La urgencia de respuestas

Bjm5J19CAAEIHew.jpg

y que no se nos olvide contarnos que no todos quisieron la ANC 99

No hace falta ser un jurista para ver que a este país se le deben respuestas. Como yo, seguramente usted es una de las miles de persona en la ciudad que ven cada día su camino al trabajo más cuesta arriba.  Dentro llevamos cientos de reclamos, como el de un señor que  gruñía al llegar al banco que,  para colmo de males era lunes de quincena y bancario; que el cajero que consiguió sólo le daba seiscientos bolívares y con eso, sin metro, no tenía ni la mitad del pasaje. Todas las personas que estaban allí miraban el teléfono y lucían resignadas, cada una atendía la llamada diciendo “¿Qué pasó?”, “¿había paso?”

Cada vez más en estas semanas se ha hecho evidente que las fronteras de la paz y de la guerra, de la justicia ordinaria y la militar así como del orden público y una especie de guerra asimétrica con paramilitares y delincuencia organizada, se hace mas borrosa.

Esto porque en mientras en San Antonio había que pagarle un derecho al paso a una autodenominada resistencia, en Maracaibo a la cuadra paralela a la barricada se instalan atracadores en filas. Los ladrones, los cantadores de zonas, los infiltrados, los muchachos, todos son conceptos que se utilizan para denominar según sea para el momento el interés. Estamos entonces en un verdadero sálvese quien pueda.

Esa es la nueva realidad que durante varias semanas ha sometido a Caracas y otras ciudades venezolanas, a una dinámica de eterno domingo, donde cada tantas esquinas personajes y objetos se hacen tristemente comunes.

Esta situación se mide en daños en vidas, en espacios, en economía. Cada vez vemos discursos que se destinan a convencer a alguien que los otros queremos las muertes de los suyos. El mismo discurso cambia de colores y se vende.

En este sentido, tenemos que mirar el país antes de estos inmediatos tiempos. Antes del vaya, secuéstrese, guarde sus excrementos, queme el consultorio más cercano, odie a todos los funcionarios.

Antes que el problema principal fuera el miedo de quedar secuestrado en un enfrentamiento que no le deje ir a buscar a sus hijos o llegar a su casa.

Entonces nuestro problema central era el económico porque en los últimos cinco años, toda nuestra realidad del valor de la moneda y del precio de las cosas, cambió.  En este tiempo, se han intentado varias e incluso contradictorias formulas de control económico, del mayor al ningún control, del garantizar abastecimiento al cuidar precio, del cuidar el anaquel a distribuir directamente.

Ha habido en estos tiempos citas en Miraflores entre Nicolás Maduro y Lorenzo Mendoza, la promesa de Mendoza de lanzarse a la Presidencia, el uso de las captahuellas, la importación directa con divisas propias pero ninguna ha sido una solución definitiva.

Esta situación nos advierte que el modelo económico y su enfermedad, su condición derivada de la naturaleza nacional de ser un puerto y un país petrolero requiere pensar los modelos, frente a una previsión constitucional económica que, no tan solo amparó el libre mercado sino que no se ajustaba a un esquema de protección laboral y cambiaria, como la que ha existido. Eso, por no hablar del amplio campo de los derechos adquiridos.

Hay un sector que piensa que esa dificultad, la de tener la harina y llenar las arepas, se arreglaría inmediatamente con un cambio de gobierno. Pero ¿es esto realmente posible cuando, el precio del crudo no da señas de volver a sus registros históricos anteriores y cuando, al lado de la frontera la ONU ha declarado zona de hambre?

Pongamos que esto fuera posible y que por la vía del financiamiento del Fondo Monetario Internacional –que Dios nos ampare-  logra el país, con otro gobierno, recuperar el flujo de caja pero ¿qué hacemos con un sistema económico estructuralmente disfuncional?

En Caracas, el kilogramo de zanahorias pasa de los ocho mil bolívares en el Este y de los cinco mil en los mercados populares del oeste. El precio se disparó con las interrupciones de la distribución producto de las alteraciones del orden público. Según el Banco Central de Venezuela, la zanahoria no es un producto marcador como lo son el tomate, la cebolla o el pimentón.

La zanahoria es una de las maneras de hacer rendir la harina de maíz escasa y costosa, a la vez que un producto que se cultiva en tierras frías de Aragua y en Los Andes venezolanos. Allí, por ejemplo, en Trujillo forma parte de los cultivos que más de una vez indignados por los míseros precios que pretenden pagar los distribuidores a los campesinos han sido donados al pueblo o dejados perder.

Nuestra economía viene enferma de dependencia y de injusticia, de monopolios nuevos y viejos, de indiferencia por el valor agregado del trabajo humano y el riesgo financiero. Ha sido construida por los intereses del comercio y no de la industria, eso por obviar, que toda se ha derivado de una lógica del mientras tanto.

La economía así, dominada por pocos y medio de dominación de los muchos, era la preocupación que todos y todas teníamos antes de este capítulo de insania. A través de ella se fue construyendo una poderosa máquina de desesperanza, que nos indujo a pensar que los tiempos y la vida en Venezuela era un sacrificio tan alto que no pocos, se han reconocido indispuestos.

El debate está entonces entre los que nos quedamos, los que no nos queremos ir y los que quieren regresar. El debate con todas las preguntas y en la búsqueda de respuestas que no se ahoguen en pueriles dinámicas que obvian, por ejemplo, que si alguien pensase que la solución se supera con sus famosas elecciones generales, las mismas exigen cambios constitucionales.

Hay cosas que a los pueblos les deben los abogados y estas no son recitar artículos. Se trata de conocer la finalidad de las normas y los principios fundamentales. Encontrar en ellas, caminos donde las tensiones se bajen en el marco de la ciudadanía. Han pasado alrededor de sesenta días, donde, chavistas y opositores, marchistas y funcionarios del orden, simples transeúntes, niños que miraban por una ventana, han perdido la vida. El país requiere respuestas que superen las ganas de tener la razón y de decir que no porque fulano dijo que si.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s