Nacionalidad: Patria o Mickey

20D

A las maravillosas manos que son Aracafé.

Como un fantasma, la nueva decisión de Trump estremeció a algunos. El Presidente, desde su pose de gánster, decidió cerrar la puerta de Disneylandia a los venezolanos. Las pequeñas líneas indican que por lo pronto, esto sólo afectará a algunos, la tendencia, indica que cada vez serán más los que sean tocados con esta vara.

Pues si en toda evidencia, Trump no limita su acción a los kilómetros de la Florida dedicados a la empalagosa uniformidad de la fantasía sino a todo su país, la Florida es de todo ese continente-país, la parte más importante para la clase media venezolana y el culto a Mickey, no distingue con mucha claridad el asunto de las posturas políticas de sus adeptos.

A ciento veinte años del nacimiento de Mario Briceño Iragorry queremos despertar algunas advertencias que él hiciera sobre estos hechos cuando desde la “Alegría de La Tierra” se preguntaba sobre las consecuencias y la lógica de la mutación de aquella precaria economía rural a esta, opulenta y vacía, economía petrolera extractivista; y, fundamentalmente cuando advertía cómo avanzaba el nuevo invasor en Venezuela en su ensayo “Crisis de la nacionalidad”.

Les escribo esta vez desde el Parque Carlos Raúl Villanueva en Maracay, donde pasa una leve lluvia en medio de la tarde y el calor despierta el café cultivado en el ecosistema que conquistó a Henry Pittier. Aquí, con la informalidad de las grandes preguntas, Antonio levanta la voz y evoca aquél recuerdo que traemos fracturado de la memoria de los padres sobre qué hicieron los cuerpos de paz norteamericanos en Venezuela.

A mi padre, le enseñaron a comer pan, le respondo. En aquella época, Coro estaba lleno de gallinas en los patios, de señoras que pilaban maíz, de urupagua y ponsigué pero pronto vendría la guerrilla y su aniquilación, la modernidad, el jabón industrializado y el pan. Hubo silencio, como si algo en aquella época tuviera mucho que ver con que sea tan extraordinario estar en un lugar donde se siembra lo que uno puede comer.

Pararse en esta época a intentar comer lo que se siembra es un acto tan extraordinario como el simple hecho de sembrar lo que se come, y esto no está exento de riesgos inimaginables: hay duendes extranjeros que persiguen nuestras cosechas en tanto a cualquier precio, pasado por la alquimia de la tasa de cambio, es un regalo. Luego está la enfermedad, la vitamina, todo un universo de cosas que le ocurren a la comida y allí la burocracia, insensible, pesada…, allí termina normalmente el panorama al que le falta necesariamente la lupa del por qué.

Los venezolanos, dirían más adelante, han perdido el habito de seguir cualquier regla hasta que salen a otra parte. Sea cual sea. En la decadente Panamá, llena de escándalos de corrupción y borracheras, esperan el cambio del semáforo y acuden puntuales al trabajo. En Estados Unidos, conocen los lectores de placas que indican la velocidad y que pasan riendo en la entrada de Caracas. De nuevo nos falta un porqué.

Uno que no es tan sólo el miedo que un sistema criminal y penitenciario eficiente producen; ni unas leyes que nos prometan que si nos llevamos una copia no autorizada, por peculado de uso, se nos irá la vida “pagando cana”.

Se trata, en mi opinión, de un tema extrajurídico y no de leyes. Se trata de una estructura y no de pequeños sujetos, buenos o malos, puestos en espacios estratégicos. Se trata del estado de salud del vínculo invisible que se llama “nacionalidad”.

Nosotros somos, desde la Independencia, un pueblo acostumbrado a pagar con sangre el valor de tener una bandera pero, como las sanciones de Trump, no todos los precios son simplemente la etiqueta numérica pegada en un objeto. El precio es algo que se origina antes, que tiene importancia después y que a veces, alguien nos exige pagar con recargo, o, tras calcularlo nuevamente como si el objeto se generara cada vez que un indicador económico cambia.

Decía, con su romanticismo liberal, Rousseau que la nacionalidad servía al pueblo que ya no era religioso para establecer un respeto similar al que sentía por Dios. Es el convencimiento de ser parte de algo, el deseo de seguir estándolo y la fuerza por la cual lo común y lo propio, como una tela coloreada como un tricolor, vale más que la propia vida.

Es el querer más la bahía de Cata que las costas de Acapulco y no llenar de vasos el sendero del Waraira Repano y es algo, que antes que nuestros propios cuerpos, está siendo brutalmente lesionado.

Dijo, mucho antes que se inventaran el mito según el cual, Venezuela se parece a Corea del Norte, Briceño Iragorry lo siguiente:

[No es] obra de resentidos ni ridícula labor de majaderos levantar la voz contra el peligro que nos viene de fuera y contra el extremo peligro que representa en lo interior la conducta antipatriótica de los pitiyanquis. Necesario es vocearlo y repetirlo: el nuevo invasor no penetra donde tropieza con voluntades recias que le cierren las puertas de las ciudades. El imperialismo empieza por corromper a los hombres de adentro. A unos, por unirlos a su comparsa de beneficiados, a otros, por borrarles la imagen de la propia nacionalidad. Para eso están el cine, las revistas, los diarios, libros, las modas y aun las tiras cómicas. Además de dar con ello buena oportunidad a su absorbente capital, llevan al público incauto al relajamiento de los valores espirituales.

Entonces se trata de algo que viene trabajándose desde hace mucho más de cincuenta años y nos exige mirar en Venezuela parte de lo que veía Fanon en su amada tierra. Tenemos delante de nosotros, un juego de espejos. Uno, que nos indica que lo bueno está afuera y lo malo está aquí, que todo se irá yendo como vino y que lo “venezolano” es tan malo que no merece ni preservarse.

Ya antes lo dijo la CIA, así desmembraron a Rusia; ya antes lo dijo Neruda, así convencieron a Chile de limpiar la vergüenza que les produjo intentar ser un pueblo libre y adecuarse que la osadía del movimiento debía purgarse con la disciplina de los obreros y la distancia de las clases.

La sanción de Trump entra así en el imaginario que se construye desde esos lejanos años de los jugos enlatados, de la leche que viene libre de enfermedades, de la marihuana que durmió los movimientos sociales y el valiente cow boy que persigue desde su caballo a los caras rojas.

No podemos sentarnos sin pensar que al cow boy le respondió varias veces Mafalda y que ahora, sonrojados, le “bajaron dos” a perseguir indios y fumar tabacos. Ahora son tiempos de perseguir árabes y sancionar venezolanos, haciendo tanto ruido que las preguntas se nos olviden.

Solemos sufrir en estos tiempos de información sensacional de dificultades para asociar los eventos y dimensionarlos en el tiempo. La virulencia contra Venezuela se da mientras se recortan los beneficios sociales en Estados Unidos y Francia; cuando se preparan otras guerras, los sirios empiezan a consolidar las victorias y finalmente se hace indetenible el repunte de los movimientos pro nazis en el mundo. De los cuales, el mismo vocero de la nueva “cruzadas por los derechos humanos” es un fiel representante.

Al cabo de un rato, estos tiempos de sanciones y titulares deben traernos de vuelta el derecho al porqué, el sabor del cacao y del café, recordar que todos los procesos de opresión se consolidan cuando logran tener simpatías en los mismos oprimidos y que nadie puede avanzar mientras se preserve la voluntad decidida del amor a las pequeñas cosas. De eso va este año, con sus verborreas y banderas volteadas; autoridades escrachadas y visas negadas.  También, de lo mismo iría la fuerza secreta de los cubanos que contaba Mauricio Figueiral a la distancia, se trata de rotunda negativa a dejar que algunos, con sus Mickeys y cortejos, nos comercialicen y patenten, la alegría.

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Contra el odio

 

ira_thumb.jpgRecordé dos cosas a la vez.

Recordé el consultorio de mi alergólogo cuando tenía 17 años y habían determinado que una cantidad de sustancias sabía sin mucho esfuerzo ponerme al borde de la muerte, y, las clases de mi maestro Jean en CM2. Descubrí dentro de mí que sólo odiaba el odio por esas dos razones. Como si fueran parte de las moléculas que me matan creo que exponerse demasiado a los círculos sociales también nos afecta, nos sobrepasa, nos asfixia. Y creo en la voz de mi maestro con su visión de que el mundo sólo existe en lo diverso. Creo tanto en eso que algunos me han calificado de liberal, otros de activista pro LGBTI. Solo creo que nadie tiene que vivir al márgen…

Pero todos estamos tan acostumbrados a los márgenes que hacemos de ellos banderas. Como si la discriminación sólo existiera después que alguien la denuncia de injusta.

Me sentía asfixiada, como con aquellas grandes alergias, en los discursos que me rodeaban.

Los hippies odian a los funcionarios que les resultan burgueses, burócratas, dueños de todos los males que contaminan la revolución.

Los funcionarios odian a los hippies que consideran expertos en trasquilar presupuestos a base de utopías y cantos que se ahogan en marihuana.

Los intelectuales odian todas las manifestaciones de la gente llana. Su música, su habla, sus noches de sábado con caña clara y cerveza.

Los técnicos odian a los políticos que se especializan en mentir, en prometer y en repartir lo que no les cuesta.

Los políticos odian a los técnicos y su manera de negarse a cualquier idea que suponga un avance.

Los comunistas odian a los religiosos que resumen en panfletarias ideas que no escribieron ellos y los religiosos no ven sino el apocalipsis en los rojos.

Los venezolanos cada día seguimos caminando en un camino que manda a odiar y justifica el odio. Por el que se fue, por el que se vino. Por el que nos atacó, por el que no nos defendió. Por lo que somos, por lo que no hemos sido…

Y a mí esto se me convirtió en una tristeza agobiante, tanto, como las crisis de alergia.

A mí en definitiva ya se hacía mas larga la lista de gente que me  odiaba, por hippie, por funcionaria, por política, por técnica, por comunista, por religiosa, por venezolana.

Pero mi lista de odiados seguía intacta. No odiaba a los funcionarios, ni a los hippies, ni a los comunistas, ni a los religiosos, ni a los que me odiaban génerica o individualizadamente, y eso, en este tiempo, termina siendo una causal para no terminar de entrar, ni aquí, ni allá, sino en esta categoría rara y solitaria donde creo que estoy.

Y aunque eran tantas las ganas de llorar sólo quería viajar en el tiempo y agradecer, por encima de las soledades que esto cueste, a Jean por enseñarme a no poder odiar.

El chocolate de la vergüenza

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Una compañía que no supera los cuarenta seguidores en su cuenta en Facebook ha puesto a circular una publicidad de golosinas que ha indignado a un país. Su campaña es uno de los pocos temas que he visto ha sido denunciada por articulistas de la derecha y de la izquierda pidiéndole al Estado, a través de CONATEL, que saque del aire esa publicidad en la cual un alumno, viendo que su destino era raspar un examen, decide sobornar a la maestra entregándole junto al defectuoso ejercicio, una golosina.

Hablamos de la publicidad de temporada del producto Señor Cacao Dott, en la cual se condensa todo el discurso que por meses hemos visto agudizarse según el cual la venezolana es una sociedad sin valores, compuesta de pequeños bribones de los cuales, diría Julio Borges, deben los Estados Unidos proteger a la región con alguna invasión humanitaria o algún otro tipo de acorralamiento.

La publicidad es un mecanismo que se utiliza para introducir en el imaginario nuevas necesidades, las de aquellos productos que quien la utiliza desea comerciar y en principio, debe originarse sobre mercancía que exista o que pronto fuera a existir y mostrar ese estado de bienestar que por efímero todos perseguimos como un hámster en una rueda.

Desde el punto de vista de su control jurídico en el presente Venezuela enfrenta una dificultad puesto que el medio por el que se transmite –en este caso- es competencia de CONATEL que debe garantizar el correcto uso del espacio radioeléctrico pero el contenido –todo lo referente a publicidad y promociones- es competencia de la SUNDDE, institución rectora en materia de comercialización de bienes y servicios. Un pequeño detalle jurídico que se traduce en una complejidad administrativa que favorece que ante la transgresión, para los mismos agentes del Estado sea difícil determinar quien debe accionar.

En estos tiempos donde estamos en medio de potentes operaciones psicológicas la publicidad en vez de servir para aumentar los deseos, es una correa por la que circula la frustración. Hace años, en algún otro espacio, yo me interrogaba porque el territorio de la República Bolivariana de Venezuela era el destino predilecto de tantas campañas que ofrecían productos que se comercializaban exclusivamente en Colombia, en Chile o Argentina.

Ahora, cuando tantas caretas han caído podríamos ver como estos son los países del capitalismo salvaje que nos han erigido en modelos del éxito y la prosperidad que aquí no puede alcanzarse. Algunos dirán que esto es una simple coincidencia.

Pero volvamos a nuestro asunto de hoy. Hablamos de una publicidad en horario estelar, en la televisión nacional de mayor ranking y en las cableras internacionales. Por ende, hablamos de una gran cantidad de dinero destinada a vender la idea que con el esfuerzo no se consigue nada, ni tan rápido ni tan bueno como con la trampa.

La publicidad termina con una nota que indica que se trata de un seriado. Como advirtiendo que en una próxima entrega la maestra decidirá qué hacer con sus dos estudiantes, el estereotipado protagonista que le da el chocolate y con el morenito que estudia y pasa su examen echándole pierna pero la historia abierta, al borde del pecado, con la picada de ojo, es la que queda en la memoria con el corte y la música.

Se trata de un mensaje que llega a una niñez y adolescencia que justo empieza a recibir de sus maestros las normas de conducta del año escolar, en el que se sembrará esa semilla del ciudadano futuro. Jurídicamente no existe la posibilidad de dudar que será difícil demostrar la compatibilidad del mensaje con el sistema de protección integral y de interés superior del niño que edifican la Lopnna.

Y si esto es difícil, también lo es dudar que es una transgresión a las normas que establecen para todos los sujetos que hacen uso de los medios la responsabilidad social de desarrollar mensajes positivo y que cuide en especial a los niños, niñas y adolescentes.

Es quizás esta una oportunidad propicia para abrir debates fundamentales ¿no ha de controlarse la publicidad de alimentos azucarados y grasosos? ¿no existe ninguna norma que limite usar los medios para promover la vergüenza nacional o los antivalores en horario estelar? ¿a la hora actual, qué es lo afirmativo venezolano? Seguramente este tema se lo tragaran los granes y espeluznantes titulares que colapsan las redacciones de los periódicos, esperemos que no mueran de la misma manera en las manos de quienes deben prevenir y al menos corregir que esto ocurra.

La mujer un reto para la Revolución

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¿Cuál es el espacio del pensamiento feminista en la fase actual de la Revolución Bolivariana? Afilo la pregunta ¿cuál es el espacio de la mujer en el presente venezolano? Recuerdo con emoción la ebullición del 2007 y el paso que logró sostener un par de años. Tan profundo fue el cambio de la concepción jurídica de la igualdad de género como rápida la construcción real de la nueva arquitectura. Para el 2010, ya casi toda Venezuela tenía miles de leyes impresas, tribunales y fiscales nuevos. Para el 2012, se profundizó en el debate de la realidad laboral de la mujer y la visión de género que requería la nueva regulación. Sin embargo, en los últimos tiempos el asunto se ha ralentizado.

Quiero poner sobre la mesa algunas cifras para luego entrar a algunas valoraciones mas subjetivas. Así veremos que,

  • A la hora actual, en Venezuela existen 5 gobernadoras. Las cuales representan a los Estados Aragua, Cojedes, Delta Amacuro, Falcón y Monagas y juntas representan el 21,7% del total de los cargos de elección popular de este rango. Este nivel político será renovado en escasos veinte días y las colisiones políticas han presentado sus formulas. La del Gran Polo Patriótico tiene tan sólo 4 mujeres para un nuevo 17,3% que es superior a la postulación de la derecha donde tan sólo hay tres mujeres, es decir 13,3%. Por lo cual, gane quien gane será menor la presencia de mandatarias regionales al final del próximo mes.

 

  • De los cinco poderes públicos nacionales que, en vida de Chávez fueron presididos todos menos el Ejecutivo por mujeres, en este momento tan sólo queda una mujer frente al Poder Electoral, lo que significa que pasamos de un 80% a un 20% de mujeres.

 

  • En el Poder Legislativo donde otrora hubo mujeres en la Presidencia ahora sólo hay una mujer en la segunda vicepresidencia, lo que fue un ligero avance respecto a la conformación del 2016 donde no hubo ninguna fémina. Con respecto a su conformación interna, la Asamblea Nacional tiene 15 comisiones, de las que 4 son presididas por mujeres (27%) y sólo en 2 hay mujeres vicepresidentas (13%).

 

  • En el Poder Judicial, los números revelan una mayor paridad. En tanto, siendo el presidente un hombre la primera vicepresidenta es una mujer y de las seis salas, tres son presididas por hombres (50%) y tres son presididas por mujeres (50%).

 

  • Con la nueva figura de la política nacional, la ANC,  la situación no es radicalmente distinta a la de la Asamblea Nacional con la muy destacable diferencia que es presidida por una mujer. Sin embargo, al mirar la conformación de sus veintidós comisiones de evidencia que tan sólo en seis hay presidentas (27%), y en ocho hay vicepresidentas (36%).

 

Por lo cual, parece ocurrir que la presencia de mujeres en los altos cargos del gobierno venezolano presenta una tendencia a la baja. Alguno quizás dudará cuál es mi objetivo de señalar esta situación pues no es determinar que el gobierno del Comandante Hugo Chávez fue per se mas feminista que el gobierno del Presidente Nicolás Maduro Moros sino volver a poner el foco en que los procesos que estamos aguantando en Venezuela tienden a reducir la vida pública de la mujer venezolana.

Confluyen en la vida común de todos y todas, el encarecimiento de los bienes y servicios con la mayor dificultad para realizar actividades cotidianas en una estructura donde las mujeres son en su mayoría madres y en buena parte de los casos, son madres solteras. Ante esta situación la permanencia laboral de las mujeres se dificulta considerablemente.

¿Quién compra? ¿Para cuánto alcanza el salario? No son preguntas raras en los hogares venezolanos que ven la necesidad de empleos informales aumentar frente a la estrechez generalizada

¿Cuál política pública debe, con perspectiva de género, diseñarse para el desarrollo pleno de las mujeres y su permanencia en las carteras que sólo en Revolución ha alcanzado? ¿O, podemos plantearnos esto obviando que Venezuela ha sido de los pocos países donde las carteras duras, como defensa y penitenciaria, han sido ocupadas por mujeres?

¿Cuál es el patrón de vida que se estimula para las mujeres en Venezuela, si seguimos con tasas tan bochornosas de maternidad infantojuvenil y proyecciones cada vez mas estereotipadas de las mujeres en los medios de comunicación social?

¿Cuál es la oferta que hacemos a las mujeres en primeros rangos de competitividad? ¿Cuál es la política en contra del acoso sexual en el trabajo o de la inequidad salarial que estamos aplicando? Hay un largo camino detrás de nosotras, nobles esfuerzos como el de Nora Castañeda y sus propuestas de financiamiento de las pequeñas empresas de mujeres que hoy siguen andando en programas como el Soy Mujer pero hay un gran vacío en esa franja media que debemos atender al tiempo que hacemos frente a todos los intento de borrar lo que ya hemos sabido obtener.-

Ideas sobre la democracia

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El 15 de septiembre de cada año, se celebra desde que la Unión Interparlamentaria adoptara una Declaración Universal sobre Democracia que reafirma sus principios y los elementos y prácticas necesarios para un gobierno democrático, el día de la democracia.

Fecha que es usada con plena alevosía para ratificar los expedientes negros de los malos alumnos del sistema internacional. Así, se escucharán rimbombantes declaraciones contra algunos gobiernos, entre los cuales, muy probablemente vuelva a estar Venezuela.

Antes que eso ocurra queremos revisar algunas ideas sencillas para que cada quien asuma el día y el bombardeo mediático correspondiente desde su consciencia.

Por ello, queremos revisar algunas ideas sobre la democracia.

Si nos acordamos de aquella clase de educación cívica lo primero que tomaremos en cuenta es la definición etimológica –la de las palabras- que nos hablará que existe un demos –que es un pueblo- que ejerce un kratos –que es un poder-, cerrando nuestro recuerdo con esa idea de agenda que la democracia es aquel sistema político donde el poder lo ejerce el pueblo.

Si esto es así, felicitaciones, usted obtuvo seguramente un veinte en la boleta con un concepto que no nos dice absolutamente nada –como buena parte de las otras bases que nos trajimos de la escuela-, porque todavía nos encaramos al problema de saber quién es el pueblo e incluso que es el poder.

¿Es el pueblo toda la población de un país? ¿Es la mayoría de un país? ¿O, tan sólo con que haya mucha gente basta para que se considere el pueblo? A lo largo de la literatura social y del discurso político todos estos conceptos parecen ser intercambiables: mucha gente en una marcha es el pueblo, la mayoría que votó es el pueblo, todos los venezolanos somos el pueblo.

A los efectos de la democracia, en sus significados más generales de todos estos conceptos tan solo importa el de la mayoría –incluso cuando la minoría cuente tan sólo con una persona menos y por tanto sea muy numerosa-. Pese a ello, los gobiernos respaldados por mayorías que no dan espacios a las minorías no son tampoco considerados como democráticos.

Una democracia es entonces el gobierno de una mayoría, sobre un todo –que equivale a un país- al cual se han venido exigiendo otras cosas como respetos a normas jurídicas preestablecidas o previsiones en materia de derechos fundamentales. Estos últimos temas ya no van a referirse al demos sino al kratos.

El poder es, la potestad de someter al otro, en base al mito de un viejo hecho que así lo legitima, incluso contra su voluntad, para alcanzar un interés público o general.

Normalmente, aquí terminan las clases sobre la idea de democracia e incluso el contenido que sobre la misma reflejan los documentos internacionales que hoy resaltan como el hecho de vivir en una democracia seria inclusive un derecho humano.

Esta lectura, sin embargo, resulta claramente parcial porque obvia que el mundo de hoy está conformado en una densa maraña donde el único que ejerce poder no es tan solo esta autoridad electa por esa mayoría sino que la economía y el plano internacional son agentes de presión y de moldeamiento de nuestras sociedades tan o más importantes que todos los sujetos de los que hablamos antes.

Este asunto de la democracia real como enemiga del capitalismo es un tema profundo pues vemos en el plano internacional validarse un discurso que ubica elementos del capitalismo como esencia de la democracia olvidando que si este es el gobierno de la mayoría para todos, no puede sostenerse como natural la exclusión propia de este sistema económico. Por ello, pensamos como Boaventura Dos Santos,

La democracia liberal fue históricamente derrotada por el capitalismo y no parece que la derrota sea reversible. Por eso, no hay que tener esperanzas de que el capitalismo vuelva a tenerle miedo a la democracia liberal, si alguna vez lo tuvo. La democracia liberal sobrevivirá en la medida en que el capitalismo global se pueda servir de ella. La lucha de quienes ven en la derrota de la democracia liberal la emergencia de un mundo repugnantemente injusto y descontroladamente violento debe centrarse en buscar una concepción de la democracia más robusta, cuya marca genética sea el anticapitalismo. Tras un siglo de luchas populares que hicieron entrar el ideal democrático en el imaginario de la emancipación social, sería un grave error político desperdiciar esa experiencia y asumir que la lucha anticapitalista debe ser también una lucha antidemocrática. Por el contrario, es preciso convertir el ideal democrático en una realidad radical que no se rinda ante el capitalismo. Y como el capitalismo no ejerce su dominio sino sirviéndose de otras formas de opresión, principalmente del colonialismo y el patriarcado, esta democracia radical, además de anticapitalista, debe ser también anticolonialista y antipatriarcal. Puede llamarse revolución democrática o democracia revolucionaria -el nombre poco importa-, pero debe ser necesariamente una democracia posliberal, que no puede perder sus atributos para acomodarse a las exigencias del capitalismo. Al contrario, debe basarse en dos principios: la profundización de la democracia sólo es posible a costa del capitalismo; y en caso de conflicto entre capitalismo y democracia, debe prevalecer la democracia real.

Lo que pensamos era la causa por la cual decía Eduardo Galeano, en el libro de los abrazos, “la democracia es un lujo del norte. Al sur se le permite el espectáculo, que eso no se le niega a nadie. Y a nadie molesta mucho, al fin y al cabo, que la política sea democrática, siempre y cuando la economía no lo sea.”

 

Y esta idea que existen pueblos que tienen derecho a un sistema de gobierno que les represente mas y a remodelarlo según sus necesidades históricas es la clave de lo que le está negado al sur que ha de acoplarse a conceptos que pueden no se acerquen a los sentimientos y necesidades de su gente. Este es el caso por ejemplo de lo que sentía Roque Dalton sobre la libertad de prensa, tan costosa y defendida cuando se habla del derecho que a ella tienen los grandes mediotenientes, tan barata y relativa cuando se mira desde el derecho que tiene un  cualquiera de denunciar algo o de informarse fielmente.

La democracia en el Continente era una vieja de memoria corta, de vals con los tiempos predefinidos donde el mandante cedía todos los derechos salvo el de obedecer. Hasta que algunos países se dieron la titánica tarea de desafiar las fronteras de lo que se había condenado afirmándolo imposible, planteando un sistema de gobierno donde el poder no se transfiere, es el tiempo de la democracia como línea horizontal, como forma de vida y modelo de gestión. No como fecha de calendario.

Con tal resolución venezolana, seguida por Bolivia y Ecuador empezó el trabajo de levantar la bandera que incluso, cuando las dictaduras del cono sur había sido convenientemente olvidada. De allí, todo este entuerto de intentar ponerle a Venezuela la camisa de fuerza tejida por la OEA de su Carta Interamericana.

Por eso en días como este, no hay que dejarse impresionar con las frases preconstruidas y sus bonitos decorados, hay que tomar una postura propia desde lo que se sienta, se observe y se determine como los intereses propios y los de los interlocutores que amanecerán con las camisas rasgadas de tanto clamar por democracia sin bandera, sin país y sin dignidad.-

La Milla. Poesía.

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¿Qué se hace con un poemario? En especial, ¿con un poemario perdedor de un concurso? Podría condenarse a la vergüenza y al polvo. Dejarlo allí como levitando, como si nadie lo hubiera escrito, o, condenarlo a ser remarcado, achicado, cambiado muchas veces al gusto de un jurado que escribe genéricas normas de presentación. O, una puede venir y decidir que una debe liberarse de ese hijo, dejarlo salir, como el hijo que alcanzó plena y feliz su gestación.

 

“La Milla” es un poemario que quizás merece un poquito más de amor pero que no quiero olvidar. Su contenido volvió a su esencia original, lejos del deber de completar los no sé cuantos versos que quería fulano de tal.

 

En otros tiempos, como fue el caso de Versos Incómodos, estaría analizando cuál casa editorial podría quererlo pero en este tiempo prefiero regalárselos a los que quieran poesía.

Les dejo entonces aquí, un pequeño librito de versos rosas que prometí un día escribir a quien me retó que ninguno poemario podría llamarse de esa manera.

Para descargar y leer –> la milla (1)

De la forma al fondo, comentarios a la ANC

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El día que se instaló la Asamblea Nacional Constituyente defendimos la idea de Thomas Jefferson sobre el hecho que para construir un país y sus instituciones no se requiere más que profesar la religión de lo público, el sentir del ciudadano. Con ello, queríamos dar al traste con esas operaciones horrorosas que durante la campaña se viralizaron según las cuales debían ser especialistas los que se ocuparan de las cuestiones fundamentales y no el pueblo llano.

Ahora, nos proponemos un asunto relativamente distinto. Puesto que consideramos importante traer algunos aspectos que aunque menores parecen juntarse para el gozo de una oposición que siempre ha apostado por la incapacidad del pueblo de organizarse a sí mismo y de un pueblo de resistir los embates de un Imperio.

Por ello, queremos hacer pequeñas recomendaciones al margen que son estrictamente personales pero que nacen de combinar la teoría estudiada, la practica parlamentaria y mirar los grandes debates y sinsabores que tras cámara están ocurriendo.

Partimos por pensar el rol de un diputado que no es el de una asamblea ordinaria como sería cualquier Congreso de otro país o de los que en este país han ocurrido sino el de un constituyente en una democracia participativa y protagónica.

En ese escenario, ese diputado no habla en nombre del pueblo sino que su ejercicio ha de limitarse a ser  el eco de la voz que le eligió. Por eso, la Asamblea Nacional Constituyente no ha de hablar por el pueblo sino que ha de permanecer siendo pueblo. El constituyente pescador, por nombrar alguno, es en su configuración un hombre de un pueblo de mar que conoce la faena y la sal, que debe mantener ese espíritu y traer las angustias de su gente. Lo mismo ocurre con todos los demás.

Expliquemos esto de una manera más sencilla. Los encuentros promovidos por la ANC difieren de la mera consulta legislativa o de alguna política donde un miembro del cuerpo acude a contar su visión o a exponer los resultados del trabajo parlamentario. En un encuentro constituyente el diputado ha de acudir a debatir toda la visión país de su sector, cuales son las necesidades actuales que sienten deben superarse para siempre. Así, nacen los derechos.

¿O es qué acaso hemos olvidado que el derecho a la tutela efectiva, por ejemplo, se derivó del derecho procesal civil cuando las personas se dieron cuenta que aquello que sus casos nunca fueran atendidos o lo hicieran muy tarde, no era justo? Lo mismo ocurrirá en tantas materias donde, hay derechos consagrados que no han sido alcanzados o necesidades nuevas o viejos temas donde hemos mirado para otro lado, como la sexualidad o la igualdad civil.

Por ende, las sesiones de la Asamblea no son más que el momento donde se exponen los resultados de la voluntad recibida  a la vez que se le permite a los que no fueron al encuentro organizado, o a los que quieren expresarse por escrito o pedir la palabra, acudir conociendo el tema del que se va a debatir.

Ese ejercicio, que no es una sesión permanente sino una escucha permanente ha de minimizar las fricciones y las diferencias que ocurren entre la agenda del cuerpo representativo y las necesidades del pueblo elector que es el único plenamente soberano.

En este punto, las ideas del Comandante Chávez eran sumamente sencillas en el discurso de la apertura de la Asamblea Nacional Constituyente de 1999, cuando recordaba que no existe un pueblo tan solo porque haya gente sino que el mismo es una masa politizada con un pasado y un deseo futuro que les une.

Si eso dijo Chávez en 1999, podríamos detenernos en pensar qué significa que en su última proclama dijo que los venezolanos y las venezolanas, tenían y tendrían, una Patria.

Un asunto igualmente espinoso es el del tiempo y no en función de la vigencia de la Asamblea Nacional Constituyente sino en el que debe cubrir con sus actos. Las leyes, en general, se dictan para el futuro y esto ha de considerarse particularmente en el caso de las leyes constitucionales y de la Constitución en sentido estricto.

Ahora, cuando estamos bajo la vigencia de la Constitución de 1999, la misma de las misiones de Chávez que la que fue borrada en abril de 2002 y que ha sido llevada a su sola portada, por la derecha, en el 2017, hay que recordar que se trabaja para el futuro, el cual puede y debe diseccionarse en pedazos. ¿Qué necesitamos para el tiempo más próximo? ¿Cuáles son las bases del tiempo por venir? Enmendando lo que mal quedó en el pasado para el después,  no legislando hacia atrás.

Volvamos a lo procedimental ¿quién dicta la agenda de la Asamblea Nacional Constituyente? En toda evidencia el mismo ejercicio. De lo contrario cualquiera trabajará en función de un instinto o de un interés que, por noble que sea, no aglutinará lo colectivo.

Evidentemente no todos estos procesos deben hacerse tan sólo por medo de asambleas cuando hoy en día existen tantos medios de comunicación que permiten el contacto sin implicar la presencia.

Debiendo quizás, por ejemplo, plantear en vez de programas de televisión que le den la palabra a los constituyentes dársela a los colectivos organizados, a las organizaciones no gubernamentales, a los distintos voceros territoriales para que puedan ellos decir que esperan y que exigen de este momento.

Cuando en los últimos tiempos la estrategia de la derecha  ha sido centrar la responsabilidad en pocos sujetos y a veces por miedo a traiciones y otros males hemos nosotros caído en esto,  el costo ha sido una disminución de la base social organizada de la población y una mayor frustración.

Por ello, que sea fundamental que el proceso constituyente sirva para inyectar energía hacia abajo y no para trasladar la culpa manteniéndose el diagnóstico del problema tan arriba.

La Asamblea Nacional Constituyente es en sí misma un acierto. De allí que ha de cuidarse en todos los aspectos de no destinarla o desmeritarla en temas menores o por errores que se cometen mas por improvisación que por intención.

Chávez lo dijo siempre, muchas veces citando a Dussel, el gobierno ha de encontrar sus respuestas en las bases y ahora los constituyentes han de serles fieles, enraizarse en quienes son, demostrar que son este mismo y santo pueblo.