Sanciones contra Venezuela: entre tradición y resistencia.

Sin dudarlo, las declaraciones oficiales de Venezuela sobre las últimas acciones norteamericanas han sido claras. Caracterizadas por el rechazo de lo ocurrido han sabido enfatizar su gravedad así como su inserción en un cuadro desalentador para la región pues Estados Unidos avanza en su doctrina del patio trasero  y no descansa de sus pretensiones imperiales.

Así las cosas, esta sanción no es otra cosa que traer al presente las viejas prácticas que han generado en su contra toda una escuela latinoamericana del derecho internacional. Dos de ellas, son la base teórica central para sostener en justicia que la lógica de una sociedad de naciones es incompatible con actuaciones de esta naturaleza.

800px-Cipriano_Castro_caricaturaPongamos que entonces nos referimos al derecho pero también a nuestra historia y de ella sacamos una primera doctrina, aquella que en ocasión a un infame capítulo ocurrido en Venezuela dictó un argentino. Se trata de la doctrina Drago y del bloqueo naval de 1902.

Este hecho, que la historiografía narra como un simple “incidente diplomático” consistió en la decisión y acción de las marinas de guerra británica, alemana e italiana de tomar las cotas y puertos de Venezuela pretendiendo de este modo, a través de la fuerza, lograr el pago de una deuda que alegaban tenía el país con algunos de sus nacionales.

Generando así la reacción latinoamericana en solidaridad con un gobierno que sufría una campaña inclemente dirigida por la prensa europea que castigaba sus visos nacionalistas y su interés en recuperar el producto interno nacional. Sin embargo, es la pluma de este canciller argentino la que pasa al derecho como un principio fundamental que impide que por deudas pueda usarse la fuerza en contra de los Estados.

Afirmado esto, en el juego internacional a los Estados se les reconocerá una particular dignidad, llamada soberanía que le ubica un eslabón por encima de los ciudadanos y en igualdad de condiciones con todos los demás miembros de la Sociedad Internacional haciendo caso omiso del tamaño o del poder económico  o militar que les diferencie.

Es otro latinoamericano que vista la realidad internacional dejará con su apellido un principio central, se trata del mexicano Estrada que sostendrá la igualdad jurídica de los Estados según la cual todos se sientan en la misma mesa y merecen el mismo respeto, ya sea considerados globalmente o mirados en sus funcionarios y funcionarias. Esta teoría dará base firme a un principio reconocido en el segundo periodo del siglo XX: la autodeterminación  de los pueblos. Afirmación esta que nos permite, la idea de dividir el mundo entre monarquías y repúblicas, derechas e izquierdas, capitalismos y socialismos.

Estas dos ideas que han sabido forjar el discurso vendido al día de hoy como el único capaz de garantizar el orden y la paz mundial viene acompañado y no eliminado frente a la idea de que el paradigma central para las naciones es el respeto y garantía de los derechos humanos.

Sin embargo son pretensiones exigidas desde este compendio de países llamados periféricos, dedicados al arte de perder en la repartición del orden mundial, que suele conformarse con América del Sur, África y algunas zonas de Asia. Afirmarlo puede que moleste pero negarlo es pretender que con frases solas se cambian realidades. Así las cosas, el incidente demuestra unas sutilezas a no descuidar.

Para todo estudiante de derecho, bien sea aquel de una Universidad europea o de la humilde aula africana es una evidencia que el poder de la ley, al igual que el poder del juez conoce de un límite llamado territorialidad. Es decir, en principio, las leyes y los jueces tienen poder en el país al que pertenecen sobre sus connacionales y sólo por vía de excepción puede alguien reivindicar un poder mayor.

Las excepciones han ameritado tratados y siguen teniendo desacuerdos y en todo caso suelen exigir por lo menos un elemento que vincule el poder nacional con los hechos a regular o decidir. Caso que en la decisión norteamericana parece difícil de determinar.

Quizás exista alguien que se la dé de actualizado, negando el carácter imperialista de muchas de estas envejecidas cosas nuevas que alegaría que en dicho acto reposa en cierto modo un ejercicio de jurisdicción universal. Concepto con el que se lleva relativamente mal la política exterior de los Estados Unidos que aplica el derecho del enemigo del “acuse primero, luego invada y si quiere al final investigue.”

La realidad siendo siempre tan compleja más de uno pensará que dos movimientos ruidosos convienen a los días que Estados Unidos se ve entre el escándalo y la rendición de cuentas por el uso de la tortura, los tratos crueles, inhumanos o degradantes que pasan a un segundo plano cuando los marines se preparan para ser “héroes” algunas otras veces.

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Sobre la Justicia Internacional

corte internacionalEl Presidente Nicolás Maduro abrió el debate, ¿existe la justicia en el escenario internacional? ¿Somos los países igual de importantes y dignos? ¿en el mundo hay buenos y malos Estados, o, un juego donde el niño más grande dice quiénes son los policías y quienes son los bandidos? Estas preguntas tienen detrás un enmarañado mundo de engaños. La paz y la guerra son acuerdos que se determinan con viejas reglas de duelos y rencilla, que se orquestan  desde un sistema que se anuncia como clave del progreso pero que no es otra cosa que un contenedor de un orden a cuyo servicio existen sujetos y organizaciones.

Los sujetos principalmente Estados vienen a veces acompañados por personajes creados entre el marketing político y el estrellato mediático. ¿Quién no se pregunta cuáles son los méritos reales de David Beckham o de Shakira para merecer ser Embajadores de Buena Voluntad de la UNICEF? Los personajes todos tienen algo en común o vienen del mundo anglosajón o  lo han penetrado. A su lado queda un notable vacío de gente con cara normal, que deja la vida o el sueldo por los niños del mundo. Algo así sucede en el mundo internacional cuyas reglas y realidades parecen tan similares a las del jet set que  más de uno sufriría un espanto.

Nuestro mundo conformado por una geografía dividida en países, que, los juristas llamamos Estados se representa en espacios que ocasionalmente se reúnen pero en permanencia toman decisiones. Lo grandes parlamentos y secretariados internacionales rara vez son pisados por latinoamericanos o africanos. Sus sedes suelen quedar en el Norte, tener asesores asimilados al primer mundo o nativos de este. Sus colores suelen ser fríos y sus imágenes estilizadas. Pocas veces sus símbolos vibran como un barrio en Santo Domingo o como un tejido en Marruecos.

Las Cortes de Justicia tienen pocos miembros, conocen pocos casos. Rara vez María o Aisha llegan hasta sus puertas y cuando llegan se verán ante complicados vericuetos legales que distinguen lo que es admisible o lo que no. Si entre el derecho y la justicia hay distancia, entre lo justiciable y lo necesario el trecho es aún más largo.

Pongamos un solo ejemplo, los crímenes contra la humanidad y los delitos afines. Graves hasta el extremo porque no se agotan con matar a una persona físicamente sino que destruyen sus condiciones de vida, su medio o el de los suyos. La figura solo es conocida por la Corte Penal Internacional cuya sede también es en Europa Allí, hay países que pueden ser juzgados, países que han sido juzgados y países que no son juzgados. Si miramos el mapa en función de esto veremos que el África encabeza los países que han sido juzgados, que el norte se divide en aquellos que tan sólo formalmente pueden merecer un juicio y quienes, ni por error podrán ser juzgados. Así, la humanidad de las personas es amparable en función del Estado del que provengan, debiendo olvidarnos de aquellos que por las olivas y el mar, se llaman palestinos.

En ese pujar, la justicia internacional es elástica pasa periodos de alta actividad y respuesta y por otros es lenta y perezosa. En las primeras situaciones parece esperar en tiempo real “en la bajadita” a aquellos países e individuos que selecciona y en los otros se da por satisfecha cuando los parlamentos o los Estados han declarado su horror o rechazo.

Lenta, en todos sus niveles fue con la condena del horror en América del Sur de finales del siglo XX y violentamente rápida para condenar los errores –actuales o históricos- de los procesos progresistas latinoamericanos. Así, fácil es leer condenas enérgicas contra países poseedores de riquezas naturales escasas en los países industrializados y difícil conseguir una sola condena a los actos colonialistas o imperialistas que suelen arreglarse con excusas públicas de esas que llenan las agendas.

Para tí

De pronto sin que nada lo justificase

Sin que ello generase más que dolor y polvo,

Te habías apropiado de todas mis endechas

Mis ganas de que la cosas cambien,

De ordenar la casa, el plato y la mesa.

Había aceptado conformarme con tu entrega

Ocasional y sin amor del sexo frío

De que el tú y yo sólo exista en tu agenda

A tu ritmo, necesidad y conveniencia.

Había aceptado que era tu silencio

Tu más usual respuesta y yo buscaba

Con pellizcos tu nombre, tu mano,

Tus ganas.

Cada dos días sabía que ya bastaba

Que tus ganas nunca serían mías

Que me llovían las rosas y postores

dispuestos a jugar  todo el papelito

Pero tú no, ni llueves ni quieres

Ni te vas ni vuelves.

Me sabes prendada a pocos metros

Me sabes dolida con intervalos alegres

Me sabes dominada con mi irreverencia

Pero tú no,

Ni me amas

Ni me dejas

Ni ignoras

Que ni te amo ni te dejo

Pero no me voy y vuelvo

Pero no me voy y vuelvo.

Promesa

Cuando una llega al fuego,

Ese espacio poco cómodo donde nadie te contempla,

El sitio en el que descansan afiladas las lenguas,

Donde  una se vuelve receptáculo de quejas,

Continente de inconformidades.

Cuando una se ha quitado las pieles,

Ese aspecto tan humano de tener vida,

Cuando no mide el tiempo ni por ciclos menstruales,

Cuando todos los días son poner los pies en el fango

Y la frente en las estrellas.

Cuando las manos blancas visten callos

-del esfuerzo-

Cuando los ojos verdosos visten ojeras

-de esfuerzo-

Cuando la agenda apunta soledades

-del esfuerzo-

Es fácil anotar en una hoja

“ya no hay quien comprenda”

Cuando eso pasa y nadie festeja

todos acumulan insultos y tristezas

una se queda allí moviéndose inmóvil

-del esfuerzo-

Entonces la duda se queda desnuda

-ante la certeza-

Que no queda sino quedar remando

Tarareando una canción honesta

Calentando la mejilla con la lágrima

La juventud empeñada

Esa fue la promesa.

Monedita de Oro

Me quedé pensando en una frase de Nazaret Balbás. ¡Vaya si tiene razón! Al parecer hay gente que cree que uno puede pasar por la vida sin mancharse los zapatos. Sin tener que poner el nombre y la piel. Sin ser a veces el lobo y otras, la caperucita. En tiempos difíciles no tomar partido es tomarlo. Es entonces, cuando a una le da por pensar ¡si Chávez no fue monedita de oro, ¿cómo podría yo serlo?!

Al salir del mundo cómodo del sofá que todo lo analiza desde el frío del no tener que ser el malo sino el crítico el camino es espinado y borroso. Hay cosas que vienen porque otros las quisieron y otras que son sin que nadie las llamara. Si la vida es este espiral extraño que no sabes si te eleva o si te hunde, a la vida llegamos en un lugar y para algo que no sabemos si decidimos o nos decide. Ser en las medias horas huecas. Ser.