¿Y si esta historia hubiese empezado en África?

 
Al Profesor JF Akandji-Kombé.
Pongamos que hablamos de los Derechos, un cuento oficial se ha colado en los libros de historia y cívica hasta reimprimirse con más letras en los manuales especializados. Los Derechos Humanos, que son un catálogo que vive por encima de la gente, nacieron en 1948 cuando los aliados se acordaron que en el campo de juego del poder también existía la gente.
 
Sin embargo, este tema tiene sus letras pequeñas, al parecer la instauración de los Derechos del Hombre no se dio por buena fe o compasión sino porque los pueblos, sin importar colores, idiomas o épocas, piensan que no es natural subordinarse y entregar la tierra. Así nació, por ejemplo, la Carta Magna inglesa, el reconocimiento de los derechos de las mujeres, de los indios o de los negros. Sin embargo, algunas malas lenguas piensan que en América del sur, en Asia o en África también los pueblos declaraban derechos.
 
¿Éramos realmente simples copiadores de la Declaración francesa o del Acta de Independencia Norteamericana? Al parecer la cosa no es así. Pues existen documentos de Gual y España que reclaman derechos para el pueblo y prácticas de guerra en Independencia, que suenan mejor que el blandengue derecho humanitario moderno.
 
¿No conoció América un catálogo de derechos, en la grandiosa civilización inca o en la maya? ¿No lo conocieron antes de ser humillados y sometidos los pueblos que trajeron en barcos desde África? ¿Quién es ese gigante que comparte con nosotros el sur del planeta? ¿Quiénes son los que sólo nos muestran a punto de morir de hambre? Son quizás quienes escribieron la primera declaración de derechos.
 
Para JF Akandji-Kombé, profesor de la Sorbona, existió por lo menos en 1236 un documento llamado Carta de Kurukan Fuga, base de la fundación del Imperio de Mali, que tiene la forma y fondo de una Carta de Derechos Humanos. Escrita por manos africanas para un pueblo africano reconoce el derecho a la vida, el deber de respetar a los extranjeros y la protección de los ancianos, entre otros temas. Teniendo, al parecer, en algunos derechos visiones más avanzadas que las de los que los colonizaron.
 
Ese pueblo que tanto sale como triunfador de las cosas malas, es el campeón mundial de la resistencia. Perdedores históricos en la repartición del mundo nos son presentados como incapaces modernos. Sin embargo, no es tan distante el racismo que los mira  y oculta nuestras historias y la suya.
 
@anicrisbracho

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Diario de un esfuerzo

Cuando una asumeesfuerzo_valores_fundacion_televisa_valor1-515x274 un país. Uno de verdad, no esos que aparecen en las páginas para turistas, donde la gente anda zigzagueando el bien y el mal, la oportunidad y la trampita. Donde la gente se despierta a trabajar y a veces corea el himno nacional. Donde la gente no siempre tiene ganas de tener ganas, ni tiempo para tener tiempo. Donde tenemos cosas viejas y nuevas hirviendo en la misma paila. Donde no tenemos intenciones sino de tener buenas intenciones, una tiene el tiempo para mirar desde las entrañas y desde la punta.
 
Esa dualidad es un poco tortuosa. Temes que se te vengan encima las piedras y quedar como un minero halando la última bocanada de aire pero también temes que alguien te empuje, que el zapato te falle, que te distraigas y rodar, sin agarradero ni freno por la montaña.
 
Luego descubres que asumes además un país que sueña y tienes miedo a dejar de soñar porque la burocracia es una maquina que aniquila esperanzas. Comienzas a sentir fobia de los alfileres que espichan sueños y entiendes que Calderón de la Barca estaba equivocado: la vida no es sólo un sueño sino un esfuerzo.

Luego descubres que asumes un país que se esfuerza pero tiene dificultades con el volante y esto no es raro, no hay países soberanos que tengan dirección asistida, todos tienen ese viejo volante de Fiat y pequeñas ruedas que cuidar.

Entonces, una no puede llamar al esfuerzo como quien toca la corneta. ¡Así no funciona! Una tiene que llamar como quien se para en el ascensor sin saber si gritar o darle al botón, hay que darse cuenta que le toca zigzaguear para estar firme. Eso, es como la frase de abuelas de que Dios escribe derecho con la letra torcida.

 
Por eso, cuando una asume un país que es militante, debe llevarse el cuaderno de notas para escribir estas cosas que no salen en Gacetas ni en Providencia antes que alguien le vea a una la cara de Gaceta o de archivador.

La Derecha y el sueño de un país sin Derecho.

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Desde hace 14 años la derecha venezolana no cesa de declarar, manifestar y demostrar que detestan la idea de un país con derecho. Hijos de una sociedad del privilegio la idea republicana de la sumisión a la ley, les resulta inaceptable.

Fue a Dunkan Kennedy, profesor de la escuela de Derecho de Harvard la primera persona a quien encontré exponiendo claramente sobre el imperialismo en el derecho. Su discurso, compuesto por un par de ideas centrales nos habla de construcciones normativas para países centrales y el derecho en el mundo periférico. Este último, generalmente se construye con copia de algunas ideas dominantes, para él, pensamientos jurídicos “pop” que no reflejan la totalidad del contenido del derecho aplicable en el centro de producción ni se destina a una realidad exactamente igual.

Cuando vivimos en estas horas en Venezuela la insania criminal del mercado contra la gente, es un momento propicio para pensar estas cosas. Pues vale decir que una regulación sobre el mercado con carácter de protección de los consumidores o usuarios, forma parte del contenido de 46 constituciones del mundo, y, los más liberales de los países tienen sistemas estrictos de control de precios, de todo o de buena parte de los bienes y servicios que en ellos circulan.

Pongamos que hablamos de cosas nuevas, enemistados como solemos estar de todas esas pesadas regulaciones viejas. Así hablaremos de las medidas que desde el Ejecutivo se impulsan en Panamá, en Argentina o en Rusia para proteger el acceso de las personas a los bienes declarados o no de primera necesidad.

Estas medidas no son simples antojos de los gobernantes nacen en la naturaleza misma de los objetos que se protegen puesto que cada uno de ellos son los bienes materiales sobre los que se sustentan los principales derechos: vida, salud o alimentación.

Otro debate que viene allí nos devolverá al centro de producción jurídica y es la relación entre las medidas que se adoptan y la garantía de los bienes fundamentales para los Estados. Así, los Estados Unidos –casa adentro- nos demostrará como las medidas de seguridad siendo imperativas, las tecnológicas por ser consideradas menos invasivas son declaradas las más democráticas que se pueden alcanzar.

Dichas estas cosas, pensada por ejemplo la prohibición del precio anormal que rige en Bélgica, los sistemas que fijan los precios en el Reino Unido donde expresamente se separa el precio del medicamento opcional de aquel que consume la Seguridad Social vemos el mismo esquema en el que, se activa el discurso imperialista y antipatriota señalando que todo control es barbárico.

No serán pocos los que vistos estos datos recordarán el penoso capítulo de RCTV donde la gente declaraba libertades que no existen, donde la gente olvidaba las interdicciones que se sustentan en el mantenimiento de la República tales como la prohibición de la apología del odio o del racismo; o, son garantías del derecho a la información y a la paz, ambos considerados en los máximos instrumentos universales.

Frente a esta articulación que crea la sensación de que el derecho se tergiversa de modo a que sólo es legítimo en los países centrales y en la periferia es un instrumento perverso que debe ser duramente repudidado. Una puede incluso hacerse la inocente y ver cómo las leyes que mantuvieron sistemas laborales casi esclavistas, prohibiciones claras para que la gente normal no accediera al gobierno y las clases populares mejorasen realmente sus condiciones de vida pasaron por el silencio blanqueador de estos expertos en protestas.

¿Cuántas leyes manifiestamente injustas hay en el país? ¿cuántas legalizaciones del castigo de la pobreza? ¿cuántas clausulas de inmunidad penal de los señores con corbata hay?

Hemos ido en muy pocos temas a la real creación normativa revolucionaria pero hemos intentado en todos los campos romper con una estructura que, desde la Colonia, se mantiene como una sociedad del privilegio de los pocos y de la exclusión de los muchos. Con estos instrumentos como vigentes el proceso revolucionario requiere acciones y actores revolucionarios. El hecho  es que hay  unos pocos dañando a los muchos,  por lo que los muchos requieren cumplir con el llamado chavista a la unidad para la batalla y la victoria.

¿Puede la activación del artículo cinco de la Constitución ser la única norma jurídica capaz de salvar la Revolución? A estas horas pienso en esa dirección, como quien se anota desde las tonadas de Alí Primera rezando “la inocencia no salva al pueblo pero tampoco lo salva, lo salvará su consciencia y en eso me apuesto el alma.”

La conciencia es el terreno más difícil de arar pero cuando florece no conoce la muerte. Es ese sonar de diana de la memoria de Chávez que debió sentarse en esta silla unas cuantas veces.

Esa silla que enseña que nuestros empeños sólo viven en el presente, pues no existe pasado que contemplar si nos cansamos y no existirá futuro que disfrutar si nos rendimos.

De Robinsones y Quijotes, de esos que nacen por “bojotes” en mi Patria, para ellos es el tiempo de colgar los títulos, las comodidades y los planes para levantarse contra los molinos que buscan secuestrar el pan, contra los piratas de gasolina, contra los gritos insolentes del “pero tenemos Patria” con el que escupen la dignidad de nuestro camino.

@anicrisbracho