Constituyente y economía

economia +

Durante toda la campaña electoral de la Asamblea Nacional Constituyente se escucharon voces disidentes afirmar que esta vía, la de la modificación constitucional, aportaría poco a la necesidad más sentida del pueblo venezolano: el asunto, tan simple como complejo, de tener una arepa que comer cada mañana y dos comidas más a lo largo del día.

Denunciaban así algunos que pocas soluciones prácticas podía dar el debate filosófico-político en el que consiste una constituyente a este problema, intentando consolidar la idea que la Asamblea Nacional era tan sólo un asunto político.

Si esta matriz se intentó posicionar, fue paradójicamente al mismo tiempo que se señalaba que la futura Carta Magna iba a ser un perverso ordenamiento comunista capaz de erradicar las libertades económicas de las que los ciudadanos gozan e incluso aquellas de las que nunca han gozado.

Para amplificar esa sensación de duda e impotencia, la Venezuela constituyente amaneció desde sus primeros días apuñalada por el flujo ascendente e indetenible del valor del dólar apátrida y guarimbero, que fijan desde Cúcuta  a través de una página web, como queriendo decir que contra la guerra económica no ha podido el Ejecutivo, ni la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y que tampoco podrá el Poder Constituyente.

Por ello, queremos dedicar las líneas del día de hoy al asunto de la Constitución económica.

En primer lugar, hemos de considerar que toda Constitución, como señala Miguel de La Madrid, tiene implícita o explícitamente una concepción de las relaciones que deben existir entre el Estado y la economía, la cual, a su vez, forma parte de la filosofía política que aquella sustenta sobre las relaciones entre Estado y sociedad.[1] Visto lo anterior, vemos que la noción moderna de Constitución se relaciona con el liberalismo político, marco que le permitió a la burguesía implementar el capitalismo.

Para luego transformarse, con el esfuerzo heroico de los pueblos, en un constitucionalismo social, que vería nacer los derechos del trabajo, como el que se desarrolló en la Constitución mexicana de 1917.

El tema económico así visto siguió su rumbo en las distintas épocas constitucionales. Siendo el constitucionalismo de fines del siglo XX, un esquema favorable al neoliberalismo que se impuso como arma rapaz de los poderosos en contra de las garantías del Estado de Bienestar.

Así lo describe Facundo Gladstein,

“El oleaje ultracapitalista de las décadas de los ochenta y noventa se plasmó jurídicamente en constituciones de matriz neoliberal, cuyos mayores exponentes latinoamericanos son las constituciones de Colombia de 1991 y de Argentina de 1994. En sus textos se reflejó el pensamiento, la filosofía y la concepción económica del genocidio financiero que arrasó con las haciendas latinoamericanas en aras del mercado pero diezmando a las sociedades, y como ya hemos visto, empobreciéndolas hondamente.

Ejemplo de ello son normas de carácter meramente enunciativo y generales, sin delimitar el diseño económico del aparato estatal. Textos, como en el caso de Argentina y Chile, sumamente cortos y ambiguos, representan el constitucionalismo clásico.”

Las cuales no serían seguidas, ni en el estilo ni en el contenido, por las tres cartas que configuran el denominado nuevo constitucionalismo latinoamericano cuya primera exponente fue la Constitución venezolana de 1999, que, tocará el tema económico condenando prácticas perversas, como la especulación y el acaparamiento, determinará  que la economía es un área de seguridad de estado y contendrá sendas disposiciones en materia social.

Considera Galdstein que estas tres hermanas, la venezolana, la ecuatoriana y la boliviana se propusieron “una sociedad más igualitaria en un mundo desigual” de modo a construir un muro frente a lo que él considera que constituyó un verdadero genocidio económico: la implementación del neoliberalismo en América Latina. De allí que con estos textos, con las interpretaciones que de ellos se hicieran con carácter originario, pudiera crearse el margen de la nueva integración regional y el desarrollo de las misiones sociales como políticas públicas de redistribución del ingreso.

Con lo que pretendemos plantear, con toda la seguridad del caso, que mucho tiene que ver el marco constitucional con la satisfacción individual y colectiva de los derechos socioeconómicos. Por lo cual, el Constituyente de 1999 fue la pieza fundacional del Estado de las Misiones sociales y el Constituyente de 2017 tiene que usar sus herramientas normativas para enfrentar un contexto agresivo y despiadado contra la Nación.

Describimos como un “contexto agresivo y despiadado” la implementación abierta de sanciones contra Venezuela toda vez, que, la experiencia política y las declaraciones de los organismos multilaterales han demostrado que incluso planteadas como individuales las mismas afectan gravemente las capacidades de compra y endeudamiento de los gobiernos que, terminan repercutiendo en el acceso de los pueblos a los bienes fundamentales para la vida.[2]

Luego está la situación que hemos venido enfrentando en los últimos años, descrita en el léxico corriente de nuestros políticos como guerra económica, consistente en el coordinado esfuerzo para hacer más difíciles, las pequeñas exigencias de la cotidianidad y del hogar. Hace un tiempo, con documentos en mano, fui viendo por los reportes de retenciones de la Guardia Nacional, las guías de despacho de Sunagro y los reportes de abastecimiento que el desabastecimiento se creaba, se empeoraba y se mantenía simplemente con la alteración de la frecuencia y la cantidad. Así, de lo que antes llegaba cada jueves, digamos que diez kilogramos, ahora llegaba un solo jueves en un despacho de cuarenta kilogramos. La situación enloquecía a todo el mundo, al vendedor que temía ser acusado de acaparador, al comprador que quería lo que veía porque no sabía si lo volvería a ver y a las autoridades del orden público que a ciencia cierta no sabían a qué se enfrentaban.

Otra de las técnicas usuales fue hacerle la vida más difícil y la ganancia más pequeña a los pequeños comerciales, a esos, al bodeguero del barrio, a la señora de las empanadas…las facturas y las notas de entrega, los aumentos del condominio, del arrendamiento, la venta condicionada, el cambio de códigos, la modificación de la categoría o de la relación comercial con el vendedor. Todos se fueron sumando de a poco a la realidad.

Hasta ese entonces las cosas tenían poco sentido. Hablábamos de una rebelión de la burguesía, de que habían decidido echar el resto, nos acostumbramos a ir echándole la culpa al compañero que como mártir designábamos para que encarara la tormenta y fuimos por demás encontrando cada día una solución más grande, mas burocrática y compleja para el problema.

Aquí está la primera diferencia del momento constituyente al reunir en un espacio de dialogo y construcción miembros de cada uno de estos eslabones: de los trabajadores a los que no les alcanza, de los pequeños empresarios asfixiados y de los industriales sometidos por sus proveedores. La primera tarea sería la de despertar el sentido de lo común en todos ellos: la lesión que vamos acumulando de un eslabón a otro hasta que revienta insoportable en el consumidor final, poniendo en riesgo toda la cadena.

La segunda, el deber de cambiar la lógica del gobierno sobre la economía en la cual los mecanismos han de ser menos burocráticos y de más fácil mutación dada la evidente capacidad de reinventarse que tiene la acción.

La tercera, la Asamblea Nacional Constituyente como foro político tiene que mirar la situación económica como estrategia de toma de poder, o, de debilitamiento de la cohesión del pueblo venezolano. En tal sentido, ha de entender que la derecha considera que ha llegado hora de las grandes fortunas, de la noción de democracia minimizada a la transacción financiera. El tiempo de los nuevo Chicago o Princeton boys, a los que no tan solo reúne el desprecio por los pueblos y sus procesos sino sus sentidas y publicas amistades.

Siendo este el punto, más allá de las acciones puntuales e inmediatas que ha de adoptar, uno de los que reviste de mayor complejidad. En tanto, desde aquí ha de construirse un nuevo discurso económico, esperanzador, de nuevo estilo, nacido del ideal socialista que nos impulsa pero capaz de adaptarse al sentir y vencer los miedos de las nuevas generaciones.

¿Qué esperan los jóvenes de la economía de este país? ¿Qué necesitan los emprendedores para no desfallecer, como lo hace la mayoría, en los tres primeros años de su e esfuerzo? ¿Quiénes son los factores que deben verse? ¿Cuál es el espacio de los nuevos productos?

Sobre el tema de las aspiraciones quiero destacar el trabajo publicado por la Revista Síntesis, donde Jacqueline Montes en base a los resultados de la investigación que desarrolló sobre la materia sostiene,

“La validación de modelos de sociedad solidarios e incluyentes es un elemento compartido por el 60% de los jóvenes que piensa que el socialismo es el mejor sistema económico (II Enjuve-2013); frente a un 20,1% que lo rechaza y ve como opción al capitalismo, en este caso la mayoría de quienes sostienen esta posición son muchachos provenientes de los sectores sociales A y B, lo cual no resulta sorprendente, dado que los jóvenes no escapan a la influencia de los intereses de clase, como comentábamos antes.

Sin embargo, los trabajos con Focusgroup nos permiten asomarnos a los matices de las opiniones. Encontramos que los jóvenes chavistas que aprueban el modelo socialista tienen una clara conciencia de la necesidad de superar el modelo económico rentista, dependiente del petróleo, y apuntan con urgencia al desarrollo de la capacidad productiva del país que permita garantizar la sostenibilidad en el tiempo del modelo bolivariano, la suya no es una opinión acrítica, por el contrario, ven y señalan los errores, pero son optimistas en su capacidad para corregirlos. Los jóvenes opositores por su parte, los más politizados, rechazan el modelo actual por encontrarlo como limitante de sus oportunidades de desarrollo, de crecimiento, defienden el modelo capitalista y desean ser reconocidos por sus méritos, pero dan muestras de una mayor conciencia de la responsabilidad social, pues entienden que los modelos que se alejan de las necesidades de las mayorías generan brechas sociales que pueden terminar en revoluciones como la que ellos conocen y rechazan.”[3]

El asunto del poder constituyente tiene como contraste con el poder constituido el hecho de ser la voz viva de un pueblo. En tal sentido, tienen sus representantes un deber con la historia mayor que el que tienen de ordinario los diputados y esto ha de llevarlos a un proceso en el que todos los presentes convoquen a todos los ausentes; donde manifiesten y actúen tomando en cuenta que la Constitución siempre tendrá una importancia fundamental para la economía pero que no existe un concepto cerrado, absolutamente correcto, de determinar las relaciones del sistema económico sino tan sólo el deber de, recordando la irretroactividad de los derechos ya adquiridos, buscar un punto de comunión nacional que permita superar  la estrategia del caos a la cual hemos sido sometidos, como manera de preparar la opinión pública para la sustitución de los liderazgos populares por los industriales y tecnócratas en los máximos cargos nacionales.

Por ende, radicalmente distinto es el planteamiento del problema al que ha de enfrentarse la Asamblea Nacional Constituyente al que, con mayor o menor éxito, ha consumido al Poder Público Nacional venezolano porque no son soluciones para la inmediatez sino profundamente cargadas de futuro las que ha de a

[1] 440

[2] Organización de las Naciones Unidas ha señalado en su Observación General N8 (Comité DESC) que “si bien los efectos de las sanciones varían de un caso a otro, el Comité es consciente de que casi siempre producen consecuencias dramáticas en los derechos reconocidos en el Pacto. Así, por ejemplo, con frecuencia originan perturbaciones en la distribución de suministros alimentarios, farmacéuticos y sanitarios, comprometen la calidad de los alimentos y la disponibilidad del agua potable, perturban gravemente el funcionamiento de los sistemas básicos de salud y educación y socaban el derecho al trabajo”

[3] Entrevista: Jacqueline Montes. Junio 2017. http://www.sintesis.com.ve/entrevista-jacqueline-montes/

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s