DEMOCRACIA, DERECHOS HUMANOS Y “BACHAQUEO”

2016-01-20T130328Z_674596917_GF20000100387_RTRMADP_3_VENEZUELA-SMUGGLING-899x600En Venezuela, desde finales del año 2012 se viene produciendo un fenómeno sistemático de boicot de distribución y comercialización de los más diversos productos. Nacido para la reventa de los productos regulados en el mercado internacional y/o informal en los estados fronterizos, el fenómeno no tardó demasiado en expandirse por el país alcanzado sus puntos más álgidos desde finales del año 2015.

El “bachaqueo” consistente en la compra con intención de reventa de productos regulados o no, así como en el desvío a centros de distribución clandestinos los camiones en los que los productos salen de las fabricas; es un fenómeno en el que se integran distintos actores, en roles diferenciados y que constituye un profundo juego psicológico en contra de la población venezolana.

Por la vía de su extensión territorial la práctica combina una operación de aglomeración permanente de personas en lugares estratégicos –no carente de posibles complicaciones de orden público o beneficios para prácticas violentas- como de alteraciones de distribución consistentes en la negación de un producto –o varios- a una zona, ciudad o estado, seguido por una distribución excesiva de los mismos, mediada por el cambio de las formas de comercialización. Adicionalmente, se observan alteraciones en los despachos que pasan a ser más o menos frecuentes, de cantidades mayores o menores a las habituales o solicitadas. Consistente en todas estas prácticas, el bachaqueo ha pasado de ser un mecanismo menor a un drama permanente cuyos perpetradores vienen a ser protagonistas de la vida cotidiana de la población.

Para evitarlo o contenerlo, el Estado ha desplegado acciones de distinta intensidad y naturaleza jurídica. Se dictó la penalización de la acción; creó Comités, Comisiones, y Comandos; realizó declaración y seguimiento de los despachos; acompañó la actividad comercial; determinó una organización de las compras; incorporó controles electrónicos de los despachos; etc.

Cada una de estas acciones lograron tener un efecto insuficiente en sí mismas, moderado en su combinación para revertir los efectos de estas acciones que paralelamente fueron mutando y expandiendo los productos que dominaron; así como las maneras en las que los mismos se comercializaban. Así, de la venta en las vías públicas se pasó a páginas web del estilo de Mercado Libre y de allí, una vez sometida a un cierto control, a las redes sociales donde además los nombres de las transacciones u ofertas también han ido cambiando. Al tiempo que de “bachaquear” la comida se llegó a lo regulado y luego, a todo lo necesario. Develándose como única conclusión posible que no puede seguirse viendo como una forma aislada o producto  de una constatación individual o de grupúsculos que esta actividad resulta más lucrativa que el empleo formal.

Lo que ocurre en Venezuela, como bien lo sabemos, forma parte de la combinación de técnicas que suelen utilizarse para debilitar un gobierno o impedir la consolidación de un modelo de país distinto o adverso a los intereses predominantes, y, no constituye en su totalidad una novedad para el derecho. Ciertamente, para el año 2012, el fenómeno sorprendió a la normativa penal que no lo conocía y que únicamente castigaba sus dos conductas relacionadas: el acaparamiento y la especulación, latigadas por recurrentes e innobles desde la Constitución pero la destrucción de la economía con los fines de dominar un pueblo, o, hacer insoportables sus condiciones de vida si están previstas en el núcleo duro de los derechos humanos.

Vemos como, a los efectos de la Organización de las Naciones Unidas, el “sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial”[1] es una forma de genocidio. Teniendo tan sólo que destinarse el tiempo y las investigaciones a develar si en efecto resulta exagerado o no afirmar que estas organizaciones están actuando con esta motivación. Lo cual visto desde las consecuencias no parece del todo improbable. Al igual que “otros  actos  inhumanos  de  carácter  similar  que  causen  intencionalmente grandes  sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física”[2] constituyen según la misma instancia universal, crímenes de lesa humanidad.

Evidenciar lo ocurrido en esta dimensión y no como denuncias aisladas que señalan a corporaciones en específico de cambiar la oferta, de restringirla expresamente, de modificar las condiciones de distribución y comercialización es un imperativo para entender tanto que se trata de un fenómeno inducido.

Al respecto, es necesario que recordemos como en la fase que inició algunos portavoces imperiales hablaban de haber introducido en Venezuela infecciones económicas que no serían superables para el gobierno y que destruirían la Revolución. De igual forma, entendido en su justa dimensión, es importante observar que en la práctica del bachaqueo existe un viejo dilema para los derechos humanos y es la posibilidad –o no- de un sujeto de renunciar a sus derechos y a su propia dignidad.

Famosa fue a este respecto la decisión francesa, luego reafirmada por la Corte Europea de Derechos Humanos sobre la posibilidad de un enano de trabajar siendo arrojado al aire en una discoteca; lo cual los juzgadores terminaron al considerar que nadie podía renunciar a su propia humanidad y este, es un uso para cosas y no un trabajo para personas. Hoy en día, grande es el silencio de los juristas venezolanos sobre la capacidad –o no- de las personas de decidir por ellos y por niños, niñas y adolescentes si este es un modo normal de ejercer la vida, incluso privando a los últimos de la asistencia habitual a la escuela, al médico o al consumo de los productos que adquirirán para terceros.

Me atrevo a afirmar, como aquí lo hago, que parte de esta visión de urgencia y gravedad, de ánimo criminal de la práctica y de la sistematicidad de la misma es lo que hace que tenga tanta razón en su denuncia el compañero Luis Britto García[3], porque hay que tomar en cuenta que el fenómeno es transversal y sus actores protagonistas.

En tal sentido, las acciones del Estado que han significado un esfuerzo incansable no pueden superar el fenómeno porque estas son derivadas de la administración y como tal, tratan de poner orden a una situación caótica. No son acciones de participación de un pueblo protagónico pero se enfrentan a acciones destinadas a eliminar el carácter protagónico de la participación. Valga la repetición gramatical.

Cada año, se avanza en reconocer que las personas distintas al Estado, en especial aquellas dotadas de un gran poderío económico tienen la capacidad de cometer violaciones a los derechos humanos. Incluso, algunas de las trasnacionales que se dedican a producir o a importar estos bienes han estado en el pasado en grandes escándalos por hacer privar sus intereses económicos sobre la salud de sus consumidores, o, la autodeterminación de los pueblos sobre los cuales se instalan.

El asunto ha de resolverse. Entenderlo forma parte de los pasos para llegar a ello y sin duda esto no será posible sin una lectura latinoamericana de las actuaciones presentes e históricas de las compañías y de las campañas de destrucción psicológica y de distracción de los gobiernos. Una vez que a estas conclusiones y sin duda, las muchas más que deben alcanzarse se haya llegado será necesario cuestionarnos si el enfoque del Estado –y no tan sólo de la Administración Pública Nacional- ha sido el correcto en la materia.

Son muchos los actores que necesariamente deben actuar de una manera coordinada y no tan sólo en la indescuidable tarea de organizar mercados a cielo abierto, fiscalizar los sujetos de aplicación o prevenir alteraciones de orden público sino principalmente para garantizar los derechos humanos y la dignidad de todos y todas, incluso de aquellos y aquellas que parezcan tener la disposición de renunciar a ellos.

Uno de ellos, en mi opinión central, es el Poder Municipal provisto constitucionalmente de las más amplias facultades que se relacionan con la materia. Quizás no al nivel de sus causas pero sí sobre sus  consecuencias. Así, son competencias municipales: la vialidad urbana; circulación y ordenación del tránsito de vehículos y personas en las vías municipales; servicios de transporte público urbano de pasajeros y pasajeras; así como, la Justicia de paz, prevención y protección vecinal y servicios de policía municipal, conforme a la legislación nacional aplicable.

Pensar en ello, desde la responsabilidad y la capacidad de todos los actores, como un problema de Estado que debe ocuparnos no tan sólo por orden del Ejecutivo sino en permanencia y buscar las maneras de darle el protagonismo verdadero, aquél de la soberanía intransferible, a las personas lleva a negarnos por completo al derrotismo por proyección de los intentos pasados.

Ese bachaqueo, que se ha apropiado hasta del verbo “comprar” en el país, borra los avances en los derechos políticos de la gente al someterla al interminable calvario de las compras; elimina el día adicional de descanso, y, ataca fatalmente la equidad de género. Seguir pensando que el que no haya sido derrotado aún es un síntoma de incapacidad de los compañeros o de corrupción estructural e irremediable de la Revolución es olvidar que la primera frase de nuestra Constitución contiene el compromiso de nosotros “el pueblo de Venezuela, en ejercicio de [nuestros] poderes creadores e invocando la portección de Dios, el ejemplo de histórico de nuestro libertador Simón Bolívar y el heroísmo y sacrificio de nuestros antepasados aborígenes y de los precursores y forjadores de una patria libre y soberana” nos propusimos refundar la República para establecer una “sociedad democrática, participativa y protagónica”.-

[1]  Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, Art. II

[2] Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, Artículo 7, 1,k

[3] Luis Britto García: “Donde hubo un país solo queda un abismo con bachacos”  http://www.analitica.com/actualidad/actualidad-nacional/luis-britto-garcia-donde-hubo-un-pais-solo-queda-un-abismo-con-bachacos/

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