Tiempos de agonía

agoniaEn Montevideo preparan la publicación de un libro inédito de Eduardo Galeano. Quizás ese texto pueda dar razón de este momento del mundo al revés. Quizás todos los años de la humanidad han sido así y por eso murió Cristo, por eso primero hubo plazas y días a Cristóbal Colón que recuerdos de los pueblos que surcaban estas aguas, subían estos cerros, eran este Continente. Puede que el tango tenga razón y el mundo siempre ha sido una porquería pero lo que pasa hoy en día, en estos meses, parece de maldad una exageración.

Olvidémonos de las promesas de la posguerra o del inicio del Milenio, las calles parecen rebosar de sangre y pese a que cada año se pongan flores en Auschwitz, es la Europa continental la que está llena de los nuevos guetos de Varsovia y otros tantos enclaves que quizás incluso envidiarían algún rasgo de humanidad de aquél infierno.

El sistema de venta de la guerra, con sus armas y sus promotores venía decayendo, el fracaso de las operaciones en Irak o en Afganistán parecían despertar una conciencia crítica de los padres de los soldados que no entendían tan natural enviar a sus hijos a la muerte. Por eso, el sistema de la muerte vino a matarlos en casa para que la amenaza fuera concreta y la guerra eterna.

¡Ay la guerra eterna que hoy se llama terrorismo! ¡ay! La guerra en el esquema del terrorismo nos hace a todos en permanencia víctimas y victimarios potenciales. Las leyes patriotas se multiplican y condenan, pese a la popularidad del Papa, la solidaridad cristiana, musulmana o budista.

Quizás ver tapizado el mundo de declaraciones, de amenazas contra el Estado Islámico nos haría sentir más en una película sino recordáramos como antes fueron por Bin Laden y murió tanta gente que no mereció ni si quiera ser contada. Hoy, buscan líderes y sacan nombres como trofeos pero tan sólo sabemos que buscan “algo” entre los extranjeros.

Así nos pican, así nos muerden. Vienen devorando el continente con muy poca disimulación y todos estamos confundidos. Parece que es difícil engranar tantas cosas y que nadie puede ver la totalidad de lo que pasa distinguiendo las causas de las concausas.

¡Argentina, por Dios, Argentina! Desde allí se borra la noción de soberanía, lo que pasa no es ni Nacional ni un cambio de política. Es la noción misma de la Patria –chiquita y grande- lo que se pisotea.

¡Brasil, nuestro Brasil! Allá se hacen agua todas las garantías de separación de poderes, la presunción de inocencia y la responsabilidad individual por los actos. Estas son las premisas mínimas que heredamos del siglo de las luces.

La vida en Venezuela se somete a un proceso infinito de asfixia. La cotidianidad se ha vuelto una especie de gesto heroico distrayendo y diluyendo la capacidad de avanzar;  a esta pauperización nacional dirigida por una guerra tan absurda como es la del petróleo que rebotará en el Norte traducida en horribles sismos se le suman los actos más ruines de desprecio por la vida.

De convencer a algunos de los bombillos espías a otros nos faltó velocidad para ver cuán amenazado estaba el movimiento bolivariano donde nos han arrancado tantos nombres nobles y ahora, haciendo gala de alevosía da lo mismo degollar la vida de un universitario en el Zulia, Eleazar Hernández,  que pasarle por encima a dos policías jovencitos que iniciaban su carrera. Ellos también tenían nombres eran Nicolle Melissa Pérez Soler y Otto Márquez.

Mientras esto pasa, el olor de la sangre aun no se limpia de Bruselas y empiezan a darle una promoción inusitada a un supuesto atentado frustrado en Washington. Eso al mismo tiempo que Francia anda declarando que está a la espera-prevención de otro atentado en París.

En Estados Unidos, las elecciones de este año no son como se dice en casa entre el “menos malo” creo que eso no existe esta vez.  Dos acérrimos enemigos de la América Latina van por el capitolio y eso creo que es todo lo que hay que retener.

Las barbaridades que ya tienen un rato tampoco se han detenido. No alza Palestina la bandera de su paz, ni deja Israel de atemorizar niños ni deshumanizar tierras. Ya nadie puede ocultar la sequía que amenaza con el apagón y la crisis humanitaria generalizada. Los cuerpos internacionales andan zigzagueando los escándalos. No hay avances en la adopción de los derechos sociales.

En el discurso de Obama en Cuba y en las prácticas de vivienda de México, en la guerra resurgida en Centroamérica parece que se devela que los tiempos del reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas se opacan. La contrarrevolución ganó contra los indios en Bolivia  y su situación de desnutrición en Colombia no pudo seguir siendo callada.

Hace muchos años me preguntaba cómo había sobrevivido la gente a los capítulos oscuros que contaban los libros de historia, cómo se despertaban y se casaban en las grandes guerras, cómo no morían masivamente de tristeza en Gaza… Ahora me pregunto cómo no nos damos cuenta de que estamos en otro capítulo oscuro que aun no ha sido ordenado y dimensionado. Otro del que esperan que los proletarios, los republicanos, los nacionalistas, los comunistas, los socialistas, los gitanos, los árabes, no se levanten.

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Vivienda o propiedad: una trampa para bobos.

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Gran Misión Vivienda

El 17 de marzo, en el programa “Tres y dos” de Venezolana de Televisión se presentó un interesante debate sobre el régimen jurídico de la Gran Misión Vivienda Venezuela. Estas, que conforman un conjunto heterogéneo de casas construidas por la vía de acuerdos internacionales, por autoconstrucción o por producción pública nacional constituyen la única política pública sistemática de vivienda con resultados tangibles y masivos en la historia de Venezuela.

El instrumento que actualmente se debate es el Proyecto de Ley de Otorgamiento de Títulos de Propiedad a Beneficiarios de la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV), al cual la derecha se refiere comúnmente como la Ley de Propietarios que contiene como denunciaba el Diputado Ricardo Molina una serie de trampas derivadas de la perdida de los soportes de los subsidios que permitieron que los precios de las viviendas de la Misión fueran tan distintos a los del sector privado, o, que incluso, en caso de causa mayor las mismas fueran adjudicadas de manera gratuita.

Seguir en ese debate, planteado sobre la legitimidad o no de una persona de aspirar a ser propietaria, entrar en la disertación de la existencia de ciudadanos diferentes entre unos y otros es obviar que lo que es distinto es el derecho a la vivienda y el derecho de propiedad. Cierto, ambos son constitucionales pero son antónimos .

La propiedad, derecho sagrado del liberalismo, se obtiene mediante la herencia o por las transacciones económicas que permiten acceder a ella. Su presupuesto básico es el dinero y existe en el país, por lo menos, desde que llegó la Colonia y sin duda alguna sin modificaciones sensibles desde la Independencia.

La propiedad no deriva en ningún caso de la dignidad de sus propietarios y en todas las legislaciones se reconoce que personas morales, es decir, ficciones distintas a los humanos pueden ser propietarios. Allí, la propiedad de las compañías, del Estado, de las Iglesias, de las Alcaldías, etc.

Distinto es el derecho social a la vivienda. Este derecho surgido en los catalogos constitucionales con posterioridad existe respecto a quienes no tienen acceso al sistema de propietarios. Su contenido, o, como dicen los abogados, el bien jurídicamente tutelado, no es el patrimonio, es la necesidad de condiciones materiales mínimas para un normal desarrollo personal.

Con ello no quiero decir que una persona con dinero no tenga la posibilidad o el derecho a obtener una prestación positiva del Estado sino que estos son derechos derivados de las luchas obreras que exigieron a aquél ausente Estado policía intervenir frente a los níveles de miseria que les causan los salarios no que no alcanzan sino, cuando mucho, para sobrevivir.

La atención de los derechos sociales exige una planificación para garantizarlos progresivamente además haciendo enfasis en los grupos más vulenerables: poblaciones empobrecidas, mujeres, personas con discapacidad, grupos étnicos minoritarios, etc.

De allí, que la vivienda sea un derecho del Estado de bienestar. Su “boom” en Europa se encuentra en la posguerra y la formula política para garantizarlo no implica en la mayor parte de los países el derecho de propiedad de nadie. Pongamos un ejemplo concreto que pueden revisar en la web. En el caso de Francia, la política más largamente desarrollada en materia de vivienda y que cuenta con 10 millones de beneficiarios es un programa llamado “Habitation à Loyer Modéré (HLM)”, mediante el cual un conjunto de edificios conformados por unidades de vivienda, más o menos sencillos, más o menos grandes, se someten a un costo de alquiler es controlado por el Estado.

Este monto, que se establece considerando distintos factores es lo que permite que un número tan importante de residentes galos tengan como vivir. Sin embargo, estos no pueden  de ninguna manera, en ningún tiempo y mediante ningún papel aspirar que esa construcción donde demoran será algún día sea suya. Por esta razón nunca terminan de pagarlos y llegadas las crisis económicas, como la que golpea el país desde el 2008, pueden terminar teniendo que entregar hasta la solución habitacional.

Es ese supuesto, el de la no reversibilidad el elemento central de la concepción de la política pública de garantía de la vivienda que se desarrolló en Venezuela tanto el que se garantizó estableciendo un regimen jurídico de naturaleza similar a la propiedad en todo menos en lo referido a la enajenación del apartamento.

Por ello, hechos los pagos del monto subsidiado del apartamento, la familia a la que se le adjudicó tiene la tranquilidad de saber que ese apartamento es y será suyo; será heredable por sus familiares, etc., con la única limitante de que esa propiedad no podrá cotizarse libremente en el mercado secundario puesto que la erogación pública no puede transformarse en beneficios individuales desproporcionados y sin base constitucional alguna.

La propuesta de la derecha es eliminar todos los sistemas de protección y someter las viviendas al regimen común de la enajenación.Por lo cual, las bases de cálculo del precio cambiarían, y, las formas de pago se llevarían bajo el regimen ordinario de la banca, el cual, parece ser la aspiración parlamentaria ha de ser cada vez más libre. Por ello, no es descabellado observar que lo que se pretende es darle a los bancos el dinero que ellos nunca le dieron a la gente.

La propuesta de Venezuela de la vivienda que utiliza los recursos presentes para garantizar la dignidad de las personas que en el sistema de exclusión capitalista no tienen como acceder al sistema civil de propiedad establecido desde la creación de la República, es un sistema de protección del derecho sin precedentes y debemos cuidar no caer en el debate al cual quieren llevarnos de tratar como sinónimos dos antónimos.