Un día sin noche, el Valle 20A.

 

piromano.jpgTranscurría la noche del 20 de abril de 2017, como todos los días anteriores algunos grupos marcaban su asedio a la ciudad. Esta vez tomaron la populosa Parroquia El Valle atacando principalmente el Hospital Materno Infantil. El ambiente era pesado y acido cuando llegué, los ruidos se mezclaban bajo la asfixia. Sonaban algunas cacerolas, algunos gritos, algunas detonaciones. Frente al Valle, donde eso ocurría, obligando a madres parturientas y niños enfermos a enfrentar, en ambulancias dispuestas como autobuses, el correr a otro hospital que los atendiera, los grupos decidieron entrar por la reja al Fuerte Tiuna –principal instalación militar de Caracas- que alberga, por decisión de Chávez, un conjunto de más de cuarenta edificios, de quince pisos en promedio, con ocho viviendas cada uno.

La amenaza era inminente. La gente decidió reunirse, abrazarse, cantarse, organizarse. La escena me resultará indescriptible para el resto de mi vida. Había llegado de trabajar, de  acompañar a mis amigos y ahora estaba en una asamblea donde se discutía como defender de un potencial incendio por molotov o una balacera, mi casa.

Estábamos en el parque, en el mismo donde he visto correr los niños y yo troto a veces. En el que venden chocolates y dibujos, artesanías y vegetales. Las caras de todos los días venían cargadas de espanto y yo, me abrazaba con otras muchachas que como yo se sintieron por primera vez realmente lejos de casa.

Mi edificio está situado frente a la autopista. La entrada más evidente sorteando el control policial es la reja verde que divide la vía principal de un camino interno. Cualquier supuesto de esa naturaleza, cualquier acción que la impida, cualquier consecuencia de no evitarlo era dantesca.

Insisto en ello, ese sentimiento antinatural de sentir un ataque contra la casa. Uno que se busca para levantar rabia y tomar fotos. En las imágenes de todo perderlo, de salir sin regreso… esa escena de película de guerra se sucedía en mi propia vida. ¿Qué llevarte si piensas que puedes irte sin volver? ¿Cómo hacer para no irte? Realmente la vida real no se pinta con las escenas fabulosas que siguen la ida del hogar en las películas.

El abrazo y la desolación pronto se fue tornando en fuerza. La fuerza de saber que aunque amenace, la locura todavía no se ha impuesto y que si ocurriese no tan solo dejara huecos en paredes, papeles en el piso y gritos en el aire. Se llevaría el espíritu bonito de una ciudad donde todos se dicen vecino y donde tantos han empezado la vida. Bien porque aquí se hicieron familia o porque al llegar a este espacio dejaron atrás la precaridad.

El canto y la vigilia, la caminata, el saludo a los soldados, el canto del himno nacional y las proclamas a favor de la unión cívico-militar, dejaron pasar la noche y así comenzó a anunciarse la mañana. Con ella, todos sabíamos que vendría un nuevo tiempo, temido y de esfuerzos.

Cada quien se fue agarrado a su casa para desvelarse en su soledad. Había quien quiso cuidar a los demás desde las azoteas, otro ocupar las plazas, yo quise venir a contarles esto. A contarles la gallardía de un pueblo que canta y que se aferra a sus sueños en plena batalla contra quien saca de su cama a los enfermos y anuncia destruir casas.

 

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