La homofobia también es machismo

imagesHoy es 8 de marzo y sin duda es una buena fecha para la floristería. Nacida como conmemoración de una lucha que incluía como motivos el género y la clase, la misma se ha ido diluyendo hasta ser en la agenda una celebración que tiene bastante similitud con sus antónimos días de la madre y de San Valentín.

Vale entonces ese día regalar sonrisas, felicitaciones, tarjetas y lazos, todo un pequeño combo de los identificativos que en occidente le damos a ese ser que se entiende como mujer. Llegada la noche, con la rosa bajo el brazo o con el teléfono celular lleno de imágenes amelcochadas, pocas escaparan de los asuntos que hasta ahora no han podido cambiarse y enfrentaran la dinámica hogareña que para algunas es la única función socialmente necesaria por poco que sea económicamente valorada.

Sin embargo, no pretendo en esta fecha ponerme histórica o conceptual. Seguramente sobre el tema ya recibió también un par de cadenas y de infografías sino intentar abrir la óptica de quien entiende naturales situaciones profundamente injustas y estigmatizantes.

Así mi línea se agarra de uno de esos aburridos diálogos de los locutores de radio en esta fecha, pues, al parecer algunos hombres sienten una sensación de exclusión por una fecha de visibilización. Seguro miran lo evidente, ningún experimento de control de la reproducción humana ha logrado evitar ese casi perfecto balance en el número de individuos de sexo masculino y femenino.

Porque una fecha como esta, un debate como este, no va a gravitar sobre el hecho de algunas cosas básicas como la humanidad está compuesta por masculino y femenino; ni la cualidad de humanos de ambos; ni sobre la necesidad biológica de ese encuentro para generar vida.

El asunto está, en  términos beauvarianos, en quién o qué cosa es ser hombre o mujer; y que valoración del ser, en su capacidad y libertad, se desprende de una u otra cosa.

Se trata entonces de ver por donde va la historia del pecado original, de las abuelitas con delantales, de las monjas que castigan el embarazo extramatrimonial, de los crímenes por honor y pasión; y, de ver, por donde vamos en la bonita idea de andar “brazo a brazo”.

Por ello, es una época de entender no tan solo que las cosas no siempre fueron iguales sino que cambiaron considerablemente rápido puesto que a punto de marcha, huelga, demanda y ley, se llegó a este estadio donde la esfera pública se compone por trabajos, ropas, aspiraciones y obligaciones que comparten en un supuesto plano de igualdad hombres y mujeres. Tanto, como la necesidad de pegar el ojo en la mirilla y darnos cuenta de que “ciertas condiciones aplican”.

Por ello, el tema de la mujer y el género nos habla de cosas tales como si hoy en día la mayor parte de la población universitaria y de los movimiento de base están constituidos por mujeres, porqué no son más de veinte las que ocupan cargos de primera línea frente a sus pares masculinos, que muchas veces con menor rango académico, por lo menos las triplican.

Pero tiene sobretodo que ver con ese imaginario de la debilidad e inferioridad de las mujeres y su mundo. La idea de que la maternidad y la biología femenina son un problema. Por ende, no ha de hablarse de ciclos menstruales ni debe amamantarse en sitios públicos aún si vivimos en un entorno donde los hombres orinan en cualquier esquina y aparecen gloriosos con los pectorales descubiertos.

Por ello, la conciencia de género deriva de cuestionar todas las cosas que entendimos eran justas o debidas.

En eso nace la idea de esta nota pues la homofobia es uno de esos terrenos donde se conjugan las apreciaciones más profundas de lo que entendemos femenino y masculino, malo y bueno.

La homofobia, a estos efectos, es aquella manera de sentir menos un hombre que teniendo aquella “suerte genética” de ser masculino decide imitar, parecer o ser como ese ser inferior, de “niña”o “mamita” revelando aspecto de nuestra cultura y cosmovisión que van mas allá del rechazo de ese ser en particular. Se trata de entender como una desgracia que el buen Simón no quiera ser varón…

En consecuencia, hablar de la homofobia en un día de la mujer intenta reubicarnos en que este es un día de cuestionar un orden dicho natural por la cultura o por la religión pues tan digno de rechazo, burla y acoso fue en un pasado el deseo de una joven de ser industrial, o, de una trabajadora de ganar igual que un hombre, que el que hoy produce en algunos, la idea de que un hombre que viva en un paradigma de la sexodiversidad.

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