Acupuntura de la molestia

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Cuando empezó esto, esta situación que hemos vivido últimamente, que en mi percepción se fue instalando mientras el Comandante Chávez enfermaba, se recrudeció con los cambios de la ley del trabajo, recuerdo haber escrito par de veces sobre mi sensación de que existía detrás de cada cosa que pasaba un estudio en fase de experimento basado en la interrogante de cómo fastidiarle más la vida a la gente. Así, el beneficio del segundo día libre universal se convirtió en la perdida general del sábado pues cada vez se hizo más difícil hacer lo que todos hacíamos ese día, las pequeñas diligencias de la cotidianidad y del hogar.

Luego de esa simple sensación, con documentos en mano, fui viendo por los reportes de retenciones de la Guardia Nacional, las guías de despacho de Sunagro y los reportes de abastecimiento que el desabastecimiento se creaba, se empeoraba y se mantenía simplemente con la alteración de la frecuencia y la cantidad. Así, de lo que antes llegaba cada jueves, digamos que diez kilogramos, ahora llegaba un solo jueves en un despacho de cuarenta kilogramos. La situación enloquecía a todo el mundo, al vendedor que temía ser acusado de acaparador, al comprador que quería lo que veía porque no sabía si lo volvería a ver y a las autoridades del orden público que a ciencia cierta no sabían a qué se enfrentaban.

Había en aquello algunas cosas que me resultaban evidentes, no tan sólo la técnica de jugar a cambiar el patrón de consumo, la gente no concentraba el mercado –porque poco a poco dejó de existir- sino que  se veía forzada a disoverlo aglutinando la compra de productos que siempre fueron al más estricto detal.

Todas nuestras casas cambiaron. Mi despensa tiene cinco litros de cloro, cada uno con distinta etiqueta. En diciembre canjee parte de mis utilidades por café y sé que todos tenemos como encontrar en nuestra casa mil otros ejemplos.

Otra de las técnicas usuales fue hacerle la vida más difícil y la ganancia más pequeña a los pequeños comerciales, a esos, al bodeguero del barrio, a la señora de las empanadas…las facturas y las notas de entrega, los aumentos del condominio, del arrendamiento, la venta condicionada, el cambio de códigos, la modificación de la categoría o de la relación comercial con el vendedor. Todos se fueron sumando de a poco a la realidad.

La verdad es que el asunto pasaba así, solo reflejado en dos cosas sencillas, mayores precios y menores bienes. Cosa que esconde todo este entramado perverso. Se lo disuelve a quien, sencillamente vive su vida.

Hasta ese entonces las cosas tenían poco sentido. Hablábamos de una rebelión de la burguesía, de que habían decidido echar el resto, nos acostumbramos a ir echándole la culpa al compañero que como mártir designábamos para que encarara la tormenta y fuimos por demás encontrando cada día una solución mas grande, mas burocrática y compleja para el problema.

Ahora, en marzo 2017, la situación tiene más sentido. La guerra económica no es más que la preparación, muy larga, al menos desde el 2010 de una campaña electoral. La Polar que desapareció de la realidad pero no del imaginario, prometerá un país que nunca fue y una prosperidad que nunca será.

La derecha considera que ha llegado hora de las grandes fortunas, de la noción de democracia minimizada a la transacción financiera. El tiempo de los nuevo Chicago o Princeton boys, a los que no tan solo reúne el desprecio por los pueblos y sus procesos sino sus sentidas y publicas amistades.

Tan fuertes son sus amistades entre estos señores como el desprecio por los trabajadores y por un Estado que les garantice inamovilidad y alguna protección salarial. De allí que siento que mi primera asociación casi instintiva de lo sufrido con lo laboral, no era tan despreciable. Claro, tampoco es tan brillante, todos sabemos que estos son problemas de la lucha de clases.

Venía con este texto escrito en mente cuando cruzando la calle vi a Evaristo. Venía con la cara afligida y pienso que encontrarse conmigo le abrazó la pena. Llevaba tres viajes por una diligencia y regresaba, extenuado y quebrado, sin nada en mano. La burocracia otrora amigable le pegaba mordiscos. No había ni siquiera un amigo de esos, el primo que todos tienen en Miraflores o en el CNE, que pudiera ayudarlo.

¿Será que es tan o más difícil de detectar que la acupuntura de la campaña del Peluquín que la que hacen los que convierten los tramites y ordinarios en un verdadero suplicio? ¿Por qué se nos va la vida peleándonos entre tendencias y amigos sin ver como calladitos otros ayudan a pavimentar el sendero que nos lleva hacia el abismo?

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1 thought on “Acupuntura de la molestia”

  1. Este texto se me hace una suerte de salmo, además con una precisión profética. Aterrador, sobretodo para aquellos a quienes de alguna forma retrata; esos que para evitar el terror de saberse protagonistas por acción u omisión, van a preferir las cómodas costuras que ellos mismos le van a fabricar con tal de enfocarse en otra cosa y no en la lucidez del texto. Creo que aquí decimos “Al que le caiga, le chupa” ¿No? Solo que las omisiones tampoco perdonan. Presten atención que estamos a tiempo. Gracias diosa por el privilegio de leerla.

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