La inusual campaña por el voto nulo, ¿una confesión?

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Hillary Clinton, quien es, sin lugar a ninguna duda una de las personas más poderosas del mundo perdió las elecciones presidenciales en 2016. Su campaña había sido tan triunfalista que su derrota fue un duro momento para la prensa mundial que ya tenía impresas las primeras planas que anunciaban que la rubia de la guerra había ganado la contienda.

¿Cómo pudo haber ganado Donald Trump? ¿Ese patán recordado por los reality shows y escandalosas declaraciones racistas y misóginas? Por semanas los medios y la política denunciaron a los rusos. Alguien tenía que haber hecho algo con la inteligencia e influencia necesaria como para jaquear la primera potencia mundial del espionaje y del jaqueo.

¿Son los sistemas electorales infalibles, perfectos, puros? La respuesta histórica, matemática y social es evidentemente que no.  El mundo pasa por décadas de experimentos de intentar mejorarlos, usando la tecnología sin terminar de desechar las impresiones o papeletas que tienen la virtud de preservar palabras, que sólo dichas, se perderían.

Hoy estamos en Venezuela a tan solo dos días de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, proceso que pasará a la historia, fuera de las controversias, por encontrarse amenazado por personajes que llaman a impedir que se vote y que viendo que probablemente sus acciones físicas no sean fructíferas porque el Plan República está en la calle, porque el CNE redistribuyó los centros, porque los que impidieron la instalación de las mesas se encuentran detenidos, etc., están denunciando una hipotética maniobra que obligaría a las personas a votar. Por lo cual, ahora despliegan una campaña proponiéndoles votar nulo para defenderse de semejante coacción que los obligaría, pese a amenazas y barricadas, a ir a votar.

Este asunto me resulta que no puede pasar bajo la mesa porque en Venezuela siempre hemos dicho que a confesión de parte relevo de pruebas y tenemos que ver que el año 2015, la más reciente elección, tuvo como característica tener el mayor número de votos nulos de la historia electoral venezolana. Así,  en centros que son tradicionalmente chavistas, las voluntades perdidas superaron los márgenes de diferencia por los cuales un contrincante venció a su rival.

Aquel proceso era radicalmente distinto a este, pues todos aquellos sujetos que hoy se rajan las vestiduras llamando a detener las elecciones en aquel capitulo lo hacían para exigirlas. La campaña electoral había sido larga y agotadora, contrastante, muy en el esquema que se usó en todo el continente. La derecha había hecho del desabastecimiento su mitin y de la cola su candidato mientras el chavismo apostó a los espacios políticos ordinarios.

Un ejemplo de esta situación fue lo ocurrido en el circuito de la Costa del Estado Falcón, donde al momento de impugnar los resultados, el candidato de la coalición chavista, Andrés Eloy Méndez denunció que “realizamos esta impugnación ya que en la Costa Falconiana fueron casi 9mil votos nulos en los Centros de Votación históricamente chavistas [mientras que] la diferencia entre el candidato opositor del Circuito 4 de Falcón y mi candidatura fue de apenas 2700 votos”.

Argumento que rápidamente fue tildado como ridículo por la oposición que aseguraba tener una aplastante mayoría que ni en aquel momento, ni en este, ha podido demostrar. Cuando, a tantos días de confrontación responde sin quererse medir por los medios constitucionalmente establecidos y procediendo con rapidez a quemar las constancias de su simulación electoral.

La decisión sobre la impugnación hecha por Méndez aun no ha sido dictada pero debe la opinión pública considerar esta nueva campaña, donde con tanta arrogancia afirma la derecha tener una herramienta contra el sistema electoral con la utilización de los votos nulos.

Así, que valga preguntarnos si ese cumulo inusual de votos nulos puede provocarse y porque es necesario hacer una campaña explicando cómo votar nulo pues no parece que sea  un asunto tan sencillo que cualquiera con un mínimo conocimiento de la tecnología puede adrede hacerlo, como si ocurre con el voto válido que no exige ningún esfuerzo si quiera comparable con la utilización de un cajero automático.

Por ende ese universo, probablemente no sea un reflejo fiel de una voluntad sino la evidencia que puede de alguna manera jugarse con un sistema cuando en contra de la democracia venezolana no están los rusos sino la primera potencia del imperialismo, el cyber watch y todas las otras técnicas para jugar con la tecnología.

Con estas línas va la esperanza que la alarma haga que se refuerce, tanto como la seguridad del votante con la nucleación y de las calles con el Plan República la seguridad del asunto tecnológico del sistema y se recuerde que en nuestro derecho no existe la obligación de votar pero si la de dejar votar.

 

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