Diez verdades sobre la libertad

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Para Carlos.

Desde la tribuna del mundo al revés y su parlante del odio, los diputados de la oposición protagonizaron el 23 de mayo de 2017, un nuevo día de consignas. Rogaban que la calle siguiera encendida y valientes venezolanos se dispusieran, en orden y calma, a ser heridos, quemados o asesinados. Con ello, van dibujando un concepto que excede de la libertad y que pretende que la gente razone en base a que no debe haber consideración alguna sobre los medios que utilizan para alcanzar una Venezuela que se atreven a describir como libre.

¿Puede hablarse de libertad cuando poblaciones enteras pasan semanas secuestradas en sus casas? ¿Cuándo desde los gremios de la salud señalan que castigaran a los médicos que pasen consultas y receten tratamientos? ¿Puede hacerse cualquier cosas y reivindicarla como libertad?

Erika Ortega Sanoja, abrió la semana con una entrevista para la televisora rusa RT con un encuentro con Thierry Meyssan que comentaba, desde su experiencia en la guerra, que en el presente en vez de invadir directamente países, vivimos un tiempo donde algunos se aventuran a destruir por destruir, para dividir el mundo entre espacios de caos y de progreso, a modo de asegurar una hegemonía mundial.

Por ello, las primeras líneas que publicamos esta semana quieren valorar el problema de la libertad como un valor supremo de la vida del hombre pero también como un territorio de disputa, que tiene mucho que perder en la violencia y mucho que ganar en la política.

  1. En el modelo del mundo en el que vivimos, nacido en el liberalismo y anclado en la cosmovisión europea, la libertad es el primer derecho que se consagra en los textos. Ya hablemos de la Declaración Universal de Derechos del Hombre o de sus antecesores históricos como la Declaración de Virginia, la libertad es un derecho y un sueño pero también, la hermana de la igualdad.

 

  1. El sueño de la libertad, que estuvo en su apogeo a finales del siglo XVIII inspiró profundamente la gesta de nuestros libertadores y por ello, ameritó parte de las más hermosas proclamas de Simón Bolívar tales como aquella en la que dijo “Como amo la libertad tengo sentimientos nobles y liberales; y si suelo ser severo, es solamente con aquellos que pretenden destruirnos.”

 

  1. Esa afirmación de Bolívar pone en evidencia algo que históricamente se ha comprobado. El sueño de libertad de un pueblo vive eternamente amenazado, así ocurrió en la Independencia con las sucesivas traiciones, en la Guerra Federal, etc. Por ello, el viejo debate de cuál es la libertad a la que pueden aspirar los enemigos de la libertad, se mantiene vigente. Así jurídicamente hoy, tengamos que ver cuál es el derecho de los pueblos a su determinación y los modos de contención del terrorismo y apartarnos de este lenguaje romántico.

 

  1. Por muy importante que sea la libertad su propia afirmación significa que conoce límites. No podemos pensar que existe una capacidad infinita propia del estado salvaje del hombre pues aquello ya no sería valioso, deseable y protegido sino la única forma de vivir. Por eso, Montesquieu explicó que “La libertad es el derecho a hacer lo que las leyes permiten.” Frase que entendemos en nuestro Continente con sus variantes principalmente dichas por Benito Juárez.

 

  1. Entonces tener libertad es tener derechos y esto es un límite a la actuación del Estado, de las empresas y de las demás personas. Ser libre es contar con el respeto de la propia dignidad y estar obligados a respetar la ajena. En el presente, el modo y razón de ser libres lo encontramos en las normas del derecho constitucional.

 

  1. Así a algunos hoy les sonroje, toda la génesis de los derechos son los movimientos sociales. Por ende, el derecho constitucional sólo será más incluyente y más justo en la medida que pueda transformarse, debiendo una generación pasada reconocerle al presente su derecho a decidir su futuro. La libertad existe entonces desde siempre como anhelo, bastante la defendió Moisés para los oprimidos en el Antiguo Testamento pero su contenido ha cambiado en la medida que el derecho ha avanzado.

 

  1. La libertad política tiene en la democracia moderna su máxima amplitud al momento de votar. En ella, tenemos la capacidad de escoger un modelo político y un representante. Así como la posibilidad de ser nosotros mismos sujetos a elección. Todo si podemos cumplir las bases que la norma imponga para participar. La primera y más clásica limitación viene por la edad y la nacionalidad, puesto que ya superamos las distinciones por economía, nivel cultural y genero. Este era el estadio de la conquista del derecho para 1999.

 

  1. Con la nueva Constitución, la libertad política tiene un rostro nuevo, el de la democracia directa y protagónica que permite una actividad de nuevos sujetos en tiempos permanentes, bajando así del Municipio a la base poblacional el control y decisión de gestión para afrontar los problemas cotidianos. De igual forma, ahora, el diferendo político puede llevar a referéndums revocatorios y a la actividad de calle.

 

  1. Ambas categorías se insertan en la lógica que vemos. Para tener libertad primero tiene que haber derecho. Por ende, tienen que cumplirse las condiciones de fondo y forma que imponga la legalidad en el sentido más amplio. Además, como decía Juárez, toda la esfera del derecho propio acaba en tanto lesiona al otro.

 

  1. Si un hombre en el presente es símbolo de la lucha por la libertad es Martin Luther King, en él podemos ver primero que para exigir una libertad nueva o reclamar del Estado una que ha obviado hay que saber qué se defiende, porqué se defiende y escoger cómo se alcanza. Su lucha que encendió a su pueblo, cambió el derecho y le costó la vida estaba estrictamente ceñida a una disciplina que resumió en I have a dream diciendo “debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física.”

 

Si al leer estas líneas encontramos bases para cuestionarnos las situaciones que vivimos hemos tan sólo de cerrar recordando que la existencia del individuo no es un proceso aislado, cada uno, pese a no escoger donde nace, forma parte de una comunidad. En este caso, de una Nación. Por ello, nuestra primera y más profunda libertad estará siempre asociada con el destino de estas tierras. No alcanzaremos ninguna libertad política si para ello ponemos en juego la libertad nacional de este país insumiso.

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