De los juristas y el tiempo

Man Reaching for Fleeing Justice --- Image by © Illustration Works/Corbis

A Luz María, que atesora este ejemplo.

Bajo la metáfora “nadie es neutral en un tren en marcha” Howard Zinn compila las vivencias y reflexiones de un profesor que vivió el siglo XX. Desde la segregación de las poblaciones negras al activismo por su abolición,  él cuenta a su manera como la política y la historia las hacen los personajes comunes y cómo, ante todo, las personas deben tener su propia postura.

Resistir o defender; aceptar o rechazar; socialismo o capitalismo; todos son debates que se plantean en la microfísica del poder, y, de los que no se escapa nadie. Son estas ideas mi base para aventurarme a la reflexión sobre cuál es el deber un abogado en los tiempos en los que vivimos.

Primero, quizás tenemos el deber de entender que en la Facultad no aprendimos Derecho sino leyes, lo que nos pondría en evidencia que somos víctimas de un sistema anacrónico, que se satisface con la exégesis. Por ello, pensemos un poco en el engaño de nuestros primeros textos.

Nos dijeron, que este era un sistema de Derecho Continental, que se originó en la postura de Montesquieu para lo público y del Código de Bonaparte, para lo privado. Ambas categorías difícilmente sobreviven porque se han enfrentado a la reconstrucción jurídica de la posguerra, a la influencia de las escuelas austríacas y alemanas,  pasando por las teorías del Estado de bienestar para finalmente caer en el neoliberalismo y el Derecho comunitario.

Por ende, nuestra formación es un entramado, un conjunto de pedazos tomados de distintas partes y épocas, con los cuáles difícilmente entendemos la realidad. Esto en virtud de que además de todas las ausencias que sufrimos, la principal es la de una reflexión sobre el qué  hace y cómo se hace el Derecho. Falta, por ejemplo, entender que el Derecho es sólo un elemento de la cultura y de la historia. Por ende, cambia en sus formas y contenido.

Una de las mentiras fundamentales es la ilusión de estática que ofrece la Facultad con sus viejos y pesados Códigos que son actualmente remembranzas de un proyecto de país que nunca terminó de ser y reflejan valores de otras épocas. La segunda, sería la distancia. El Derecho en la escuela es una construcción terminada de la cual un abogado ha de servirse con un sentido general y concreto de justicia. Servirse, sin la capacidad de sentirse, ni de responsabilizarse, como parte del mismo.

En América Latina, de Carlos Cossio y Couture en adelante, se ha dado en lo filosófico valor al quehacer concreto de los tribunales. Desde esta perspectiva si el Derecho se crea en su aplicación, tienen los abogados al litigar y al argumentar, una responsabilidad directa en la creación del Derecho. Lamentablemente, estos temas son tomados con desdén desde cátedras optativas, o, complejas y recargadas, como resultan las lecciones de Filosofía del Derecho.

Entonces, ¿cuál es, en definitiva, el papel de los abogados ante la Historia? Existe un espacio en el qué la política se torna un tema jurídico y en él, se necesitan abogados con conciencia de clase y de país, en funciones jurídicas y no en el mero discurso político.

¿Son los hechos del hoy, en Venezuela, debates únicamente políticos? ¿Es delegable toda la carga en los políticos? ¿No hay un deber de darle al país, razones y alternativas, en tiempos de marchas y contramarchas, tuiters y contratuiters?

Pasada la guerra, Hans Kelsen reflexionaba y para él, el Derecho ya no era un tema de norma sino un mecanismo para la paz. Un canal de comunicación para los sujetos antagónicos. Con esta perspectiva parece necesario afirmar que ante los tiempos de tanto movimiento, quienes dedican su vida a esta ciencia no pueden permanecer en la retaguardia, como simples mercaderes del procedimiento administrativo y judicial.

Cuando las guerras estallan o hay catástrofes naturales, los médicos saben que es tiempo de ponerse la bata y las botas, asistir al campo de batalla y estar allí, con los heridos, los moribundos, las parturientas…

¿Esa campana no suena para los juristas? ¿Por qué la ignoramos? ¿Cuál es la vocación de un jurista? Más allá de tener el estatus que da el ser abogado, o, la perspectiva de venganza por un problema pasado que anima a muchos de hacerse de esa licencia para hablar duro y amenazar con juicios a todos los transeúntes.

Es cierto que la sociedad no avanza tan sólo por las leyes que dicta pero tampoco hay una noción de progreso que excluya lo jurídico, así como esta afirmación es relativa cuando vivimos en sistemas donde la responsabilidad de la creación de la ley es de sujetos políticos y no de actores jurídicos.

Pero ahora, en tiempos de diálogo y conflicto, hay un deber de proponer, acciones y alternativas, que permitan identificar al otro, conocerlo y mantener en el ámbito de los derechos nuestras diferencias. Es allí, donde faltan tantos. Tantos de cualquier tendencia, que simplemente sean parte de una historia en la que como dice Zinn, nadie puede ser neutro.

Vistas las ausencias, merece la pena homenajear a quiénes a la diana contestaron presentes y dieron al país leyes, constituciones y sentencias, que nos permiten hoy gritar ¡viva la República!

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