Y si esa fuera tu casa

GazaFamilyFlees
Al 31 de julio las cifras cuentan 1370 víctimas mortales.

Empecé la semana con la firme convicción de que no volvería a hablar sobre derecho internacional. Con cada hora esa expresión pierde sentido. El mundo anda así, demostrando que tal como llegó el fin de la Sociedad de las Naciones pronto será el tiempo de cerrar la santamaría de la Organización de las Naciones Unidas y quizás pensar, si es que nuestra especie llega viva, en una asociación de los pueblos.

De vuelta a los tiempos actuales hay dos grandes ventanas de temas internacionales para el derecho, aquella de los diplomáticos y esta de los pueblos. Las dos parecen severamente fracturadas y visan levantar una demostración clara y sin edulcorante de que no valemos todos lo mismo. Decir esto cuando apenas hacen días del aniversario de Mandela y todavía algunos andan vistiéndose con sus frases trae bastante tristeza. El apartheid es la realidad de la mayor parte de los pueblos como lo dice Galeano y el genocidio es el hoy del pueblo palestino.

Por ello, vemos como quien asiste a una película infinita lo que ocurre, lo leemos desde los celulares de los médicos que curan en el Hospital Shifa o de quienes cuentan desde las escuelas como todas las identificaciones posibles habían sido dadas para que el invasor supiera que esa era una escuela y una sede improvisada del Alto Comisionado para los Refugiados.

Con menos frecuencia vemos los avances que en paralelo hace Israel en Cisjordania, uno de los cuales fue denunciado el 29 de julio por la ONG Defense for Children Palestine quien reportaba que a esa fecha 202 niños, niñas y adolescentes habían sido privados de libertad por las fuerzas de Israel de los cuales el 76% habían sido objeto de tortura, otros tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Cuando estas cosas pasan y uno revisa las listas de los expertos internacionales sobre Derechos Humanos, los cuales en su mayoría están convenientemente de vacaciones, ve el poco interés que con honrosas excepciones estas cosas les generan. Entonces, una repasa las declaraciones que en algunos escenarios hace Estados Unidos recordando que los Derechos Humanos son las varas con las que el norte mide al Sur y ve el poco eco que los gritos, que las muertes y que las tragedias tienen.

En alguna canción dice Buena Fe dice, refiriéndose a los cubanos, que “en otro lugar nos llaman palestinos” y valga la pena ampliar esta idea cuando la página del derecho internacional de América Latina está signada por las mismas ambiciones colonialistas de los lobby mundiales.

Paulo Freire, en sus Cartas a quien pretenda enseñar denuncia que “la ideología dominante no sólo opaca la realidad sino que también nos vuelve miopes para no ver claramente esa realidad” Para no ver, me atrevo a ampliar, las líneas mediante las cuales las cosas se unen para ser en definitiva iguales.

La vida de cualquiera de nosotros que andamos con el insólito propósito de querer que la vida sea experiencia digna es ante quienes nos realizan como humanoides a medio evolucionar un acto de desmedida rebeldía, el cual puede ser encuadrado, tipificado, como dirían los abogados en cualquier definición de terrorismo.

Hemos osado pretender que el Amazonas siga siendo el pulmón para la vida, que de la tierra salga comida sin sustancias nocivas, que se tome más caña de azúcar y menos gaseosa, que el trabajo que se hace en el Sur alimente sus ciudades y sus personas y esto es un extraño problema al que no pensaban enfrentarse los europeos.

Un día a este respecto tuve un encuentro que me vuelve a la cabeza. Sentado en un café con su bonito maletín de cuero, su chaqueta negra, su cuello en “V” sus ojos verdeazulados, su piel del perfecto blanco del primer mundo,  me explicaba un francés como la falta de colonias era un asunto que para ellos, dueños de la metrópolis, era insoportable. Su pragmatismo, su razonamiento en cuanto a industria y tecnología parecía hacerle ver que la vida de otros era el precio a pagar para salvar la vida propia.

Una imagen igual parece rondar las redes sociales europeas donde los impresionantes ojos azules de una palestina cuyo nombre de usuario es @Farah_Gazan lleva a que algunos la declaren la nueva Anne Frank produciendo una discusión enorme en las redes sociales europeas sobre si realmente se parece o si la cuenta es verdadera olvidando si las bombas suenan, si los niños mueren, si la vida se apaga…

Enfrentar la idea de ese mundo donde la vida es una dicotomía extraña entre tener que vivir como ellos para ser gente y tener que dejar de vivir para que ellos vivan, lleva a ver el derecho internacional como una telaraña. Una telaraña atrapa bobos donde decir mentiras que saldrán impresas en letras blancas en fondo azul y se pondrán pañitos en la conciencia los nórdicos al decir que han puesto el empeño para desarrollar apoyos humanitarios.

¿Apoyos humanitarios a los que les niegan el derecho a ser humanos? Perdónenme si esto cierra entonces como un panfleto pero sólo huele a azufre, a azufre de diablo. Perdónenme si viendo a lo lejos el Cuartel de la Montaña tan sólo quiero que se vaya la ONU y sus recomendaciones, con su aval para llamar a una “tregua” al mismísimo carajo.

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