La paz económica, nuestro proyecto

salario-okUn libro maravilloso es el ensayo del austriaco Hans Kelsen denominado “La Paz mediante el Derecho” texto éste donde el más famoso jurista del siglo XX va a teorizar, desde su perspectiva eurocéntrica, sobre cómo puede la humanidad librarse de la barbarie, que a lo largo de toda  la historia, le ha dominado. La guerra es para este pensador, un asunto económico, en sus orígenes, en su razón e incluso en su solución y frente a ella debe el Derecho constituirse en la vía para evitar la muerte y la destrucción. De allí que plantear que el Sur, en especial en la figura de Venezuela, se encuentra en  medio de una campal guerra económica no sólo puede sostenerse sino que es inclusive, una situación natural, porque es la economía el contenido material de todas las guerras en esta concepción.

Si se trata entonces de una guerra, hemos de saber que hay atacantes y atacados; hay que ver que la destrucción del sistema económico así como de las estructuras mediante las cuales se distribuyen los bienes en la sociedad son objetivos claros de agresiones entre países o de grupos dentro de un país. Tan comunes y lamentables, que este es uno de los propósitos que se reconocen como finalidad de un genocidio.

Una vez planteado el escenario teórico pienso recorrer las calles con ustedes, donde podemos palpar lo que ocurre. Un escenario virtual se impone sobre el plano de la realidad: un botón, hipotéticamente pulsado con manía, por un vendedor de tornillos en Florida, hace que todas las políticas públicas y la diplomacia se derrumben: el abastecimiento que comienza levemente a ser recuperado mediante mecanismos complementarios, mediante la distribución “comunidad adentro”, mediante mejorar la macroeconomía con el acomodo del mercado petrolero se disuelve a través de un sistema virtual, paralelo, impalpable y macabramente omnipresente.

Ante este fenómeno que escapa de cualquier lógica elemental, la conversación de la parada, del metro, de la peluquería, se desplazó del anaquel a la página web pero sigue impulsando el sentimiento de derrota, de desvalorización del trabajo y del ser, así como invisibiliza todo el conjunto de políticas públicas adoptadas paulatinamente por el gobierno.

Pese a qué nadie pueda entender, en definitiva como el valor de las cosas se desdibuja por lo que indica una calculadora que se quedó con el botón de sumar presionado, sobran los argumentos para entender el por qué se aceleró en este momento y de esta manera, señalando que se aspira a que esto sea, quizás, la pólvora que intenta encender los planes de rocanrol  y otras vías expresas, de destruir la promesa del otro mundo posible.

En este contexto muchas ideas han de ser ordenadas, acompañadas, recordadas. No tan sólo que la destrucción de la moneda es una acción necesaria para someter a un país a otro cuando se logra el ánimo manipulado que renuncia a un elemento de soberanía como es la política monetaria es necesario, sino que puede ser incluso negativo para los intereses individuales sino principalmente que los atentados a los derechos fundamentales, individuales y colectivos, no se dan tan sólo por la acción del Estado y tampoco sólo mediante represión, tortura u homicidio. Se dan también por sujetos individuales o corporativos, en otros tipos de acciones que tienen la facilidad de mutar y gozar de la anomia.

Para el debate las acciones tienen que recordar que la acción humana se encuentra detrás del plano tecnológico y no se desprende de él; no existe manera de considerar que esta especie de pesadilla no se encuentra ordenada, dirigida y ejecutada por humanos que son plenamente responsables.

La determinación del quién, en una guerra es un asunto primordial. Saber quién nos ataca para conocer en la lógica elemental de la guerra, hasta en los términos de Sun Tzun requiere levantar las formas de “velo virtual”, en sus posibles mutaciones y con todos los cómplices necesarios para que esto suceda.

Y en la búsqueda por levantar el “velo virtual” se encuentran hoy en día los más disimiles de los países: desde Alemania, donde la promesa de la posguerra prohíbe cuestionar las premisas erigidas en verdades absolutas, como la existencia del holocausto y sus dimensiones, así como un cada vez mayor cuidado en relación a no permitir la incitación al odio en la realidad virtual. Lo que los ha llevado incluso a determinar responsabilidades no de los usuarios sino de los administradores de los portales de internet. Junto a ellos, desde América, la administración Obama ha sido meticulosamente supervisora de lo que pueda considerarse una amenaza en contra de las autoridades norteamericanas; y, en Francia se determina con cuidado cuales visitas web pueden catalogarse como actividades sospechosas de radicalización religiosa o terrorismo.

En tal sentido, Venezuela tiene acciones imperiosas. Pensar quizás, en la conformación de una estructura de usuarios y usuarias de internet que defienden su moneda; de ciudadanos y ciudadanas que se niegan a entrar en un ciclo de un “todos contra todos” porque alguien hizo clic; y de un Estado que responda a la premisa constitucional que determina que la economía es también una materia de seguridad de Estado, valiéndose de ello, no tan sólo de la norma sino del deber que tiene de defender la esperanza que se agrieta en la parada de bus, en la escalera del metro, donde todos nosotros nos encontramos en la única realidad que importa, la humana.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s