanza a toda prisa. Nuevas excusas revelan viejas prácticas y va el colonialismo reacomodando sus territorios.

Así, viene Israel acusando de bestias a los palestinos y “actuando en consecuencia”. A las mismas horas la realidad ucraniana, que fue anunciada como la quimera de la derecha venezolana es un desfile de esvásticas, de bombardeos y matanzas. Estas situaciones apenas descritas nos develan como es el mundo en el que vivimos, que irrisorio es el derecho a ser humanos y qué tan vivo está el peor rostro del colonialismo.

Divididos en dos, países periféricos y países desarrollados, los pueblos del mundo siguen sometidos a procesos que les niegan la humanidad y le dan como atributos la pereza, la incapacidad, la poca sensibilidad y la extrema violencia, de modo a hacerlos siempre culpables.

 ¿Fue realmente un palestino quién dio muerte a los tres israelitas? ¡Quién sabe! Pero eso no importa. Ante la estructura colonial los palestinos tendrán siempre la culpa y su vida valdrá menos, incluso todas sus vidas juntas, que la del israelita invasor.

 Ese es el dolor que podemos leer en los versos de Mahmud Darwish que cuando nos hablaba de su tierra decía “Cadáveres anónimos/Ningún olvido los reúne,/Ningún recuerdo los separa”;Para nuestra patria cautiva,/La libertad de morir consumida de amor.”; “¿Hasta cuándo?, pregunto./ Esperaré a que mueras más.

 Alrededor de 1,5 millones de habitantes tiene la franja de Gaza. Considerablemente menos que Caracas, suficientemente menos que Valencia. ¿Podemos imaginar en ese número de gente, esa cantidad de muertos? Gaza tiene una superficie de 360 km² ¿podemos imaginar en ese espacio, esa cantidad de destrozos? Esa región es la misma que perdió el horizonte cuando le cortaron la vista con un muro. Desde 1994 y terminado en el 2005 una barrera gigante les impide salir o entrar salvo que Israel se los permita. ¿Podemos imaginar levantar los ojos y ver una pared divide los que pueden vivir y los que van a morir?

 Muchas frases cotidianas cuentan que son los niños y las niñas lo más preciado pero son ellos los que van cayendo con sus árboles, con sus juguetes y cuadernos en medio de estas infamias. Son los mismos que cruzan América central “para ir a jugar con nieve” y se encuentran migración y paredes. Separados por los medios como pueblos lejanos y conflictos no relacionados, los pobres del mundo siguen sufriendo la muerte como un juego de los poderosos. Por ello que pongamos como cierre de esta nota la frase de Fanon “la indiferencia hacia los demás, esa forma atea de la salvación, está prohibida.”

 @anicrisbracho

Este artículo apareció en la Edición Impresa del Correo del Orinoco del sábado 12 de julio de 2014.

LA NO DISCRIMINACIÓN COMO SUSTENTO DEL SISTEMA DE DERECHOS HUMANOS.

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Los derechos humanos son un producto histórico. Como tal fueron diseñados a la luz del individualismo y el aseguramiento de la propiedad individual pero ¿qué tal si esto dejase de ser así? Los pueblos del mundo cada día en pie de lucha han ido transformando sus cuerpos normativos hasta exigir la humanización de los derechos. Un rostro que pasa de ser un hombre, blanco y con recursos era el que se correspondía con nuestro primer destinatario de derechos humanos pero con el tiempo los movimientos sociales han sabido rediseñarlos. Mujeres, afroamericanos, negros en países dominados por blancos y pueblos indígenas han tomado la bandera partiendo todos por hacer luz en una antigua zona de sombra: que la ley nos declare iguales no puede por sí mismo cambiar las realidades. Así, contra la discriminación se conjuga un proceso de gentes que exigen ser vistas como son para poder solventar sus situaciones y que, exigen al derecho saltar de la consagración progresiva de los derechos económicos, sociales y culturales al acceso pleno a los elementos necesarios para la vida. En este sentido, la erradicación de las prácticas discriminatorias no es tan sólo una exigencia para los Estados sino el sustento mismo para alcanzar la universalidad de los derechos como inherentes a las personas. La presente ponencia pretende desarrollar una visión crítica del concepto de la igualdad y la no discriminación, en el estado actual del derecho venezolano, para entenderla no en su faceta de derecho individual sino como sustento mismo del sistema jurídico nacional. En tal sentido, se pretende presentar una lectura de la visión constitucional, legal y jurisprudencial patria sobre la materia, así como sus correspondencias con el derecho extranjero e internacional.

Palabras Clave: No Discriminación | Igualdad | Derechos Humanos, Desc | Universalidad

 

 

 

Resumen de la Ponencia a presentar el 17 de julio de 2014 en el marco del I Congreso Internacional contra la Discriminación Racial Programación General(2)

Centrafrique. La prochaine Conférence de Brazzaville : miroir aux duplicités

JFAKiBLOG [par j.f. akandji-kombé]

Retour…

Centrafrique-FemmesDePaixPlusieurs mois que je n’ai pas pris le clavier pour exprimer mes « humeurs et rumeurs » sur la Centrafrique. C’est que les évènements se bousculaient, des faits multiples chaque jour, avec leur cortège d’horreurs. Ce n’est plus une descente en enfer ou aux abîmes. L’enfer a été atteint et l’abîme aussi. Et ils ont tous deux été dépassés. Il y a de quoi entraîner dans le découragement, voire dans une détresse infinie. Mais il faut se ressaisir. Ceci sera ma manière de le faire. Echapper à l’emprise des vautours sur nos vies et notre liberté de penser et d’écrire, briser le carcan du silence qu’impose l’absurdité érigée en permanence.

Non, le sort de la Centrafrique et des centrafricains ne s’est pas amélioré. Il continue à s’abimer toujours plus chaque jour, dans l’indifférence extérieure quasi générale : celle des politiques, celle des médias, celle des populations. Déplorez-le si vous voulez. J’y vois…

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Franz Fanon: Sobre la autocrítica

“Se habla mucho desde hace tiempo de la autocrítica: ¿se sabe acaso que fue primero una institución africana? Ya sea en los djemaas de África del Norte o en las reuniones de África Occidental, la tradición quiere que los conflictos que estallan en una aldea sean debatidos en público. Autocrítica en común, sin duda, con una nota de humor, sin embargo, porque todo el mundo se siente sin presiones, porque en última instancia todos queremos las mismas cosas. El cálculo, los silencios insólitos, las reservas, el espíritu subterráneo, el secreto, todo eso lo abandona el intelectual a medida que se sumerge en el pueblo. Y es verdad que entonces puede decirse que la comunidad triunfa ya en ese nivel, que segrega su propia luz, su propia razón.”

Los condenados de la tierra.