Referendum Horrendum

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El año 2016 pasará a la historia política y jurídica de la Humanidad por haber concentrado consultas populares horrendas, ya sea por su contenido o por los inesperados resultados con los que se saldaron. La simultaneidad del Brexit inglés con un homicidio por odio, (el asesinato de Jo Cox), así como el recrudecimiento de la exclusión y racismo que le sucedieron; tanto como dos hechos más recientes: la impresentable consulta realizada en Hungría sobre aceptación del plan de cuotas de migrantes de la Unión Europea donde arrasó el “no” y aquélla realizada en la misma fecha en Colombia cuya respuesta hace tambalear no tan sólo el concepto de Paz, sino también la modernísima noción de justicia transicional.

Cuando los editoriales se saturan de análisis por separado de estos fenómenos, en especial de los ocurridos el pasado domingo 02 de octubre, parece ser el tiempo indicado para una lectura de conjunto.  Una que intente, más allá de adivinar las consecuencias que sucederán a estos hechos políticos, diagnosticar cómo su propia existencia supone una violación de principios del Derecho de los Derechos Humanos.

Pensemos primero en la Paz, principio cuya preservación está determinada como el objeto mismo de la Organización de las Naciones Unidas construida para procurar un mejor nivel de vida para toda la Humanidad. En esta concepción, la Paz no es tan sólo la ausencia de la guerra sino fundamentalmente la procura de condiciones económicas, sociales y políticas que permitan el desarrollo individual y la participación colectiva. Por lo tanto, la Paz no es un momento histórico es un Derecho humano.

La obligación de cada Estado es evitar la guerra y una vez producida, terminarla. Para lograr la Paz se crea la diplomacia, la mediación, las Cortes Internacionales, etc. La responsabilidad en la materia no es sólo nacional sino que interviene, –en principio-, toda la sociedad de las naciones. La Paz se les debe al pueblo nacional y al pueblo universal. Es decir, a aquéllos a los que debo proteger de la violencia en su propio territorio y a aquéllos que huyen de su Patria.

Por esta causa, los temas de la guerra involucran el concepto de Dignidad cuando a cada ser humano, como su titular, ha de reconocérsele el Derecho a vivir en Paz. En principio en su propia tierra,  caso contrario, a hacerlo bajo la protección internacional en otros espacios. El mundo de hoy se aleja radicalmente de estos conceptos, los resultados de los referenda del domingo pasado lo reafirman.

Entonces, ¿puede preguntársele a las personas, si quieren la Paz? El Derecho a la Paz es un Derecho Humano en sí mismo y por las obligaciones que del Derecho a la vida, a la participación política y de las obligaciones positivas que de éstos se desprenden, su contenido es irrenunciable para sus titulares e imperioso para los obligados.

Es cierto que la Paz, como la justicia, puede resultar para algunos analistas un ideal y que pudiera considerarse que no es la Paz en sí misma lo que se consultó sino un acuerdo para lograr alcanzarla. Sin embargo, su contenido se fijó a la luz de los principios modernos, con el acuerdo mediado de las partes, con el visto bueno de la Corte Constitucional y de las instancias internacionales.

Para el 5 dctzppyexeaelivw-jpg-largee octubre el gobierno colombiano planteaba que el alto al fuego, –contenido en el Tratado con la FARC sometido a la consulta-, cesaría el día 31 de octubre, suscitando la interrogante obligatoria ¿recomienza el 1 de noviembre, por autorización popular, la guerra? ¿Cuáles serán entonces las garantías para quienes se identificaron y manifestaron su voluntad de deponer las armas? ¿Qué fuerza tiene este precedente a nivel mundial?

Por otro lado, Hungría es un país parte de la Convención vinculada con el estatus de refugiados de las Naciones Unidas así como del Protocolo de 1967, por lo cual tiene hacia los refugiados las mismas obligaciones que el resto de los Estados. En este caso se evidencia un juego complejo, no de complementariedad sino de debilitamiento de obligaciones internacionales universales planteando que su desacuerdo no es con la normativa universal sino con una política europea.

La política europea en sí misma ha sido criticada y es por demás insuficiente para administrar con apego a los principios superiores las situaciones de guerra que ella genera  y en las que participa, produciendo las realidades que obligan a la migración a los pueblos que buscando la vida huyen hacia sus territorios. Por ende, parece una intención de minimizar lo ya reducido. Dada la baja participación que tuvo la consulta en Hungría esta semana, se ha cuestionado su capacidad de generar efectos. Finalmente no se consideró como válida la respuesta de una mínima porción de la población que le otorgó al “no” un sorprendente apoyo superior al 90%.

El panorama aquí descrito parece evidenciar que vivimos momentos de franco retroceso del Derecho Internacional cuando las políticas nacionales parecen obviar el carácter indiscutible, irrenunciable e incuestionable que tienen los Derechos Humanos. Así como las políticas internacionales que pretenden, contra otros Estados, obligarles a actuar con pleno desprecio de su Dignidad y derecho a la autodeterminación. Estos tres hechos se conectan de varias maneras y vienen a ser signos de una época de cambios en el panorama internacional que deberá mutar, por el bien de la Humanidad, para proveer de respuestas a las poblaciones que sufren la guerra de maneras cónsonas con el  reconocimiento de su igualdad en Dignidad y Derechos con todos los demás miembros de la Humanidad.

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