Ansias desbocadas: la Asamblea Nacional y su conflicto en solitario

75424gaceta-oficialEntender la situación política actual en Venezuela requiere de nosotros un esfuerzo que sin ánimos de videntes devele cómo llegamos a este punto y sobre todo para qué. En tal empeño, es necesario entender que el enrevesado escenario no se planteó de manera abrupta, ni siquiera sobrevenida y sobretodo que no es un juego local sino una profundización o aceleración en la construcción en el imaginario internacional de la imagen de Venezuela como un Estado fallido víctima de un gobierno totalitario.

Así las cosas, es tiempo de conceptualizar y hacer memoria. Entendiendo que en octubre hemos llegado a una situación generada por el repetido y manifiesto desconocimiento de la Constitución de la República por ser un texto al que siempre se opuso la burguesía que en sus aventuras anteriores votó “no” a su adopción y se apartó radicalmente de su contenido en varias ocasiones, entre ellas todo el año 2002.

Esta actitud la podemos ver en todos los actos que desde enero de este año han configurado el escenario actual, pudiendo citar incluso lo meramente formal como la costumbre de la directiva de la Asamblea Nacional de hablar de la “cámara” lo que devela la remembranza del sistema derogado donde existían diferenciadamente senadores y diputados.

En la nueva República no tan sólo el Parlamento es unicameral sino que se construyó un Estado constitucional, en el que existen normas de aplicación automática y una institucionalidad que respalda la supremacía constitucional en ruidoso contraste con el régimen de 1961 donde la norma era programática y no tenía un sistema de órganos encargados en exclusiva de asegurar el mandato supremo.

Ese órgano especial y exclusivo es la Sala Constitucional dotada de una primacía que la oposición no ignora pues protestó en diciembre que la Asamblea Nacional antes de agotarse su período de sesiones 2015 concluyera el proceso de nombramiento de los Magistrados y Magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, que había iniciado meses antes el Comité de Postulaciones[1].

Así las cosas en aquel momento con los resultados de las elecciones anunciados por el Consejo Nacional Electoral la oposición tenía 112 diputados del total de 167 que conforman en la actualidad el Parlamento, procediendo el Partido Socialista Unido de Venezuela a impugnar casi de inmediato los resultados de las elecciones en el estado Amazonas[2] por considerar que existían elementos que viciaron aquella elección. Supuesto al que de manera cautelar –para adelantar los resultados de un proceso que considera el juez puede favorecer a quien solicita su intervención, o, evitar que se produzca un daño de difícil reparación- la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia dio razón ordenando que hasta que se decida el fondo, se suspendan los efectos de esas proclamaciones.

Es decir, que en la realidad jurídica venezolana los ciudadanos Julio Ygarza, Nirma Guarulla y Romel Guzamana no son diputados pues el acto que determina tal condición fue suspendido. Esta es una decisión típica del contencioso electoral que ha sido tomada en casos anteriores, a favor o en contra, de la oposición y/o de los intereses del gobierno habiendo un buen condensado de ejemplo en los casos referidos a las elecciones universitarias.[3]

Con esta situación, admitida a regañadientes en un primer momento por la Asamblea Nacional tiene la oposición una mayoría suficiente para desarrollar casi todos los actos parlamentarios que contempla la Constitución de la República y el Reglamento Interno y de Debates de la Asamblea Nacional. Sin embargo, esto tiene un límite lógico, un Poder Legislativo sólo puede desarrollar actos parlamentarios siéndole jurídicamente imposible ejercer funciones de gobierno o jurisdiccionales.

Cuando esto ocurrió, es decir en el lapso de tiempo que fue de enero a julio del año 2016[4], la Asamblea Nacional legisló, acordó y adelantó diligencias de control sobre la Administración Pública. Sus actos estaban amparados bajo una presunción de legalidad que tan sólo podía anularse cuando acto por acto existiera una fundamentación que la Sala Constitucional, como único interprete de la Constitución, diera por válida. En ese contexto nació, por ejemplo, la Ley de Bono para Alimentación y Medicinas a Pensionados y Jubilados [5] que es un instrumento que no se encuentra viciado de nulidad.

En ese marco, la Asamblea Nacional tenía sus funciones y poderes ordinarios. Entendiéndose con ello que es parte de un Estado cuya jefatura tan sólo corresponde al Presidente de la República[6], por lo que no tiene capacidad de actuación internacional (función ejecutiva) ni capacidad de anular actos por vicios de procedimiento (función jurisdiccional) y que se encuentra inserta en la lógica de correlaciones y colaboración que mantienen entre ellos todos los elementos que conforman la República.

Para que las cosas funcionen así, la Constitución sirve como un sistema de preservación de la unidad de la República  que es un cuerpo conformado por partes que cumplen roles distintos pero que no se anulan unas con otras. Por el contrario, tienen que colaborarse, se necesitan y de acuerdo con los contrapesos, se controlan.

En consecuencia, no es una novedad ni una anomalía que en un sistema político como el nuestro se dé la convivencia de visiones o sujetos que pueden incluso tener posturas contrapuestas entre ellos. Por el contrario, la disparidad de la duración de los mandatos públicos favorece esta situación y la manera en la que se relacionan los Poderes en Venezuela es en esencia la misma desde 1811. También ha habido desde el complicado siglo XIX hasta la Presidencia de Rómulo Betancourt[7] ejemplos de choques entre los dos viejos renglones de la función pública.

La situación con el Poder Judicial es distinta porque es en esta área que el derecho constitucional avanzó más en la segunda mitad del siglo XX cuando se comprendió que abusivo, absolutista e incluso potencial violador de derechos humanos no tan sólo era el cuerpo ejecutivo sino también podía serlo el legislativo por lo que el contrato social requería de alguien que guardara el apego a los valores supremos. De allí que se desechara aquella idea del juez como una figura de palo o boca de la ley y se avanzara en América y en Europa a darle la capacidad de controlar al viejo Parlamento. Esta afirmación ha planteado dificultades y choques en nuestro país y en otros. Podemos recordar por ejemplo aquel incidente cuando la Asamblea Nacional reclamó la presunta usurpación que hacia la jurisdicción al señalarle no que una norma se separaba de la Constitución sino cómo debía legislar.

De modo que la Asamblea Nacional tenía el derecho constitucional y la fuerza política para cumplir con  sus promesas electorales e incluso desarrollar una función que favoreciera y mejorara el gobierno nacional.

Sin embargo, esta situación no era políticamente conveniente porque demostraría que en Venezuela existen condiciones jurídicas y políticas para la convivencia de los distintos sectores, que la oposición puede presentarse a unas elecciones, ganarlas y ejercer el rol para el cual ha sido electo. Así como lo hacen sus alcaldes, sus gobernadores y demás miembros del Estado venezolano que representan la oposición al gobierno.

Por lo cual, había que forzar un proceso mediante el cual el Ejecutivo –u otro Poder- disolviera la Asamblea Nacional[8]. Supuesto este que es constitucionalmente posible cuando el Poder Legislativo se declara hostil al gobierno y sanciona repetidamente al Vicepresidente de la República. Cosa que por cierto, la Asamblea Nacional no ha ni siquiera insinuado.

Por eso en julio recuerdan a los famosos tres ciudadanos y  toman una actitud con la  que retan al Poder Judicial, tal como el alumno al que se le llamó la atención continua su travesura, después de fingir quedarse quieto, al momento en que la maestra se voltea. Cuando esto ocurre la responsabilidad por la travesura es del alumno y no del docente que cumple con penalizar la falta. Esta idea debemos tenerla clara pues no es el desacato un invento o un antojo del Poder Judicial sino una actitud del Parlamento.

Esta situación es fácil de manipular a lo interno pero sobretodo a lo externo acostumbrada mirar con prepotencia cualquier gobierno distinto a sus intereses. Del hecho del desconocimiento del estado de Derecho por parte de la Asamblea Nacional se culpa al árbitro que ha advertido que la situación cesará en el momento mismo en que el Legislativo corrija su falta.

Por ello, el desacato es una situación elegida y en la que permanece voluntariamente el Poder Legislativo que podría dedicarse a defender y a exigir, por las vías legales, que la Sala Electoral realice en tiempo las actuaciones procedimentales cuya única limitación es que no puede acelerarse saltando lapsos que comprometan el orden del procedimiento y los derechos de las partes.

De este modo es que se produce lo que hoy muchos llaman, entre ellos el Presidente, la auto supresión o la auto anulación de la Asamblea Nacional de la cual se acusa al Ejecutivo que no ha participado en ninguno de los actos que dieron lugar a esta controversia.

El Ejecutivo entra a este pesado escenario en tanto la Asamblea Nacional tiene funciones constitucionalmente establecidas. Entre ellas, el control político del presupuesto nacional que es el acto de control y colaboración más importante que anualmente tiene lugar. Pudiera preverse que la Asamblea Nacional, si se sujetase a sus promesas de campaña, tiene el mayor interés en ordenar la relación de ingresos y egresos de la República, en la que estima existe una gran discrecionalidad y corrupción e incluso podríamos suponer que ideológicamente estaría interesada en reducir la inversión social que realiza la República, sin embargo, esto podría ser políticamente inconveniente.

Pues con esto, quedaría en evidencia su verdadera intención política cuando a diferencia del caso argentino o brasileño, aun no ha alcanzado el gobierno nacional además que entraría a tener que hacer caso y reparar de todos los lobby, anunciantes y patrocinantes que sostienen a cada uno de los sectores. Por ello, es políticamente más conveniente mantener una actitud contumaz y echarle la culpa a una hipotética “alianza del mal” entre el Poder Judicial y el Poder Ejecutivo que le vulnera sus capacidades jurídicas.

Con estas acciones, complejas y perversas, se acompaña un discurso extremadamente sencillo. Se trata de imponer la idea de una asfixia del Parlamento, a lo que cabe preguntarse cuáles son las alternativas para los otros poderes porque recordemos, la Constitución tiene previstos mecanismos de dialogo, de complementariedad y hasta de contradicción pero niega radicalmente el derecho a cualquier ciudadano o institución de salirse de su contenido. Todos los actos que van en su contra, son en esencia nulos.

Es normal que en este escenario entre a jugar la Sala Constitucional que tiene en sus manos el derecho político que no es otra cosa que el instrumento para mantener la paz social en momentos comprometidos.  Por eso en el recuento que hemos hecho verán como el conflicto no inicia ni en el Ejecutivo ni en sede constitucional sino que esta última  tan sólo pone reparo para preservar el orden fundamental.

Pienso finalmente, en este octubre de “golpe de timón” que este complicado escenario sólo puede enfrentarse llevando a la escena política la última frase que nos legó el Comandante pues se trata de resistir sin caer en pactos con la burguesía ni desenfrenos revolucionarios porque estamos en toda evidencia transitando un camino minado.

[1] http://m.avn.info.ve/contenido/jurament%C3%B3-13-magistrados-principales-y-21-suplentes-del-tsj

[2] http://sunoticiero.com/ultima-hora-tsj-declaro-procedente-impugnar-el-resultado-de-la-eleccion-legislativa-en-amazonas/

[3] http://www.aporrea.org/educacion/a185832.html

[4] http://albaciudad.org/2016/07/asamblea-nacional-juramento-a-diputados-por-amazonas-desacatando-al-tsj/

[5] El 28 de abril de 2016 el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), a través de la sentencia N° 327, declaró la constitucionalidad de la Ley de Bono para Alimentación y Medicinas a Pensionados y Jubilados que fue sancionada por la Asamblea Nacional el pasado 30 de marzo de 2016.

[6] CRBV 226

[7] http://blog.chavez.org.ve/temas/noticias/efemeride-prision-diputados/

[8] CRBV 240

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¿Qué hacer con los malos abogados?

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La abogacía, que es el quehacer de los abogados, es una profesión tan compleja como antigua. En su interacción con lo social, los abogados son tan necesarios como los intérpretes para la diplomacia y los médicos para la prescripción de medicinas. Por ello que igualmente numerosas sean las recomendaciones de tener abogados de confianza para asumir retos nuevos como la desconfianza sobre estos personajes. Los abogados son, vale la pena recordar, uno de los colectivos que levantan más dudas en nuestra sociedad.

Mirar en la historia es encontrarnos personajes que hicieron roles que poco a poco se estandarizaron en escribientes-defensores hasta individualizarse en personas como Lysias que según parece fue el más famoso abogado de la antigua Atenas así como también ver la literatura y las crónicas historias  es encontrarnos de la desconfianza que merecieron los leguleyos desde todos los tiempos como testimonian las palabras del cabildo de la ciudad de México y de Buenos Aires, que apenas iniciada la colonización española del continente los fustigó con un “vengan clérigos pero no abogados”.

La verdad es que en Venezuela el ejercicio del derecho sigue siendo un arte difícil, que requiere habilidades diversas y que hace que más de uno se persigne ante la simple idea de tener que dejar sus bienes o sus intenciones en manos de alguno.

Es en ese contexto que en el presente planteo la pregunta ¿qué hacemos con los malos abogados? Malos no el sentimiento –nada exige ser buena persona para ser buen abogado- sino en la práctica. Me refiero al caudal nunca medido de estafas, acciones improcedentes, adelantos de pagos, calumnia contra los jueces –que admitámoslo, en este país siempre son abogados pero no todas las veces son íntegramente malos- que martirizan a quienes, por un azar de la vida, por lo penal o lo civil, se encuentran ante un juez o ante un notario.

La responsabilidad profesional en Venezuela es un territorio poco explorado. No tenemos realmente un sistema legal ni una exigencia cultural de calidad en los servicios que contratamos pero una mala praxis de un abogado puede ser en la práctica tan costosa y dolorosa como la de un médico.

¿Qué hacemos con ella? ¿Es suficiente para ser abogado haber presentado un título ante un colegio que otorga automáticamente una licencia? ¿No debería existir algún tipo de gradación, de valoración desde los espacios profesionales para estos practicantes? El tema es complicado pues por un lado el ejercicio profesional felizmente se ha democratizado y por otro sigue en mora avanzar definitivamente a un mundo donde la ciudadanía se ejerza plenamente sin intermediarios: es decir, sin abogados pero también debe procurarse, sin aristocratizar, una manera en la cual los clientes puedan escoger con algún aval a sus defensores o representantes y estos respondan más que por la imposición de pírricas multas cuando sus errores son tan groseros que develan una acción necia o anti ética.

Después de treinta

shutterstock_271332740Esa mañana desperté mirando. Hacía un rato que la profecía se había cumplido. Había llegado a los treinta aunque sólo Dios sabe como quise evitarlo. Me lo habían explicado ese día todo caería y mi vientre se haría un reloj que me recordaría su desempleo. Mi piel comenzaría a rajarse y debía entender que ya el amor si me llegaba sería con algo de lástima. Porque después de esa fecha todo cambiaría para siempre. Era irreversible, engrosaría la lista de las añosas demostrando el fracaso personal y familiar de postularme a los mozos casaderos que ya, obviamente, se habían casado. Pero perdón ante mis ojos, ese día, las cosas no se veían tan mal. Mi vientre tenía su aspecto de siempre, sus líneas rectas y profundas dividían esto y aquello, mis senos seguían pequeños y redondos y mis piernas, seguían siendo gruesas y blancas, como habían sido para alegría y rabia. Encima de ellas, seguia el mismo imán. El mismo que valía emociones varias. Aquello por lo que Sabina me explicó hace tanto que varios de mis amantes llegaron a mí por mis caderas y no por mi corazón. Mi pelo tenía el mismo color de siempre, combinaba todavía con mis ojos y yo escribía con mucha más rapidez que antes. Seguía siendo la misma muchacha torpe y distraída que regalaría su amor por exonerarse de los deberes de mantener, reponer, arreglar las cosas que tan mal desde siempre se me han dado. Además para mi mayor sorpresa seguía amando y eso me causaba risa. La maldición se había quebrado, mi vida como tantas otras había seguido.

Los malos

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Hay un lugar en el mundo donde las cigüeñas llegan cargadas de bebés, que las calles huelen a chocolate y que no hay ladrones en el tren. En ese espacio que es un puñado de kilómetros de costas y cumbres, de carbón y de roca, habitamos nosotros. Nuestra piel es mayoritariamente blanca aunque ya sabemos que eso de reconocernos arios no se recomienda. Nuestras lenguas se tornaron en tres idiomas: alemán, inglés y francés. En nuestras mesas sobra el trigo y desbordan los lácteos, el té es puntual y el pescado es hervido. Nosotros sabemos qué es bueno y malo pero sobre todo sabemos que los malos siempre piensan, hablan y hacen lo mismo.

Ellos siempre creen en Dios mucho más que en la ciencia. Odian el libre mercado y la gente se acumula en el desespero. Disparan a mansalva, prohíben la belleza y odian igual a los americanos que a los franceses. Gobiernan sin el pueblo y controlan la educación, la televisión, los viajes. Prefieren que los hospitales los lleven los incapaces y encarcelan a todos porque nadie está con ellos.

Ellos viven en Corea del Norte y son asiáticos, casi chinos la verdad. Viven en Irán y son persas. En Venezuela y son latinos pero como son malos son lo mismo. No tienen una sílaba en común en sus idiomas pero ven el mundo de la misma forma y someten al pueblo a lo mismo: vivir sin supermercado, sin hospital, sin maquillaje, la gente se amontona en los basureros…

Si los gobiernos gozan del apoyo de  la gente es por miedo, analfabetismo o falta de cultura porque es imposible que la gente estando en buenas condiciones decida cosas como esa: un sistema cultural, político o económico propio que además es curiosamente siempre el mismo: el de la miseria y del comunismo. ¡Por no hablar de la corrupción que no es como el escándalo de la Infanta Cristina porque todos sabemos que las mujeres no saben de lo que hacen los maridos!

Nosotros de lo bien que lo sabemos se los encomendamos a la OTAN para que les traiga la libertad, la buena, la nuestra, porque en esos países donde gobierna algún orangután los atentados no son terrorismo sino ejercicios de libertad. Por eso, es que todo preso es un pobre preso no como los niños que encerramos en los centros de detención preventiva o los adolescentes en garde-á-vue porque entraron en alguna sospechosa web. Ellos, siempre torturan salvajemente y aíslan a sus pobres presos buenos. No como nosotros que si los aislamos es porque son malos de verdad.

Los malos son curiosamente uniformes, incluso les gusta el rojo y otros colores raros. Son pobres o ricos pero tienen mucho dinero y se reúnen casi siempre con Putín. La televisión nos ha explicado que en eso consiste el espanto y ellos lo han institucionalizado.

Por eso es que si por aquí las cosas se ponen feas es  siempre esporádico. Las bombas sólo caen de tanto en tanto ¡y como las vengamos!, en Andalucía a los sin casa, a los parados, a los desahuciados no les gusta tampoco ir al supermercado. Por eso, como si dejan de ir es  porque no les gusta no es un asunto tan grave, casi no importa. En París, como la gente hambrienta que llena la banlieu y el atardecer vive bailando a la Piaf mientras bebe vino, casi no se dan cuenta de cómo el frío les parte los huesos…

Con todo esto nosotros cada día estamos mas claros. Los malos son ellos que además son raros. Los buenos somos nosotros y los mas-o-menos  son los que intentan parecerse a nosotros o al menos no darnos tanta roncha.

¡Allá el comunismo y sus propagandas que denuncian que es raro que ellos se parezcan tanto!

Referendum Horrendum

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El año 2016 pasará a la historia política y jurídica de la Humanidad por haber concentrado consultas populares horrendas, ya sea por su contenido o por los inesperados resultados con los que se saldaron. La simultaneidad del Brexit inglés con un homicidio por odio, (el asesinato de Jo Cox), así como el recrudecimiento de la exclusión y racismo que le sucedieron; tanto como dos hechos más recientes: la impresentable consulta realizada en Hungría sobre aceptación del plan de cuotas de migrantes de la Unión Europea donde arrasó el “no” y aquélla realizada en la misma fecha en Colombia cuya respuesta hace tambalear no tan sólo el concepto de Paz, sino también la modernísima noción de justicia transicional.

Cuando los editoriales se saturan de análisis por separado de estos fenómenos, en especial de los ocurridos el pasado domingo 02 de octubre, parece ser el tiempo indicado para una lectura de conjunto.  Una que intente, más allá de adivinar las consecuencias que sucederán a estos hechos políticos, diagnosticar cómo su propia existencia supone una violación de principios del Derecho de los Derechos Humanos.

Pensemos primero en la Paz, principio cuya preservación está determinada como el objeto mismo de la Organización de las Naciones Unidas construida para procurar un mejor nivel de vida para toda la Humanidad. En esta concepción, la Paz no es tan sólo la ausencia de la guerra sino fundamentalmente la procura de condiciones económicas, sociales y políticas que permitan el desarrollo individual y la participación colectiva. Por lo tanto, la Paz no es un momento histórico es un Derecho humano.

La obligación de cada Estado es evitar la guerra y una vez producida, terminarla. Para lograr la Paz se crea la diplomacia, la mediación, las Cortes Internacionales, etc. La responsabilidad en la materia no es sólo nacional sino que interviene, –en principio-, toda la sociedad de las naciones. La Paz se les debe al pueblo nacional y al pueblo universal. Es decir, a aquéllos a los que debo proteger de la violencia en su propio territorio y a aquéllos que huyen de su Patria.

Por esta causa, los temas de la guerra involucran el concepto de Dignidad cuando a cada ser humano, como su titular, ha de reconocérsele el Derecho a vivir en Paz. En principio en su propia tierra,  caso contrario, a hacerlo bajo la protección internacional en otros espacios. El mundo de hoy se aleja radicalmente de estos conceptos, los resultados de los referenda del domingo pasado lo reafirman.

Entonces, ¿puede preguntársele a las personas, si quieren la Paz? El Derecho a la Paz es un Derecho Humano en sí mismo y por las obligaciones que del Derecho a la vida, a la participación política y de las obligaciones positivas que de éstos se desprenden, su contenido es irrenunciable para sus titulares e imperioso para los obligados.

Es cierto que la Paz, como la justicia, puede resultar para algunos analistas un ideal y que pudiera considerarse que no es la Paz en sí misma lo que se consultó sino un acuerdo para lograr alcanzarla. Sin embargo, su contenido se fijó a la luz de los principios modernos, con el acuerdo mediado de las partes, con el visto bueno de la Corte Constitucional y de las instancias internacionales.

Para el 5 dctzppyexeaelivw-jpg-largee octubre el gobierno colombiano planteaba que el alto al fuego, –contenido en el Tratado con la FARC sometido a la consulta-, cesaría el día 31 de octubre, suscitando la interrogante obligatoria ¿recomienza el 1 de noviembre, por autorización popular, la guerra? ¿Cuáles serán entonces las garantías para quienes se identificaron y manifestaron su voluntad de deponer las armas? ¿Qué fuerza tiene este precedente a nivel mundial?

Por otro lado, Hungría es un país parte de la Convención vinculada con el estatus de refugiados de las Naciones Unidas así como del Protocolo de 1967, por lo cual tiene hacia los refugiados las mismas obligaciones que el resto de los Estados. En este caso se evidencia un juego complejo, no de complementariedad sino de debilitamiento de obligaciones internacionales universales planteando que su desacuerdo no es con la normativa universal sino con una política europea.

La política europea en sí misma ha sido criticada y es por demás insuficiente para administrar con apego a los principios superiores las situaciones de guerra que ella genera  y en las que participa, produciendo las realidades que obligan a la migración a los pueblos que buscando la vida huyen hacia sus territorios. Por ende, parece una intención de minimizar lo ya reducido. Dada la baja participación que tuvo la consulta en Hungría esta semana, se ha cuestionado su capacidad de generar efectos. Finalmente no se consideró como válida la respuesta de una mínima porción de la población que le otorgó al “no” un sorprendente apoyo superior al 90%.

El panorama aquí descrito parece evidenciar que vivimos momentos de franco retroceso del Derecho Internacional cuando las políticas nacionales parecen obviar el carácter indiscutible, irrenunciable e incuestionable que tienen los Derechos Humanos. Así como las políticas internacionales que pretenden, contra otros Estados, obligarles a actuar con pleno desprecio de su Dignidad y derecho a la autodeterminación. Estos tres hechos se conectan de varias maneras y vienen a ser signos de una época de cambios en el panorama internacional que deberá mutar, por el bien de la Humanidad, para proveer de respuestas a las poblaciones que sufren la guerra de maneras cónsonas con el  reconocimiento de su igualdad en Dignidad y Derechos con todos los demás miembros de la Humanidad.

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Mi amigo Farid

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París, 1996.

Es en el marco a una invitación de un amigo que decido finalmente escribir esta vieja historia. Una que determinó en 1996 mi curiosidad por los derechos humanos y mi rechazo por prácticas abiertamente contrarias que se realizan en el denominado primer mundo sin que nadie –o casi nadie- se espante.

En 1996 yo era una niña extranjera. Tan pronto puse mis pies en Francia lo entendí. Era extranjera porque no hablaba francés, porque mi historia quedaba del otro lado del océano y porque me tocaría entender que habían dos mundos: el de ellos y el nuestro. Esa brecha que no se supera nunca ni siquiera con documentos de identidad europeos que, obtenidos después, vengan a poner reparo.

Era una niña extranjera en las afueras de una ciudad que dejó de ser importante en 1066 y que luego sólo fue noticia por haber sido bárbaramente arrasada en 1945. Las afueras eran aun menos importantes. Eran tan sólo un conjunto de edificios grises y verdes que rodeaban una explanada que sólo merecía mirarse en primavera. Ese sitio parecía desde entonces olvidado por Dios, allí, se sumaba al desempleo que dejó la migración a Asia de los astilleros las historias de algunas familias extranjeras, principalmente argelinas que habían llegado aspirando a una mejor vida.

También había seres venidos de historias aún más tristes. Niños de Ruanda y de Burundi que burlaron la muerte por la misión de alguna gente de buena voluntad que los llevó para procurarles una oportunidad. Además de ellos, estaba Farid.

Farid era un niño de unos nueve años que venía de un país que en aquella época no pude saber donde quedaba pero que había conocido la guerra. En su tierra, se comían patillas todo el año y la gente tenía un gusto por los colores que contrastaban con la nieve. La nieve, decía él, era eterna. Tan eterna como eran las minas antipersonales de las cuales contaba cómo había aprendido a sortear cuando habían tocado a su hermano. Su madre se había quedado allí con los más pequeños, ese allí que no existía en mi imaginación sólo poblada por las costas de Venezuela… su padre había partido a Francia con él a solicitar asilo o refugio o vida, lo que obtuviera.

Nosotros compartimos dos salones. El de la mañana donde debíamos tortuosamente aprender en no más de tres meses francés bajo la dedicada insistencia de Madame Sylvie, una mujer rubia de vocación innegable. También íbamos al de la tarde, donde no había un profesor sino un incitador, un mago, un periodista, un alquimista, un defensor de lo diverso y de los diversos, Monsieur Jean.

Farid iba mucho más rápido que yo en la faena, había llegado antes y tenía muchas horas de práctica. Supongo que su inteligencia se había despertado también con tantas cosas que había vivido pero nos unía ser los dos seres más extraños que en aquel tiempo habitaron la Escuela Abierta del Valle de Herouville Saint-Clair. Juntos parecíamos podernos burlar, entendiéndonos sin idioma en común, de todos aquellos que tan sólo hablaban francés.

Fue un día, creo que poco antes de la primavera, que llegó la noticia que convulsonó todo aquel colegio de dos pisos y un sótano. Farid iba a ser deportado, su padre no reunía el dinero suficiente para seguir en Francia. Aquello duró no sé si días u horas. Medió una protesta de maestros con niños en la puerta, medió una clase distinta de la refinada educación cívica tricolor de la escuela donde aprendimos la palabra “deportación”. Un día, quizás el siguiente o unos después, él desapareció de ese tejido dejando un vacío de indignación.

Farid y yo nunca volvimos a cruzar caminos creo que nunca podremos hacerlo, su nombre es tan común como el mío y yo como él, no tengo apellido, ¡vaya faena será buscar a Ana en Latinoamérica! ¡vaya faena buscar a un Farid en el mundo! Los años poco a poco se tragaron esa historia pero nada borró ese nombre de mi vida.

Tardé casi una década en volver a aquella escuela, su primera parte, la maternal y la primaria lucían intactas como si el tiempo no hubiese pasado nunca. Me senté par de veces en esa explanada que ya no era abierta como entonces, la nueva Francia había descubierto las rejas, la inseguridad, la paranoia.  La secundaria amada fue derrumbada a la semana de mi regreso en medio de una gran soledad. El cierre de las fronteras había dejado esa ciudad sin extranjeros tanto como el incremento de las tarifas de todo la había dejado sin franceses.