Apuntes sobre la Guerra Económica

i.                     Introducción

Quisiera empezar este texto como inician las cartas a los amigos. Decirles quizás las buenas nuevas que hay en el frente y las estrategias con las cuales se combate. Si así lo hiciera las siguientes líneas cumplirían su función de bitácora pues no hay en ellas ninguna intención de descubrir ni describir nada distinto a los fenómenos que un pueblo dignamente resiste. De tal manera, permítanme también traer a la hoja ideas propias y otras que son productos de horas de debate o que he ido coleccionado, clasificando de quienes desde otras perspectivas y marcos referenciales observan lo que ocurre. Por lo tanto, no es esta una verdad absoluta ni mucho menos el recuento del binomio criminal que estamos viviendo en el que, mecanismos dolosamente construidos se combinan con la finalidad de crear desesperación.

Esa introducción es completamente intencional pues quiero hablar como la persona que soy y no desde la función que cumplo. Por ende, escribo desde mi más individual responsabilidad sobre el fenómeno social que enfrentamos y cuya única solución parece ser la reconstrucción de la solidaridad y de la esperanza.  Quiero, por ello introducir mi planteamiento citando a García Lorca cuando dijo que “el más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza perdida” situación que ha ocurrido en este país en muchas y diversas situaciones, como lo dijo Hugo Rafael Chávez Frías cuando instaló la Asamblea Nacional Constituyente y que tan sólo se ha roto cuando dentro el pueblo ha habido plena conciencia de que,

“No hay individualidades todopoderosas que puedan torcer el rumbo de la historia: absolutamente falso ese concepto. No hay caudillos beneméritos y plenipotenciarios que puedan señalar y conducir y hacer el camino de los pueblos, mentira. Se trata de una verdadera revolución y de un pueblo que la galopa, eso sí es verdad, y este acto de hoy, esta primera sesión de la soberanísima Asamblea Nacional Constituyente a la cual tengo la inmensa honra de asistir, y agradezco a ustedes su invitación, esta instalación de la Asamblea Constituyente es un acto revolucionario. Es la revolución que ocupa todos los espacios, algo así como lo que dice un gran escritor: “La rebelión de las masas” -de Ortega y Gasset- es la muchedumbre que lo invade todo, es un galopar indómito que llega a todas partes y nadie puede detenerlo”. Esa es la revolución venezolana de este tiempo, conducida, impulsada, sentida y amada por un pueblo, y es que no podemos entender esos dos conceptos por separados.”[1]

Por lo tanto y considerando que el que afirmó lo anterior, supo construir el liderazgo más importante que ha conocido la República la única apuesta que creo puede usarse para vencer ese fenómeno que nos aparece como una lluvia de desgracias, que nos persigue desde la compra de la comida hasta la inscripción de los chamos en el colegio, es la organización esperanzada de la comunidad. Decirlo, teniendo algo que ver con una función pública no es querer justificar que la acción propia no sea suficiente sino declarar que la Administración no es más que el arte de gestionar crisis y que son los pueblos, los únicos que hacen historias y conquistan derechos.

ii.                   Estamos en Guerra

La humanidad, esa creación maravillosa que se da cuando los homo sapiens se unen, crean sus sociedades y sus esperanzas es la única creación de Dios que inventó la guerra. Ese arte del conflicto, con sus herramientas y presupuestos es tan antiguo como el mismo tiempo. Nuestro mundo ha ido cambiando desde ese entonces, donde nos imaginamos que los conflictos se harían a empujones y mordiscos, pasando por toda nuestra evolución hasta llegar a la terrible idea de la guerra nuclear, la guerra química y  la guerra psicológica.

Esta guerra psicológica no es un tema que acabe de ser descubierto y menos para los países que fueron colonizados por las armas pues la cultura y la comunicación  que son las más perfectas armas de dominación, nunca han podido liberarse del todo y por el contrario en el siglo XX con su maravillosa cajita (televisor) y en el siglo XXI con la emergencia de lo virtual la situación se hizo peor.

En Venezuela, esta realidad se hizo palpable desde hace mucho y Mario Briceño Iragorry lo testimonia en su libro de 1952, “Alegría de la Tierra” donde nos cuenta,

“Los medios han mejorado en los últimos años, y hoy para la ocupación no es necesario hacer uso de marinos ni de lindas naves de guerra. La ocupación se hace lentamente, suavemente, alegremente. No es preciso exponer el propio pellejo ni asustar a los indígenas. Todo lo contrario. Los indígenas se sienten profundamente complacidos “no hay como los jugos americanos” decía en estos días cerca de mí una fatua señora de la aristocracia caraqueña. “Eso de que a uno no le quede ni el olor del verdin en la mano es una gran cosa”. Esta señora es una legítima pitiyanqui, al servicio inconsciente de la invasión extranjera. Y lo que se diga de los enlatados, puede y debe decirse de los demás productos importados. Son los marinos de la nueva ocupación a quienes los pitiyanquis abren festivamente los caminos de la Nación.”

Sobre ello, la arremetida del imperialismo contra Venezuela ha sido salvaje desde el momento mismo que en cualquier año de la cuarta República alguna bandera se alzase pidiendo Independencia y así lo testimonian los Documentos Del Movimiento Revolucionario Venezolano 1960-197, publicado en el año 2010 por la Asamblea Nacional. Hablar de cómo ha sido esta acción en tiempos de Revolución es desviarnos de nuestro propósito central.

Ahora bien, vista la situación económica en Venezuela podríamos plantearnos unas interrogantes para comenzar a estudiar este fenómeno, pues tiene muchas aristas y ha avanzado a un punto que quizás algunos olvidemos que hace unos meses unos personajes aparecían sádicamente afirmando que a la economía nacional le habían inoculado todos los virus necesarios para su propia destrucción, en una versión parafraseada de aquello de hacer chillar la economía chilena.

alonso

Es Rodrigo Alonso quien, en los trabajos que recientemente he conocido hace una mejor síntesis de cómo se siente y se explican estas situaciones según la postura ideológica de las personas. Lo cual, es sumamente importante ante hechos tan agobiantes como los que vivimos, pues la realidad es tan sólo una cuestión de perspectiva.

Es la opinión de Alonso (2015) que “la guerra económica puede ser analizada según diferentes frentes (cambiario, inflacionario, productivo) y según dos dimensiones: la táctica y la estratégica. La dimensión táctica u operativa es la correspondiente al bachaqueo, el contrabando de extracción, el acaparamiento, las mafias de frontera, entre otros. La dimensión estratégica es la que se relaciona con las estructuras de poder económico consolidadas, las debilidades económicas estructurales, entre otros elementos de envergadura que hacen a la estructura económica y de poder que aún prevalece en Venezuela.”[2] Lo que caracteriza la acción que según Boza (2014) “realiza la burguesía “contra el pueblo, en respuesta a sentir amenazado su “derecho histórico” de apropiarse de la renta petrolera, donde la manipulación de los precios actúa también como catalizador de la conspiración (una vez más) para intentar derrocar gobiernos.”[3]

Para lograrlo, como verbalmente lo ha sostenido en varios espacios Tony Boza, una acción central es borrar los referentes, todo aquello que nos permita tener un silogismo o una regla de tres que nos indique que es normal el precio de algo. Por ello, en Venezuela en este momento los precios de las cosas no guardan relación alguna con el valor o la apreciación de los bienes o servicios. Son tan sólo producto de alguna manipulación que tiene lugar adentro del comercio o fuera de él, en Venezuela o fuera de aquí. Esta situación genera pensamientos neuróticos en cada caso pues la comparación de precios deja de hacerse en relación al salario trasladándose a pensar en el precio de alguna otra cosa.

Esta no es nuestra principal neurosis. En mi opinión, es la del abastecimiento la que ha generado una tensión psicológica mas difícil de superar pues obedecemos a un razonamiento desprovisto de concordancia pues la lógica ya no es comprar lo que se acaba en casa sino comprar lo que dicen que no hay/cuando lo hay/por si deja de haber.

En esto la situación es fácilmente comparable con la relación entre la delincuencia (hecho objetivo de quebrantamiento de normas penales) con la inseguridad (sentimiento individual o colectivo de ser una potencial víctima de un hecho concreto) puesto que no necesariamente concuerda la tasa de los hechos reales con la sensación de que un daño pueda concretarse y en ello, la manipulación mediante la construcción colectiva o inducida del miedo es el verdadero factor determinante.

Si aceptamos entonces la hipótesis que estamos en guerra, la pregunta podría ser quienes están en guerra o cuáles son los estandartes bajo los cuales dos grupos, de determinada o indeterminada dimensión, se enfrentan. En mi opinión, la guerra no es por el gobierno sino por el sistema y no es contra el gobierno sino contra el pueblo.

Así, las contradicciones que tendríamos serían aquellas de,

·         un sistema en el cual la distribución de la renta petrolera fuese continúa y naturalmente a la mayoría trabajadora, libre de las trampas y justificaciones que las llevan a minorías que no las producen.

·         una noción de bien común y utilidad pública, que llamaríamos técnicamente de realidad de los derechos socioeconómicos frente al abuso de la posición de dominio y del derecho de propiedad.

·         el individualismo frente a la construcción comunitaria.

¿Ahora, estas dimensiones se encuentran en cada acto concreto de los sujetos que se enfrentan? En mi opinión cada vez que actúa un actor de la guerra económica chocan estas tres situaciones. Pues el tema cambiario es un elemento macro que está detrás del contrabando de extracción que no es también la vía de un enriquecimiento estéril y  la manera más directa de extraer reservas internacionales y ganancias petroleras del sistema de redistribución masivo de la riqueza.

Es para mí, el bachaqueo más allá de cualquier consideración penal un acto de enriquecimiento estéril, mediante el cual los plazos de mejoras a mediano y largo plazo propuestas por la revolución se diluyen en un inmediatismo falaz que omite que mediante la puja de sectores, que en su mayoría no son económicamente pudientes, que antes que se revenda el producto habrá aumentado el precio de todo el universo de bienes y servicios que requiere ese mismo individuo para sobrevivir.

Esta afirmación de que se está en guerra, no es una cosa cualquiera. Su realidad, palpable cada día y a cada mordisco de pan nos lleva a cuestionarnos las bases de nuestra República, la cual está siendo sometida a varias formas de desmembramiento territorial y moral mediante una campaña que pretende convencer al pueblo que el gobierno que el mismo eligió y es, el más incapaz de todos y por ende, no merece defensa alguna.

Así las cosas, estando en guerra, se trata del tiempo de la resistencia que se organiza desde el sentimiento y metro a metro, frente a la invasión y en Venezuela, la forma mediante la cual el combate se ha de librar quedó claramente establecido en el pensamiento chavista: no es otro que la organización popular, cuyas formas y poderes conocemos para el ejercicio directo de la acción de gobierno.

Estas líneas que he denominado “Apuntes sobre la Guerra Económica” que no son las primeras que escribo sobre el tema difieren de otras que desde la perspectiva de abogada he escrito sobre el tema. Vienen cargadas de la tristeza que produce el olor de la carne putrefacta por toneladas, de los espacios vitales y las relaciones de vecindad marcadas por mecanismos de lo absurdo. No se proponen darle una respuesta a nadie ni justificar nada. Proponen invitarlos, a todos desde sus espacios a la construcción y al experimento, a inventarse conservar un sueño que nos exige sobre la sabiduría acumulada construir uno o más nuevos modelos.

[1] Discurso de Hugo Rafael Chávez Frías. ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE Sesión del día miércoles 5 de agosto de 1999

[2] ALONSO Rodrigo,  Las bases estructurales detrás del dólar paralelo, http://www.albatv.org/Las-bases-estructurales-detras-del.html

[3] BOZA, Antonio. La Guerra contra el Pueblo. Reflexione para el contraataque popular. Fundación Construyendo Soberanía Página 7.

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