La razón del “no” de la oposición a la Constituyente

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Durante varios meses la derecha planteó al país la necesidad de una Asamblea Nacional Constituyente. Casi todos los que hoy salen a tildar la iniciativa presidencial de autoritaria venían de declarar que esta vía era la salida de la crisis nacional. La actitud ha merecido desde el chavismo una reacción que los ha retratado en escenas de un antes y un después contradictorio. Obviando quizás, analizar cuáles son las razones de fondo de semejante cambio de actitud.

En el discurso, los voceros anti constituyentes, han sostenido que su rechazo se debe a que la Constituyente del año 1999 se hizo a partir de un llamado a una consulta nacional y que en el presente esto no ha sido planteado del mismo modo. Hemos de observar, de nuevo, que esto se debe a  una diferencia en las bases jurídicas que se usaron para llamar a la Constituyente. Toda vez que, en 1999, la Constitución vigente era la de 1961 que había sido dictada a puertas cerradas por lo que no contenía norma alguna que permitiera llamar a este mecanismo de modificación constitucional. Así las cosas, dado el clima de confrontación entre el poder constituido y el nuevo Ejecutivo nacional, la Corte Suprema de Justicia permitió ir a un proceso constituyente si la iniciativa se respaldaba popularmente.

Esta fue una situación inédita en un país que ha tenido veintiséis constituciones y doce procesos constituyentes. Sólo en 1999, se utilizó este mecanismo y muchas más veces cuando se ha intentado abrir la compuerta a los representantes y a los intereses populares, se han opuesto la Iglesia y la oligarquía, como por ejemplo en 1946.

Con este argumento, se trabaja en generar una duda en un sector de la oposición que recuerda con entusiasmo los días de aquella Constituyente y se pasa por debajo de la mesa que quienes hoy dicen que no, mayoritariamente son quienes se opusieron a la Constitución de 1999, que no tardaron ni siquiera horas en considerar si esta era una salida, y, finalmente que esta era su propia alternativa.

Preguntémonos entonces ¿si existe un sector que dijo que no a la Constitución de 1999, que la ha suspendido, que la refiere poco en el lenguaje, que se propuso cambiarla cuál es el repentino interés en que la misma no sea tocada?

La respuesta deriva de las posibilidades que se darían de constituirse una Asamblea Nacional Constituyente puesto que, en el referéndum posterior, sólo podrían pasar dos cosas: a) se adoptaría una nueva Constitución, o, b) se relegitimaría la Constitución de 1999 que pasaría a ser la más legítima Carta Magna de la historia nacional.

Esa, la Constitución de Chávez, la que permitió la demarcación de tierras, el país socialista, la vino tinto mundialista y el territorio libre de analfabetismo, pasaría a ser la “pesada herencia jurídica” de un chavismo difícil de borrar sin ruidos en el hipotético escenario donde lleguen a la Presidencia de la República en el año 2018.

Ese es el peor escenario para la derecha por eso es necesario, en su agenda, que la Asamblea Nacional Constituyente no llegue ni a instalarse y levantar en el pueblo venezolano una confusión tremenda en relación a todos los temas constitucionales que les haga olvidar cómo ninguno de los procesos puramente originarios han contado con el visto bueno de los sectores más recalcitrantes.-

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