Lo dijo Thomas Jefferson: Extractos sobre el Poder Legislativo

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Pronto, la Asamblea Nacional concluirá su primera legislatura del año 2016. En ella, los incidentes han sido numerosos y se ha podido evidenciar la construcción de una nueva relación entre las ramas del Poder Público Nacional. En toda evidencia pretender hacer  con ellas un análisis de “puro derecho” de las cosas que vienen sucediendo resulta una aventura imposible. Por lo cual, a modo de crítica y balance quiero hoy compartir fragmentos del libro que es considerado el más importante de las guías del Derecho Parlamentario, aquél escrito por Thomas Jefferson cuando apenas nacían los Estados Unidos de Norteamérica y el siglo XIX. Nos sorprenderemos en nuestra lectura conjunta al observar la similitud de situaciones descritas con las que actualmente vivimos y como, salvo en algunos temas que decido expresamente evitar, sus posturas parecen análisis de nuestra propia Constitución. ¿Cómo es esto posible? Re

cordemos que la génesis del derecho el continente se encuentra profundamente hermanado, enraizado en las ideas que sobre el sistema inglés se llevaron a Francia Locke, Montesquieu y Rousseau, así como que llegaron mediante los barcos y la mazonería a los padres de nuestra República. Para esta lectura he querido traer aquello que describe qué responsabilidad tiene un parlamentario (Jefferson se preocupó en especial de los senadores pero se han tomado sus razonamientos como válidos para todos los representantes legislativos); hasta dónde llega su impunidad e irresponsabilidad, y, cómo se defienden las minorías parlamentarias. Así que, entremos en materia:

 

 

[[25]] Si la mayoría en un cuerpo deliberante puede, en virtud de su superioridad numérica impedir el efecto de las medidas

irregulares que tal vez quisiera tomar la minoría, esta por otra parte quedaría infaliblemente oprimida por aquella sino pudiera apelar a las reglas que se han adoptado sucesivamente como necesarias para la dirección de los debates, y que han adquirido por tanto un carácter de ley en la asamblea, pues solo mediante una observancia rígida de estas leyes puede ponerse a cubierto el partido débil contra los abusos e irregularidades que deben aquellas por su instituto precaver o reprimir: irregularidades y abusos que, llevada del sentimiento ciego de la fuerza, cometerá con harta frecuencia una mayoría dominante, para reducir al silencio a sus adversarios, y sofocar toda oposición que pudieran hacer.

 

[[32]] cuando un representante se halla en la imposibilidad de asistir a las sesiones quedan privados de una voz y de un voto los 30.000 comitentes que representa, como si se ausentase voluntariamente, sucediendo lo mismo cuando está ausente un senador, pues la mitad del estado que le delegó pierde entonces su representación.

 

[[38-39]] Como el privilegio no es de los individuos sino de la cámara, seria digno de castigo el que se tomase la libertad de renunciarlo sin su autorización.

Ningún individuo puede ser perseguido fuera de la cámara por sus discursos u opiniones, entendiéndose solo de las cosas dichas o hechas en el cumplimiento de sus deberes parlamentarios, pues

no los autoriza el privilegio para traspasar los límites de su empleo y de sus atribuciones.

 

[[45]] Cuando se pasa lista, cuyo objeto es notar los que falten, se levante y responde cada individuo cuando se le nombra, y  no se admite excusa por los ausente hasta la conclusión. Acaba la lista se vuelve a nombrar a los ausentes, quienes si todavía no han acudido, tendrán que decir sus excusas.

 

[[49]] El Presidente de los Estados Unidos manifiesta de cuando en cuando al congreso el estado de la unión y puede recomendarle las medidas que creyese útiles o necesarias.

 

[[25]] debe retirarse un miembro que tiene implicados sus intereses particulares en el bill u  objeto que se delibera, evitando el caso el caso que se deseche su voto después de la votación, aun de la

que se hace por división, como ha sucedido algunas veces no habiéndose descubierto su interés hasta entonces.

Es muy propio del honor de la cámara el mantener con rigor la observancia inmemorial de una regla que dimana a un mismo tiempo de los principios de la decencia  y de las bases del orden social, los cuales prohíben a todo hombre el ser juez en su propia causa.

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