¿Se equivocó Julio Borges?

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Bastante hemos hablado en los últimos días del infamante tuit publicado por el, nombrado durante el desacato, Presidente de la Asamblea Nacional, en el cual afirmó que la Carta Democrática Interamericana estaba por encima de la Constitución Nacional. Aquella respuesta es sin duda una, que si hubiese sido dada por algún estudiante,  le hubiese hecho reprobar un examen.  Pues este parece un error terrible, un desconocimiento profundo, del sistema jurídico nacional cuyas bases se han mantenido intactas desde la Constitución de 1947 y así ha sido asumido por todos quienes desde el patriotismo rechazan una afirmación tan descabellada.

Sin embargo, puede que no estemos frente a un error de estudiante, de una pobre comprensión del derecho constitucional o de la nomativa internacional sino ante un acto deliberado. Pues, decir que algo es superior a la Constitución, equivale a condicionar las normas fundamentales.

Veamos esto, de una manera sencilla,

La Constitución es la norma suprema, de ella deriva todo el Derecho y conforme a ella han de desarrollarse todas las acciones. Cualquier cosa que la contraríe debe ser anulada, omitida y corregida. Para ello existen los tribunales, la justicia constitucional y el deber de cada persona de cumplir con la Constitución.

Entre esos asuntos vitales está la noción del Estado y sus principios, las funciones que corresponden a cada Poder y sus límites, la manera en la que colaboran y cómo actúan fuera del país. Según la Constitución tan sólo puede presentarse a un foro internacional el Presidente o a quien este delegue, pues este es el único Jefe de Estado.

Es decir que, a los efectos de Borges y de Ramos Allup que declaró en la misma línea, la Constitución es esa norma molesta que desde 1999 vino a afectar su cosmovisión. El rechazo, más disimulado de la actualidad, deviene del ruidoso descarte que hicieron de ella en el pasado y se les va goteando cuando hablan de la cámara del Parlamento, o, que dicen que cualquier panfleto internacional vale más que la Constitución que en definitiva, no es sino la permanencia de una voluntad votada por el pueblo.

Si decimos panfleto internacional lo hacemos de manera deliberada pues ciertamente existe una norma constitucional que reconoce y ordena la incorporación al derecho patrio de normas internacionales, pero, se trata de incorporación al mismo nivel de la Constitución y no por encima de la Constitución como lo ha recalcado desde el 2001 la Sala Constitucional -basada en la mas sólida doctrina alemana e incluso interpretaciones previas de la Constitución de 1961- y no de cualquier norma, sino de aquella que establece derechos humanos, las cuales son claramente determinadas y enumeradas por las organizaciones de las que emanan y que además hayan sido ratificadas por la República. Al respecto, es importante considerar que este no es el caso de la Carta Democrática Interamericana.

Un viejo aforismo en el Derecho enseña que hay errores tan graves, imprudencias e impericias que cuando se cometen develan que lo que se hizo fue hecho con intención. Sea ese el caso, o, abiertamente la intención de ubicar una Resolución de gobiernos para gobiernos por encima de todo el Estado de Derecho, lo que motivó estas declaraciones, observaremos en los próximos tiempos por qué no pueden ser tenidas por inocentes.

Claro, salvo que queramos declarar que las mismas vienen “preñadas de buenas intenciones”.

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