El Plebiscito visto con los dos ojos.

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No en vano, el Comandante advirtió siempre que el chavismo debía andar con el ojo pela’o. Esa frase, tan popular en Venezuela fue usada muchas veces por Chávez para alertarnos de un peligro que andaba por allí, como hecho el guilli mei. En estos tiempos, donde hemos visto cumplirse cada una de las advertencias que nos hizo el 8 de diciembre, la nueva estrategia de la oposición requiere que la miremos en sus más pequeños elementos.

El primero, que ya algunos andaban denunciando en tuiter es el financiamiento pues en el tema hay gato encerrado, cuando podemos ver que coexiste una solicitud al financiamiento popular, en sus mínimas cosas, con una retórica que señala que en la donación de una resma de hojas se concentra el verdadero espíritu de un Patriota a la vez que toda la web, incluidas páginas de tendencia oficialista, es bombardeada con un afichito llamando a participar. ¿Quién paga eso? ¿Con qué dinero? ¿Los pagos de espacio y publicidad en línea no se hacen principalmente en divisas?

Dejado ese misterio de lado, al mirar la franja inferior del afiche se observan los convocantes. El primero es una organización sin forma jurídica conocida denominada “Libertadores” que, salvo algún documento en el Registro Civil, no es ni una asociación civil y mucho menos una organización política; seguida del logo de la Asamblea Nacional en su Dirección General de Participación, y, el de la MUD, forma en la que se agrupan algunos partidos de la oposición. Esto, no es un detalle menor pues la Asamblea Nacional es una rama del Poder Público Nacional con vocación de representación universal y presupuesto otorgado por la Nación. ¿Puede utilizarse una institución en una actividad que, a lo sumo es una primaria de un partido? Honestamente no tengo claridad si puede extenderse las reglamentaciones de la utilización de los símbolos nacionales a los logos oficiales de los Poderes Públicos, sin embargo, creo que es más que válida la duda.

En el tema de la denominación del evento ya ha sido evidente que hay más que uno enredado. Tanto como aquella vez que convocaron aun acto de la campaña presidencial de Henrique Capriles llamando al “caracazo”. Por eso, ahora hay más de un asesor queriendo borrar las trazas perejimenistas del epíteto seleccionado y avanzar hacia una más potable convocatoria a una “consulta nacional”.

Esta selección es la manera de asociar el mamotreto con la Dirección General de Participación de la Asamblea Nacional puesto que su naturaleza es ser el brazo ejecutor de las consultas que se realizan en el marco del procedimiento de elaboración de leyes. Al respecto, en todos los países se pueden y se deben consultar cosas. Hay encuestas, sondeos y consultas. Su carácter de vinculantes es el punto del debate cuando no ha sido expresamente determinado. Un buen ejemplo para entender los enredos de la materia lo vemos si observamos las posturas oficiales de la República de Chile sobre el carácter vinculante de las consultas a los pueblos indígenas en el marco de las previsiones de la Organización Internacional del Trabajo. En todo caso, una consulta cuyos efectos no están tácitamente consagrados tendrá dificultades en obtener algunos, al menos sin mediar previamente una interpretación que así lo determine.

Seguidamente, veamos el asunto de la relación que se erige como fundamental de la consulta con la Iglesia Católica toda vez que la construcción de la ciudadanía desde el liberalismo propugna la separación de los dos asuntos, la población venezolana en los últimos censos manifiesta ser cada vez menos católica, y, los asuntos electorales suelen exigir el estado seglar de los involucrados.

Por último, una vez que incluso voceros de oposición han reconocido que una consulta sin árbitro, sin base poblacional ni mecanismo de transmisión de la información es difícilmente una herramienta que brinde certezas, está el asunto de los efectos. Este, nos lleva a la pregunta si puede oponerse un mecanismo atípico que determine la no legitimidad de un mecanismo típico.

Si la pregunta parece en evidencia negativa esta parece la finalidad de la jugada, el avance del estado del caos. La reconstrucción de la retórica de un proceso de protestas que inició cuando ninguno de los puntos llamados al plebiscito existían en el panorama político nacional.

Parece entonces que este no es un juego jurídico, ni siquiera una jugada política nacional de características normales sino la instrumentación del “no porque no”, que busca agudizar la situación interna en aras de favores extranjeros. De modo que, más allá que si el único referente histórico fue el de Pérez Jiménez o su atipicidad constitucional, parece que es la forma de burlar la prohibición absoluta de negociar la República.

Hablando como Chávez, ojo pelao con esta marramuncia.

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