Nota de urgencia: Sanciones de Trump

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Hoy, 25 de agosto de 2017, la Casa Blanca ha dictado un nuevo acto de dominio. Una declaración donde fija la primera sanción económica general contra Venezuela camuflada en una acción que declara que fue quirúrgicamente tomada para afectar lo menos posible al pueblo y lo más severamente posible al gobierno.

Quizás esa frase suene bien para un titular, no lo sé pero es una mentira de las tantas que nos hemos acostumbrado a escuchar. Primero por el elemental hecho que internacionalmente los Estados tienen un gobierno, una población y un territorio, que de manera conjugada e indivisible conforman una unidad.

Segundo porque las sanciones económicas, incluso individuales, han sido denunciadas desde las agencias de la ONU como una práctica que afecta siempre al pueblo porque dentro de los países o del sistema de países que las adoptan sirven para advertir a las empresas y a los ciudadanos que actúan a su riesgo en países que tienen hábitos de aplicar con mayor severidad y eficiencia sus normas que nosotros.

Pero si eso va sobre la generalidad quiero presentarles una primera y urgente lectura del texto según la redacción en ingles que del mismo hizo Rusia Today a través de un RT de lo publicado por Eva Golinger.

Al final del séptimo párrafo precisa el documento que las medidas supuestamente tan comedidas van a favor de asfixiar al gobierno y permitir la ayuda humanitaria. Quiero llamar la atención que las crisis humanitarias, de la que tanto posicionamiento mediático se ha hecho no son simplemente una situación más difícil que la ordinaria para acceder a los derechos.

La crisis y la ayuda humanitaria son conceptos típicos del derecho. Es decir, tienen un contenido preciso y se da en el marco del Derecho de Ginebra, de la guerra, de la hambruna, de la catástrofe.

¿Una declaración abierta de que se favorecerá la ayuda humanitaria? ¿Es decir, que se admite frontalmente que la situación que vivimos es provocada y que empeorará? ¿Cómo va a empeorar?

La redacción integra del comunicado, haciendo alusión a la decisión del Estado de llamar a una Asamblea Nacional Constituyente –obviando por ejemplo que la misma nació de una elección-, de cortar la entrada de canales de televisión al espacio radioeléctrico nacional y por último, que la Asamblea Nacional Constituyente asuma la omisión parlamentaria. Son todas decisiones nacionales enmarcadas dentro del concepto de la soberanía nacional.

Este es el insumo primero que nos enfrenta a la tarea del presente, la supervivencia de la autodeterminación de los pueblos, la negación que pueda un tercer Estado reducir el marco de protección de los derechos humanos –integral y ordinario- a la penuria del socorro de la ayuda y el derecho humanitario de todo un pueblo.

La humanidad, insisto, está enfrentando la peor crisis de refugiados de la que se tenga registro. Este decreto empuja la situación venezolana a la despiadada situación a la que se ha sometido a Siria.

Miremos esta acción de modo concatenado con lo que viene de hacer Panamá. No estamos frente a una sanción contra PDVSA sino la negación del derecho a la vida, dentro o fuera de Venezuela, para los venezolanos. Esta acción, como tanto se ha dicho desde Chávez, es como las bombas no existe un radar que haga que sólo la paguen los chavistas.

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El médico no cura por teléfono, recomendaciones para la ANC económica.

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Suelo hacer molestar a mi hermana cada vez que me enfermo porque, pese a mi edad, soy una muy mala enferma. Apenas me sube un poco la fiebre o tengo algún otro tipo de quebranto empiezo a arrastrar la cobija y repito el mismo ritual: levanto el teléfono y le digo “hola soy yo, cúrame” y antes que entre en su explicación científica que sin ver los médicos no curan y que sin tratamiento nadie se mejora, le digo “entonces no sé para qué sirven los médicos“.

Al trancar me resigno y retorno al ritual de ir a un consultorio, toser, mostrar la lengua, sacarme la sangre, ir a la farmacia…lo que todos sabemos que se hace…

Así como a los médicos –al menos desde las lecciones de Hipócrates hasta acá- les han enseñado que su profesión es de medios y no de resultados, que la sanación del cuerpo requerirá tanto descanso y medicación como de la voluntad del enfermo y de sus características fisiológicas, el derecho y las leyes, son hermanas de este tipo de artes.

Cierto, un médico puede parando una hemorragia salvar la vida en un sólo acto y puede una autoridad pública frustrar un homicidio pero la verdad es que pese a estos golpes terminan por entender que su trabajo es un proceso, incluso, un sistema.

Un médico no será un mal profesional porque en la primera consulta no salve la vida de un enfermo e incluso no lo será porque se le muera un paciente. Será un mal medico en la medida que no haga  uso de todo su saber, de todas las herramientas, para salvar el buen vivir, la dignidad y finalmente la vida del enfermo.

Del mismo modo, en el marco de un bloqueo financiero, de una revuelta de la burguesía, de un poder económico estructurado en monopolios y en oligopolios, con un sistema de distribución y comercialización con al menos cinco años en colapso, las respuestas que emanen en materia económica y social de la Asamblea Nacional Constituyente obedecen a la lógica del trabajo del médico.

Podrá y deberá detener cuanta hemorragia mortal se consiga aplicando sutura, deberá bajar las nuevas fiebres pero a los problemas estructurales deberá dar respuestas producto del consenso de todos los sectores representados y todos lo que debe democrática y tercamente llamar a involucrarse.

Para poder transitarlo habrá que aprender a transitar un camino minado de trampas epistemológicas, es decir, de conceptos.

La primera, en mi opinión, es la afirmación común en el país -asumo que se ha dicho desde la Colonia incluso- según la cual el gobierno no ha hecho nada para enfrentar la especulación y el acaparamiento.

Y esto, en el presente, es una enorme mentira. Nada más desde el punto de vista normativo, en el tema de los precios, se ha dictado una ley que se ha cambiado tres veces. Se ha cambiado la política cambiaria, flexibilizando el asunto de los ilícitos cambiarios para permitir un flujo mayor de mercancías hacia el país. Se han activado 27.000 inspectores populares y 3.000 fiscales, luego, se han desactivado.

Se han supervisado los minoristas, luego los mayoristas, luego los productores. Se ha importado de preferencia insumos para el transporte de mercancías. Se han eliminado las restricciones horarias de circulación de mercancías. Se han subsidiado los productos, se han liberado las presentaciones sustitutas. Se han fijado los precios, se han liberado los precios, etc. Por no acordarnos del gran acierto que resultaron los CLAP.

Es decir, se han hecho y ejecutado planes pero el fenómeno ha mutado. Esa es para mí la clave conceptual primera para la construcción. La guerra económica no es estática, se transforma igual o más rápido que nosotros cambiamos las estrategias; es política, tiene picos en épocas pre electorales y finalmente actúa, como ocurrió en Chile antes de Pinochet usando la especulación como un látigo que se coma los beneficios sociales de las mayorías a modo de preservar la división de clases que favorece a las minorías.

¿Cuáles son los bienes esenciales que las personas no obtienen? ¿Cuáles son las expectativas económicas que saltaron del esperar las vacaciones a auténticos imposibles, que frustran a la población? ¿Cuál es la alternativa para los niños y adolescentes en el año escolar que se avecina?

Una de las cosas que debe quizás intentarse, es aprovechar la representación municipal para el diseño territorial de estrategias pues las necesidades no son las mismas. Lo recuerdo siempre, en la voz de una campesina que me llamaba todas las semanas a insultarme porque el gobierno no hacía nada ante todo lo que la crisis le estaba haciendo vivir a los niños del paramo de Mérida.

Esto lo pienso porque siento que desde la Constituyente, en el marco de un bloqueo financiero, nuestro acercamiento a la economía ha de ser fundamentalmente social y mirar hacia adentro porque la segunda gran mentira es traernos modelos importados cuando el neoliberalismo se ha comido tantas estructuras que el mundo pasó del estado de bienestar a la pandemia de los desahucios.

Como el médico que recibe en la clínica a un enfermo, le pregunta cómo se siente, le prescribe las medicinas y conoce la historia familiar, la Asamblea Nacional Constituyente debe ser quirúrgica para parar la fiebre que se convierte en hemorrágica con las temporadas económicamente relevantes –como la vuelta a clases o la navidad- pero también y sobre todo debe diseñar el mecanismo de participación en preocupaciones, sueños y alternativas para todo el pueblo venezolano porque a la final, diría mi hermana, nadie cura por teléfono.

Mujeres y constituyente

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En tiempos constituyentes, todos los cuestionamientos son válidos. En especial, aquellos que emanen del sentir del pueblo que se norma y que propendan a cambiar el estado de las cosas. Con tal objeto, queremos en el día de hoy advertir el esfuerzo que significará ampliar la perspectiva de mujer y género en la norma constitucional.

Al respecto, desde el Derecho hemos de decir que la Constitución de 1999 fue la pionera mundial al entender que para la igualdad es necesario garantizar primero la existencia y para ello, que las partes que permanecían en la sombra, atropelladas por sectores que, entendiéndose mayoritarios se pretendían únicos, debían diferenciarse. De allí, que la Constitución vigente tenga tantas “a” que demostraron que el país podría tener un Presidente o una Presidenta, un Ministro o una Ministra, etc.

El asunto de las “a” fue tan trivializado que algunos no dudaron en mostrarse descontentos, ridiculizando a los sujetos que las emplearon e incluso redactando extraños artículos para desmarcarse de aquella pauta constitucional, como se hizo por ejemplo, en la Ley Orgánica Procesal del Trabajo, donde literalmente se afirma “la designación de personas, en masculino, tiene en las disposiciones de esta Ley un sentido genérico, referido siempre por igual a hombres y mujeres.”

Por eso, por la fuerte resistencia del machismo orgánico, fueron necesarios ocho años para que el asunto pudiera tratarse seriamente y que se dictase la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y se regularan los derechos laborales y maternales que hoy son la barrera de no retorno en la materia.

En este sistema normativo, las venezolanas tienen permisos de maternidad remunerados, derecho a amamantar, una protección integral contra la violencia y reglas procedimentales especiales reafirmadas por el máximo tribunal.

Pero ¿es esto realmente todo? ¿En qué medida es real? Bajo el polvo de la indiferencia parlamentaria se mantienen temas fundamentales para la vida de las mujeres en este país, como las propuestas para discutir anticoncepción y aborto que se han pospuesto indefinidamente por el miedo que produce que los sectores mas conservadores, sonrojados, nos den la espalda.

Falta esto tanto como las políticas públicas que sean suficientes para evitar el embarazo precoz y que obliguen a una paternidad responsable. Constituyendo estos temas, sin duda, parte del estadio del derecho a alcanzar y así ha de plantearse, con seriedad.

En otro saco queda el cúmulo de temas donde no ha sido posible avanzar consistentemente, bien porque nunca hemos llegado al punto anhelado por la legislación, o, porque si nos acercamos en algún momento, ahora retrocedemos.

Pongamos un ejemplo, ¿cuál es la imagen de la mujer en la televisión venezolana? ¿En qué rol, en qué medida? ¿Cómo se ha avanzado en destruir el estereotipo que se entiende en sí mismo una forma de violencia?

La televisora estatal, VTV, en su portal web anuncia cuáles son sus principales programas, aquellos por los cuales la gente vuelve cada día a sintonizarlos. Ninguno es conducido por una mujer, y, en los bloques horarios estelares donde abundan hombres que de manera independiente anclan un programa, las pocas mujeres que participan lo hacen acompañadas. ¿No es tiempo de fijar, de manera equitativa, la parrilla audiovisual?

En este mes de agosto que justo abrimos una nueva contienda electoral donde, un grupo de hombres y mujeres, disputarán las jefaturas estadales, las mujeres ocupan un sector muy minoritario, que tan sólo alcanza el 17,3% de las postuladas por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y el 4,3% de las postuladas por Acción Democrática. Son estos números muy desalentadores a la promesa que tantas veces se ha hecho de una participación política paritaria.

La esperanza estará puesta en este tema en la conciencia que lleven las mujeres constituyentes a este foro, felizmente presidido por una mujer y en la presión que puedan los movimientos ejercer para exigir las premisas fundamentales para un mundo de iguales.

Madres huérfanas

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Este texto que constituye una especie de segunda parte del recién publicado en mi blog “ciudadanos huérfanos” es el primer retrato que intento de una parte de la población que me fue descrita por Erika Ortega Sanoja, a quien naturalmente dedico este texto.

El niño del que hablábamos en antes, criado en la Venezuela de los ochenta y los noventa, con la llegada de la televisión satelital y el fenómeno Chávez, que debe haber pasado la pena de bailar la Sopa de Caracol, el baile del perrito y la Macarena; que lloró a chorros, sin cuestionar las causas, el maltrato que recibía Cirilo de parte de María Joaquina y que se emociona aun con la música del Miss Venezuela y la voz del presentador del cine millonario, vivió también en menos de quince años, un período de historia nacional tan intenso que, si le hubiese sido posible enterarse, sabría que empezó con las privatizaciones para terminar en las nacionalizaciones, con el barril de petróleo a menos de diez dólares hasta alcanzar más de 100$  y luego desplomarse.

Fuese hijo de un chavista o de un opositor, el mundo siempre le fue presentado como binario,  el pertenecía al bando bueno y los otros, al bando malo. No existían además en esa concepción del mundo, las amplias franjas de grises que suelen suceder en la historia de cualquier país.

Si su ambiente era de oposición fue criado sobreviviendo una infinita sucesión de promesas del vete ya, que no logró ver consolidarse ni con la muerte de Chávez además de pasar todo su tiempo vital esperando ocurrieran las amenazas del comunismo expoliador y comeniños sobre su vida. Por eso, su vida ha sido una versión empeorada del país provisional del que ya nos hablaba Cabrujas.

Si por el contrario, su entorno fue chavista viene con una estructura de vida donde los sueños tardaban poco y exigían poco para concretarse y vio surgir canchas, ambulatorios, farmacias, areperas, …, por sus predios.

Había encontrado un padre que ganaba todas las batallas y que explicaba mejor que la mejor de las maestras de las escuelas, la historia o el presente que lo llevaban a decidir lo que decidía. Nacía así en un autoestima enorme,  de madrugar para ver la bandera en la fórmula UNO o la orquesta en Hamburgo. En este tiempo, el que quiso estudiar, estudió; el que quiso viajar, viajó; el que quiso carros o casas, los compró.

Pero todos ellos, los unos y los otros, se han despertado en estos tiempos en otro país. Comparten, en sus extremos que su proyecto de país no llegó a su último eslabón por muy cerca que han podido estar cualquiera de los dos. No recuerdan otro país, otro momento, ni todas las vueltas que los trajeron aquí.

Ambos, hijos de la tecnología y de los medios de información se despiertan sin saber donde están con la firme convicción que el juego se trancó y a lo que sea, salir de aquí, es la manera de estar mejor. Con títulos a cuesta, onerosísimos en los países que se habían mantenido en esas franjas grises de la historia que escogen, se van.

La vida allá podrá ser buena o mala, podrán obtener cargos gerenciales, dar clases en primeras universidades o engrosar los que viven de un asilo político que todos saben está por lo menos un poquito amañado o dedicarse a la buhonería, eso importa menos porque irse es lo  que encuentran como la única quimera a la que aspirar.

No son ellos los que nos preocupan en este momento. Ellos después de todo podrán resumir su aventura, sea como sea, en que estaban viviendo su vida sino en el personaje que dejan, viviendo de la pensión o de la jubilación, ayudándola ellos o esperando que ellas los ayuden, que son las madres que quedan acá.

La madre que trabajó una, dos o tres décadas, que se confortaba en las mañanas en la espera del transporte con que llegaría ese momento donde jubilada sería una feliz abuela y que sus hijos atenderían sus penurias de salud y sus antojos de la edad avanzada  pero que ahora se despierta en la casa vacía con el mero consuelo del skype.

La madre cuyo único consuelo es integrarse a grupos de otras y argumentar, con sobrado orgullo que esto es un esfuerzo supremo por una vida mejor y encontrarse con otras que le cuenten la misma historia mirando desde el celular la foto del último paseo o la bonita escuela donde todas las demás niñas son perfectamente rubias.

Estas mujeres cuya dimensión numérica desconozco y que, si aun están en edad laboral se latigan cada día para mantener ingresos suficientes que enviar bajo la descomunal crueldad del dólar guarimbero, que han vendido las casas que compraron de a poco suspirando cada mes con la cuota diciendo “…para cuando Fernandito se case”, o que practican en el espejo el consuelo de entender que tan brillante summa cum laudem ahora se agrada con cargos de obrero, porque esa es la desgracia que le tocó, es un sujeto político. Uno que su espacio natural es la oposición, la mas violenta de ella, porque han logrado exigirles que como el gobierno no les quitó a sus hijos sean ellas, que, en demostración de desespero los hagan vivir fuera de esta desgraciada tierra.

¿Dónde vivirán los hijos de la última cacerolera que se hizo viral en internet? ¿Qué identificación habrá entre las madres huérfanas con los macabros manganzones que hoy dirigen la derecha? ¿No verán en la carta de Smolansky el recuerdo de la letra de su chamo en tercer grado? Erika me lo decía en junio, el personaje mas convencido que vio en las marchas de la oposición eran las madres huérfanas, vestidas de blanco, rosario al pecho, hijo lejos.

Estas madres son el desecho de una lógica internacional de saqueo, que ahora nos cobra los años que nos dejó invertir socialmente robando personas que luego sirven como razón para justificar una intervención directa en Venezuela. Son también, en caso de que no se den cambios mayores y esta novela siga estando de moda, un problema social en potencia en tanto ven comprometidas las estructuras familiares de soporte tan necesarias en la edad adulta.

El reencuentro familiar en el extranjero que quizás algunas esperan es improbable con las regulaciones de la migracion internacional cada vez mas construída en aras de ampliar la eficiencia y la eficacia de estos ingresos en la estructura económica. Por eso, son un sujeto político a considerar, a analizar y que no se debe obviar.

Ciudadanos huérfanos

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Hay gente que camina sin preguntarse por donde anda. No se preguntan el nombre del árbol que les da sombra ni cuánto tiempo tendrá allí. No se preguntan porqué el edificio en el que trabajan es una torre, una pequeña casa, una oficina nueva. Pasan la vida asumiendo todas las cosas como predispuestas, como si el tiempo no las ha hecho cambiar.

Con el tiempo he caído en cuenta que esa gente asume de este modo buena parte de la vida y no es su culpa. Nacieron, los pusieron delante de un televisor, les hicieron bailar todas las músicas pavosas que estaban pegadas en su época. Les hicieron ir a dormirse sobre pupitres y seguir el ciclo.

Cuando esto pasa, cuando la gente es arreada en la vida por una inercia social estereotipada nos encontramos con la capacidad ilimitada de impactarles. A la final no adivinarían nunca que debajo del asfalto, más o menos nuevo que pisan, seguro antes hubo una calzada y antes tierra. Que en menos de cien años, que es apenas un poco más de la vida que seguro tuvieron sus abuelos, este país fue cambiando aceleradamente y haciéndose esa amalgama cultural que resultó de amontonar precarios campesinos, con europeos hambreados, izquierdistas del cono sur, una intelectualidad afrancesada y un modelo económico diseñado por los gringos.

Podrían negar con mucha energía que en 1998 cuando la victoria de Chávez comenzaba a hacerse evidente, Acción Democrática utilizó una sartén que chispeaba aceite para advertir que Chávez vendría a freír a la población venezolana, a la vez que vestida de barbie abogada Irene Sáez hablaba que en Venezuela había que parar con la pobreza, el desempleo y la inseguridad.

De esa Venezuela que conocieron jovenes o niños que los formó para servir, con algún nivel técnico en empresas, principalmente trasnacionales, la verdad es que queda poco. El mundo se reiventó aquí y afuera, la empresa grande se transformó en pequeña, la norteamericana huyó hacia Asia y quedaron, muchos, con su plan lineal a cuestas intentando entrar en el zigzag de la realidad actual.

El vivir mejor que empujó a sus viejos, con la nostalgia a cuestas, a conquistar los cerros de la ciudad cerrada a recibirlos, del que bajaron o no, parecía desdibujar Caracas y pintar un oasis, multiforme, que siempre queda afuera. El rumbo sólo es el extranjero.

Entonces, con esa poca curiosidad, algunos de ellos han hecho maletas y enrumbado a nuevos paraísos. Se agrupan en comités que desde Santiago de Chile quieren contarles a los chilenos que es vivir en dictadura. Se fotografían en Paris sin jamás haber oído los hilos de la calma romperse ante el inminente bombardeo sobre la ciudad de la luz que quizás, haría Hitler. No les llega el olor de la sangre mexicana que se sembró en resistencia cuando todas esas ciudades de nombre castellano fueron arrebatadas a México, por parte de los Estados Unidos. Como no escuchan los gritos de las almas que penan en las costas del mediterráneo o en el paso de Calais cuando huyen de la guerra y del hambre que desde sus cuentas sociales pretenden para Venezuela.

Por el contrario, la llegada del venezolano afuera parece dibujarse como una línea que proyectar hacia Venezuela, la foto del piso de Maiquetía convertido en testigo de la partida, la foto del reencuentro porque siempre hay alguien que se fue primero, luego los parques y luego, el silencio.

Esa misma gente, sentada desde un escritorio del Ministerio se quejan con amargura de la corrupción en el gobierno y esperan con ansiedad la nueva cadena de Whatsapp con la que se sustituyó el rumor de oído a oído que siempre salía de un empleado de confianza que trabaja en Miraflores.

Es a ellos que pasan toda la vida sin una brújula, sin un sentido de ser mas que el niño que abandonaron con el chavo, los Power Rangers, los Telettubbies o los Backyardiggans, el ser que hay que rescatar para que la ciudadanía sea primera vez el espacio donde llegan y permanecen siendo –quizás por primera vez- parte de algo.

La sociedad del odio

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A mi Yamila, que me ha enseñado tanto.

Hace aproximadamente un año escribí un articulo ironizando sobre como estábamos descubriendo, por lo menos en Venezuela, una nueva forma de gobierno. Una muy banal, donde todo se obtenía o se perdía con tener la foto precisa con el personaje correcto. Así, a un año de aquello algunos recuerdan mi definición de la fotocracia y se divierten señalando cuando ven aparecer a algún fotócrata en el escenario.  En el presente, dudo que la fotocracia ya no sea una forma de gobierno que logra, con algún éxito, instaurarse pero observo como en esa misma banalidad, donde todo es inmediato, emocional y aparente, se va produciendo un problema mayor, el de la sociedad del odio o para seguir jugando con las palabras la hatercracia.

Lucía Etxebarria, escritora española sobre la que hoy se habló por su denuncia de un robo en las famosas fiestas españolas, los sanfermines, dedica una columna a comparar el odio que produce y manifiestan, dos mujeres que saben que son los dos lados de una infidelidad. Al relatarlo, habla de una persona en esa situación hace par de años y dice …entonces las redes sociales no eran cibernéticas sino reales. Ellas coincidían en bares y en fiestas. Se intercambiaban miradas gélidas y punto. Ella nunca se rebajó a demostrar que lo sabía y que le importaba, mucho menos a dar un espectáculo gratuito a terceros. “[1]

Ahora, por el contrario, cuenta como en las redes sociales existe un culto al odio en el que esos dos personajes se cruzan amenazas, descalificaciones e insinuaciones. Por un hecho, que, doloroso en cualquier época, antes ambas hubiesen matado porque se mantuviera en privado.

Un cuento tan trivial como este se ubica en mi cabeza poblada desde la mañana por la comparación –escalofriantemente sin diferencias- entre los crímenes de odio que han llenado las primeras planas. De Kiev a Charlotesville parece que el espanto hizo una escala en Caracas.

La gente entonces ahora odia y siente en ello un derecho legítimo, una proclama cualquiera. Odia a la gente, odia el trabajo, odia los perros, odia el calor, odia el ruido.  Ahora se festeja el odio, se publica, se difunde…

Pero resulta que el odio habla en inglés, hay toda una especie de tribu virtual llamada de los haters, o, al menos eso me cuenta Google cuando lo interrogo al respecto.  Su característica principal sería la exageración del rechazo o apatía a cosas, deberes o personas. Su publicación una especie de conformación de comunidad. Sus medios las redes sociales y toda esta nueva manera de comunicarse que son los memes.

El odio que se presenta así como esa actitud de rebeldía adolescente parece que no se acaba cuando se difunde sino que se viraliza y se va tornando en una espiral que permite jugar al suicidio, llamar al homicidio, celebrar el asesinato o promover una invasión. El rechazo a lo humano se va haciendo tan fuerte que comienzan a confundirse los escenarios de la realidad con los de la virtualidad.

Los hatercratas parecen unidos por una indiferencia manifiesta que los lleva a vivir en un mundo que no se conecta con sus países de habitación, que los hace vivir en la añoranza de cosas que nunca han sido y que, usando un poco a Bolívar, parecen ser piezas muy útiles para su propia destrucción.

Termino estas líneas convencida que el nuevo riesgo nuclear de esta humanidad, se llama odio y es tan o más peligroso en la medida que se vende en pantallas que miramos y abrazamos más que los humanos de los que nos rodeamos.

[1] http://www.elperiodico.com/es/opinion/20170520/si-con-todo-que-tienes-no-eres-feliz-por-lucia-etxebarria-6045245

La historia no se duerme

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Despertaba el domingo con el sol sobre los libros. El noticiero seguía con su tono decadente y yo, con tijeras en mano, intentaba dibujarme una época. Mi primera verdad es la del título de estas líneas, la historia no se duerme. Lo que no tendría ninguna sorpresa salvo porque siempre en las aulas la historia está allí, comatosa, detenida, inalcanzable. Llena de olimpos que no destruye nadie…

La Independencia fue un acta, la fraternidad una proclama, la autodeterminación una cumbre, la justicia una conquista, Mandela borró de una sonrisa el apartheid, el nazismo era una  pasada historia…, todo parecía retorica y estática. El movimiento era lineal, permanente hacia mejores condiciones para un universo cada vez más amplio.

¿Entonces cómo leer los noticieros? La progresividad del derecho y la línea venturosa de la historia parecían claramente improbables con los titulares. Bordeamos una crisis de misiles, los Estados Unidos tiene un maniaco en la Presidencia, los subsaharianos que huyen del hambre son hundidos en las costas bajo la supervisión triunfal de buques europeos que prefieren que eso se quede allí… Hoy, vuelve la supremacía blanca y sus atemorizantes manifestaciones.

¿Entonces cómo se organizan los pueblos? La presentación de la realidad en formato de anécdota hace que el espanto, siempre tan interno, se desplace a un espacio lejano donde todos nos sentimos incapaces de hacer algo por el otro y nos consolamos en nuestra conciencia de pequeñez, de lejanía. A la final nos reconfortan las clases de historia, no somos ni Mandela, ni Bolívar, ni García Lorca, ¿o si?