La Justicia Simbólica como herramienta de paz.

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Durante los últimos meses, hemos escrito constantemente sobre la justicia, su necesidad, sus formas, sus actores. Quizás estamos ya rozando el riesgo advertido por León Felipe que refería que “en un mundo injusto el que clama por la justicia es tomado por loco.”, pero en tanto el contexto nacional no ha cambiado seguiremos trabajando los mismos asuntos.

La sed de justicia, histórica de los pueblos oprimidos, individualizada en los obreros y en los pobres, en los injustamente presos, en los padres de los torturados, de los desaparecidos, ha ido dibujando una realidad. En su tardanza, en sus contradicciones, en los muros que generan las condiciones de un determinado momento de la historia hay quienes nunca obtuvieron justicia.

Nuestra realidad, la humana, cargada de la posibilidad de causar la muerte y la imposibilidad de revertirla, hace que causado el fallecimiento de una persona no quede mucho que hacer.

¿O sí? Quizás el tiempo haga pasar la intensidad del dolor pero no la rabia, quizás no baste tan  sólo con que la vida pase como el agua sobre las piedras del río y esa es la motivación del concepto al que hoy queremos llevar, el de la justicia simbólica, o, de la reparación moral en el marco de la justicia transicional.

Para hablar de ello, vamos a contextualizar que en Venezuela hemos vivido desde el mes de marzo una escalada de violencia, con actores irregulares que empujan hacia una confrontación total, y, hay víctimas que las circunstancias que han originado su muerte así como su muerte misma han conmocionado al país.

Es en tal contexto, que sugerimos que se propicien los espacios y las condiciones para que en Venezuela –evitando que la situación se empeore- se promuevan las reparaciones simbólicas como parte de la reparación integral y como mecanismo para superar los hechos victimizantes sin olvidarlos y para que estos no se repitan.

Evidentemente, esto tendrá como característica particular que existe tan sólo una de las partes que está interesada en detener el conflicto mientras que la otra tiene interés en arreciarlo. Sin embargo, esto no nos excusa ni de las responsabilidades del Estado en el marco de los derechos humanos ni de la urgencia del país de actuaciones distintas.

En este contexto, sobre la presencia de niños, niñas y adolescentes en conflictos de calle, en los que aparecen mayoritariamente solos y en zonas en las que no viven, es tiempo de hacer esfuerzos mayores de resocialización y atención a la infancia en situación de pobreza. No podemos confundirnos sintiendo que el problema nace en el grotesco aprovechamiento de las víctimas y agotarnos en la denuncia. Debemos atacar la raíz de la situación que no es otra que la pregunta cómo llegó ese niño allí y la optimización de los programas sociales que deben evitarle esa situación de riesgo a los portadores del futuro nacional.

Igual, está la necesidad latente de escoger un día y un espacio, de la integración nacional y en contra la discriminación racial, ¿o es que, el linchamiento de Orlando José Figuera, no dejó al desnudo la existencia de un clasismo racista irracional y violento en nuestro país?

Proponemos entonces, entender que la crisis del sistema de justicia venezolano acompañada del incremento de la violencia de calle, requiere salidas más allá de lo tradicional, no agotarnos a la práctica judicial que entendemos además particularmente torpedeada en el presente y tomar las herramientas de los mecanismos más recientes.

De modo que al lado del trabajo de la Fiscalía y los tribunales se proceda nacional y sostenidamente a reconocer a las víctimas y promover iniciativas de paz, reconciliación y democracia.

Para acercarnos a esto  debemos sostener centrarnos en la necesidad de (i) dignificar y reconocer a las víctimas, (ii) recordar la verdad de los hechos victimizantes y (iii) solicitar perdón y asumir la responsabilidad por parte de los victimarios.

Quiero cerrar estas líneas con una idea de Ghandi que pareciera escrita para hoy cuando recuerda que “ganamos justicia más rápidamente si hacemos justicia a la parte contraria.” La justicia es una bandera del proceso revolucionario y hay que defenderla todos los días.

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