Hoy la Profesora esta indispuesta

Conocí la violencia encuentra-evidencias-entre-la-violencia-en-adolescentes-y-el-desarrollo-cerebral_full_landscapehace muchos años. No recuerdo mi edad pero ella se llamaba Luisa. Era una señora que tenía una pequeña farmacia, delante se estacionaban los carros. La calle tenia esas barras de metal amarillo.  Yo,  las saltaba mientras ella hablaba esplendida con mis papas. Una mañana mi mama lloraba en el baño, habían matado a Luisa, la querían robar. Viví de niña cerca de la Universidad, esa calle olía a humo de cauchos y a gas lacrimógeno. A veces la gente huía a mi calle, casi hasta mi casa. Aprendí que el vinagre alejaba esos males y en la ducha se podía respirar.

Me enferme el 4f, tendría seis años quizás. Me moría de fiebre, literalmente, me moría. Mi papa se lanzo a la aventura de salir zigzagueando tanquetas hasta la clínica. Frente a mi colegio, en los doce años que allí estuve vi matar gente, otra morir por accidente, vi esplendidas persecuciones de ladrones.

A alguna edad me robaron por primera vez en Monte bello. Antes, cuando era niña habían robado la casa de mi abuela y nos habían encerrado en un cuarto. Pasaban nubeluz. Al papa de Marielina le robaron a mano armada su carro el día de la comunión. Al papa de Paula lo mataron poco después de sus quince años. A mi primo lo secuestraron bebe, allá, en los ochenta.

He visto pistolas en las peleas de vecinos, en las guanteras de los carros, en las cinturas de los jueces, bajo la pierna de algún funcionario. He desarrollado una fobia inmensa ante la violencia.

Me he dedicado a los Derechos Humanos y para los derechos humanos, la violencia es como la enfermedad es para el médico. Buscando la cura siempre se consigue la enfermedad.

En Caracas he visto puñados de robos, un asesinato en plena vía publica a dos carros de distancia. He escuchado las noches como plomo revienta y  nadie se alarma más de la cuenta… Y todo esto vino junto, indetenible, como una conversación con el ladrón que se antojó de mejorar mi día.

Tengo esta idea atragantada. El derecho a la ciudad también  se roba, que se rompan las bonitas declaraciones de la UNESCO. El derecho a la ciudad también se roba…

Ante la violencia tenemos muy mala memoria y muy tristes promesas. Todos sabemos que la policía no cambia nada. Al rato la violencia cambia a la policía. Verla y poder hacerla, eso pesa más que las aulas. Nos repetimos como rezando rosario que la educación y la igualdad cambian algo. Pero que cambian? El deseo de posesión arropa y arrasa. Para educar hacen  falta verdades, saltos de esperanza.

Cada día la misma conversación que cada tanto se repite desde que tengo memoria termina igual. Quizás más desesperanzada. Cada día creo menos en el santo remedio de la educación como un valor abstracto. Nos educan en la violencia, para huirle, para venerarle, las dos cosas al mismo tiempo. Todos quieren lanzar una bomba, matar a un ladrón, linchar un ratero…

Para el ladrón y para el robado, lo material vale más que el trabajo, la dignidad y la vida del otro.

Esa tarde debía dictar una clase de Derechos Humanos. Llegue a la escuela y seguí de largo.  Llame y dije, hoy la profesora esta indispuesta…

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. José dice:

    Es un verdadero privilegio para mí, leerla. Gracias por compartir sus escritos.

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