Sonreír bajo la lluvia

SonreírQuienes me conocen saben que suelo otorgarle a pocas cosas más fuerza que a las fechas. Entre ellas, siempre he tenido este asunto de amor y odio hacia mis cumpleaños porque el tiempo me presiona enormemente ¿porqué tanto? Lo ignoro. Recuerdo a eso de los siete años mirarme en el espejo y sentir que aún no crecía a lo suficiente. Tantos años después no logro que esa sensación termine de abandonarme. Esta vez la presión no ha sido menor y he tenido la obligación de canalizarla. Por eso, he vuelto a escribir poesía con una frecuencia que ya no era la normal. Escritos así, un poco en cualquier parte sobre el celular, las servilletas, los cuadernos he decidido agruparles para responderme tres preguntas y lograr, como el título sin pretensiones lo dice, Sonreír bajo la lluvia. Este conjunto de quince simples versos, nacidos con estas motivaciones y en este contexto quieren también servir de regalo a alguien que a veces ignora su tamaño en mi vida y en mi escritura. Por eso, son para tí, querida Jacqueline Montes.

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“Querido rey.” Mirada a nuestro mundo poscolonial

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Imagen de Hernán Cortés

El 9 de julio de 2016, en el marco del bicentenario de la independencia de la República Argentina el Presidente de la nación suramericana supo levantar la indignación de un sector importante del continente. Así fue como, sin ningún disimulo y con la paradójica presencia de la Corona española el líder de las derechas continentales dejó en evidencia una verdad que se escapa en comentarios aislados en todo el continente. ¿Es la Independencia latinoamericana un estado al cual todos sabemos aferrarnos? La respuesta quisiéramos que fuera afirmativa pero es difícil sostenerlo en pueblos que han sido víctimas en permanencia de estrategias destinadas a evitar su completa libertad.

¿Cómo viven los pueblos que han sido colonizados, durante y después, de estos brutales saqueos? ¿Cómo se construye la identidad cultural? ¿Ha habido para algún país de África, del sureste asiático o de América Latina, un día libre de acoso?, y, finalmente ¿cómo se construye la ciudadanía de estos pueblos?

Pongamos en primer lugar una verdad evidente sobre la mesa. Todos nuestros países cautivos han tenido un admirable proceso de resistencia que empezó el día mismo que la bota extranjera quiso someterlos. La humanidad resistió con su lengua, su religión, su baile, el éxodo y la vida. Por este instinto, pagado a los más altos precios todavía se masca coca y se baila tambor, se come casabe y se teje con palmas. Por esa raíz, tan profunda del hombre con la tierra misma y su historia siguen resistiendo miles en todo el continente, con el apoyo –escaso y raro- y contra la represión del Estado convertido mayoritariamente en aliado de los intereses foráneos que lo fundaron.

Pero si esa es la resistencia ¿qué es la colonización? Sobre todo cuando se ha declarado formalmente extinta y nunca se ha reconocido masivamente que en ciertos modos de relacionarnos en lo cultural, económico, social y política sobrevive la misma opresión así se llame hoy “evolución”, “progreso” o “globalización”.

La colonización es ante todo un proceso de destrucción del autoestima de un pueblo por la construcción ideal de dos sujetos: el colonizador y el colonizado. Entre los cuales, como dice Albert Memi, el colonizador es “un hombre alto, bronceado por el sol, que calza botas, se apoya sobre una pala –porque siempre está presto a empezar a trabajar- y mira lejos en el horizonte de las tierras que ahora son suyas. Tiene el don del trabajo y sabe sanar a los enfermos, su saber hace avanzar la cultura, es un noble aventurero, en sentido estricto, un pionero.[1] Entonces, el colonizador representa lo bueno y está libre de esas pesadas cargas del criollo, no sufre de una propensión a la picardía, ni rehúye del trabajo, ni se rebusca ni evade las leyes.

Ese ser no se fue nunca de los pueblos colonizados y no porque siga viviendo en nuestro país donde se fundió –o no- con los otros habitantes del país sino porque vive en el sentimiento de vergüenza de no ser como él.

Frente a él o con mayor precisión debajo de él se encuentra un segundo sujeto, el colonizado a quien todo le está prohibido y una de las primeras cosas es la confianza en su propia capacidad y el cariño por su propia historia. Así, lo cuenta Franz Fanon:

“El indígena es un ser acorralado, el apartheid no es sino una modalidad de la división en compartimientos del mundo colonial. La primera cosa que prende el indígena es a ponerse en su lugar, a no pasarse de sus límites. Por eso sus sueños son sueños musculares, sueños de acción, sueños agresivos. Sueño que salto, que nado, que corro, que brinco.

(…)

Frente a la situación colonial, el colonizado se encuentra en un estado de tensión permanente. El mundo del colono es un mundo hostil, que rechaza, pero al mismo tiempo es un mundo que suscita envidia.

Hemos visto cómo el colonizado siempre sueña con instalarse en el lugar del colono. No quiere convertirse en colono, sino sustituir al colono. Ese mundo hostil, pesado, agresivo, porque rechazando con todas sus asperezas a la masa colonizada, representa no el infierno del que habría que alejarse lo más pronto posible, sino un paraíso al alcance de la mano protegido por terribles canes.

 

El colonizado está siempre alerta, descifrando difícilmente los múltiples signos del mundo colonial; nunca sabe si ha pasado o no el límite. Frente al mundo determinado por el colonialista, el colonizado siempre se presume culpable. La culpabilidad del colonizado no es una culpabilidad asumida, es más bien una especie de maldición, una espada de Damocles. Pero, en lo más profundo de sí mismo, el colonizado no reconoce ninguna instancia. Está dominado, pero no domesticado. Está inferiozizado, pero no convencido de su inferioridad.”

 

Pero esta estructura, tiene entre estos dos puntos extremos sus uniones que, con la brutalidad de los capataces o los custodios reproducen la historia. Podrían ser las que Briceño Iragorry llamaba fatuas señoras de la rancia oligarquía caraqueña, que estaban al servicio de la invasión extranjera prefiriendo hasta el ridículo los productos extranjeros o los pasquines que desde el siglo XIX advertían la latente desgracia que sería que Venezuela deviniera una “alpagatocracia” donde los pardos aspiraran y obtuvieran alguna forma de poder.

Algunas frases nos siguen contando esta historia y no son a nuestro pesar tan sólo el ejemplo ridículo dado por un reincidente como es el ciudadano Presidente de la República Argentina porque por allí siempre se cuela alguno hablando de la “Madre Patria”, “si no hubiese sido por la Independencia, seríamos europeos”, “es que tu sabes aquí como es todo…”

Y hoy en día por demás muchos de los que acuñan y atesoran aquellas frases vergonzosas emprenden la tarea de comparar aquellos mundos, construidos con el despojo de Potosí, el intercambio de oro por espejos o el sacrificio de indios ahogados buscando perlas, esto, por sólo hablar de América refiriendo la desgracia de haber nacido tan distintos a aquél colono ideal.

Hombre que por cierto no existe ni en el continente que trajo la maña de robar y acomplejar a las víctimas de sus crímenes, ni en los mejores alumnos en tal escuela que ocupan la parte más norte de nuestra tierra.

Con esta realidad se conseguirán quienes emprendiendo la tarea de emigrar se sienten un ratico más de cerca con la realidad y salgan de los imaginarios que tan sólo difunde la ideología colonial.

Para todos los demás la advertencia que  hay más de uno con el triste atrevimiento de querer venir a gritar “¡Viva el Rey y viva España!” en nuestra tierra santa.

 

[1] Traducción Libre. Albert Memi. Retrato del Colonizado. Página 33

Frente a las decisiones impopulares

Cuandoesperanza a Dilma Rousseff, a un par de horas del Empeachment, le preguntaron si ella sentía que lo que ocurría en Brasil era una situación provocada por intereses foráneos, sin titubear afirmó que la jugarreta era una iniciativa nacional. A unas seis semanas de aquello, desde la silla del Presidente, Michel Temer afirmaba que las medidas que debería tomar eran, como quien habla a su pesar, evidentemente impopulares.

Impopulares como el pesado aumento de los servicios públicos en Argentina y la vergonzosa historia de la reforma laboral en Francia, adoptada a traición por el Ejecutivo en un país incendiado.  Impopulares como los eventos terribles que ya resultan cotidianos: el asesinato a traición de un joven afroamericano en plena vía pública en Estados Unidos, el éxodo de los países destruidos por invasiones sangrientas, y, la encarcelación masiva de los que llegan al hemisferio norte… ¿pero, cómo nada de esto logra un impacto mayor?

En Venezuela, en la nueva arrogancia de la derecha, la frase de Temer también fue utilizada –con una similitud gramatical sospechosa- advirtiendo con ella que, de tener el gobierno, para evitar la crisis o solventarla tomarían “medidas impopulares”. Las cuales, por ser tomadas del mismo manual, sabemos que irían contra los servicios públicos, las prestaciones laborales y la protección de los pequeños ahorristas y propietarios. Lo que en nada dista del discurso argentino en el que Macri dice que las medidas que ha tomado, en contra de los trabajadores, le han dolido a él mismo pero son la única alternativa.

Parece entonces, que vivimos tiempos donde se aspira a la destrucción uniforme de la protección social y a su reemplazo, cueste lo que cueste, por una micro estructura favorable a los grupos económicos que ya abiertamente reconocen que son los que hacen la prensa, el mercado y la guerra. Esa aspiración concentrada en pequeñas manos dotadas de infinito poder requiere que la gente no la devele y para ello, fabrica con antelación los enemigos caricaturescos que, como el coco, deben ser universalmente temidos.

El panorama mundial amerita espantarse. Algunos logros que se tenían por irreversibles se van haciendo un puñado de polvo y no existen en el presente indicios claros que permitan saber hacia donde se dirige la humanidad. Hablemos de los derechos civiles y veremos el capítulo vergonzoso del indiscriminado aumento de la violencia pública contra manifestantes y líderes sociales; o, de derechos ambientales y cómo empeora el estado de la Amazonia en pleno; o, del derecho a la paz… Han vuelto a Europa los campos de concentración, el medioevo al África y cada vez más personas advierten que estamos en tiempos de una nueva guerra mundial.

Por eso, quizás no exista mejor coco ni mejor momento para hablar de él que ahora que se levanta el polvo sobre la Guerra de Irak, la invasión, que llevó a ese país de regreso a la barbarie después de haber derramado la sangre y manchado sus campos por la afirmación de Aznar, Bush y Blair de que aquél país tenía la capacidad de destruir la humanidad. Bajo esta luz, la del informe Chilcot resulta un tema impostergable la estrategia de la mentira repetida y la estructuración de un canon de vocerías para leer cuáles son los próximos objetivos militares de la OTAN y amigos incluso en contra de la ruidosa oposición de los pueblos en cuyos nombres se conforman estas alianzas militares.

En esto es importante ver que la manera en la que se decidió la suerte de Irak se sigue repitiendo, día tras día, contra nuevos pueblos. Un acuerdo de intereses llama a la construcción de una idea que se difunde, y, considerada justificada la aventura se emprende la conquista.

Como antes fue con Irak o Kosovo, en la actualidad, los medios internacionales parecen sufrir de una escasa capacidad de cubrir hechos nuevos y tener varias obsesiones como la Venezuela de Nicolás Maduro, además en un contexto en el que para Europa se dibuja una nueva América Latina, más parecida a Europa, donde se acabó la guerra en Colombia y donde Cuba es ahora en todo derecho una isla de placer, cercana y amigable a los intereses de los Estados Unidos. Ahora para Europa, también es rara la Gran Bretaña que sirve para recordarle a todo el mundo la nobleza infinita de la Unión, donde el racismo es menor y los aires de progreso son mayores.

Así, con el Brexit, se quiere lavar la cara de una estructura decadente que privó a los pueblos de decidir a nivel nacional sus propios destinos porque al final todo depende de la opinión favorable del Consejo de Europa porque sino el coco, de la suspensión o de la sanción económica volverá a carcomer la escasa esperanza que conservan los europeos.

Pero para alcanzar los propósitos de estas pequeñas alianzas, los medios y las estrategias psicológicas no se agotan en resonar los argumentos y razones de invasión. Tienen necesariamente un discurso destinado a los seres que aspiran destruir. Por ello, nos dedican parte de los disparos con el objeto de desunirnos y distraernos pues la única resistencia posible es el penoso trabajo de reconstrucción y avance, en lo concreto y en la esperanza.

¿Quién encarna el verdadero revolucionario? ¿Quién se distanció del gobierno? ¿Quién no dio la talla? ¿Cuál invento nuevo de la Presidencia de la Asamblea Nacional era falso u ofensivo? Muchas de estas temáticas se comen el tiempo de avanzar, nos distraen cuando la necesidad de este momento no es tan sólo resistir sino renovar las razones para continuar.

Anunciar las medidas impopulares resulta una estrategia de desmovilización temprana, un aditivo para el sentimiento de impotencia individual y colectiva, por eso, lo colectivo, el mañana, el tiempo prometido, el “2021” de Chávez debe tenerse, hacerse y defenderse.

Claro que estos son tiempos difíciles, el mundo se acerca a un punto de agotamiento y la avaricia sigue sin conocer límites pero en ellos siguen existiendo alternativas además de la opresión y la guerra. Ese grito del cambiemos el sistema, que supo Venezuela dar en Copenhague y que no puede mantenerse en la comodidad de la retórica. Más allá de la necesaria, cotidiana e inmediata derrota de un sistema enmarañado que impide el acceso a bienes y servicios, ya sea por limitar su presencia física o colocarlo a precios inaccesibles para el salario ¿qué aspira construir en estos tiempos el chavismo? ¿a quién le habla? ¿qué mundo, qué continente, qué país, que ciudad, qué barrio, qué calle aspira? ¿cómo borramos tanto vilipendio y recordamos que este es, por su clima y su historia, un país afortunado? ¿cuál vida aspiramos? ¿qué Caracas habrá cuándo le ganamos la partida a la delincuencia?

Por ello es que frente una ambición que pretende destruir con una misma receta toda la humanidad es tiempo de defender la idea de la unidad de los proletarios y tomar para nosotros el espíritu de pueblos como el palestino que confinados por el absurdo deseo de desaparecerlos sigue mirando el mar y reconstruyendo, piedra a piedra, cada ciudad. El derecho a soñar, a mantener la utopía como impulso, se debate en este momento. Si lo perdemos nuestras perspectivas futuras serán a lo mas aspirar a seguir haciendo lo mismo para lo mismo, lo cual, como herida de muerte nos dejará -a lo más- ser gobierno y nos impedirá ser y hacer la Revolución.

 

Caracas

@anicrisbracho

Lo dijo Thomas Jefferson: Extractos sobre el Poder Legislativo

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Pronto, la Asamblea Nacional concluirá su primera legislatura del año 2016. En ella, los incidentes han sido numerosos y se ha podido evidenciar la construcción de una nueva relación entre las ramas del Poder Público Nacional. En toda evidencia pretender hacer  con ellas un análisis de “puro derecho” de las cosas que vienen sucediendo resulta una aventura imposible. Por lo cual, a modo de crítica y balance quiero hoy compartir fragmentos del libro que es considerado el más importante de las guías del Derecho Parlamentario, aquél escrito por Thomas Jefferson cuando apenas nacían los Estados Unidos de Norteamérica y el siglo XIX. Nos sorprenderemos en nuestra lectura conjunta al observar la similitud de situaciones descritas con las que actualmente vivimos y como, salvo en algunos temas que decido expresamente evitar, sus posturas parecen análisis de nuestra propia Constitución. ¿Cómo es esto posible? Re

cordemos que la génesis del derecho el continente se encuentra profundamente hermanado, enraizado en las ideas que sobre el sistema inglés se llevaron a Francia Locke, Montesquieu y Rousseau, así como que llegaron mediante los barcos y la mazonería a los padres de nuestra República. Para esta lectura he querido traer aquello que describe qué responsabilidad tiene un parlamentario (Jefferson se preocupó en especial de los senadores pero se han tomado sus razonamientos como válidos para todos los representantes legislativos); hasta dónde llega su impunidad e irresponsabilidad, y, cómo se defienden las minorías parlamentarias. Así que, entremos en materia:

 

 

[[25]] Si la mayoría en un cuerpo deliberante puede, en virtud de su superioridad numérica impedir el efecto de las medidas

irregulares que tal vez quisiera tomar la minoría, esta por otra parte quedaría infaliblemente oprimida por aquella sino pudiera apelar a las reglas que se han adoptado sucesivamente como necesarias para la dirección de los debates, y que han adquirido por tanto un carácter de ley en la asamblea, pues solo mediante una observancia rígida de estas leyes puede ponerse a cubierto el partido débil contra los abusos e irregularidades que deben aquellas por su instituto precaver o reprimir: irregularidades y abusos que, llevada del sentimiento ciego de la fuerza, cometerá con harta frecuencia una mayoría dominante, para reducir al silencio a sus adversarios, y sofocar toda oposición que pudieran hacer.

 

[[32]] cuando un representante se halla en la imposibilidad de asistir a las sesiones quedan privados de una voz y de un voto los 30.000 comitentes que representa, como si se ausentase voluntariamente, sucediendo lo mismo cuando está ausente un senador, pues la mitad del estado que le delegó pierde entonces su representación.

 

[[38-39]] Como el privilegio no es de los individuos sino de la cámara, seria digno de castigo el que se tomase la libertad de renunciarlo sin su autorización.

Ningún individuo puede ser perseguido fuera de la cámara por sus discursos u opiniones, entendiéndose solo de las cosas dichas o hechas en el cumplimiento de sus deberes parlamentarios, pues

no los autoriza el privilegio para traspasar los límites de su empleo y de sus atribuciones.

 

[[45]] Cuando se pasa lista, cuyo objeto es notar los que falten, se levante y responde cada individuo cuando se le nombra, y  no se admite excusa por los ausente hasta la conclusión. Acaba la lista se vuelve a nombrar a los ausentes, quienes si todavía no han acudido, tendrán que decir sus excusas.

 

[[49]] El Presidente de los Estados Unidos manifiesta de cuando en cuando al congreso el estado de la unión y puede recomendarle las medidas que creyese útiles o necesarias.

 

[[25]] debe retirarse un miembro que tiene implicados sus intereses particulares en el bill u  objeto que se delibera, evitando el caso el caso que se deseche su voto después de la votación, aun de la

que se hace por división, como ha sucedido algunas veces no habiéndose descubierto su interés hasta entonces.

Es muy propio del honor de la cámara el mantener con rigor la observancia inmemorial de una regla que dimana a un mismo tiempo de los principios de la decencia  y de las bases del orden social, los cuales prohíben a todo hombre el ser juez en su propia causa.