Nos bloquean porque nos quieren

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Luz Escarrá, citando a alguien, me planteaba que la situación venezolana parecía un ciclo de violencia de género. Yo no me impresioné ni me detuve en el planteamiento. Si no lo hice es porque hace ya varios años que yo vengo trabajando la desigual afectación de la Guerra Económica en función del género y de la carga doméstica. Sin embargo, como suele ocurrir cuando uno escucha sin mucha atención a los días mi valoración cambió.

Por eso, los invito a almorzar conmigo.

Estamos en una atestada sala para comer, decenas de funcionarios pelean contra el tiempo y con ese fastidio que dan los últimos mordiscos que nos separan de volver a la máquina. Es un lunes y aunque el martes sea la quincena calendario, ya el pago se hizo el jueves, ya la gente acudió al supermercado y volvió las cuentas y las bolsas vacías. Es comienzo de mes y los servicios privados de educación ya convocaron a reunión de padres, es decir,  anuncian que anunciarán nuevos precios. Como todavía es comienzo de año está la pereza. Es comienzo de, lo que sea que viene antes, de una campaña electoral y esa noche llegarán los voceros a la famosa mesa de diálogo.

Es decir, que no les estoy hablando de un almuerzo en la pradera sobre un mantel de cuadros rojos con manzanas y pan con pepinillos. No, hablo de viandas de arroz con apuro y tedio.

Los que no están en Venezuela pueden imaginar como transcurren estos días, en un estado que tiene un tanto de pánico y otro de hipnosis. Sólo hay un tema de conversación  aunque ya tanto escándalo hace que nadie se escandalice; sólo se habla de los precios.

En el mundo de los precios, con sus infartos, hipotensiones y taquicardias el asunto se ha ido reduciendo. Raro será quien ahora le hable del precio de los zapatos. Esas cosas de piel que cubren los pies y que han aguantado ¡Cuánto han aguantado! ¡Hay que hacerle un monumento a los zapateros y a los zapatos que aguantan o que los hacemos aguantar!

La gente habla de comida. No imagine usted cualquier comida. Ya incluso el jamón y el queso se han disipado, el tema va de huevos, harina y café. La leche, el azúcar, la carne, ya nos han preocupado tanto que nadie los nombra.

Yo almuerzo con el mismo desgano. Me he convencido que debo leer al mediodía y correr por las tardes. Me  niego a doblar mi vida hasta el tamaño de un billete, pienso, que esa es ya su máxima victoria: la gente vive dentro de un billete que se hace cada día mas pequeño, que tiene menos espacio, que compra menos cosas…

Entonces yo ando por allí, quizás como Heidi. En la nube de que existe otra ciudad, que el cielo lo habitan aves maravillosas, que no existe la tierra prometida y que el pasado también tenía sus asuntos.

Ella se sienta delante de mí absolutamente irritada. Toda su frustración, lo ha decidido, tiene que soltarla conmigo porque además, yo, Ministra de nada, responsable de nada, he decidido seguir hablando porque temo el silencio y he defendido que esto que estamos viviendo es producto del experimento malicioso de otra gente.

Ella entonces tomó aire tras tragar. Me miró a los ojos pero yo no sostenía la mirada y dijo  “esto es culpa de nosotros. Si nosotros hubiésemos hecho las cosas distinto…”, sin dejar de ojear el libro repliqué “¿qué cosa?” “Esto, la Revolución. Hemos debido advertir que el imperio se venía en contra y prepararnos. Hay cosas que no hicimos”. Repetí “¿qué cosa?” Insistió había algo en todo esto que debía ser culpa de nosotros y yo pregunté “¿nosotros, quiénes?” “¿la gente, ella y yo, el gobierno, Chávez?” Realmente allí me interesé ¿cuál es el nosotros culpable de todos los males?

Me gusta pensar en esto como poetizaba Machado porque yo, como él, he andado y en todas partes he visto virtuosos trabajadores que levantaron escuelas donde antes sólo hubo ruinas, ancianas de ochenta años organizando elecciones, muchachos y niños haciendo jornadas, Ministros desvelados llegando a Hospitales y trabajadores ingeniandose como darle más uso a lo que ya estaba roto.

También he visto madres que le quitan el pan a sus hijos de la boca a cambio de monedas y jóvenes vestidos de la vinotinto vendiendo billetes. Galpones donde se dejaron vencer toneladas de leche para niños, empleadores que compran la complicidad de todos sus empleados a cambio de un “beneficio” adicional. He visto políticos impresentables y las dolorosas transformaciones de aquellos que uno siguió en seres de rapiña.

Por eso siento que he visto un pueblo multiforme que ha aguantado y cambiado sus maneras de vivir, que ha votado, que ha inventado. Que soporta una burocracia absurda que frustra y otras veces abusa, y, algunas contadas veces he visto la burocracia transformarse y echar una mano.

¿Pero es este asunto así, es de ese pueblo, en su conjunto la culpa? El pueblo venezolano tiene la culpa de la mujer insultada por cambiar la foto de sus redes sociales. Lo he visto en las que piden perdón antes de recibir una golpiza por no servir el desayuno. Se parece entonces en algo el asunto a la idea que cargaba Luz Escarrá.

También se parecen los victimarios. Si usted tiene una duda si un abusador, un violador o un golpeador realmente lo es fíjese que siempre le hablara primero de su bienestar con Dios y su extrema generosidad con los necesitados. Su bondad será tanta que le sobrará para ayudar a los vecinos y ser el hijo ejemplar.

…Tranquilo que como a aquella mujer le pegan porque la quieren, a nosotros nos bloquean las rutas de barco y los movimientos de banco porque se preocupan qué podremos comer, así son las cosas, imagino.

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El internet si se puede regular: el caso francés

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El Consejo Constitucional Francés, es una figura sui generis del Derecho galo, una especie de máxima instancia con competencias de control de la constitucionalidad sin por ello constituirse en una jerarquía de los tribunales judiciales o administrativos, función que cumple el Consejo de Estado, o, los tribunales contenciosos.

Sin embargo, en la medida que el control constitucional ha ganado importancia y que su función ha sido aceptada en términos más kelsenianos la importancia del Consejo Constitucional ha sido mayor. El Consejo constitucional es un órgano consultivo y jurisdiccional. En cuanto órgano jurisdiccional, el Consejo desempeña una función de juez electoral y de juez constitucional.

Como juez constitucional, vela por el respeto de la Constitución. Para ello, ejerce un control facultativo, a instancia de las personas y organismos legitimados, sobre las leyes y los tratados, y obligatorio sobre las leyes orgánicas y los reglamentos de las Cámaras parlamentarias.

Las decisiones adoptadas por el Consejo constitucional vinculan al conjunto de los poderes públicos, administrativos y jurisdiccionales. Además, no cabe contra ellas recurso alguno. Cuando el Consejo declara que una ley es contraria a la Constitución, la ley se anula, ya sea en su totalidad o parcialmente.

Por la fuerza vinculante de sus decisiones, el Consejo constitucional opera también como un centro de producción de encuentros y publicaciones que van marcando o guiando las grandes preocupaciones nacionales. Una de ellas, la más reciente, apareció en octubre del año 2017 y se refiere íntegramente, a diversos aspectos del “numerique” (el mundo virtual para nosotros) y el derecho constitucional.

¿Qué influencia tienen las redes sociales en la noción de la democracia? ¿Si el Estado y en consecuencia, el Derecho Público fueron siempre entendidos como sistemas de subordinación qué genera esta manera de interactuar, directa, permanente y horizontal que tienen las personas con las autoridades en las redes sociales, en especial en Twitter? ¿Serán las redes sociales un medio suficiente, idóneo, para las grandes consultas públicas? ¿Serían vinculantes?

Al constatar la existencia de esta publicación no queda sino caer a la evidencia que el tema de las redes sociales va impactando en el Derecho con mucha fuerza. Desde aquél inicio donde la pregunta que se planteó, incluso en la ONU, era si el internet podía considerarse un Derecho Humano y vaya, que se complicaba el asunto por ser un campo de desarrollo mercantil y porque, algunos supuestos pueden incomodar la seguridad pública como el acceso al Internet por parte de personas que cumplen medidas de privación de libertad, el tema no ha parado de calentarse.

En textos anteriores hemos adelantado que haysupuestos que ya han ocupado la agenda jurídica francesa en la materia. Por ejemplo, hace un año, se estableció el derecho de los trabajadores y las trabajadoras a no ser contactados fuera de horario, vía mensajería o redes, por sus patronos, porque esto constituye una prolongación de la jornada de trabajo, que interrumpe el descanso y además genera derechos laborales que debe cancelar la empresa.

Y más recientemente pudimos observar que el Presidente francés es cada vez más abierto a las ideas de regulación de medios –que incluyen redes sociales- que han avanzado en Alemania.

De allí que no sorprenda que la Comisión Nacional de la Informática y las libertades, CNIL por sus siglas en francés que significan Commission nationale de l’informatique et des libertés, adelante las medidas administrativas desde el Ejecutivo del hexágono que buscan proteger a los ciudadanos de otro de los grandes riesgos detectados de la vida virtual: el derecho al resguardo del habeas data individual que a diario arrojamos a través de las computadoras y los celulares.

Hablamos en específico de la instrumentación del “derecho al olvido” que  ha sido establecido en Francia, como país miembro de la Unión Europea, donde se reconoce la prerrogativa de las personas de solicitar que sus datos sean borrados del internet.

Entonces y pese que algunos defensores del derecho a la información se nieguen a ello, cada quien puede solicitar de los prestadores de servicios informáticos la supresión, bloqueo o desindexación de información que se considera cierta pero obsoleta o no relevante por el transcurso del tiempo.

Un último punto ocupa la agenda y es la decisión del CNIL que instrumenta lo anterior específicamente en cuanto al intercambio de datos que, automáticamente, hacen dos titanes de las redes sociales: Facebook y Whatsapp.

En concreto, explica la autoridad administrativa[1], que el problema se origina después que Whatsapp fuese comprada en 2014 por Facebook y que, en 2016 cambiara las condiciones de servicio indicando que las conversaciones allí mantenidas serían transmitidas a la corporación madre que las usaría para publicidad, seguridad y mejora de los servicios prestados.

Para los franceses, estas nuevas condiciones son muy vagas, no capaces de explicarle a los usuarios hacia donde van sus datos y que con ellas,  se les niega el derecho a oponerse a su utilización. Finalmente,  también consideran que no existe asidero legal que permita que se pase la información personal de este modo entre dos plataformas distintas pese a ser, como lo son, de un mismo dueño.

Por los momentos, se trata de un expediente abierto, agravado por la poca cooperación de los señalados que se encuentra publicado desde diciembre del año pasado pero nos permite mirar conceptos que chocan: libertad de expresión, derecho a la intimidad, derecho a la protección del honor, derecho a la confidencialidad, y, que son evidentes –e incalculables- las consecuencias que estas nuevas interacciones traen para la noción del espacio público.

Con una parte de estos conceptos, nosotros mantenemos con ellos una relación jurídica en los términos que la define Duncan Kennedy, pues, a modo de periferia hemos tomado algunos como el orden público, el Derecho Administrativo, los servicios públicos y nociones  de la libertad.

En este contexto, si bien tenemos una Constitución muy posterior (la Carta Magna francesa es de 1958 y la nuestra de 1999) por lo recientes que son estos temas no estamos mejor preparados que ellos y menos cuando no nos enfrentamos tan sólo al uso ordinario de estos sino a su empleo para fines desestabilizadores, la materia en Venezuela se hace mucho más importante.

El debate impostergable de la regulación del internet debe tener una dimensión de cuestión de Estado y de Derechos Fundamentales.  Se debe discutir sobre el Derecho y los derechos de los que crean los contenidos y de sus destinatarios.

Aquí cerramos la hoja esperando que para tratar estos temas y el aún mas urgente uso para la promoción del odio y el eclipse de nuestra economía nacional a través del Internet no tengamos que esperar que sobre esto se escriba un tratado extranjero que venga a decirnos qué hacer.

[1] https://www.cnil.fr/fr/transmission-de-donnees-de-whatsapp-facebook-mise-en-demeure-publique-pour-absence-de-base-legale

Tan mal que ya no se aguanta

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Sentada, desde el cansancio que produce intentar sobrevivir la realidad que vivimos en Venezuela, la muchacha fue lapidaria. Era una de esas muchachas que venía del campo. Una vida rural, siete hermanos, padres trabajadores que no terminaron el bachillerato. Ella sí que pudo. Si pudo con la escuela, el bachillerato y la universidad. Se hizo abogada en una universidad que tuvo clases todos los días, comió todos sus almuerzos en el comedor universitario, utilizó los libros que necesitaba en la Biblioteca y pudo sacar las copias que necesitaba e imprimir sus trabajos. Ella era la tercera de los siete y moría de angustia. Con el costo del pasaje, la residencia y la necesidad de la casa, sus hermanos tenían mucho más difícil lograr ser universitarios y para ella, eso no fue una verdadera hazaña.

Había rumores de cambios de ministros y ella lo escuchaba sin hacerse reales esperanzas, que los cambien todos, dijo. Que los cambien porque estos lo están haciendo muy mal. Ya no se aguanta.

Ciertamente hay muchas cosas que cuesta aguantar. Cuesta pararse tan temprano para ir a una larga cola y darle, una y otra vez, todo el efectivo a un chofer. Cuesta andar a la caza de un trozo de pan y calcular qué porcentaje (el 5, el 15 o el cuanto) será ese precio del salario que ya está comprometido para tantas otras cosas.

Cuesta vivir sobreviviendo el día y sin una noción clara de qué pasará al día siguiente. Este período especial, esta resistencia heroica, este compartimiento histórico que no se define sino por su dificultad.

Como ella, yo sabía que el asunto no se iba a apañar con un cambio de ministros que puede que ocurra -o que no- pero yo me deslicé de ese espacio profundamente preocupada porque ella, chavista, en el sentido que muchos de mi generación lo fue[1], no lograba encontrar un sentido en lo que ocurría.

Necesitaba un relato en el cual protegerse, porque al final, así somos los humanos. La existencia de nuestra especie se la achacamos al maíz, al trigo o a Dios. Las penurias al jardín del edén y el perdón a la muerte de Cristo…, por eso lo necesitaba. Tanto como necesitaba sentir que esto acabaría en algún momento y que valdría la pena.

Las explicaciones, sin embargo, estaban allí aisladas, incomprensibles, llenas de promesas imposibles de cumplir y obviaban algunas cosas fundamentales. Tales como el hecho que nosotros somos un pequeño país de la periferia del mundo.

¿Un pequeño país? ¿Y todo el discurso del mejor país del mundo, de las hermosas mujeres, de la patria de los Libertadores? Aunque sean ciertas, al menos parcialmente estas afirmaciones, somos un pequeño país que vende –a lo que le paguen- la materia prima para un centro saqueador, dominante y bribón que no ha perdido el poder que detenta desde aquella vez que un español –o un italiano o un portugués- llamado Cristóbal Colón pisó América.

¿Entonces Bolívar no logró la Independencia? Es terrible decir esto. Logró ganarles las batallas a los generales presumidos que enviaba el Rey a estas tierras. Logró darnos Constitución e ideas pero fue traicionado, desterrado, condenado a la soledad de las plazas que muchas veces se llenaron de malvivientes.

Desde entonces, con sus idas y venidas, sus patriotas que avanzaron y traiciones que nos hicieron retroceder, vivimos en un mundo desigual que coloniza, por las ideas, los productos y la economía, estas partes del sur.

Como en la Colonia, Venezuela se levantó primero en esta segunda oleada. Avanzamos en lo jurídico y en lo estratégico. Tuvimos un líder que nos convenció que éramos, por derecho y fortuna, más que ese país pequeño que debía decir siempre que sí. Ese país tan bien descrito por Alí Primera como aquél que del progreso tenía los afiches y el este, el resto, era campo, cerro y olvido.

Olvido del plan ferroviario, olvido de la plantación de trigo, olvido del consumo del maíz puro. Olvido que existen otras carnes que se pueden cazar, criar o conseguir. Olvido que la Independencia fue un proceso doloroso, sacrificado, traicionado. Olvido de que la Guerra Federal se fue cayendo cuando en plena batalla matan a Ezequiel Zamora, olvido que la Revolución Bolivariana nació despertando el sueño de libertad y su eterna sombra, la conspiración.

Como si con esa voz y esa rabo ‘e cochino, Chávez hubiese despertado los campos, los hombres, las ideas y los odios, vivimos un tiempo donde la luz reapareció impactante y fue acumulando las sombras, esas que nos llevaron al momento donde estamos, recordando la fuerza y la osadía con la cual se nos castiga y se nos traiciona.

El tema de las sanciones es la principal situación que vivimos y se diluye. La gente entendió como aquella muchacha que la Revolución era un período de bonanza. Entonces, acabado o diluido este sienten que la Revolución se acabó, o peor, que no queda nada que salvar.

Pero las sanciones son precisamente eso, el proceso mediante el cual se complejiza la garantía derechos sociales y una vez más citamos la meridiana conclusión del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU al respecto:

Si bien los efectos de las sanciones varían de un caso a otro, el Comité es consciente de que casi siempre producen consecuencias dramáticas en los derechos reconocidos en el Pacto. Así, por ejemplo, con frecuencia originan perturbaciones en la distribución de suministros alimentarios, farmacéuticos y sanitarios, comprometen la calidad de los alimentos y la disponibilidad de agua potable, perturban gravemente el funcionamiento de los sistemas básicos de salud y educación y socavan el derecho al trabajo. Además, cabe citar entre las consecuencias indeseadas el refuerzo del poder de minorías opresoras, la aparición prácticamente inevitable de un mercado negro y la generación de grandes beneficios inesperados para los grupos de privilegiados que lo administran, el aumento del control que las minorías gobernantes ejercen sobre la población en general y la restricción de oportunidades de búsqueda de asilo o de expresión de oposición política. Aunque los fenómenos mencionados en la frase anterior tienen un carácter esencialmente político, ejercen asimismo un importante efecto adicional en el disfrute de los derechos económicos, sociales y culturales.[2]

Si volvemos el día de hoy a este tema no es tan sólo por traernos esa conversación con la muchacha sino porque sabemos que muchos de ustedes la ha tenido. Con ella, con él, con ustedes mismos. Una conversación que obvia, por ejemplo, que ese título de profesional que obtuvieron gratuitamente en la Venezuela chavista es un bien de riqueza indevaluable que nos dejó el Comandante Chávez que sirve aquí o allá o donde usted lo quiera usar. Es una muestra de redistribución del ingreso que no podrá perderse con el macabro juego de la paginita aquella.

También lo hacemos porque hoy, la televisora rusa, publicaba la escandalosa declaración del secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, según la cual este personero afirmó “La muerte de norcoreanos es un indicio de que la diplomacia estadounidense funciona[3]

Su gozo era absoluto, afirmaba que las sanciones empezaban a doler cuando, recordando la risa por los muertos que hace par de años soltaba Hilary Clinton, decía que la muerte de pescadores en altamar que tienen que buscar pescado y arriesgarse a irse sin combustible ayudaría a la población a darse cuenta de quiénes son los malos y que los Estados Unidos pueden ser la solución.

¿Algo que hemos vivido antes? A mí me recordó las horas que me tocó esperar por gasolina en Valera a pocas horas de navidad. Las mismas que sacaban de aquél hombre de pueblo que servía en la estación la oportunidad de cambiarse de bando y poder decidir, quién tenía suerte y quien no, en esa fecha.

No somos el único país sancionado. En esta fecha, ese señor no hablaba de Venezuela. Las sanciones producen crisis humanitarias. Vaya la casualidad que esto sea de lo que se acusa a Venezuela como si pudiese en política, con nombrarlas, hacer que las cosas sucedan. Lo mismo le pasa a Irán que ahora está conociendo las guarimbas y a Rusia.

Para Irán, por ejemplo, la industria nacional es una salida al problema pero su principal fábrica que es la de vehículos sufre porque Europa encarece y dificulta la compra de piezas. Ellos también aplican subsidios distintos a personas que se encuentran en mayor riesgo y cuando logran aguantar mejor la pela, aparecen nuevas dificultades que generan la risa del Imperio.

Yo no tengo la formula que nos indique como sobreponernos a esto, sólo observo con preocupación cómo avanzan las estrategias del enemigo: nos hacen vivir la pelea de perros que denunciaba Thierry Meyssan cuando crean el caos y nos dejan a nosotros ver como lo superamos. En una situación donde se hace más sencillo señalarnos entre venezolanos y finalmente entre camaradas que poder detectar que somos para otros, un experimento.

Requerimos una mejor explicación de la situación que vivimos y las medidas que adoptamos, por ejemplo, toda esta necesidad de las criptomonedas que alentadoras para los que las conocen resultan lejanas e incomprensibles para mucha gente.

Requerimos entender mejor el cuadro de la época post Chávez que a mí me resulta cada vez mas como la muerte del pater familia donde no podemos esperar que las cosas sigan sucediendo de la misma manera, ante nuestra indiferencia, más dispuestos a quejarnos que a tomar responsabilidades directas, en el espacio concreto donde nos desenvolvemos.

De esa imagen finalmente vuelvo a un cuadro de nuestra historia, ese diciembre-enero donde el Libertador, convertido en Dictador de la Gran Colombia convoca a los más admirables de los ciudadanos para que le ayuden a salvar la Patria y estos ponen su mejor esfuerzo en el Congreso, aunque dudan de qué tantos poderes tienen. Dictan una Constitución que para algunos llega muy tarde por la fuerza en contra que ejercen Santander y Páez. Son asechados y olvidados.

A los meses asesinan a su Presidente, Antonio José de Sucre y la Gran Colombia no logrará nunca la unión que requerían las nuevas naciones para aguantar el deseo colonial de los viejos países europeos ni el nuevo que desarrollaban las antiguas colonias inglesas, ellas si, compactamente unidas.

La libertad en la historia, ese valor que consideró Bolívar es el que vale todos los sacrificios, no ha sido nunca un regalo. No podemos que en tiempos donde la dinámica mundial se baila en ritmos de reggeaton y trap  esperar que el asunto se haga más sencillo.

[1] entendiendo que el chavismo era esta especie de alquimia que convirtió a obreros en profesionales, a campesinos en citadinos, a arrendatarios en propietarios.

[2] https://conf-dts1.unog.ch/1%20spa/tradutek/derechos_hum_base/cescr/00_1_obs_grales_cte%20dchos%20ec%20soc%20cult.html#GEN8

[3] https://actualidad.rt.com/actualidad/260346-tillerson-norcoreanos-diplomacia-estadounidense

Esos países feos

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El mundo está en otro capítulo de escándalo desde que se hicieron virales las declaraciones de Trump en las que se refería a Haití y a los estados africanos como “países de mierda”. Claro, ya con todo el revuelo internacional algunos senadores han salido a apoyar al Presidente diciendo que esa frase él nunca la había dicho. Dicen incluso que el magnate afirmó que es el menos racista de los Presidentes que han tenido los Estados Unidos de Norteamérica.[1]

El problema es que si el Presidente no dijo esa frase tan fea sus actos demuestran que esto es en definitiva lo que piensa. No tan sólo porque Trump tuvo una campaña electoral que anunciaba una política migratoria cada vez más restringida sino porque sus acciones en la Casa Blanca han sido consecuentes.

Así, por ejemplo, el poco aire que habían recibido los migrantes en el 2016 se acabó cuando en diciembre de 2017 el gobierno oval anunció que se retiraría del el Pacto Mundial de la ONU sobre migración y refugiados en tanto que consideró que sus previsiones son inconsistentes con las políticas de inmigración y refugiados de Estados Unidos y los principios de inmigración de la Administración que dirige.

En ese contexto es que realmente lo que haya dicho Trump en específico sobre África y Haití se vuelve irrelevante cuando seguimos teniendo una situación migratoria mundial particularmente compleja.

Uno de los aspectos más difíciles del momento es que la migración, que entra a Estados Unidos o que se concentra en las puertas de Europa está conformada principalmente por niños y niñas.

Es interesante en esto mirar cómo se construyen las noticias virales y para qué sirven puesto que el tremendo escándalo de Trump deja pasar por debajo de la mesa que desde el 11 de enero en Francia se prepara una nueva reforma al derecho de asilo, donde los lapsos son más cortos para los permisos y a cambio de alguna mejora para los que ya se encuentran en el hexágono se habla, con mucha elegancia, de un sistema de disuasión migratoria.[2]

Es decir, de convencer a aquellos de los países feos que es mejor que no vengan porque  será cada vez más difícil que su aventura termine en la  adquisición de la nacionalidad galesa o al menos en su integración a la vida en ese país.

La línea que sustenta esta política del sistema de disuasión migratoria es más fuerte que las leyes que al respecto intentó y aplicó Nicolás Sarkozy y su discusión empieza por una visita del Jefe de Estado francés a Calais, legendario por desastroso e inhumano, donde se reunió primeramente con los policías a quienes promete un sistema de bonos de eficiencia.

¿Eficiencia en la política que desde hace más de una década se denuncia como de caza, en especial de niños y mujeres? Parece que por allí va el asunto, lo que no es tampoco tan distinto a lo que se reportaba en diciembre desde España con los refugios/hogares/cárceles donde los inmigrantes esperan que se decida cuál será su destino.

El tema de la migración que nos sigue pareciendo accesorio es un asunto que tiene cada vez mayor importancia, no tan sólo por la cantidad de personas que se encuentran en esta situación, no tan sólo venezolanos queridos amigos sino ciudadanos de todas las partes del mundo, sino por lo que devela de la realidad de las premisas fundamentales de los Derechos Humanos.

Así, según información de la ONU publicada en enero de 2016, el número de personas que viven fuera de su país de origen alcanzó 244 millones en 2015, lo que supone un aumento de 41% con respecto al año 2000[3] por lo que modifica la conformación cultural y etnográfica de distintas regiones del mundo.

Para el mundo que queremos la situación que provoca la migración ha de superarse y esto no se ve próximo donde con escándalo y  discreción como cortina se evidencia que el trato de los migrantes sigue  pareciéndose al de todos los objetos residuales, tras escoger cuáles les gustan, el resto le molestan.

[1] http://www.lasexta.com/noticias/internacional/respuesta-trump-llamar-paises-mierda-haiti-salvador-soy-persona-menos-racista-que-hayais-entrevistado_201801155a5c57220cf211aa0d557c7d.html

[2] http://www.lemonde.fr/immigration-et-diversite/article/2018/01/11/que-contient-le-projet-de-loi-asile-immigration_5240339_1654200.html

[3] http://www.un.org/spanish/News/story.asp?NewsID=34205#.Wl4kYHmJgdU

Jean

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En Francia, todos los niños aprenden a decirle a su maestro “Monsieur”. Se les educa que esa palabra va pegada, antecediendo, a todos los nombres, por lo que siempre existirá esta distancia entre ellos y los otros, así se les diga que las distancias son simplemente cortesía.

Hoy es el día del maestro y yo andaba con ganas de encontrar una foto pero no lo logré. Son muy pocas las que tengo de él. Como de Farid de Jean, no tengo apellido. Sólo una historia.

Fue en esa misma escuela del Valle, ese edificio pequeño, con sótano y patio, donde íbamos a parar los niños inmigrantes. Víctimas de los años noventa donde el racismo a los franceses todavía les daba un poco de vergüenza.

Era una escuela de barrio. En las afueras de una ciudad muerta. Era una escuela de hijos de alcohólicos, de desempleados, de señoras que se apañaban con sopa en el invierno. Una escuela donde la merienda era agua con granadina y en la comida casi nunca había carnes de primera sino todas esas otras carnes que se comen en invierno.

Jean era el maestro de cuarto grado, titular de un aula de unos veinte muchachos. Su rostro lo recuerdo poco salvo que era grande. Grande como para los niños son los adultos.

Yo era una niña extranjera, inmigrante. Con un rotundo desconocimiento del francés y una precaria, si, precaria escuela primaria en otro formato y reglas.

Jean nunca quiso que yo dejara de sentirme extranjera quiso que mi mundo impactara los espacios que iba pisando y buscó en el mapa Venezuela aunque lo que le salió era más propio para una Argentina. Antes de explicar que yo no hablaba francés explicó que ninguno, ni él,  hablaba español y ese sería el comienzo de una aventura conjunta.

Todos debíamos aprender el otro idioma y sólo teníamos en común el mundo de las matemáticas.

Como llegamos a Francia en octubre muy pronto se hizo el invierno y con él, la tarde era ya la noche. Las jornadas de esos días fueron las más largas de mi vida.

Aunque Jean no hablaba español lograba que yo entendiera su idioma y se le fueron ocurriendo ideas para que yo no muriera de frustración. El sistema apremiaba y la clase para extranjeros ya no sería autorizada, el asunto del presupuesto…

A cambio de mi dedicación, él me prometió que yo escribiría en el periódico cuando llegara el verano y entonces todas las reglas, de caligrafía, ortografía, gramática y pronunciación tendrían sentido. Yo podía no sólo hablar español como él no podía sino que podría escribir en francés como otros no podían.

Así se fueron pasando los verbos, el pasé composé, el savoir lire et savoir faire.

Así fue que conocí a Rimbaud y memoricé a Verlaine.

Así fue que supe que Guillermo era Duque de Normandía y que el teatro, el teatro a veces nos muestra lo que no queremos saber de la vida.

Cuando una crece a veces entiende el tamaño de los seres en su vida y quizás lamenta no poder volver a decir en correcto francés, gracias por marcar mi vida.

Por dejarme ser para siempre la niña inmigrante que entiende que el lugar de uno es donde el corazón esté; por haberme mostrado las cosas que nunca dejé de hacer y porque, cuando la realidad nos tocó y nos arrancó un pedazo yo quise dedicarle a Farid mi vida por los derechos de los inmigrantes.

Pero no fui yo tan extraordinaria, mi Jennifer se hizo maestra y estudió español, en su casa había hasta discos de Alí Primera y ella sí supo diferenciar un venezolano de un mexicano o un chileno.

Esas son las historias que los maestros nos contaron, los ejemplos que nos hicieron, las causas que nos empaparon y esa es una verdad inmensa para mí orgullosísima egresada no de aquél enorme colegio de Maracaibo sino del pequeño colegio de barrio donde un maestro no se dejó llamar Monsieur y se vistió de payaso.

En alguna escuela seguramente ese Jean sin apellido sigue prendiendo luciérnagas que iluminan otras vidas…

Me quedé tan sola

SOLEDAD-SIGNOS

Me quedé tan sola y odio las fotos con Cruz Diez, converses y maletas. Esas fueron aproximadamente las dos últimas frases de “Estás hecha para mí” una de las obras de microteatro, o teatro de ¼ que se presentan en esta temporada en el Teatro Urban Cuplé del Centro Comercial Tamanaco.  Quienes me conocen se sorprenderán que yo comience escribiendo sobre esto. No es mi tema, no es mi zona, no es mi ambiente. Yo soy de otros teatros, otros sectores y otras editoriales pero llegué allí.

Ocurrió cuando un día que empezó en un simple desayuno se transformó con esa magia que tienen los encuentros de la gente amada que pueden –antes de que te des cuenta- durar hasta la medianoche.

Esta obra gritada, llena de lugares comunes y presentada en una sala abarrotada, iba tras las pistas de las mismas preguntas que he venido haciéndome intentando entender esta juventud que conformamos, en un escenario de un país sancionado, quemado en las brasas de una inclemente confrontación política.

¿Dónde estamos? ¿Nos estamos quedando solos? ¿Dónde están nuestros amigos? ¿Qué nos une? ¿Qué nos anima a pararnos cada día? ¿Quién trabaja, para quién, para qué? ¿Cómo escondemos nuestra crisis de fe, en lo individual, en lo político, en lo nacional, en lo humano?

¿Qué generación somos? ¿Qué hacemos con una vida que arrancó con la vueltica de Salserín y que ahora queda impregnada por el drama de Chino y Nacho, o, la inexistente moral de Maluma?

Para mi columna yo hoy respondía lo que creo. Hay que vivir y ya, pero, esto no resulta tan sencillo. Para los dolores que ahora se exhiben en tablas y televisores, los que dejan las despedidas, se ha creado toda una industria de marketing, aquellos grupos que marcaron una generación ya tienen sus canciones para los que se quedan, para los que se van; para la prima de Turquía y el novio en Panamá, hay ropa, souvenirs y claro, redes sociales.

Para otro tipo de soledades nuevas no hay tanto consuelo. La soledad que deja que algunos se convenzan que no pueden seguir siendo amigos ni familia de otros. De los otros…

Pero la verdad aquellos grandes bloques del pasado ahora parecen volverse permeables. Ya no es un asunto de chavistas y escuálidos, no ante las dificultades nacionales, no ante una realidad donde parece que el asunto va entre los que se quedan y los que se van.

Al pensar en esto ante un drama basado en una muchacha que busca en redes para “ligar” conocer mujeres porque ya no le quedan amigas en el mismo huso horario y termina siendo encasillada como lesbiana, el personaje se derrumba al encontrarse en un mundo donde barreras virtuales y reales le dificultan que en medio de tan agrestes tiempos alguien le dé un abrazo,  haga un ruido,  le dé un bofetón o simplemente le haga sentir acompañada.

Sin dudarlo, la soledad me parece un impuesto más grande que la angustia que produce la hiperinflación. Es una daga a nuestro corazón caribe, a nuestra manera tradicional de superar las cosas.

Quizás yo no termine por recomendarles esta obra, clasemediera en todo su imaginario, prejuiciosa y sosa en sus personajes pero comparto esa necesidad de ubicarnos, en lo que somos y en lo que estamos.

Estoy convencida desde las miradas que me traigo cada vez que cruzo Caracas o la manera en la que la gente se toca las manos, angustiados, en Maracaibo que nosotros tenemos muchos esfuerzos por delante. Algunos los hemos pospuesto desde siempre, a decir verdad, no nosotros, nuestros abuelos o sus abuelos, los dejaron para el después. Ese tema sería el de las instituciones solidas.

Otros, han venido multiplicándose en estos tiempos y ese quizás es el asunto de la producción y la eficiencia pero hay uno que nadie podrá solucionarnos y que no podemos dejar para algun otro tiempo que es elevar una contención, más alta que incluso nuestras posturas individuales ante la pretensión de hacernos estallar sentimentalmente, intímamente.

Este es el drama de nosotros, los de los ochenta y los noventa, los que nos preguntamos viendo jugar en un parque qué le daremos a nuestros hijos; un drama que va más allá de las etiquetas, donde todos nos hemos equivocado, donde a todos nos han abandonado.

Ni Eje del Mal, ni trópico poblado únicamente por bellezas tropicales, ni tierra de piratas y brivones, ni cuna de puros candidatos al Olimpo, somos un país que se merece este encuentro entre nosotros mismos. Cierro mis líneas con las ganas de que esto no siga siendo un asunto menor. Sentirnos mal, sentirnos solos, vivir del miedo tiene un enorme potencial para evitar que la libertad que soñamos pueda ser y consolidar la sensación de que estamos cada día más lejos del mundo que prometimos hacer.

 

Balance Jurídico 2017

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Hacer un balance del Derecho nacional cada año es una tarea importante. Se trata de entender cómo interactuaron los Poderes y cuáles son las nuevas reglas del juego. Para el año 2017 Venezuela experimentó un año particularmente complejo en el tema de coexistencia de los Poderes Públicos, soberanía nacional y situación económica, lo cual evidentemente repercute en el Derecho.

Por ello, empezaremos observando que el principal conflicto jurídico que enfrentó el país en el año 2016 se mantuvo y se complejizó puesto que desde julio de aquél año, por desconocimiento de una decisión de la Sala Electoral, la Asamblea Nacional fue declarada en desacato por la Sala Constitucional. (Ver: decisiones: N.° 808 y 810 del 21 de septiembre de 2016, N.° 952 del 21 de noviembre de 2016, Nos. 1012, 1013 y 1014 del 25 de noviembre de 2016 y N.° 1 del 06 de enero de 2017, así como las sentencias de la Sala Electoral N.° 260 del 30 de diciembre 2015, N.°1 del 11 de enero de 2016 y 108 del 01 de agosto de 2016, )

En ese contexto los principales actos de control político no fueron ejercidos por el Parlamento sino accidentalmente por el Poder Judicial y tristemente se cierra un año donde no se avanzó en la legislación, orgánica y ordinaria, que requiere la Nación.

De igual manera, otro elemento constante que podemos observar es que se mantuvo  el Estado de Excepción y Emergencia Económica en todo el Territorio Nacional declarado por el Ejecutivo Nacional y confirmado como constitucional por el judicial. (Ver: sentencia N° 959 del 22 de noviembre de 2017, apreció la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia )

Ahora bien, si estos fueron los elementos estáticos muchos más fueron los dinámicos donde el elemento más importante fue la convocatoria e instalación de una Asamblea Nacional Constituyente como alternativa de solución a un prolongado conflicto que se saldó con la muerte de 131 personas (según el balance ofrecido en el portal humanidadenred.org.ve por Lugino Bracci hasta el 27 de julio) y un congelamiento de la actividad pública y privada del país.

La Asamblea Nacional Constituyente que funciona en lo principal con las normas de  debate que rigieron a su predecesora de 1999 tiene, en su organización, funcionamiento y resultados algunas particularidades tales como su composición en la que se encuentran representantes sectoriales y municipales, que hasta el momento adelanta principalmente leyes constitucionales sin que todavía se conozca el debate del texto fundamental, que en su funcionamiento haya asumido las funciones necesarias para la continuidad del Estado en el marco del desacato del Parlamento y finalmente que tenga una Comisión de la Verdad que actúe como instancia de articulación de políticas de pacificación del país. (Ver:  http://www.laverdad.com/politica/133877-comision-de-la-verdad-recomienda-liberar-a-80-presos-politicos.html

Con este elemento un tema central para el año 2017 fue el concepto y medios para la justicia. Al previamente existente conflicto entre el Poder Legislativo y el Poder Judicial se incorporó, en la persona de la Fiscalía General de la República quien consideró que se configuró la ruptura del hilo constitucional en virtud de la decisión de marzo de 2017 sobre el desacato de la Asamblea Nacional al que en su momento nos referimos ampliamente. (Ver: https://anicrisbracho.wordpress.com/2017/03/30/claves-para-entender-las-decisiones-constitucionales/) 

Entonces sin leyes “legislativas” que considerar ni reglamentos nuevos de los principales instrumentos nacionales no queda mucho mas que mirar lo que fue la actividad judicial, inmersa en la defensa de las cada vez más recurrentes medidas internacionales sobre Venezuela y donde algunos avances que se esperaban no pudieron consolidarse como las exigencias de la población LGBTI en materia de de igualdad civil.

Las decisiones entonces giraron sobretodo en declarar que la situación jurídica general no había cambiado: se mantuvo el desacato y el Estado de Excepción mientras que el ejercicio de interpretación de mayor relevancia se da cuando la Sala Constitucional declaró la constitucionalidad del Decreto Presidencial Nº 2.878, publicado en Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, número 41.156 del 23 de mayo de 2017, al conocer y declarar sin lugar el recurso de nulidad por razones de inconstitucionalidad del Decreto Presidencial Nº 2.878, publicado en Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela N° 41.156 del 23 de mayo de 2017[1] que permitió la efectiva convocatoria a las elecciones y posterior instalación de este órgano del Poder Originario.

En el marco de las protestas se observará que la Sala Constitucional mantuvo la doctrina que estableció en el año 2014 caracterizando las trancas de vías y sus consecuencias sobre la ciudad y sus habitantes como competencia, por comprender aspectos relevantes sobre derechos colectivos y difusos, de las Alcaldías, sin que se dieran novaciones en los conceptos utilizados.

Otro tema quedó de manera abierta pero no completa sobre quién, dónde y cómo se dan las imputaciones penales[2] y la competencia de la Defensoría del Pueblo para accionar penalmente como guardián constitucional de los Derechos Humanos aspecto que junto a la dimensión de la justicia militar quedaron activados en la crisis y dependen de las posturas que adopte la Constituyente para el próximo texto fundamental.

Con pocos temas de avances francos en materia de Derechos Humanos dos importantes recordatorios se hicieron desde el Poder Judicial en materia de género, el primero mediante la Resolución 2017-24 del 22 de noviembre de 2017 que recuerda a los tribunales el obligatorio uso del lenguaje de género y la Sentencia 991 de la Sala Constitucional con ponencia de Juan José Mendoza Jover que recuerda los términos en los que legalmente quedó consagrado el régimen de la lactancia materna.

En conclusión, cierra un año con menos avances que los observados en años anteriores pero en el marco de la elaboración de una nueva Carta Magna donde seguirán multiplicándose las interrogantes jurídicas y los retos para la gobernabilidad, estabilidad e independencia del país.

Las mismas preguntas quedan sobre la mesa arrastrándose al menos desde el 2014 desde cuando precisamos concluir o abolir el esquema de regulación económica que quedó planteado tan sólo en una ley orgánica que deja varios temas a instrumentos posteriores que no han visto la luz del día y que son, más que evidentemente, la urgencia social y jurídica del país.

[1] SALA CONSTITUCIONAL, PONENCIA CONJUNTA, Expediente número 2017-0610, 12 de junio de 2017

[2] Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, sentencia N° 537 del 12 de julio de 2017