La esperanza del presente

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En un primer texto esta semana nos propusimos dibujar un país que necesita respuestas. Mas allá de nuestra postura política en general y sobre el llamado a la Asamblea Nacional Constituyente en particular, eso no lo podemos negar. La vida sobre la línea de tensión donde estamos a un paso de la barbarie y de la perdida de la República es insostenible. No lo aguanta ni nuestra cotidianidad, ni nuestra economía  y precipita malos tiempos históricos.

Los venezolanos sabemos poco de guerras. Todavía el mundo está lleno de abuelitas que vivieron la segunda guerra mundial y se vinieron a América Latina. Ellas que saben lo que es el hambre y apuran al deber de la  preservación de todo, regañando a estas generaciones que dejan perder cosas y comidas. Nuestro país vivió dos grandes guerras que le costaron a cada vez, aproximadamente la mitad de su población y que dejaron en letargo la construcción del Estado, la guerra de Independencia y la guerra Federal.

Pero no por ello debemos pensar que el resto del tiempo histórico fue placentero y pacifico. Nuestro siglo XIX fue un eterno conflicto, tiempo de angustias e intrigas, de caudillos con breves constituciones y gobiernos. El siglo XX, tuvo dos grandes dictaduras, a Gómez y a Pérez Jiménez, sangrientas y opresivas, dotadas de una buena dosis de apoyo internacional.

La segunda mitad de aquel siglo contó con la proscripción del comunismo, con el miedo a la cubanización y el desarrollo del concepto de la vitrina de la democracia. Es el tiempo de la inequidad, del club de golf vs. el cerro, de la prueba de los métodos de tortura y desapariciones forzadas que luego dominarían el sur. Es el tiempo de los carros negros y el lanzamiento de los adversarios políticos desde los helicópteros.

De todos esos procesos Venezuela supo levantarse mediante la conquista de la politización. Es falsa la idea de la estabilidad incluyente o de la alternabilidad abierta antes de 1999. Por ello, pese  a que hemos llegado a este tiempo en el que necesitamos respuestas, primero tenemos que ver que también formamos parte de una sociedad que decidió mirarse y oírse para cambiar.

Por ello, mal puede venir la oligarquía con franelas a pintarnos la consigna, históricamente falsa, que son libertadores porque este es un país que tiene toda su historia despierto y que ha cultivado su Independencia con los pobres de la tierra.

Estamos despiertos. Con nuestra fuerza desde este país se impulsaron tres constituciones en el Continente, se cambió mundialmente el concepto de democracia y el de justicia. Avanzamos en la nueva geografía de toda América. Rompimos el esquema de la economía con un único cliente, socio y maestro. Todo lo hicimos y lo asumimos, por eso, ahora pagamos con la orfandad que significa que nos haya, la vida o la canalla, quitado a Chávez.

Nuestro proceso político y su motor para todo el tercer mundo siempre ha sido mal visto. La molestia del cambio político en Venezuela la manifestó desde el comienzo los Estados Unidos y se valió de sus espacios de influencia para hacerla parecer como ponderada, objetiva, neutra.

Por ello, en es esquema regional corrieron a inventar documentos que rescataran la representatividad y juraron el fracaso de un proceso popular. Entonces, el presente es tan sólo un capítulo agudo, quizás final, de esa situación de persecución.

La misma cada vez ha sido más violenta como lo sabemos si recordamos que estamos a dos años de que nos declararan una amenaza inusual y extraordinaria para los Estados Unidos y eso, desde ninguna perspectiva es poca cosa.

Al ser una amenaza los países que dependen, económica o militarmente, de los Estados Unidos y los que simplemente le temen, comienzan a retirarse silenciosamente antes que aquello les salpique. La historia les enseña la saña violenta que aplica Estados Unidos, cuando por la política o la guerra, tuerce los brazos de los pueblos.

Por eso es falso, que el pueblo venezolano se haya entregado o no esté dando la pelea, lo que ocurre es que es una gran la pelea esta que damos. Tan simbólica,  alimentada por las deficiencias y contradicciones, individuales y colectivas que es una estrategia para desesperarnos.

Pero el camino nunca ha sido un camino de rosas. Apenas cuando arrancamos la Revolución bolivariana habían quienes hablaban del fin de la historia, de un triunfo definitivo del capitalismo sobre el socialismo, de la hegemonía absoluta de los Estados Unidos. Con esa mar en contra hicimos el tiempo constituyente que parió la generación más formada y la que ha tenido mas auxilio del Estado, en la historia nacional.

El mar en contra en este momento es una posible guerra de misiles entre Corea del Norte y Estados Unidos. Este último país, así como otros de Europa, han rechazado la política y puesto en la Presidencia ciudadanos que vienen del mundo financiero. Esto mientras vivimos en un planeta donde hay más migrantes precarios, más gente que muere de hambre, mas niños que no son tratados por enfermedades curables, menos gente con acceso a la salud en los países industrializados y que el dinero le queda a menos gente, eso si, cada vez en mayores proporciones.

El mundo es un enorme espejo, la opresión se obtiene fundamentalmente forjando el acuerdo de los oprimidos especialmente a traves del miedo. Hay que dibujar un mundo donde el progreso es invidual y no colectivo y salirse de esa lógica es una tragedia.

Por ello, construir un proceso político de masas bajo lemas de justicia social es un asunto muy complejo. La idea del otro mundo posible se enfrenta a que no pocos piensen que como a las culebras estas ideas hay que matarlas por la cabeza.

El proceso nacional, en medio de esa historia y en este contexto mundial tiene que mirar algunas cosas. La juventud, que es la mayoría de nuestra población tiene un rechazo –al menos aparente- del discurso político nacional tradicional, incluso independientemente del sector político al cual se sientan atraídos.

Los muchachos no conocen el pasado y me atrevería a afirmar, que no lo quieren conocer. Requieren una construcción en futuro y esta, como terreno poco labrado en el discurso político de la izquierda, ha sido un campo de siembra para el mercado. La conquista de la igualdad en su imaginario dista de aquella que dio paso a la Revolución que buscaba la igualdad de oportunidades. A nuestros jóvenes la guerra económica les ha dibujado una hipotética posibilidad de igualdad-libertad en el consumo.

La rabia del hoy sea inoculado desde la ambición por las cosas. Por ese supermercado o centro comercial atiborrado de primeras marcas donde su existencia es tan idílica que poco parece importar si existe la posibilidad cierta de comprar en el.

Tan evidente como saber que ese no es todo el país, ni toda la juventud, es el hecho que esto no lo podemos obviar y que no existe en el presente una herramienta que nos permita contestarnos hacia dónde va un barco que nadie dirige, que no tiene responsables ni jerarquías, que alimentan desde afuera y que tiene como objetivo golpear, en lo más profundo, la noción de un país.

Un barco con dichas características, cuyo combustible es el odio y su objetivo romper un país, no puede entrar en la definición de oposición política. Porque es precisamente un ejercicio de anti política pero no es tampoco todo el mar.

Si el mar fuese el país entero, amplio y diverso, en el encontraríamos el deber del encuentro, de la superación y de la justicia. En el presente el debate de cómo se evita el conflicto y como se gana la justicia es objeto de múltiples formulas pero en todas se reconoce como herramienta la negociación.

Para llegar a esto, a la contextualización de este como un momento díficil y de aquellos como sujetos políticos con otros conceptos, tendríamos que construir espacios donde la actualidad deje de ser un oscuro capítulo y pase a ser el tiempo de la siembra de un futuro mejor. Es el tiempo donde muchos saltarán del barco, ciertamente pero con ellos no hay que centrarse en cuestionarles comos personas sino en mirar, los procesos que fallaron, los objetivos que definidos antes ya no sirven para este tiempo.

Hablar con todos mas allá de los propios ombligos y tomando la fuerza devoradora de los enemigos para entender que pasamos del por ahora, al definitivo es ahora.

Pensar en positivo en todo este tiempo es obligatorio porque muchas grandes batallas, bíblicas e históricas, las ganaron los mas pequeños, los mas enclenques contra gigantescos ejércitos. Buena fue la pela que le dio la dignidad de Vietnam a los Estados Unidos como imposible fue la ganada, cerro a cerro, Campaña Admirable de Bolívar.

Hace un tiempo, cuando las cosas eran mas simples, Soto Rojas me contaba que ellos nunca soñaron que todo lo que hemos sido llegase a un día a ser realmente posible. Con su fuerza y aliento recojo esta idea, sin distraernos superar esto será un capítulo más.

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La urgencia de respuestas

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y que no se nos olvide contarnos que no todos quisieron la ANC 99

No hace falta ser un jurista para ver que a este país se le deben respuestas. Como yo, seguramente usted es una de las miles de persona en la ciudad que ven cada día su camino al trabajo más cuesta arriba.  Dentro llevamos cientos de reclamos, como el de un señor que  gruñía al llegar al banco que,  para colmo de males era lunes de quincena y bancario; que el cajero que consiguió sólo le daba seiscientos bolívares y con eso, sin metro, no tenía ni la mitad del pasaje. Todas las personas que estaban allí miraban el teléfono y lucían resignadas, cada una atendía la llamada diciendo “¿Qué pasó?”, “¿había paso?”

Cada vez más en estas semanas se ha hecho evidente que las fronteras de la paz y de la guerra, de la justicia ordinaria y la militar así como del orden público y una especie de guerra asimétrica con paramilitares y delincuencia organizada, se hace mas borrosa.

Esto porque en mientras en San Antonio había que pagarle un derecho al paso a una autodenominada resistencia, en Maracaibo a la cuadra paralela a la barricada se instalan atracadores en filas. Los ladrones, los cantadores de zonas, los infiltrados, los muchachos, todos son conceptos que se utilizan para denominar según sea para el momento el interés. Estamos entonces en un verdadero sálvese quien pueda.

Esa es la nueva realidad que durante varias semanas ha sometido a Caracas y otras ciudades venezolanas, a una dinámica de eterno domingo, donde cada tantas esquinas personajes y objetos se hacen tristemente comunes.

Esta situación se mide en daños en vidas, en espacios, en economía. Cada vez vemos discursos que se destinan a convencer a alguien que los otros queremos las muertes de los suyos. El mismo discurso cambia de colores y se vende.

En este sentido, tenemos que mirar el país antes de estos inmediatos tiempos. Antes del vaya, secuéstrese, guarde sus excrementos, queme el consultorio más cercano, odie a todos los funcionarios.

Antes que el problema principal fuera el miedo de quedar secuestrado en un enfrentamiento que no le deje ir a buscar a sus hijos o llegar a su casa.

Entonces nuestro problema central era el económico porque en los últimos cinco años, toda nuestra realidad del valor de la moneda y del precio de las cosas, cambió.  En este tiempo, se han intentado varias e incluso contradictorias formulas de control económico, del mayor al ningún control, del garantizar abastecimiento al cuidar precio, del cuidar el anaquel a distribuir directamente.

Ha habido en estos tiempos citas en Miraflores entre Nicolás Maduro y Lorenzo Mendoza, la promesa de Mendoza de lanzarse a la Presidencia, el uso de las captahuellas, la importación directa con divisas propias pero ninguna ha sido una solución definitiva.

Esta situación nos advierte que el modelo económico y su enfermedad, su condición derivada de la naturaleza nacional de ser un puerto y un país petrolero requiere pensar los modelos, frente a una previsión constitucional económica que, no tan solo amparó el libre mercado sino que no se ajustaba a un esquema de protección laboral y cambiaria, como la que ha existido. Eso, por no hablar del amplio campo de los derechos adquiridos.

Hay un sector que piensa que esa dificultad, la de tener la harina y llenar las arepas, se arreglaría inmediatamente con un cambio de gobierno. Pero ¿es esto realmente posible cuando, el precio del crudo no da señas de volver a sus registros históricos anteriores y cuando, al lado de la frontera la ONU ha declarado zona de hambre?

Pongamos que esto fuera posible y que por la vía del financiamiento del Fondo Monetario Internacional –que Dios nos ampare-  logra el país, con otro gobierno, recuperar el flujo de caja pero ¿qué hacemos con un sistema económico estructuralmente disfuncional?

En Caracas, el kilogramo de zanahorias pasa de los ocho mil bolívares en el Este y de los cinco mil en los mercados populares del oeste. El precio se disparó con las interrupciones de la distribución producto de las alteraciones del orden público. Según el Banco Central de Venezuela, la zanahoria no es un producto marcador como lo son el tomate, la cebolla o el pimentón.

La zanahoria es una de las maneras de hacer rendir la harina de maíz escasa y costosa, a la vez que un producto que se cultiva en tierras frías de Aragua y en Los Andes venezolanos. Allí, por ejemplo, en Trujillo forma parte de los cultivos que más de una vez indignados por los míseros precios que pretenden pagar los distribuidores a los campesinos han sido donados al pueblo o dejados perder.

Nuestra economía viene enferma de dependencia y de injusticia, de monopolios nuevos y viejos, de indiferencia por el valor agregado del trabajo humano y el riesgo financiero. Ha sido construida por los intereses del comercio y no de la industria, eso por obviar, que toda se ha derivado de una lógica del mientras tanto.

La economía así, dominada por pocos y medio de dominación de los muchos, era la preocupación que todos y todas teníamos antes de este capítulo de insania. A través de ella se fue construyendo una poderosa máquina de desesperanza, que nos indujo a pensar que los tiempos y la vida en Venezuela era un sacrificio tan alto que no pocos, se han reconocido indispuestos.

El debate está entonces entre los que nos quedamos, los que no nos queremos ir y los que quieren regresar. El debate con todas las preguntas y en la búsqueda de respuestas que no se ahoguen en pueriles dinámicas que obvian, por ejemplo, que si alguien pensase que la solución se supera con sus famosas elecciones generales, las mismas exigen cambios constitucionales.

Hay cosas que a los pueblos les deben los abogados y estas no son recitar artículos. Se trata de conocer la finalidad de las normas y los principios fundamentales. Encontrar en ellas, caminos donde las tensiones se bajen en el marco de la ciudadanía. Han pasado alrededor de sesenta días, donde, chavistas y opositores, marchistas y funcionarios del orden, simples transeúntes, niños que miraban por una ventana, han perdido la vida. El país requiere respuestas que superen las ganas de tener la razón y de decir que no porque fulano dijo que si.

Mi país

mi pais.pngUn país es más que tierra, incluso es más que sólo gente, incluso es más que gente y gobierno. Un país es una hora a la que el sol nace y la manera de celebrarlo. Mi país es el olor a café en amaneceres claros, son los medaños inoportunos que se comen carreteras y la nieve que sorprende los páramos. Mi país es el gracioso hablar de los cerros de Caracas donde todos son un poco orientales, un poco occidentales y todos se sienten caraqueños. Un país tiene un pasado que lo ha hecho y gente que se ha venido en distintos momentos. Son las caras hermosas de las guajiras que esperan el ruta seis en Maracaibo. Si, las mismas que en mi infancia solo cuidaban niños y hoy, son juezas o cineastas. Mi país tiene también los gerentes que le prohibieron en un primer momento entrar al Sambil a los guajiros, y, los que hoy reclaman con justa rabia que según la Fiscalía nadie mató a Sabino Romero.

Un país no es una foto en un aeropuerto. Como cuando enferma la abuela o cuando se cae el techo de la casa, un país es un diario del esfuerzo porque las naciones no aceptan caminos sencillos. No son jingles de estudios sino sonidos de las voces de la Sierra, tonadas del llano porque los países son música de trabajo.

Mi país es la temporada del beisbol y la chalequeadera. Son los que se cuadran a partido ganador la semana de las elecciones y los que asumen cargos donde haiga. Mi país es la cerveza fría del viernes en la tarde y la empanada de la señora de la plaza. Mi país es el cafecito de la panadería y el primo que todos tienen en Miraflores. Mi país es el que usa  una franela vinotinto y de Italia o Argentina.

Mi país es un recuerdo y un proyecto más que un momento. Mi país es la dificultad del presente y la manera de enfrentarla. Son las mesas en las que todo falta pero todos ayudan. Es la manera de convertir al compañero en amigo y al amigo, en hermano.

De la desobediencia civil

Van tres semanas desde que el Presidente llamó a la Asamblea Nacional Constituyente. En este tiempo he tenido la suerte de reunirme en escenarios bastante distintos con la gente. Desde el hermoso encuentro en la Sierra de Coro hasta hoy donde visité la cuarta institución pública que me invita a hablar con sus trabajadores.

Para mí, ya es una certeza que la única manera que podemos ir a la Constituyente es para ganarla y el único método para ello es escuchar. No escucharnos, nosotros desde nuestra postura en el partido o en el gobierno sino escuchar a los que tienen mucho que decir.
Cada encuentro con esta premisa más allá de sumergirnos en una clase de derecho constitucional me veo en el deber de preguntarle a la gente qué les preocupa del país actual y sobretodo de qué forma, con cuáles espacios, con qué nuevas cosas y sin cuáles viejos vicios piensan el país futuro.
Después de escuchar es que me siento a escribirles.
En el día de hoy, un muchacho evidentemente interesado en la conversación me planteaba una pregunta sobre el artículo 350 de la Constitución. Al salir de esa Sala, con mi buen y querido José Jesús Gómez, veíamos como su pregunta me confirma que hay una parte del país a las que les han hecho creer que el artículo 350 es una fiesta de chukis o de zombies, o, la fiesta de locos de calle 13.
Como el 350 nuevamente anda siendo izado por los que quieren caotizar el país, les hago llegar un artículo sobre el tema que publiqué en el 2014 que espero les sirva para entender no tan sólo que los supuestos no están dados sino que ni siquiera dandose existe jurídicamente una cosa como la “suspensión de garantías” por parte de los ciudadanos al gobierno y a sus connacionales como terriblemente algunos parecen creer.
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Artículo 350. El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.”
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela

No ha habido desde el año 2001 un ataque de rabia de la oposición que no pase por invocar el artículo 350. Así, este es un número que se repite de grafitis a pancartas, a gritos rabiosos de quienes creen que en la llave de nuestra democracia (la Constitución) se encuentra la fórmula para su propia destrucción. Es en principio el artículo 350 uno sencillo, el llamado a desconocer cualquier régimen que nazca, se transforme, se convierta o se mantenga en contra de los valores superiores de nuestro pueblo. Estos valores tienen un adjetivo así como en todas partes del mundo suele pasar. De allí, que como los estadounidenses hablan de los, para ellos, “valores americanos” y los franceses se refieren a los “valores republicanos”, en Inglaterra se hablaba de los “valores victorianos” y en Venezuela, se reconocen los valores bolivarianos.

Es ese cumulo de ideas, contenidas en el comienzo de la Constitución los que está el pueblo obligado a preservar. Tomando para ello, el significado que estos han tenido en la literatura y en la historia Patria. Así, cuando decimos “independencia” reconocemos igualdad jurídica y política de todos los países, cuando decimos “soberanía” reivindicamos el derecho del pueblo de decidir su suerte y cuando hablamos de “integridad territorial”, nos negamos a cualquier intento de tomar el más mínimo centímetro de nuestro mapa o que, puedan venir aeronaves a surcar nuestro espacio aéreo.

Por ende, este artículo no contiene una invitación a destruir la Patria sino un llamado a defenderla de quienes o de aquello que atente contra su forma de República, su cualidad de independiente, de pacífica, de libertad, de democrática y de conformidad con los derechos humanos.

A lo largo de estas semanas, desde febrero, estos son temas a los que me he venido refiriendo y que intentaremos acumular en una formulación sencilla para el presente documento. Todo y diciendo, que el tema que existe una interpretación oficial de la Sala Constitucional al respecto, la dejaremos para luego, pues este no es un aspecto que a la oposición le suela importar.

1) La forma Republicana de Venezuela

En este momento nos interesa entender qué es la forma republicana de Venezuela porque el supuesto del artículo 350 refiere que un acto o una decisión, o un conjunto de estos, signifique el cambio de la forma de gobierno de la Republicana a una que deje de serlo.

La República es una forma de gobierno en la que nadie es más que nadie; donde todas las autoridades están sujetas a periódica elección y en la que el ejercicio de los poderes públicos se encuentra limitado a la responsabilidad ante los ciudadanos, al Derecho y la Razón.

La República es un modo de organizar los asuntos públicos, basado en las urnas, la separación y recíproco auto-control de los poderes públicos. Un sistema basado en el respeto a los Derechos Humanos, en el que las armas no confieren el poder, sino únicamente la voluntad de la mayoría, expresada en paz y democracia.

En tal sentido, un breve análisis puede resultar obligatorio. Veremos que el principio de igualdad de las personas, consagrado en la Constitución en Venezuela ha ido adquiriendo instrumentos jurídicos nuevos, entre ellos destaca la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia o la Ley contra la Discriminación Racial.

Estos dos instrumentos, han cambiado nuestra vida cotidiana en aras de la igualdad. Así, encontramos por ejemplo que el bochornoso cartel de “se reserva el derecho de admisión” ha sido modificado por la cláusula de la ley antidiscriminación que prohíbe que con argumentos de pertenencia racial o étnica se limite el acceso a un comercio, institución pública, etc.

De igual manera, en los reportes internacionales, observamos que para el año 2012, la ONU indicó que Venezuela y Uruguay eran los países con menor índice de desigualdad de Latinoamérica, en ellos la diferencia de ingreso entre el quintil más rico y el más pobre no supera las 10 veces.

Con relación a los Poderes Públicos, observamos –pues es público y notorio- que en Venezuela se realizan infinitos procesos comiciales, de los cuales han devenido las autoridades públicas, con resultados que no siempre han sido los mismos y en un juego, donde a veces la oposición ha crecido y otras, se ha reducido.

Nos queda el juego de pesos y contrapesos que mantienen los distintos Poderes Públicos entre ellos, el cual devuelve el bastón de mando al Poder Legislativo pues, siendo el único que integra representantes varios de sectores e ideologías le corresponde controlar al Poder Ejecutivo y es quien, mediante sus comisiones especialmente constituidas, nombra a quienes tendrán la responsabilidad de encabezar los tres otros integrantes: el judicial, el ciudadano y el electoral.

Es interesante en este punto ver las contradicciones útiles para la manipulación. Pues cuando esto se escribe, es hacia estos tres Poderes que desvía la oposición su argumento de ilegitimidad pero no integra, como le corresponde según el Reglamento de Interior y Debate de la AN, en desglose de la Constitución, las instancias que para tal fin han sido diseñadas.

Ahora bien, confirmada la configuración como República podríamos interrogarnos sobre cómo puede la República dejar de ser República. Observando que, de una manera que teóricamente es simple y concretamente, es inimaginable: que Venezuela adopte un régimen político monárquico o que se someta a otra República o a otra Monarquía, de modo que pierda su existencia y su forma propia.

El mismo supuesto lo veríamos en el caso que, por una vía distinta a la electoral, alguien se hiciese del Poder Público Nacional, en sus dos ramas que se eligen de manera directa o, sin respetar los procedimientos constitucionales previstos para nombrar los encargados de las otras tres. Negados todos estos como han sido, se observa que no puede ser usado este artículo para forzar una entrada al Poder que sería justo la que este prescribe: una distinta a la obtención del cargo por vía electoral.

2) La Independencia de Venezuela

Nacido en el mismo instante histórico que la República, la Independencia es un principio sagrado del pueblo venezolano y no significa que no pueda el Estado, dentro del concierto de las Naciones, tener alianzas con otros pueblos que le resulten beneficiosas para la consecución de sus fines sino que el derecho a decidir, a organizarse y a existir se entiende libre y ajeno de cualquier presión exterior.
Afirmamos esto de manera categórica pues algunos pretenden insistir en la existencia de injerencia extranjera, la cual consideran nace, permanece y se desarrolla, en Cuba. La verdad es que las relaciones venezolano-cubanas se encuentran enmarcadas en el Convenio Sandino y no tienen nada de extraordinarias, en términos de relaciones internacionales, pues se trata de un marco de cooperación mutua en la cual las partes fijaron sus exigencias en relación con sus necesidades.

¿Qué es entonces la Independencia? es que el país no esté sometido a la autoridad de otro, bajo ninguna forma de Colonia o de Neocolonialismo, en todas las formas en que éste se ha manifestado incluidas en aquellas que surgen después de las intervenciones militares con el establecimiento de gobiernos favorables al extranjero.

3) La paz en Venezuela

Si por paz, como reflejo automático entendemos, la ausencia de guerra y en sentido más amplio de violencia. Debemos entender que la violencia adopta distintas intensidades y obedece a distintas causalidades. Así hablaremos de violencia directa y de violencia indirecta, para referirnos a una paz positiva y a una paz negativa, que cuando confluyen podemos referir que existe plenamente una situación de paz.

Cuando hablamos de violencia directa nos referimos a la guerra y a toda suerte de agresiones personales, a diferencia de la violencia indirecta, caracterizada por causas estructurales tales como la desigualdad o la exclusión. Cuando cualquiera de estas existe, la paz tambalea, por ello, debe trabajarse en responder a estas dos fuentes.

El empeño de evitar las formas de violencia indirecta se traduce en mejorías sociales cotidianas y continuadas para el pueblo venezolano, y, la lucha contra la violencia directa se enmarca en la actualidad en la Misión A Toda Vida Venezuela y en la contención del escenario de Golpe de Estado que se desarrolla.

De modo que, considerado esto, la paz es un valor en sí mismo, que teniendo esferas positivas y negativas, no es descartable. Pues, esta clasificación deviene tan sólo del ángulo desde el cual se mire el fenómeno y no tenemos otra opción que mantener el legado de paz de nuestra Venezuela.

4) La libertad de Venezuela

Es interesante ver que la Constitución se refiere a la libertad en este supuesto como un atributo del país. Esto ocurre varias veces en la Constitución, pues, esta era una de las reivindicaciones de la Guerra de la Independencia. No se entiende, que la Independencia pueda permanecer si el Estado pierde la capacidad de obrar según su propia voluntad y este principio rechaza nuevamente cualquier forma de colonialismo para Venezuela.

5) La democracia

Siempre que toca hablar de democracia me gusta referirme a Sartori, con quien no comparto la totalidad de las lecturas de la política pero a quien reconozco su enorme calidad pedagógica. La democracia, es un asunto complejo y no por el final de la palabra pues esta viene de kratos, que es poder, que entendemos sin mucho más sino por el problema del demos.

El demos que es el pueblo no es un concepto estático ni universal. Incluso en el presente y en el aquí, por pueblo entendemos varias cosas pero en la literatura sobre la democracia aceptamos que se entienda mayoría.

Cuando decimos mayoría, a la vez, hemos descartado otros conceptos tales como el de muchos o el de multitud. Pues no es antidemocrático un gobierno que una multitud rechace o que unos muchos rechacen sino uno que no haya llegado al gobierno contando con la mayoría de quienes, pudiendo ejercer el derecho al voto, lo hicieron.

La Constitución Bolivariana amplió sobre esto la apuesta pues, en la democracia representativa, formula reina del mundo occidental con haber ganado al momento que correspondía ganar ya se podía tener la certeza de la permanencia en el gobierno. Cuando decimos que la amplió, es porque innovó al incluir la idea del referéndum revocatorio, que no es siempre ni de cualquier manera, sino una vez y en el tiempo y con los requisitos que la Carta Magna pide.

6) Los derechos humanos

¿Qué son los derechos humanos? ¿A quién benefician? ¿A quién persiguen? ¿Cómo se entiende ese poco de ideas haladas y escupidas que los nombran? ¿Cuándo un Estado los viola, cuándo no? Partimos de allí y de invitarles a cuestionarse a sí mismos sobre esto, como un proceso de desintoxicación mediática. Pues la verdad, decepcionémonos juntos, los derechos humanos no son tanto como pretenden.

Si digo esta frase ruidosa es porque hay que entender que los derechos humanos no son más que un paradigma. Uno, que desde el Sur y el Oriente ha sido catalogado más de una vez como esencia misma de una postura imperialista. Los derechos humanos son la lista de las cosas que hombres blancos, libres y propietarios, consideraron que se necesitaban para ser un ciudadano.

Los derechos humanos, así entendidos, le permitieron tener propiedad a quien ya tenía casa y le dibujaron instituciones para defenderla. Le permitieron vender a quien tenía empresa e imprimir a quien tenía imprentas. Los derechos humanos, dichos antes, libertades fundamentales, derechos individuales o derechos del ciudadano poco han tenido que ver con los hombres y mujeres reales, de las mayorías de este país y del mundo.

En tal sentido, la Revolución Bolivariana parte de entender los derechos humanos como los derechos del pueblo y de los hombres y mujeres que le conforman. Son derechos con adjetivos: son los derechos a ser humanos y a ser tratados como tal, de los pueblos indígenas, de las mujeres, de los campesinos, de los obreros, de ese enorme saco que para los propietarios siempre son los menos.

Por ende, la dinámica de los derechos humanos en nuestra óptica reconoce que el Estado está obligado a respetarlos, a promoverlos, a educar sobre ellos, a incentivarlos, a permitir su disfrute y a fomentar su acceso pero también, reconoce que él puede violarlos pero que personas privadas pueden ser responsables de ello.

Ahora bien, qué ocurre cuando un acto de un funcionario o funcionaria viola los derechos humanos. Pues, que debe ser denunciado, procesado y castigado. Siendo así, no se puede afirmar que el Estado viola los derechos humanos pues, las obligaciones en este tema se suceden como fichas de dominó cayendo unas sobre otras. Primero promover mejores condiciones y evitar la violación, sino intentar que la acción dañe lo menos, sino se pudo, pues, investigar, castigar y resarcir. Así funciona esta materia.

Cuando uno de estos hechos, que consideramos negados se presenta, tiene el pueblo de Venezuela el derecho y el deber a la desobediencia civil que llevaría a un proceso mediante el cual se retome el rumbo en relación con los valores aquí indicados en el sentido que la historia política y constitucional venezolana les ha dado.

Pues se trata, no de una llave en contra de la Constitución sino una puerta a favor de ella más allá de la vigencia temporal que esta misma tenga pues, tiene la Carta Magna un conjunto de disposiciones pétreas llamadas a regir para siempre, que no son otras que los valores supremos del país.

Interesa que el tema de los valores, como refiere Joxe Azurmedi, está lleno de relatividades pero algunos los entendemos en nuestro presente como absolutos así, hayan cambiado con el tiempo.

Así, si la Venezuela de 1830 tuvo a su gloria el declararse libre e independiente, la Venezuela de 1999 supo incluirle nuevas características a esa libertad y a esa independencia. Así como dibujar una noción de democracia que no se agota a representaciones sino que exige participaciones directas y protagónicas.

Por ello, el artículo 350 no llama en la actualidad a nadie a la calle sino a la calma. A la calma atenta de que cualquiera de estos principios se vean comprometidos por los enemigos del pueblo y de la libertad.

anicrisbracho@gmail.com

El señor Meda

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Si algo tuviese que confesar serían dos cosas sobre esta historia. Como cualquier niño en la escuela francesa no conocí jamás su nombre completo, y, ahora que las cosas están como están, son muchas las veces que le recuerdo.

Era el mes de agosto cuando ya el sol comienza a dar muestras que el verano se acaba, los supermercados ya se habían llenado de plumas y hojas de cuadros rosas con azul. Era el tiempo hermoso de la vuelta a clases con sus bultos cuadrados, el ritual de entrega de los libros de texto, cuando fue el tiempo de la primera clase de educación física.

La escena no podía ser más contrastante con el penoso trance de las dos horas a la semana en el Colegio Claret donde una profesora regordeta y mal hablada hacía señas con desdén a las niñas que se ejercitaban, separadas de los niños, haciendo extrañas piruetas sobre una mal conservada colchoneta.

Las clases del señor Meda empezaban bajo la terrible lluviecita del otoño trotando en estricto orden y sin distingo alguno por el bosque húmedo y oscuro. Había que trotar sobre el barro y el clima era atroz. El frio chocaba contra el cuerpo. Era demasiado el frio para andar en franelilla y demasiado el calor para estar en suéter.

Quizás si eso hubiese sido todo recordaría con desprecio aquella pesada escena, gozando el despertar en este valle templado de Caracas, donde, cuando la pereza no gana vuelvo a correr o a patinar un tanto. Por ello, la historia del Señor Meda es la de un hombre que interrumpía la marcha porque sobre las hojas se desplazaba algún insecto cuyo conocimiento era un deber universal.

Así, sus clases iban desde mostrar pequeños y babosos bichos que podían comerse con el único riesgo de morir del asco hasta detenerse frente a los hongos y las plantas.

El profesor de educación física convertido en maestro de supervivencia tenía una especial estima por la citronela, citronelle, una hoja de olor cítrico capaz de mantener alejado todos los bichos capaces de generar picadas. Una pequeña maravilla, gratuita y segura.

Las horas en el bosque se sucedían siempre por su esmerada lección de historia del deporte que partía de Atenas donde aquellos David aprendían a lanzar el disco hasta llegar al tiempo de los deportes modernos.

Bajo las delicadas explicaciones de aquel hombre yo le lance por la cabeza a una compañera un disco, le pegue el bate a un instructor de beisbol que pronto perdió la ilusión que sintió al saber que una venezolana estaba en ese campo. Pensó –gran error- que yo podría entender algo de la explicación.

Si nunca aprendí nada y mi único talento atlético detectado, que era correr, fue condenado al conteiner de las cosas que nunca fueron, recuerdo de aquel hombre su noción de respeto por lo que somos, lo que nos rodea y las historias de las mínimas cosas.

Por ello, recuerdo su nombre con cada árbol caído y cada vela que prendo, obviamente, de citronela.

10 tips sobre la libertad de expresión para la Constituyente.

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En una mesa, de muy alto nivel, un puñado de importantísimos periodistas nacionales se encontró. Era cuestión de pensar cuál es la responsabilidad de los periodistas en este complejo momento nacional, debiendo considerar, entre otras cosas, que con sus posturas se avivan los conflictos, se exacerba el miedo, o, la gente se reencuentra en los valores de lo nuestro. El debate, como todos los que se dan en este país empezó con una formalidad sacrosanta, cada quien sentando en el puesto que sus canas y sus horas de transmisión le han comprado y terminó en una fraterna conversación anecdótica.

Ese grupo de periodistas tenía como característica común haber vivido antes de la Revolución Bolivariana, haber reportado o narrado, allanamientos a las Universidades y conocer el más brutal caso de represión a un periodista en Venezuela, el asesinato de Fabricio Ojeda. Por ello, sabían que algo había de exageración de plantear el presente como el más terrible de los tiempos pero también admitían que con el internet se han borrado las fronteras del oficio.

Por ello, con alguna nostalgia veían como su trabajo, antes protegido de algún extranjero aventurero o de algún talentoso locutor sin formación, ahora era una zona donde ellos habían pasado a un segundo plano. La noticia, por no decir la realidad, ahora se hace desde miles de fuentes o desde ninguna.

En aquel encuentro varios dejaron ver que llevan atragantada la pena de estar en un oficio que decae pero al que siguen apostando sus esperanzas. Pensaran políticamente lo que pensaran, terminaron por reconocer que las cosas cambian.

Con estas ideas sobre la mesa vamos al encuentro de ideas, ordenadas en una lista de diez, con las que intentaremos pensar la comunicación como derecho, como fue y sobretodo todas las cosas que una Constituyente puede suponer para garantizar que sea una herramienta para la cultura y la paz.

  1. Como una de las modalidades de la libertad, hablar de la libertad de expresión es ubicarnos en el tiempo de la Ilustración. Por ello, vamos a ver que su génesis jurídica está en la Independencia de Estados Unidos y en la Revolución Francesa. Documentos desde los cuales pasó directo hasta la Declaración Universal de Derechos Humanos donde ocupa el artículo 19.

 

  1. Cuando decimos esto por un lado queremos llevar la memoria nacional hasta el recuerdo de un Francisco de Miranda trayendo la primera imprenta a Venezuela, para recordarnos que la Patria se hizo con hombres armados y con intelectuales. Ambos, indispensables e inseparables. Algunos fueron prodigios en los dos campos como Bolívar o el mismo Miranda.
  2. La libertad de expresión en este momento es sobre todo la protección del derecho de opinar y que esto se publique que tiene cada quien. Es la ebullición de las ideas que augura la superación de la oscuridad del absolutismo pero, por romántico que suene tenemos que recordar que el individuo en el Liberalismo no es una noción que los arrope a todos sino a los que, económica y culturalmente, tienen la capacidad de tener una opinión y la posibilidad de que la misma se publique. Por eso, que en realidad la libertad de expresión protege principalmente un ejercicio económico, el de la prensa y a un sector, que puede opinar y fundamentalmente estar en desacuerdo con quien gobierna, naciendo así toda la imagen de los perros de guardia o del cuarto poder. Dibujado de este modo, alguien podría pensar que la libertad de expresión es ilimitada pero no lo es puesto que desde el siglo XIX se conoce, por lo menos uno de sus límites, que John Stuart Mill consagró como el principio del daño: la limitante de la libre expresión es el producir daños a otros.

 

  1. El siglo XX va a ser un tiempo donde a la libertad de expresión se le van a plantear múltiples desafíos principalmente porque la tecnología pasó de la masificación de la radio hasta el invento del internet, con el deber de recordar todo lo que permite la televisión. Por ello, este derecho se va a ver desafiado. Hay mas formas de comunicar, mas sujetos que quieren hacerlo y el poder monopólico comienza a ser un arma tan o más importante que el armamento de guerra. En la última década esta simple afirmación adquiere una mayor relevancia, los organismos onusinos reconocen que sino fuera por el rol de la radio el genocidio de Ruanda muy probablemente no hubiese ocurrido. La responsabilidad de los medios es entonces un asunto mayor.

 

  1. ¿Orden público, salubridad, intimidad, reputación? Varias son las fronteras de la libertad de expresión a las cuales se les suman aquellas que protegen los temas fundamentales de la convivencia nacional que son las prohibiciones absolutas de la instigación a delinquir, la apología del odio y de la guerra, así como los mensajes que atenten contra la soberanía nacional.

 

  1. Para el debate de 1999, la libertad de expresión fue un tema fundamental. Es falso que todos estuvieran de acuerdo con la bonita redacción vigente del artículo. En su momento tuvo sus frontales detractores que no lograron contener, como si lo hicieron en la Constitución de 1961 gracias al apoyo de la SIP, que la gente tuviera derecho a la información veraz, aunque para intentarlo llegaran directamente del CNP y de la UCAB según lo que cuenta Earle Herrera. Fuera como fuera el forcejeo, la Constitución reconociendo la libertad de expresarse también les impone un deber de contribuir a la educación, de proteger a los niños y niñas así como establece como principio fundamental que cada quien, cuando comunica, es responsable por lo que dice.

 

  1. El tiempo ha pasado y no hemos superado todos los males. Hay severas dudas sobre el carácter universal de un derecho y el campo profesional de un gremio. Hay exigencias de la nueva democracia, de un gobierno electrónico pleno y responsable. Para ello, para que el gobierno sea democrático y electrónico, la idea de la disminución progresiva de la brecha tecnológica ha de plantearse. Se necesita más y mejor acceso al internet y a los sistemas que vengan luego, teniendo en cuenta que el acceso no es tan solo la posibilidad teórica de enchufarnos sino la posibilidad real de pagar un sistema que se adapte y cubra la necesidad. Por ende, la libertad de expresión debe superar su dimensión de derecho civil y alcanzar su noción de derecho sociocultural, motor del desarrollo y fundamento de la democracia participativa.

 

  1. La responsabilidad es un asunto complicado pues no nos agotamos en el presente a mirar si en la televisión un presentador o su invitado hicieron uso de medios prohibidos, o, si incitaron a actos indebidos. Debemos preguntarnos cual es la responsabilidad del Estado de proteger nuestras fronteras digitales de la promoción de la violencia y no quiero referirme a la política sino fundamentalmente a la violencia como modo de vida de las generaciones más jóvenes. ¿Cuál respuesta dar contra la inducción al suicidio, a la pornografía o al bulling infantil y juvenil?

 

  1. Hay un derecho nuevo en esta área que cada día gana más espacio en la jurisprudencia y en el derecho extranjero y es el derecho al olvido. No hemos sabido dar pasos firmes para la protección de datos e imágenes que comprometen la reputación de una persona, o, de su utilización con fines discriminatorios. ¿Si, por ejemplo, en el marco de un conflicto de pareja se publican videos íntimos quien protege? El quién protege es un aspecto mayor, Venezuela tiene normas dispersas, por la prensa escrita pareciera que tan solo existiera el derecho individual de replica y el sistema ordinario penal mientras que para la radio y la televisión existiera una autoridad especializada. ¿Cómo se borran las fronteras para procurar una protección completa?

 

  1. Los dos puntos anteriores que pudieron haber sido objeto de una ley especial requieren en todo caso que se consideren en los nuevos desafíos jurídicos que plantea un espacio felizmente más democrático pero donde esa diversidad de sujetos quiere ser usada como una anomia donde quienes se exceden no serian responsables ni por lo dicho ni por lo causado. Aspectos estos que merecen, chille quien chille, ser profundamente discutidos.

 

Este apretado recuento pretende irnos animando al debate constituyente y no tiene niguna finalidad limitativa. Puesto que por ejemplo, una nueva exigencia que tienen los medios de comunicación es la erradicación de los estereotipos donde fijan perfiles de gente que no existe como ideales físicos a alcanzar o ridiculizan a quienes forman parte de nuestra diversidad sexual.

Diez verdades sobre la libertad

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Para Carlos.

Desde la tribuna del mundo al revés y su parlante del odio, los diputados de la oposición protagonizaron el 23 de mayo de 2017, un nuevo día de consignas. Rogaban que la calle siguiera encendida y valientes venezolanos se dispusieran, en orden y calma, a ser heridos, quemados o asesinados. Con ello, van dibujando un concepto que excede de la libertad y que pretende que la gente razone en base a que no debe haber consideración alguna sobre los medios que utilizan para alcanzar una Venezuela que se atreven a describir como libre.

¿Puede hablarse de libertad cuando poblaciones enteras pasan semanas secuestradas en sus casas? ¿Cuándo desde los gremios de la salud señalan que castigaran a los médicos que pasen consultas y receten tratamientos? ¿Puede hacerse cualquier cosas y reivindicarla como libertad?

Erika Ortega Sanoja, abrió la semana con una entrevista para la televisora rusa RT con un encuentro con Thierry Meyssan que comentaba, desde su experiencia en la guerra, que en el presente en vez de invadir directamente países, vivimos un tiempo donde algunos se aventuran a destruir por destruir, para dividir el mundo entre espacios de caos y de progreso, a modo de asegurar una hegemonía mundial.

Por ello, las primeras líneas que publicamos esta semana quieren valorar el problema de la libertad como un valor supremo de la vida del hombre pero también como un territorio de disputa, que tiene mucho que perder en la violencia y mucho que ganar en la política.

  1. En el modelo del mundo en el que vivimos, nacido en el liberalismo y anclado en la cosmovisión europea, la libertad es el primer derecho que se consagra en los textos. Ya hablemos de la Declaración Universal de Derechos del Hombre o de sus antecesores históricos como la Declaración de Virginia, la libertad es un derecho y un sueño pero también, la hermana de la igualdad.

 

  1. El sueño de la libertad, que estuvo en su apogeo a finales del siglo XVIII inspiró profundamente la gesta de nuestros libertadores y por ello, ameritó parte de las más hermosas proclamas de Simón Bolívar tales como aquella en la que dijo “Como amo la libertad tengo sentimientos nobles y liberales; y si suelo ser severo, es solamente con aquellos que pretenden destruirnos.”

 

  1. Esa afirmación de Bolívar pone en evidencia algo que históricamente se ha comprobado. El sueño de libertad de un pueblo vive eternamente amenazado, así ocurrió en la Independencia con las sucesivas traiciones, en la Guerra Federal, etc. Por ello, el viejo debate de cuál es la libertad a la que pueden aspirar los enemigos de la libertad, se mantiene vigente. Así jurídicamente hoy, tengamos que ver cuál es el derecho de los pueblos a su determinación y los modos de contención del terrorismo y apartarnos de este lenguaje romántico.

 

  1. Por muy importante que sea la libertad su propia afirmación significa que conoce límites. No podemos pensar que existe una capacidad infinita propia del estado salvaje del hombre pues aquello ya no sería valioso, deseable y protegido sino la única forma de vivir. Por eso, Montesquieu explicó que “La libertad es el derecho a hacer lo que las leyes permiten.” Frase que entendemos en nuestro Continente con sus variantes principalmente dichas por Benito Juárez.

 

  1. Entonces tener libertad es tener derechos y esto es un límite a la actuación del Estado, de las empresas y de las demás personas. Ser libre es contar con el respeto de la propia dignidad y estar obligados a respetar la ajena. En el presente, el modo y razón de ser libres lo encontramos en las normas del derecho constitucional.

 

  1. Así a algunos hoy les sonroje, toda la génesis de los derechos son los movimientos sociales. Por ende, el derecho constitucional sólo será más incluyente y más justo en la medida que pueda transformarse, debiendo una generación pasada reconocerle al presente su derecho a decidir su futuro. La libertad existe entonces desde siempre como anhelo, bastante la defendió Moisés para los oprimidos en el Antiguo Testamento pero su contenido ha cambiado en la medida que el derecho ha avanzado.

 

  1. La libertad política tiene en la democracia moderna su máxima amplitud al momento de votar. En ella, tenemos la capacidad de escoger un modelo político y un representante. Así como la posibilidad de ser nosotros mismos sujetos a elección. Todo si podemos cumplir las bases que la norma imponga para participar. La primera y más clásica limitación viene por la edad y la nacionalidad, puesto que ya superamos las distinciones por economía, nivel cultural y genero. Este era el estadio de la conquista del derecho para 1999.

 

  1. Con la nueva Constitución, la libertad política tiene un rostro nuevo, el de la democracia directa y protagónica que permite una actividad de nuevos sujetos en tiempos permanentes, bajando así del Municipio a la base poblacional el control y decisión de gestión para afrontar los problemas cotidianos. De igual forma, ahora, el diferendo político puede llevar a referéndums revocatorios y a la actividad de calle.

 

  1. Ambas categorías se insertan en la lógica que vemos. Para tener libertad primero tiene que haber derecho. Por ende, tienen que cumplirse las condiciones de fondo y forma que imponga la legalidad en el sentido más amplio. Además, como decía Juárez, toda la esfera del derecho propio acaba en tanto lesiona al otro.

 

  1. Si un hombre en el presente es símbolo de la lucha por la libertad es Martin Luther King, en él podemos ver primero que para exigir una libertad nueva o reclamar del Estado una que ha obviado hay que saber qué se defiende, porqué se defiende y escoger cómo se alcanza. Su lucha que encendió a su pueblo, cambió el derecho y le costó la vida estaba estrictamente ceñida a una disciplina que resumió en I have a dream diciendo “debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física.”

 

Si al leer estas líneas encontramos bases para cuestionarnos las situaciones que vivimos hemos tan sólo de cerrar recordando que la existencia del individuo no es un proceso aislado, cada uno, pese a no escoger donde nace, forma parte de una comunidad. En este caso, de una Nación. Por ello, nuestra primera y más profunda libertad estará siempre asociada con el destino de estas tierras. No alcanzaremos ninguna libertad política si para ello ponemos en juego la libertad nacional de este país insumiso.

Poema

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Vuelves a ser libre

Lo poco que puedas serlo

En tu Patria aun dominada.

 

Recorres el borde del mar

Como quien pregunta por los muchachos

¿Dónde estarán después de tanto?

 

La vida te queda como gota que cae

La soledad te pintó el pelo de blanco

La dignidad te regresa en un solo pedazo.

 

Tu palabra advierte la hora buena

Menguada en un Continente herido

Menguada ante el saqueo continúo

Menguada porque aún falta tu bandera.

 

Vuelves a ser libre

¿Dónde estarán los amores,

La vieja tienda, la madre?

 

El tiempo a tanto le echó tierra

¿Por qué no los dolores?

 

Vuelves a ser libre

Eres ave menuda

Indómita,

 

A cada uno de tus pasos

Se mueve la fibra

De las voces que te acompañaron.

 

Vuelves a la tierra

Vuelves a la vida

Vuelves a la historia.

Como quien nunca se ha ido.

Constituyente & Justicia

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La Justicia, esa palabra que tantas veces hemos dicho, es hoy un territorio de conflicto. Para la derecha y para la izquierda, el país padece una grave crisis de justicia. Así, para algunos, la libertad con la cual actúa la oposición y las consecuencias de las acciones de calle debería traducirse en justicia. Para otros, la penalización de los convocantes o asistentes, es una injusticia. Sin embargo, por muy enfrentados que estén estos discursos, al unirse revelan que en este país, la justicia es un tema de debate.

El concepto al que nos referimos deviene de un vocablo latino  y es una de las definiciones más complejas que usamos en la vida cotidiana donde, como una forma de instinto, lo utilizamos cada vez que algo no nos resulta correcto. Hacer justicia es, en principio, dar a cada quien lo suyo, lo que le corresponde, trasladándose la dificultad al hecho de determinar qué es lo que le toca a cada quién.

Decía, con ironía y razón, Rusiñol i Prats, que “cuando un hombre pide justicia es que quiere que le den la razón” lo que no siempre es posible porque donde existe una sociedad es porque se ha determinado una manera de distribuir los bienes y convivir. La cual, sarcásticamente, no siempre es justa.

Una de las nociones fundamentales para la justicia, es entonces, el orden. En especial aquél que distingue las conductas separando las toleradas de las prohibidas. Así como las consecuencias de incurrir en las últimas.

Para reprimir, la historia antigua cuenta del recurso al tormento físico y a la ejecución, en un marco justificado por nociones superiores, como la religión, así como de la posibilidad de vengarse cada quien. Ideas que encontraron su fin con la modernidad, cuando el Estado monopolizó la justicia y la fuerza.

Haciendo un breve análisis histórico vemos que todas las Constituciones de la República se han referido a la justicia y que en la Constitución de 1999, quedó plasmado el sueño de un país más justo. La importancia de esto fue tal que en tan sólo 350 artículos, el constituyente se refirió a la justicia 137 veces, haciéndola un calificativo del Estado, un valor del ordenamiento jurídico, y, determinando que la misma debía ser social y constitucional.

Así, se determinó que el proceso es el instrumento de la justicia. Con ello se combinó la prohibición de la autocomposición y la obligación del Estado a resolver los asuntos de los particulares.

Pero la realidad dista en varios puntos de esta previsión cuando, se vienen presentando casos de ajusticiamiento entre particulares y la gente no siente que el aparato del Estado está presto para perseguir las acciones que socialmente deplora.

Por ello, ha de tomarse con particular seriedad el tema de la justicia en la Constituyente. Viendo que las nociones básicas en las que reposa enfrentan dificultades, teóricas y prácticas, así como que la gente, incluso más allá de su postura política, exige un nuevo sistema de justicia.

Explícitamente hasta este momento hemos hablado de justicia de la manera más amplia pues queremos englobar tanto al  sistema judicial y otros órganos cuasi jurisdiccionales como la justicia social mediante la cual se intenta acercar la igualdad formal a la material.

La justicia social, es ella sola un territorio de conflicto. Puesto que la constitucionalización de sus formas es el corazón de la propuesta bolivariana, lo que significa bloquear las propuestas de la derecha de retornar a un viejo régimen, de instaurar un “capitalismo popular”, negociar con el FMI, etc. Proponerlo supone estar prestos a enfrentar discursos que sostendrán que la materia, que viene siendo tratada por la vía de leyes y decretos, no tiene entidad suficiente para ser constitucional.

Argumento que hemos de descartar puesto que constitucional ha de ser todo aquello que la gente sienta vital, que ha de permanecer, que ha de desarrollarse en leyes posteriores e inferiores. De esto da prueba el más moderno constitucionalismo que ha ido incorporando nociones que antes eran tratadas como independientes de la norma fundamental. Un buen ejemplo lo veremos en la reciente reforma de la Constitución de México.

Dicho esto, observemos el mundo de la justicia desde el punto de vista judicial, donde hemos de partir por ver que la justicia es un derecho humano fundamental y que para que se dé debe el Estado actuar de conformidad con normas y garantías de imperativo cumplimiento.

Para que pueda existir justicia debe existir un ordenamiento penal en el que las conductas que se castigan sean en efecto las que la sociedad aborrece, donde la privación de libertad sea digna y excepcional, y, los operadores de justicia dispongan de los recursos materiales y jurídicos para hacer su trabajo.

Al respecto, el constituyente de 1999 incorporó a la norma los principios novísimos para aquel entonces del Código Orgánico Procesal Penal disponiendo de garantías para quienes, como imputados, acusados o penados, están bajo el tutelaje judicial. Lo cual, significa un avance innegable pero insuficiente sobre los recursos en instancia penal de las víctimas que no se ven satisfechas con la simple posibilidad de querellarse o ampararse.

¿Qué recurso judicial o administrativo debe tener una víctima? ¿Qué mecanismos de compensación, supervisada judicialmente, merece?  ¿Qué régimen de protección ha de recibir? ¿Cómo castigar los crímenes atroces? Estas preguntas están a flor de piel de miles de personas que, habiendo sido víctimas, no han obtenido una respuesta judicial o consideran que lo obtenido es insuficiente.

De igual forma, la cualidad de funcionarios públicos de los operadores de justicia, los mantiene en un espacio en el que hay poco control directo de los usuarios y usuarias de su gestión. ¿Podríamos pensar la revocabilidad de quienes ejercen esas funciones? ¿Bajo cual criterio?

Por sorprendente que nos resulte en un primer momento. Esta fue la formula, que Bolivia adoptó para intentar romper el cristal que aísla  a los jueces de la población.

La justicia desde 1999, como concepto ha evolucionado en el mundo. Acercándose cada vez más a que las fórmulas de resolución de conflictos han de ser dialógicas y transaccionales. En resumen, que la gente ha de hablar de sus conflictos, deben procurarse mecanismos de excusas y símbolos, de compensación directa. De modo, que el país goce de un sistema menos formal y mas cercano.

Llegar a una mejor justicia requiere hablar seriamente y finalmente preguntarnos cuáles son nuestros bienes jurídicos fundamentales, qué esperamos del Estado y del castigo. Con ello en mente, si bien en casi dieciocho años no nos hemos atrevido a dar la tan requerida reforma penal, deben volverse a plantear los asuntos que muy a pesar de todos los nobles empeños que se han hecho, no han funcionado.

Finalmente, incluimos los enfoques en los que consideramos que debe abordarse el debate para que, constitucionalmente, se construya un mejor sistema de justicia.

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Asamblea Nacional Constituyente, acto seguido.

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Pronto se cumplirán quince días desde aquel lunes en el que el Presidente de la República, actuando en el marco de la Constitución, convocó a la Asamblea Nacional Constituyente. Desde entonces hemos superado una primera fase en la cual lo vital era entender las razones que ameritaban activar el último y más completo mecanismo de modificación constitucional. En este debate, lo fundamental fue leer colectivamente la Constitución de 1999 para deducir cómo funciona la institucionalidad que hasta ahora nos ha regido. Para la tarea, se han dispuesto parte de nuestros más destacados intelectuales logrando un cumulo de argumentos, claros y concisos, para abonar el camino.

Entonces enfrentamos un nuevo peligro que es quedarnos en este debate, previo y formal, en el cual la palabra es un territorio monopolizado por expertos y no, como ha de ser, una herramienta de todos. Por ello, para abrir el tiempo constituyente, debemos priorizar el escucharnos.

Así, para mí, esta Constituyente ha de preguntarle a todos los venezolanos, en especial a los más jóvenes, en qué país quieren vivir y que consideran que ha de cambiarse en Venezuela para apostar, por primera vez o seguir apostando, por ella.

Al hacerle esa pregunta a la gente que he visitado, en la Sierra de Coro y en una oficina pública de Caracas me han contestado, de una manera que no difiere mucho de las encuestas. La gente quiere seguridad –que entiende asociada o parte de la idea de justicia– y paz económica.  Por paz económica refiero en este texto conseguir los bienes que necesita, de manera continua y a un precio que pueda pagar.

Por ende, la acción ha de ser ubicar los puntos que la gente exige de modo a reconstruir cual es la medula del sentimiento nacional, tanto desde lo que nos angustia como desde lo que nos emociona. Porque ciertamente este es un momento difícil, uno en el que algunos como diría Neruda, destilan un odio que no podría explicarse ni en los más primitivos de los seres que poblaron la tierra pero debajo de esa coyuntura hay una unión sagrada, histórica y presente, que hemos de traer sobre la mesa.

Ningún venezolano puede declarar que vive en condiciones óptimas de seguridad ciudadana así como ninguno puede razonablemente sostener que la situación se arregla con un cambio de gobierno. Las ciudades que han apostado a esas formulas exprés se construyeron a través de amurallarse en zonas rosas y de exterminar parte de su población. Esas formulas violan los principios que justificaron esta República.

Nadie puede obviar que la situación del abastecimiento y del sistema económico se acerca ni siquiera a un estadio que no le cause pánico, ni sostener realmente que en el padecimiento hay profundas diferencias determinadas por la postura ideológica de unos u otros. Quizás si alguna diferencia existe esta deviene de la posición socioeconómica de las personas pero todas se han visto profundamente golpeadas.

Yo dudo que algún venezolano pueda pararse ante la Laguna de Canaima o el teleférico de Mérida y no sentir estremecerse todas las fibras de su cuerpo o evitar gritar gol cuando la vino tinto aparece en escena, o, no sentirse decepcionado de un equipo mal cohesionado que llega a la Serie del Caribe. Así como el más retrogrado de los inmigrantes se consuela comiendo arepas y oyendo al tío Simón, y, el más chavista de sus amigos o padres, lloran con la distancia que queda cuando se tranca el skype.

Por eso la pregunta ha de ser que nos une, que nos falta, que nos asusta. La pregunta ha de ser como nos refundamos, nos perdonamos, nos acercamos. La exigencia ha de ser, a todos los partidos, a todos los periódicos, a todas las radios, respetar que en esta tierra, no viven seres que se odian sino un pueblo unido.