¿Y después de la ayuda humanitaria, qué?

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Humanitario, del latín humanĭtas. He allí una palabra que nos hace pensar en cosas buenas, en los nobles sentimientos de cobijo y en las acciones desinteresadas. Al menos eso es lo que entendemos. En su segunda y tercera definición del Diccionario de la Real Academia Española por humanitario se entiende esto que aquí decimos: benigno, caritativo, benéfico;  o aquello que tiene como finalidad aliviar los efectos que causan la guerra u otras calamidades en las personas que las padecen.

¿Pero qué sabemos nosotros realmente de eso? No de lo humanitario que tenemos cada uno de nosotros sino de qué son las acciones humanitarias a gran escala ¿en qué países existen y qué consecuencias traen? ¿Qué juegos de poder las establecen y en qué condiciones se perpetuán?

Actualmente este es un tema mayor para Venezuela, pues, una palabra que tiene un significado específico se ha vuelto un calificativo común para englobar una situación que se viene produciendo artificialmente en el país. Todas las guerras tienen un capítulo importante en el campo de lo epistemológico pues hay en ellas un deseo de eliminar, cambiar o imponer significados y en la nuestra esto está ocurriendo.

Así, hay un sector que poco habla de crisis económica pues esto es un período normal en los ciclos del capitalismo; otro, que nos habla de una guerra económica donde, factores externos como calificadoras de riesgos y trasnacionales juegan en el gran tablero, una página web que latiga nuestras billeteras y un sinfín de pequeños personajes remarcan las carteleras, o, estemos claros, ya ni las escriben sólo lanzan nuevos precios a la alza, una y otra vez.

Pero hay otro término, ese que empezó en el lenguaje de Lilian Tintori y en las giras de Julio Borges que califica la situación venezolana como una crisis humanitaria. Una que además no se produjo como suelen ocurrir porque antes hubo una guerra o una tragedia natural sino que apareció así de la nada sólo producto –en su opinión- de un mal gobierno.

Justo esto fue lo que negó  Alfred De Zayas, el experto de la ONU, haciendo mención tan sólo a que para que exista una “crisis humanitaria” tienen que reunirse elementos que no son lo que estamos viviendo. Sin que ello diga absolutamente nada más que eso. Es duro, es difícil, es agotador vivir en un país sancionado, y, sometidos a una especulación que ya lleva a miles de venezolanos a cuestionarse si seguir trabajando es una alternativa dada la alza de los pasajes, la comida y el mantenimiento automotor.

Ahora bien, más que seguir ahondando en el asunto de los términos quiero que veamos algunas otras cosas de las que no estamos hablando. Por ejemplo, qué pasa en los países dónde hay una crisis humanitaria puesto que de revisar las redes sociales parece que la operación psicológica no se agota en imponer la palabra sino en que la gente crea que su declaratoria sería un “paso para la paz” y significaría que llegarían a puerto todas las medicinas, insumos, repuestos y alimentos que hemos visto desaparecer –por inexistencia o inaccesibilidad-.

Quiero que miremos el asunto desde la página de la Organización de las Naciones Unidas que nos dirá que la ayuda humanitaria consiste en: ayudar a los refugiados, ayudar a los niños, alimentar a los hambrientos y curar a los enfermos. Estas actividades las desarrollan diversas entidades onusinas dirigidas desde la Secretaría de las Naciones Unidas y con personas naturales de diversos Estados puesto que la ONU no es sino un espacio de confluencia internacional.

Sin embargo, el proceso de establecer misiones humanitarias es responsabilidad del Consejo de Seguridad y en la materia vamos a ver que siempre hay un componente militar puesto que, se establecen comandos de emergencia en estas zonas afectadas donde la permanencia no tan sólo no siempre está bien delimitada en cuanto a cuáles son las funciones de estos grupos ni el tiempo que van a durar sino que tampoco se tienen registros que demuestren que son capaces de revertir sostenidamente las condiciones que originaron que se estableciera la misión, y, son altamente conocidas las consecuencias sociales que tiene la presencia de estos ejércitos en países extranjeros.

Si bien, podría resultar temerario pretender generalizar el caso de todos los países y de todas las misiones, es absolutamente imperativo que  con esta retorica imponiéndose nosotros miremos qué cosas han ocurrido.

Por ejemplo, qué ha pasado en algunos países del África que a nosotros nos resultan ignotos. Quiero que hablemos del caso de Sudán, en especial de Sudán del Sur que volvió a ser noticia internacional esta semana por la denuncia de los abusos de los cascos azules en aquél país.

Sudán del Sur es un país nuevo, nació el 7 de febrero de 2011 tras un referendo que declaró su independencia del resto del país. Su corta historia es un tiempo de turbulencia y a pesar que su población es a penas de alrededor de 9 millones de habitantes, la Onu estima que en el país existen al menos 2 millones d desplazados y tan sólo en Uganda hay un millón de sursudaneses refugiados.[1] Esto genera una situación gravísima puesto que en el mundo hay, según la misma fuente 2.123.988 personas refugiadas y solicitantes de asilo provenientes de Sudán del Sur.

Para atender la situación que se había originado antes de que se partiera el país en el contexto de la crisis del Darfur y que se empeoró después de un Golpe de Estado en 2013 la ONU desplegó una Misión Humanitaria llamada Misión de las Naciones Unidas en Sudán del Sur (UNMISS, por sus siglas en inglés).

Su creación puede leerse en el Informe especial del Secretario General sobre el Sudán (S/2011/314) donde se señaló que “una misión (…) que colabore con el equipo de las Naciones Unidas en el país y los demás asociados, puede desempeñar una función significativa ayudando al Gobierno y al pueblo del Sudán Meridional a consolidar la paz y establecer unos cimientos sólidos para el desarrollo económico, político y social del país.[2]

Ampliando sus funciones en el tiempo así como su personal sin que la situación en el país haya mejorado. Por el contrario, los informes recientes siguen describiendo la situación de urgencia. Así, justo hace un año la Revista Semana en su sección en cifras decía que 4,9 millones de personas en Sudán del Sur requerían apoyo para superar la hambruna[3]. ¡Es decir, más de la mitad de la población incluso si los dos millones de personas que han salido del país hubiesen permanecido allí!

Este fin de semana, como les anticipé esta Misión llegó a los titulares mundiales puesto que –de nuevo- los cascos azules de la ONU están señalados de utilizar su posición de fuerza frente a la debilidad de la población local para abusar sexualmente de las mujeres y niños.

Así lo reportaba este 25 de febrero HispanTV,

“La Misión de las Naciones Unidas en Sudán del Sur (UNMISS, por sus siglas en inglés) retiró el sábado una unidad de policía de 46 ghaneses, que trabajaba en uno de sus campos de protección, mientras investiga acusaciones de que algunos de ellos estuvieron involucrados en abusos sexuales.

La UNMISS dijo, en un comunicado, que su jefe, David Shearer, y otros líderes de dicha Misión tomaron la decisión de retirar la unidad tras haber recibido información sobre una investigación inicial a raíz de una queja que afirmaba que miembros de la unidad mantenían relaciones sexuales con mujeres que viven en el campamento de Protección de Civiles en Wau, al noroeste de Yuba, capital sursudanesa.

“La información recibida indica que algunos miembros de la FPU (siglas en inglés de la Unidad de Policía Formada) supuestamente participaron en sexo transaccional. Esto es una clara violación del Código de Conducta de la ONU y de la UNMISS, que prohíbe las relaciones sexuales con personas vulnerables, incluidos todos los beneficiarios de asistencia”, afirmó en un comunicado.

Asimismo, la UNMISS informó a la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de los alegatos y notificó al Gobierno sursudanés que el asunto estaba siendo investigado por el ente internacional. Sin embargo, conforme al texto, no hay indicios de que este comportamiento esté más extendido dentro de la Misión.”[4]

De manera sostenida en los últimos meses es venido hablando de las duras condiciones de vida que se han impuesto, por estos mecanismos de presión internacional en el país y no hemos negado tampoco sus actores nacionales. Sin embargo, quiero insistir en esto. Nosotros tenemos que asumir la crisis que, partiendo de nuestra dependencia han podido inducir como el fin de un ciclo histórico que hemos de usar para sembrar la Patria nueva, para salir de esto que el viejo Estado y sus vicios no dejan de morir.

Para arreglar la cosa entre venezolanos. Los escenarios de la derecha y su juego de palabras no son alentadores, no estamos hablando de que lleguen marines con chewing gum a besar liceístas. Estamos hablando de modelos de tutelaje que han demostrado la imposibilidad de que pueblo alguno logre, por tutelajes, la paz y la prosperidad.-

[1] http://www.acnur.org/que-hace/respuesta-a-emergencias/sudan-del-sur/

[2] http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=S/2011/314

[3] http://www.semana.com/mundo/articulo/ayuda-humanitaria-en-sudan-del-sur/516812

[4] https://www.hispantv.com/noticias/sudan/369618/onu-unidad-paz-sur-abusos-sexuales

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De nuevo, la OEA

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Samuel es un niño de escuela que sueña con jugar al fútbol. Su madre, apenas sus finanzas se lo permitieron lo inscribió en una escuelita por las tardes donde empezaría su carrera. Samuel se siente como Messi cuando se viste y se sube las medias pero regresa rabiando de la escuela. El instructor le ha explicado que en el fútbol existen reglas y roles; que no siempre él tendrá la pelota y que incluso si no obedece puede salir del juego. Su rabia es absoluta, él quería jugar como él pensaba que se jugaba.

Esa lección primaria parece haber desaparecido de la escena política internacional interamericana donde, para jugar a ser Estados también hay reglas que seguir. La primera es reconocer que son los  Estados los que hablan y que todos tienen soberanía y derechos. Lo segundo es que para lograr un objetivo hay que cumplir reglas de fondo y forma, de estilo y de procedimiento.

El 30 de mayo de 2016 pudimos ver cómo empezaba el juego cuando, de manera desesperada y errática apareció Luis Almagro –creyéndose un Estado- a asomar mediante sus redes sociales que iba a aplicar la Carta Democrática Interamericana a Venezuela. Luego se sucedieron varios fallidos intentos aquél año y con más insistencia y más quórum en el año 2017.

Así, el  28 de marzo de 2017 Canadá, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay, Barbados, Bahamas, Santa Lucía,  Jamaica, Belice y Guyana, fueron quienes confirmaron el quórum para debatir, en contra del régimen normal de un organismo internacional, un asunto que les fue sometido en desconocimiento abierto de la igualdad jurídica del Estado, de la indivisibilidad de la República y del derecho a la autodeterminación de los pueblos.

Ahora, 23 de febrero de 2018, una situación similar se planteó pues volvió el tema Venezuela –curiosamente alegando cosas que cuando empezó a hablarse de Venezuela en el CP no sólo no existían sino que se pedían que se hicieran- en la OEA. La votación esta vez fue diferente. El grupo de Lima y sus aliados, para esta ocasión encabezados por México lograron un resultado de 19 votos a favor, 5 en contra y 8 abstenciones a un proyecto de Resolución que, sin haber sido previamente consultado, solicita fundamentalmente a Venezuela “reconsiderar la convocatoria prematura a elecciones presidenciales”.

Hay dos perspectivas de análisis desde lo jurídico que resultan fundamentales. La primera en relación al desconocimiento del derecho interamericano con el que se vienen dando estas reuniones puesto que, en ellas deben regir los derechos consagrados en la Carta de la OEA y contenidos en el Reglamento Del Consejo Permanente (Aprobado por el Consejo Permanente de la Organización en la sesión ordinaria del 1 de octubre de 1980, con las                      modificaciones aprobadas en las sesiones celebradas  el 22 de agosto de 1984, el 22 de enero de 1992   y 9 de agosto de 1995). La segunda, sobre los efectos jurídicos internos de dicha resolución.

Así las cosas, una defensa fundamental de Venezuela viene dada sobre el modo de convocar; la solicitud de alterar las reglas del quórum y las normas de votación, para finalmente observar que no se aprueban sólo con intenciones las resoluciones sino cuando se alcanza la mayoría establecida para que estas se consideren aprobadas. Sigue siendo este el último escaño que la discusión en la OEA debe flanquear cuando de los resultados de hoy se ven en toda evidencia los resultados favorables a Washington  de la gira de Tillerson por el continente.

Sobre los efectos en el derecho nacional volvemos a un debate de hace casi un año exacto que habíamos tratado al detalle en un documento que denominamos “¿Se equivocó Julio Borges?” pues la derecha ha buscado desplazar a la Constitución de la cúspide normativa alegando que resoluciones tienen rango supra constitucional.

Esto es inaceptable y falaz. En Venezuela ninguna norma está por encima de la Constitución y las únicas normas aceptables como de rango constitucional además de las que la Carta Magna contiene son los tratados en materia de derechos humanos ratificados por la República. Debiendo hacer énfasis en que una cosa es un tratado y otra muy inferior, una resolución.

Pero esto, queridos hermanos, son asuntos de consumo nacional y el debate hace tiempo que no está en el país sino en esa oscura y curiosa señora que llamamos sociedad internacional.

Es curioso cuando la estudiamos más de cerca y nos damos cuenta que para ella no existen los  7.350 millones de habitantes del planeta o al menos no en permanencia. En la sociedad de las naciones existen los sujetos y los objetos que conforman la agenda internacional.

Nosotros somos desde el año 2016 un objeto de análisis de la sociedad internacional y fuimos introducidos en esa agenda principalmente por la OEA que si bien es un organismo regional es un vaso comunicante con el sistema universal que, en el año 2018 ha demostrado preocupación incluso para activar los mecanismos judiciales para tratar “la situación venezolana”.

Por ello, disparan desde la OEA para hacer eco en la ONU. Esa es la primera conclusión lógica de lo ocurrido. La segunda es que esta abrupta utilización del CP de la OEA nace en el marco de una América cada vez más convulsa, con una Argentina cruzada por una impresionante manifestación y una Colombia en medio de saqueos para mantener en claro que el “problema es Venezuela” y darle fuerza a la reciente posición esgrimida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Por último, quisiera que miráramos las fechas pues  la sesión más ruidosa del CP sobre Venezuela fue el 28 de marzo de 2017, al día siguiente se pronunció Borges pidiendo el Golpe desde la Asamblea Nacional, el 30 de marzo  la comunidad internacional andaba cuestionando las decisiones de nuestro Tribunal Supremo de Justicia y el resto es guarimba e historia horrenda.

Como aquellas veces estas sabremos levantarnos. No dejo de considerar una derrota para nuestros adversarios el hecho de que cada intento de resolución tenga que inventar una excusa nueva, que pidan cosas contrapuestas, que se les vea tanto la costura. Eso nos demuestra que esta Revolución tiene en el ejemplo de Simón Rodríguez su fuerza puesto que, atreviéndonos a inventar hemos sido libres y hemos ido esquivando tormentas.

 

Declaración de Helene Brion ante el Primer Consejo de Guerra. Una feminista juzgada por traición por pacifismo en la IGuerra

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DÉCLARATION lue au Premier Conseil de Guerre, le 29 mars 1918 (Germinal, an 126)

Je comparais ici comme inculpée de délit politique : or je suis dépouillée de tous droits politiques.

Parce que femme, je suis classée de plano, par les lois de mon pays, inférieure de beaucoup à tous les hommes de France et des colonies. Malgré l’intelligence qui m’a été officiellement reconnue depuis peu ; malgré les brevets et diplômes qui m’avaient été octroyés longtemps avant, je ne suis pas devant la loi l’ égale d’un nègre illettré de la Guadeloupe ou de la Côte d’Ivoire. Car lui peut participer par le bulletin de vote à la direction des affaires de notre commun pays, et moi, je ne le puis pas. Je suis hors la loi.

La loi devrait être logique et ignorer mon existence, lorsqu’il s’agit de sanctions, autant qu’elle l’ignore lorsqu’il s’agit de droits. Je proteste contre son illogisme.

Je proteste contre l’application que l’on me fait des lois que je n’ai ni voulues, ni discutées. Ces lois ne sont pas, ainsi que le dit la Déclaration des Droits de l’Homme, « l’expression de la volonté générale », car la fraction numériquement la plus importante de la Nation, les femmes, n’ont été appelées à les faire, ni directement, ni par leurs représentants.

Cette loi, que je récuse, me reproche d’avoir tenu des propos de nature à affaiblir le moral des populations. Je proteste avec plus de force encore, et je nie ! Ma propagande, discrète et nuancée, a toujours eté un appel constant à la raison, au pouvoir de réflexion, au bon sens dont chaque humain a une part, si petite soit-elle.

Il est certainement imprudent d’éveiller un somnambule qui marche sur le faîte d’un toit pour le faire réfléchir au danger de sa situation ; mais je n’ai jamais pu assimiler mon pays à un somnambule. Je l’aime trop profondément pour ne pas lui reconnaître le droit absolu à la Vérité. La Vérité est la manne des forts ; elle seule est digne d’un grand peuple.

Je rappelle, d’ailleurs, pour la forme ! – que ma propagande n’a jamais été à l’encontre de la défense nationale et n’a jamais réclamé une paix à tout prix ; j’ai toujours dit, au contraire, qu’il n’y avait qu’un devoir, un seul, sous deux formes,

pour ceux de l’avant : tenir ;
pour ceux de l’arrière : réfléchir.

Cette action éducative, je l’ai surtout exercée dans le sens féministe, car je suis surtout et avant tout féministe ; tous ceux qui me connaissent peuvent l’attester. Et c’est par féminisme que je suis ennemie de la guerre.

L’accusation prétend que sous prétexte de féminisme je faisais du pacifisme. Elle déforme ma propagande pour les besoins de la cause ! J’affirme que c’est le contraire, et il m’est aisé de le prouver ! J’affirme que depuis des années avant la guerre, je faisais du féminisme militant, que j’ai simplement continué depuis la guerre, et que jamais je n’ai fait une réflexion sur les maux de l’heure actuelle, sans ajouter que, si les femmes avaient voix au chapitre pour les questions sociales, les choses se passeraient différemment. Je fais appel ici aux témoignages de tous ceux qui militent avec moi.

Quel que soit l’angle sous lequel j’ai envisagé la guerre actuelle, soit que j’ai cru à la possibilité d’une victoire foudroyante sur nos ennemis, soit que je n’ai plus vu la possibilité que d’une victoire d’usure, exigeant encore des années de luttes, j’ai vu surtout du point de vue féministe et en féministe. La lecture de tous mes articles, depuis le début de la guerre, aurait suffi à en convaincre quiconque aurait pris la peine de les lire ; mais nul n’a pris cette peine, et on préfère me poursuivre sur des phrases et des brochures que l’on sait pertinemment ne pas être mon oeuvre. On veut voir en moi, non la féministe acharnée que je suis, qui se servait au jour le jour, dans un but féministe, des leçons de choses qu’offre la guerre, comme elle se servait dans le même but des moindres faits divers de la paix, mais une sorte de pacifiste honteuse qui, sous de vague prétexte d’un fallacieux féministe, circonvenait les âmes innocentes pour les empoisonner de doctrines pernicieuses. Pour ceux qui me connaissent, c’est purement ridicule !

Je n’ai jamais fait de pacifisme militant avant la guerre et ne faisait partie d’aucune association pacifiste alors que j’étais, depuis des années, militante des associations féministes. Suffrage des Femmes ; Union Fraternelle des Femmes, Fédération Féministe Universitaire, Ligue pour le Droit des Femmes, Union Française pour le Suffrage des Femmes, Ligue Nationale du Vote, etc .

En 1908, en 1910, en 1912, j’ai soutenu les campagnes, électorales féministes de Jeanne Laloë, Hubertine Auclert, Renée, Mortier et Madeleine Pelletier.

En 1914, j’ai pris part aux demandes d’inscription dans le VIe, fait de la propagande dans Pantin et ailleurs, pour le vote blanc du Journal, participé à la manifestation Condorcet, collé moi-même, dans Pantin et le Pré-Saint-Gervais, près de deux cents affiches de l’Union Française pour le Suffrage des Femmes, tant pour mon compte personnel que pour le compte d’une collègue, qui s’en était chargée, mais n’osait le faire elle-même et ne trouvait, en période électorale, aucun colleur d’affiche à un prix raisonnable ! – Cette femme est une des deux qui prétendent, en ce moment, que mon féminisme n’est qu’une façade pour dissimuler le pacifisme !

Non ! 1. Je ne dissimule rien et 2. Mon féminisme est vieux de vingt ans, et mon pacifisme date seulement de la guerre, à l’ inverse de beaucoup d’autres, qui se sont éteints à la date du 4 août 1914 – ou quelques jours avant.

Avant la guerre, la seule propagande pacifiste que je reconnais avoir faite, a été de répandre et faire lire le plus possible le livre « Bas les Armes !» de la baronne Bertha von Sutner, prix Nobel pour la Paix en 1905. Et c’est uniquement parce que c’était un livre de femme !

Depuis la guerre, je n’ai cessé d’être en lutte, même et surtout avec mes plus proches camarades pacifistes – ceux qui ont rédigé les brochures que vous me reprochez ! – à cause de leur manque de féminisme. Il y a de cela des preuves écrites, dans la brochure « La Voie Féministe », qui est mon oeuvre propre, l’ expression de ma pensée à moi et qui, cependant, n’a pas été lue ; ni d’ailleurs aucun de mes écrits sur la paix – par vous, Messieurs, qui cependant vous apprêtez à juger ma propagande pour la paix !

Je suis ennemie de la guerre, parce que féministe. La guerre est le triomphe de la force brutale ; le féministe ne peut triompher que par la force morale et la valeur intellectuelle ; il y a antinomie absolue entre les deux. Je ne pense pas que dans la société primitive, la force de la femme, ni sa valeur, étaient inférieures à celles de l’homme ; mais il est certain que dans la société actuelle, la possibilité de la guerre a établi une échelle de valeurs toutes factices, au détriment de la femme.

A cette dernière, on a retiré le droit imprescriptible et sacré qu’a tout individu, de se défendre lorsqu il est attaqué. On en a fait par définition et on en fait par l’éducation – un être faible, docile, insignifiant, dont toute la vie devra être protégée et dirigée.

Loin qu’elle puisse, comme cela se voit dans le reste de la création, défendre ses petits, on lui dénie le droit de se défendre elle-même. Matériellement, on lui refuse l’éducation physique, les sports, l’exercice de ce qu’on appelle : le noble métier des armes. Politiquement, on lui refuse le droit de vote, «clef de voûte, disait Gambetta, de tous les autres droits», ce droit de vote, grâce auquel elle pourrait intervenir dans sa propre destinée, et avoir au moins la ressource de pouvoir tenter quelque chose contre ces épouvantables conflits, où elle se trouve précipitée, elle et ses enfants, comme une pauvre machine inconsciente et impuissante.

« On éloigne, a écrit Michelet, on éloigne les femmes de la vie publique ; on oublie trop que, vraiment, elles y ont plus droit que personne. Elles y mettent un enjeu bien autre que nous ; l’homme n’y joue que sa vie, et la femme y met son enfant. Elle est bien plus intéressée à s’informer, à prévoir. Dans la vie solitaire et sédentaire que mènent la plupart des femmes, elles suivent de leurs rêveries inquiètes les crises de la patrie, les mouvements des armées. Vous croyez-celle-ci au foyer ? Non ; elle est en Algérie, elle participe aux privations, aux marches de nos jeunes soldats en Afrique ; elle souffre et combat avec eux. » (Michelet, Histoire de la Révolution Française, 1847).

Dans le système d’appréciation des valeurs que la guerre rend inévitable, l’homme seul compte. C’est lui la valeur, le futur soldat. Il peut être lâche moralement, débile physiquement, il est quand même intitulé le «défenseur», le «protecteur né», le Maître et soigné comme tel. On s’occupe de son développement physique; on néglige celui de la femme. On lui inculque l’Idée de sa valeur propre, de la grandeur de son rôle social et, inversement, on donne à la femme la suggestion de la reconnaissance, de l’humilité qu’elle doit avoir devant ce protecteur qu’on lui impose sans qu’elle l’ait demandé, et qui est souvent, dans la vie civile, son pire adversaire.

La guerre, telle que nous la voyons actuellement sévir, est la résultante inévitable de l’organisation de cette société masculiniste si étrangement construite, société où une infime fraction seulement des nations est arrivée à la conception des Droits de l’Homme – le mot Homme étant pris dans le sens étroit d’individu masculin – société où aucune nation encore n’est arrivée en son entier à la conception – et encore bien moins à la proclamation – des Droits de l’Homme, au sens large du mot, des Droits de l’être humain, homme ou femme, société toute basée sur le mensonge, et dont Jean Finot a pu écrire :

«Toute la vie publique, fondée et entretenue par l’homme, est basée sur le mensonge…

La paix armée, cette invention suprême des hommes, n’est en réalité qu’un mensonge gigantesque, qui s’infiltre dans toutes les consciences…

De partout, sortent des miasmes de mensonges, qui corrompent l’atmosphère dans laquelle nous vivons… Rien ne sera épargné, pas même le patriotisme devenu l’objet d’un commerce odieux. Tout le monde en trafique, y compris surtout ceux qui l’affichent le plus et s’en attribuent le monopole. Et tout cela, c’est l’oeuvre de l’homme, créée par l’homme… au profit de l’homme. » Jean Finot (Préjugés et Problèmes des Sexes, 1913).

Toute cette accumulation de mensonges sociaux, dont la femme est innocente et victime au premier chef, aboutit finalement au mensonge suprême de la guerre, à ce que Normann Angell a appelé : la « Grande Illusion ».

Et pour vous souligner à quel point ce mensonge est réel, et comme il se retrouve pareil dans toutes les convulsions de l’histoire du monde, telle que vous la faites, vous autres, hommes, écoutez ceci : «Nous ne faisons pas la guerre à l’Allemagne, dont nous respectons l’indépendance. Nous faisons des voeux pour que les peuples qui composent la grande nationalité germanique disposent librement de leurs destinées. Quant à nous, nous réclamons l’établissement d’un état de choses qui garantisse notre sécurité et assure l’avenir. Nous voulons conquérir une paix durable, basée sur les vrais intérêts des peuples, et faire cesser cet état précaire, où toutes les nations emploient leurs ressources à s’armer les unes contre les autres !»

Ces sages paroles, qui semblent tirées d’un discours,de Wilson, Lloyd George ou Lansdowne ! sont copiées de l’Officiel de juillet 1870 ; elles sont signées de Napoléon III, empereur des Français, et extraits d’une proclamation à ces mêmes Françaises, pour leur expliquer la nécessité de la guerre…

Et à côté de ce mensonge masculin, écoutez le bon sens féminin, qui s’affirme dans ces paroles de George Sand :

« Ce mot de paix honorable, qui est dans toutes les bouches, est comme dans toutes les circonstances où un mot prend le dessus sur les idées, celui qui a le moins de sens. Nous ne pouvons pas faire une paix qui nous déshonore après une guerre d’extermination, acceptée si courageusement depuis cinq mois. » George Sand (Lettres, janvier 1871).

Je reprends la phrase, et avec combien plus de force ! Je dis : « Non, nous ne pouvons pas faire une paix qui nous déshonore après la gigantesque lutte si courageusement menée depuis 44 mois ! Non, la paix ne nous déshonorera pas ! Mais ce qui nous déshonore, ce qui est une honte sans nom pour l’humanité masculine tout entière, c’est la continuation impie du massacre, sans qu’une parole de raison ose se faire entendre, qui conseille de le cesser.

Une parole ? si ; des paroles de raison ont été dites. Le président Wilson a su trouver, à plusieurs reprises, des paroles ouvrant un espoir à la paix. Il a su, d’autre part, dire au malheureux peuple russe, et à ceux qui ont assumé la grande et difficile tâche de le diriger en ce moment, les paroles d’admiration et de douloureuse sympathie, que lui seul pouvait prononcer, parce qu’il n’a pas de censure à craindre, mais que des milliers d’êtres formulent en eux-mêmes. Il a donné là une belle leçon d’intelligence et de courage à tout le vieux monde. Et il me donne à moi, en ce moment, l’occasion de vous souligner, Messieurs, que le seul grand pays du monde, où les femmes aient le droit de vote politique, et encore pas dans toutes ses parties, est bien réellement celui qui tient la tête de la vraie civilisation.

Je me rappelle, avec fierté, qu’en 1912, les suffragettes d’Amérique ayant à leur tête Miss Abbie Wibbert, âgée alors de 75 ans, firent une campagne acharnée pour l’élection à la présidence de Wodrow Wilson, dont l’attitude en ce moment honore le monde.

Et cela seul peut me consoler de voir mon pays, jusqu’à présent la terre classique des généreux enthousiasmes et des belles initiatives distancé cette fois dans la voie du Bien et de la Raison !

Je suis obligée de constater également et de vous souligner, que le seul pays du monde où des hommes d’Etat se soient prononcés publiquement dans le sens de Wilson est l’Angleterre, où les femmes ont une part si active dans la vie politique, et où 8.000.000 d’entre elles viennent – en pleine guerre ! – d’obtenir le droit de vote.

La dignité de l’Angleterre, la force combative des Etats-Unis sont-elles affaiblies par cette attitude de leurs hommes d’Etat ? Loin de là ! Et nous ne pouvons que regretter que notre Gouvernement ne se soit pas encore inspiré du mot de Victor Hugo: «Au XXe siècle, la France déclarera la paix au monde !»

Pour nous, féministes, cela s’explique par la faillite d’une précédente prédiction du poète. Il avait dit, en 1853, lors de l’enterrement de Louise Julien : « Le XVIIIe siècle a proclamé les Droits de l’Homme ; le XIXe proclamera le Droit de la Femme. »

Or, le XIXe siècle a négligé de proclamer les Droits de la Femme, et la France du XXe ne s’est pas trouvée à la hauteur de la tâche qui, historiquement, lui revenait.

***

Vous autres, hommes qui gouvernez seuls le monde – Vous voulez faire trop et trop bien. – Le mieux est l’ennemi du bien.

Vous voulez éviter à nos enfants les horreurs d’une guerre future ; louable sentiment ! Je dis que, dès maintenant, dès que sera terminée l’atroce bataille qui se déroule, à moins de 100 kilomètres de nous, votre but est atteint, et que vous pourrez parler de paix ! En 1870, deux nations d’Europe se sont battues, deux seulement, et six mois à peine ; le résultat a été si épouvantable, que l’Europe entière, terrifiée et épuisée, a été plus de quarante ans avant d’oser et de pouvoir recommencer. Calculez que nous luttons, en ce moment, non pas depuis six mois, mais depuis 44 mois pleins, d’une lutte fantastique, formidable, où sont aux prises, non pas deux nations seulement, mais plus de vingt, qui sont l’élite du monde, dit civilisé, que toute la race blanche ou presque est dans la mêlée, que la race jaune et la race noire y ont été entrainées à sa suite, et dites-vous, je vous en prie, que dès maintenant votre but est atteint ! car I’épuisement du monde est tel, que plus de cent ans de paix nous seraient assurés dès maintenant, si la guerre finissait ce soir !

La tranquillité future de nos enfants et petits-enfants est assurée. Songez à leur assurer le bonheur présent et la santé à venir ! Songez au moyen de leur rendre le pain à discrétion, et le sucre et le chocolat du goûter ! Calculez-vous les répercussions que leurs privations actuelles peuvent avoir sur ce bonheur que vous prétendez assurer en continuant à vous battre et à les faire vivre dans cette atmosphère à tous points de vue malsaine pour eux ?

Vous voulez rendre la liberté aux peuples asservis, vous voulez, malgré eux, appeler à la liberté, des gens qui ne paraissent pas mûrs pour la comprendre comme vous l’entendez et vous ne remarquez pas que, dans ce combat que vous menez pour la liberté chacun perd de plus en plus les bribes qu’il en possédait ; depuis les libertés matérielles de manger à sa guise et de voyager à son gré, jusqu’aux libertés intellectuelles d’écrire, de parler, de se réunir, de penser même, et surtout possibilité de penser juste, tout cela disparaît peu à peu, parce que cela est Incompatible avec l’état de guerre.

Prenez garde ! Le monde descend une pente qui sera dure à remonter !

Je l’ai toujours dit, partout écrit depuis le début de la guerre: «Si vous n’appelez pas les femmes à votre secours, la pente ne sera pas remontée, et le monde nouveau que vous prétendez instaurer sera aussi injuste et aussi chaotique que celui d’avant-guerre !»

Je n’en donne qu’un exemple.

Lorsque les plus compréhensifs d’entre vous, ceux qui veulent que la raison aide le canon à remporter la victoire, abordent par exemple la question de l’Alsace-Lorraine, ils admettent l’idée d’un référendum parmi sa population. Mais, qui d’entre eux songe à indiquer que les femmes devront avoir voix au chapitre, lors de ce référendum ? Personne ! – Et, cependant !…

Si les peuples, vaincus et dispersés par la force, si l’Alsace-Lorraine, si la Pologne ont gardé, malgré le joug étranger leur âme particulière, n’est-ce pas surtout grâce à l’énergie des femmes, des mères, premières et toutes puissantes éducatrices, acharnées à défendre le foyer et inculquant, dès le berceau, à l’enfant, l’amour d’une langue, d’une patrie, d’une race ? Ne le pensez-vous pas ? Et trouvez-vous naturel que Colette Baudoche (nde : personnage d’un roman de Maurice Barrès paru en 1909) même, soit obligée de s’abstenir sur la question ?

***

Ce qui m’épouvante, dans la guerre, plus encore que les morts et les ruines qu’elle accumule, plus encore, infiniment plus que les malheurs matériels, c’est l’abaissement intellectuel et moral qu’elle entraîne. Or, tout ce qui abaisse le niveau moral, contribue à l’asservissement de la femme.

Il y a un chapitre spécial de la morale, dont on parle aux jeunes conscrits, sous le nom d’hygiène ; j’y voudrais faire allusion ici. J’ai appris par les journaux, l’arrivée sur le territoire de mon pays – pour me défendre en tant que Française – d’hommes venant un peu de tous les pays du monde, et représentant toutes les races. Je sais qu’on a veillé avec grand soin au confort et à l’hygiène de leur installation. Et je ne puis m’empêcher de penser qu’il est certaines maisons, vous comprenez lesquelles, qu’on est presque assuré de rencontrer toujours dans les villes de garnisons, parce que sans doute leur installation fait partie du confort et de l’hygiène du soldat…

Oh ! je sais qu’il est de mauvais ton de parler de ces choses. Votre morale, la morale faite par vous, à votre profit a décrété que le mal, le mauvais ton n’était pas de les faire mais d’en parler, de laisser voir, surtout lorsqu’on est femme, qu’on sait leur existence et qu’on y pense. Je le sais, mais je suis femme d’abord et féministe. Je ne puis m’empêcher d’être plus humiliée, comme femme, lorsque je pense à ces choses que je ne suis fière comme Française. – Je ne puis m empêcher de penser que, si le sort des armes avait voulu que nous envahissions quelque pays ennemi que ce soit, les femmes de ce pays auraient été traitées, par nos sauvages alliés, exactement comme les femmes des pays envahis l’ont été par la soldatesque allemande en cette guerre, comme les femmes chinoises l’ont été par la soldatesque européenne de tous les pays, lors de la prise de Pékin.

J’évoque ici M. Clemenceau lui-même, qui a dit de si excellentes choses contre la prostitution, et je lui demande s’il ne peut pas trouver naturel que des femmes, ayant lu ses fortes paroles, les reprennent à leur compte et se dressent contre une guerre, qui renforce d’incalculable façon ce mal social ?

Oui, la guerre abaisse le niveau moral et débride les passions. Et elle abaisse aussi le niveau intellectuel. L’esprit cesse de travailler sur des sujets dignes de lui ; l’intelligence, la force créatrice, ne s’applique plus qu’à des oeuvres de meurtre et de destruction : balle dum-dum, dreadnougts, sous-marins, supersous-marins, gaz asphyxiants, zeppelins, superzeppelins, tanks, gothas, etc.

Je ne puis croire que ce soit pour cela que l’intelligence a été donnée à l’homme, mais je constate que le courant actuel est là, rien que là. Et les journaux qui font l’opinion vulgaire, couvrent de ridicule les savants qui osent penser et parler d’autre chose. Il y a quelque temps, l’OEuvre, raillait avec amertume les paisibles savants de l’Académie, qui avaient écouté longuement, et en ayant l’air de s’y intéresser, une docte cormnunjcation sur la probabilité d’habitation de la planète Mars. Pour le journaliste, c’était là presque un crime de lèse-patrie, mais il m’apparaît, à moi, simple femme, que les vieillards qui raisonnaient là-dessus étaient des sages et témoignaient de plus de tact et de dignité que les énergumènes de l’arrière qui, du fonds de leur fauteuil, poussent énergiquement les autres à une guerre, dont ils évitent pour eux-mêmes tous les périls.

Quant à l’abaissement des âmes, à la faillite, au ridicule de la bonté, je cède la parole au Pape.

Croix du 11 mars (Vérité du 12).

Lettre du Pape à M. Geoffroy de Grand’Maison.

«Les maux qui résultent de la guerre actuelle ne se limitent pas à la dévastation des campagnes, à la destruction de villes florissantes, pas même aux morts violentes et aux blessures. Il y a d’autres maux encore, d’une autre espèce et d’un caractère très grave. Au milieu de tels malheurs, la charité mutuelle a disparu de beaucoup d’âmes, dans lesquelles est presque effacé le nouveau précepte apporté par l’Evangile et qui nous oblige à aimer même nos ennemis. D’aucuns ont été si loin dans cette voie, qu’ils en sont venus à mesurer l’amour dû à la patrie, à la haine de ceux avec qui la patrie est en guerre… Les passions de conquête et de domination, qui ont engendré la guerre, aggravées par sa cruauté et

sa longue durée, ont pour résultat d’enlever toute mesure aux rancunes, aux haines, aux désirs de vengeance. Vous n’accomplirez aucun effort plus utile à votre patrie, continue le Pape, que si, par l’enseignement, la persuasion, l’exhortation, vous amenez à profiter plus largement des bienfaits de la paix future, les hommes, ramenés alors à n’avoir qu’un coeur et qu’une âme !

Benoît, Pape. »

Messieurs, je n’ai pas fait autre chose ! J’ai suivi longtemps, avant qu’il ne songe à les donner, les conseils du Pape, pour le hien de mon pays, de l’humanité tout entière et du féminisme. Ma propagande a été toute de raison, jamais d’appel à la violence ! Et je fais appel ici au témoignage de ceux qui me connaissent et de ceux qui me lisent ! Je fais appel au témoignage, non de celle qui dans son zèle à me charger a fait des déclarations qu ‘ell e a été obligée de rétracter elle-même

en partie, non de celle qui a été obligée de reconnaître que je ne lui avais parlé directement qu’une fois, et qui en est réduite pour me charger à rapporter des propos qu’elle a surpris entre deux portes et à échafauder des suppositions sur mes actes ; non ! Je fais appel à celles et a ceux qui me connaissent ici depuis 10, 15, 20 ans et plus, et surtout depuis la guerre, à ceux qui m’ont vu presque chaque jour militer à côté d’eux, qui ont pu contrôler et suivre ma propagande, soit qu’ils la combattent, soit qu’ils l’approuvent. De ceux-là, je ne crains pas de démenti ! Ils savent en eux-mêmes que si j’ai toujours été adversaire acharnée, je suis loyale, et que si j’ai toujours défendu jusqu’au bout mon point de vue – envers et contre tous – je puis le dire et je continuerai ! – je n’ai jamais eu, le moins du monde, l’idée d’appuyer mon bon droit de coups de poings ou même d’ injures ! La violence me répugne, je ne l’al jamais exercée ni conseillée. C’est pour mettre fin à son règne, en ce monde, que j’ai fait, toujours et en toutes circonstances, appel aux femmes et commenté cent fois, dans mes écrits ou mes paroles, le mot de Victor Considérant :

« Le jour où les femmes seront initiées aux questions sociales, les révolutions ne se feront plus à coups de fusils.»

Hélène Brion.

País escala

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Mi padre siempre ha intentado completar el viaje de mi abuelo, me dijo con cierta tristeza. Su abuelo había llegado en barco a las playas de Venezuela y había clavado su ancla. Se enamoró del oriente y encontró remanso en la extracción petrolera. Había salido de Italia como tantos otros, todos sus hermanos de hecho, persiguiendo el sueño de América.

Su abuelo había sido pobre, como es la pobreza en la guerra. Había vivido el invierno con zapatos sin medias y había asado las pocas ratas que llegaban. No había tenido una escuela completa y en las noches frías soñaba con América, rica, cálida, llena de tierras y promesas.

América era Estados Unidos y Venezuela había servido de puerta, de escala o de promesa extendida, con mejor clima y gente más atenta. No había que sufrir tanto como en Chicago y el Caribe, ese sí que sabía conquistarlo.

Pero por ese amor, tonto y desprevenido, el viaje se había truncado. El abuelo no llegó a donde estaban los hermanos, a la tierra prometida, al espacio donde todas las calles están asfaltadas y la gente habla inglés. Esa era la tarea pendiente para su padre, que enseñó a sus hijas a hablar inglés y no italiano; que compró casa en la Florida y vivía en Maracaibo arrimado.

Venezuela era la casa que les acogía como aquel apartamento, desdichado, sobrepoblado, siempre en estado de tránsito. Italia era una tierra lejana que marcaba la sazón del domingo y el nombre de la abuela, Nona siempre, abuela nunca.

Mi amiga se encontraba en una ciudad que no conocía. Había aprendido a no mezclarse con la gente de allí, siempre morenos, envidiosos, lentos. No conocía la historia, ni la geografía, no sabía llegar a pie o en carro, no escuchaba la música. Sólo iba a los guetos sociales que otros, como su padre, habían creado.

A la hora de crecer, el abuelo se había ido, el padre no había cumplido la promesa. El viaje tan detenido la hacía temer, temer hasta el terror, que este paso temporal fuese definitivo.

Nunca había vivido en ningún lugar y toda su existencia era así. Hablaba en spanglish, comía en spanglish, soñaba en spanglish.

La tía si había intentado terminar el viaje pero la había agarrado la migra. Era una ciudadana italiana tratada como un hondureño cualquiera. ¡Porque, aunque no lo creas, eso pasa!

Entonces necesitaba huir. Esta escala llevaba cincuenta años y le temía a tener raíz. Su identidad estaba definida. Era inmigrante de un barco que navegaba hacia la tierra prometida

Cuando ella se fue del país a una tierra aún más ignota se sintió por primera vez venezolana. Se puso una gorra, se amarró una bandera, encargaba Pirulín y acudía a cenas colectivas de arepas.

Su Venezuela ahora, era como la Italia de sus padres, tierra lejana y extraña, estación ya pisada. Como lo era para mi tío ahora Don español que escribe sobre tragedias y dolores que se imagina y cuenta, desde una ventana, de la tierra que desde hacía tantos años bailando con un salpicón a cuestas, le hacía creer que ese era su terruño, elegante e imperial, contrastante con este Caribe en el que le tocó nacer aunque le resultase siempre una especie de castigo.-

Nota de urgencia. Claves para entender la investigación contra Venezuela de la Corte Penal Internacional

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El 7 de de febrero de 2018, Fatou Bensouda procuradora ante la Corte Penal Internacional declaró a la prensa que dicha instancia internacional iniciaba el examen preliminar de las situaciones de Filipinas y Venezuela. En el contenido de la nota se lee textualmente lo siguiente:

El examen preliminar sobre la situación en Venezuela analizará crímenes presuntamente cometidos en este Estado Parte al menos desde abril de 2017, en el marco de manifestaciones y la inestabilidad política conexa. En particular, se ha alegado que fuerzas de seguridad del Estado con frecuencia utilizaron fuerza excesiva para dispersar y reprimir manifestaciones, y que han detenido y encarcelado a miles de miembros de la oposición, reales o aparentes, algunos de los cuales habrían sido presuntamente sometidos a graves abusos y maltrato durante su detención. También se ha informado que algunos grupos de manifestantes habrían recurrido a medios violentos, resultando en lesiones o muertes de algunos miembros de las fuerzas de seguridad.[1]

Lo que nos lleva a detenernos sobre este fallido organismo internacional; sus procedimientos; qué significa lo que ocurrió e intentar proyectar qué puede ocurrir.

En su definición de Wikipedia, la Corte Penal Internacional es un tribunal de justicia internacional permanente cuya misión es juzgar a las personas acusadas de cometer crímenes de genocidio, de guerra, de agresión y de lesa humanidad. Su creación y sus funciones quedaron establecidas en el Estatuto de Roma, firmado en el año 2000, en base al cual se esperaba entrar a un estado en el que desde la Sociedad de las Naciones se persiguieran todos los delitos entendidos como atroces en los textos fundamentales. En esta norma, los delitos que ya conocía el ámbito internacional se ordenaron y se quiso poner fin al viejo hábito del derecho internacional, de crear tribunales especiales y posteriores, a los conflictos internacionales.

Esta Corte funciona en La Haya, como la Corte Internacional de Justicia pero tiene diferencias grandes con ella. Esta, es la única que persigue personas individuales, condenándolas en su humanidad y no como países. Los responsables son entonces juzgados de un modo relativamente parecido al esquema que han adoptado casi todos los países de occidente. Así las conclusiones de la Corte Penal Internacional son del estilo “fulano de tal es culpable de haber cometido un crimen de lesa humanidad” y no que “la República X es responsable de violar los derechos humanos del pueblo Y”

Al ser un tribunal penal actúa en el marco de los principios de juzgamiento establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos que obliga a presumir que todas las personas son inocentes, que todos son iguales ante la ley, que todos tienen derecho a ser escuchados por un tribunal independiente y que crimen debe estar definido al momento de la comisión y que este sea competencia de la Corte.

A lo cual se le suma que es una instancia internacional y que estas mantienen una relación de complementariedad –incluso de subsidiariedad- con relación a las instancias nacionales. Normalmente, sólo puede accederse a ellas cuando un país no juzga o no puede juzgar los hechos de competencia del tribunal.

La manera en la que la Corte Penal Internacional fue creada supuso el entusiasmo de varios países y de especialistas en Derecho Internacional que sintieron que con ella se superaría las viejas dificultades que habían permito que ocurriera y se perpetuara la guerra. Sin embargo, este entusiasmo duró poco porque apenas se construía la Corte, los Estados Unidos en vez de ratificar el contenido del Estatuto decidió retirar la firma que había hecho.

La firma del Estatuto de Roma por parte de la administración Clinton fue depositada el 31 de diciembre del 2000, último día para hacerlo (según el art. 125 del Estatuto de Roma), conjuntamente con Israel y con Irán.

Dicha firma fue declarada no tener ninguna implicación legal por parte de la Administración Bush el 6 de mayo del 2002 (gesto inédito denunciado como equivalente al retiro de una firma). Esta verdadera innovación jurídica fue seguida por Sudán (26 de agosto del 2002) y por Israel (28 de agosto del 2002).[2]

De modo que, han pasado casi veinte años de su nacimiento y en la actualidad la integran más de cien países aunque los últimos tiempos han demostrado ser difíciles para la institución cuando en el octubre de 2016 Rusia decide retirarse por considerar que es una infraestructura demasiado onerosa y poco útil; seguida en febrero de 2017 por Sudáfrica quien denunció el Estatuto una vez que ocurrió la polémica decisión de dicha Nación de no acatar una orden de aprehensión que la Corte había dictado en el 2015, en contra del presidente sudanés, Omar al-Bashir.

El conflicto africano de la Corte Penal Internacional es sumamente interesante puesto que, no pocos analistas han denunciado que este juez es imperialista y racista porque según datos publicados en el 2017 Desde su puesta en marcha en el 2003, la CPI, había abierto diez investigaciones, nueve de ellas en países africanos.[3]

Con ello esperamos acercarnos a quién es el organismo que está actuando sobre lo cual lo más relevante, a esta hora resulta que con esta acción observamos la colocación del “tema Venezuela” en casi todas las agendas universales puesto que recientemente veíamos actuar otros tribunales que quieren rejudicializar el territorio venezolano.

Hemos señalado que normativamente la Corte Penal Internacional se encuentra en el Estatuto de Roma, instrumento ratificado por todos los países latinoamericanos con la excepción de Nicaragua y Cuba; y, que sus procedimientos son relativamente parecidos al de los tribunales penales venezolanos.

Así, encontraremos que en el juicio interactuarán varios sujetos y se pasará por varias fases. La fiscal o procuradora ha determinado que el caso venezolano se encuentra en el paso 1; de igual modo, no ha identificado a los sujetos sobre los cuáles la investigación criminal se desarrollará pero ha advertido que su despacho no descarta que existan responsables gubernamentales y no gubernamentales.

Por lo tanto, nos encontramos en lo dispuesto en el artículo 53 del Estatuto de Roma,

Artículo 53

Inicio de una investigación

  1. El Fiscal, después de evaluar la información de que disponga, iniciará una investigación a menos que determine que no existe fundamento razonable para proceder a ella con arreglo al presente Estatuto. Al decidir si ha de iniciar una investigación, el Fiscal tendrá en cuenta si:
  2. a) La información de que dispone constituye fundamento razonable para creer que se ha cometido o se está cometiendo un crimen de la competencia de la Corte;
  3. b) La causa es o sería admisible de conformidad con el artículo 17;
  4. c) Existen razones sustanciales para creer que, aun teniendo en cuenta la gravedad del crimen y los intereses de las víctimas, una investigación no redundaría en interés de la justicia.

El Fiscal, si determinare que no hay fundamento razonable para proceder a la investigación y la determinación se basare únicamente en el apartado c), lo comunicará a la Sala de Cuestiones Preliminares.

  1. Si, tras la investigación, el Fiscal llega a la conclusión de que no hay fundamento suficiente para el enjuiciamiento, ya que:
  2. a) No existe una base suficiente de hecho o de derecho para pedir una orden de detención o de comparecencia de conformidad con el artículo 58;
  3. b) La causa es inadmisible de conformidad con el artículo 17; o
  4. c) El enjuiciamiento no redundaría en interés de la justicia, teniendo en cuenta todas las circunstancias, entre ellas la gravedad del crimen, los intereses de las víctimas y la edad o enfermedad del presunto autor y su participación en el presunto crimen; notificará su conclusión motivada a la Sala de Cuestiones Preliminares y al Estado que haya remitido el asunto de conformidad con el artículo 14 o al Consejo de Seguridad si se trata de un caso previsto en el párrafo b) del artículo 13.
  5. a) A petición del Estado que haya remitido el asunto con arreglo al artículo 14 o del Consejo de Seguridad de conformidad con el párrafo b) del artículo 13, la Sala de Cuestiones Preliminares podrá examinar la decisión del Fiscal de no proceder a la investigación de conformidad con el párrafo 1 o el párrafo 2 y pedir al Fiscal que reconsidere esa decisión;
  6. b) Además, la Sala de Cuestiones Preliminares podrá, de oficio, revisar una decisión del Fiscal de no proceder a la investigación si dicha decisión se basare únicamente en el párrafo 1 c) o el párrafo 2 c). En ese caso, la decisión del Fiscal únicamente surtirá efecto si es confirmada por la Sala de Cuestiones Preliminares.
  7. El Fiscal podrá reconsiderar en cualquier momento su decisión de iniciar una investigación o enjuiciamiento sobre la base de nuevos hechos o nuevas informaciones.

Eso nos ubica en la fase preparatoria del proceso penal, o, fase de instrucción a la cual se llega cuando ha ocurrido lo que dispone el artículo 13 y es que la Corte ha recibido una solicitud de abrir la investigación que emana del Consejo de Seguridad, de un país, o, como en este caso del Fiscal o Procurador ante la CPI.

A partir de este momento, como se considera que se está desarrollando una investigación puede comenzar la Corte Penal Internacional a desarrollar su poder cautelar en los términos consagrados en el artículo 58 y siguientes que, dependen de los indicios fundados que tenga el Tribunal de estar en presencia de hechos de su competencia.

La nota de prensa, ambigua y escueta, no deja mucho más que la certeza del inicio de una situación muy delicada para Venezuela, donde, serán las próximas horas que determinarán el alcance de lo planteado en esta declaración por la fiscal. Sin embargo, esto es lo que significa lo hasta ahora dicho, que abre una inminente urgencia de explicarle a la urgencia la descarnada cara de la ofensiva imperial.-

[1] https://www.icc-cpi.int//Pages/item.aspx?name=180208-otp-stat&ln=Spanish

[2]10 años de la entrada en vigor del Estatuto de Roma https://www.google.co.ve/search?q=bush+retira+firma+del+estatuto+de+roma&ie=utf-8&oe=utf-8&client=firefox-b-ab&gfe_rd=cr&dcr=0&ei=ppl8WrC-KsaD_Aau9azgDQ

[3] https://www.nacion.com/el-mundo/conflictos/tribunal-de-sudafrica-anula-decision-de-retirarse-de-la-corte-penal-internacional/XCNFDDM2MNEZBC5R4V6AK7NMQQ/story/

“Nunca vamos a firmar”

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Hoy es un día confuso y amargo para Venezuela. Un día triste, de sentir eclipses y frenazos. Nuevamente se ha pospuesto la hora de detener este juego demencial que nos deja sin Patria. Esta convocatoria a los amos imperiales que se traduce en arriesgar nuestra Guayana, sacrificar nuestra industria petrolera y seguir ahondando el sentimiento de que en este país no queda nada que buscar.

Ese sentimiento no se construye sólo con marketing sino con fuerza, con horror. Se logra mediante la paralización de nuestra economía con la depreciación del trabajo de cada uno de nosotros y la sumisión a condiciones de muerte a millones de compatriotas, que poco importa políticamente quiénes son, que edad tienen, de quién son padres o hijos.

Quizás de hecho esto ya no sea un sentimiento sino una realidad. Estamos asfixiados por lo que algunos llaman diplomacia. Estamos en una situación tan delirante que resulta que cualquier país, no importa cual, en el que usted piense le resultará mejor por la sencilla causa que somos un país al que le han declarado la guerra.

Yo venía del trabajo con ese escenario en la cabeza. Recordando que en el pasado todo lo que estudié pensando en la construcción de sistemas de garantía permanente y universal de derechos humanos estuvo escueto. Nunca imaginé vivir en mi propia vida lo que en los libros era un caso extremo, que solo ocurría en países raros. Generalmente, anti sistema.

Pero no pensé seriamente cómo se construían los países raros, ni siquiera como se construían los países obedientes. Hasta hace un par de años nuestra realidad era completamente diferente aunque gobernara el mismo sector. Se venía pagando interna y externamente una deuda histórica. Éramos ejemplo de las mejores prácticas culturales (el Sistema, por ejemplo); llegábamos al espacio; regresábamos como protagonistas al concierto de las Naciones.

Hasta que fuimos declarados una amenaza y el movimiento de la nueva izquierda latinoamericana comenzó a derrumbarse, entre golpes y crisis inducidas y costosísimos errores de estrategia.

Son embargo, el caso Venezuela se ha tornado extraordinariamente complejo. Para explicarlo, está ya demasiado usada la historia de Allende y la verdad, su corta permanencia en el tiempo y ya las décadas que nos separan de eso así como el papel glasé que se ha puesto para declarar a uno de los sistemas más desiguales del mundo como una de las mejores “democracias” hace que no quiera hablar de ello.

Yo sólo soy venezolana. Legalmente, es mi única nacionalidad y sentimentalmente, es mi único deseo pero mi madre y su madre, su padre y sus hermanos, son panameños. Panamá que es ahora vital en el proceso de aislar a Venezuela, de declarar que los venezolanos somos gitanos o palestinos. Sin duda alguna, seres incomodos y nefastos aunque aquellos que  Panamá deporta son los que ante la prensa dice apoyar.

Pero yo no quiero hablar de este Panamá, dominado por intereses mercantilistas, experto en represión del movimiento obrero, ahora furiosamente anti venezolano sino que no puedo mirar el escenario de Venezuela con su sonido de “game over” con la cara de espanto de los acompañantes internacionales, con la celebración de Tillerson que sobre nuestras vidas la palabra final es de Trump sin recordar 1989.

Un año donde un pueblo sin ejército y sin armas aguantaba un bombardeo. Bombardeo de barrios contenido por estudiantes y sanado con improvisados paramédicos. Un país que recuerdo claramente con sus letreros en inglés, con su idioma intervenido, con sus zonas prohibidas, con sus banderas norteamericanas y la promesa, a modo de dadiva y simulación, de devolver el canal siempre y cuando Torrijos antes se encontrara bien muerto.

Dice ahora la oposición y sus voceros extranjeros que Venezuela tiene un conflicto del que no saldrá con elecciones y donde quieren imponer un tutelaje. Recuerdan, tutelaje fue una palabra infame que usó hace ya bastante tiempo el gobierno argentino. Para el Derecho, eso es la negación absoluta de la soberanía de un pueblo.

Digo ahora para hablar de lo que dijo esta madrugada del 7 de febrero, Julio Borges quien afirma que jamás va a firmar un acuerdo. Lo repite llenando la frase de complementos gramaticales pero repitiendo el centro de la oración “nunca va a firmar”. Es justamente lo contrario a lo que dijo todos los días anteriores donde planteó que era cuestión de lograr los últimos acuerdos.

Allí es donde se le ve la costura, en ese cambio radical de posición y donde con su cobardía decide doblar y quitar la bandera. Es decir que señala que para ellos, no existe otro destino distinto para el mundo que obedecer, como si viviésemos bajo el más puro de los sistemas coloniales o quizás, empeorado.

Con este acto, negar que existe un camino para la paz, una manera de destrancar el juego  ha puesto sobre la mesa los supuestos más atemorizantes. Rápidamente se coló la duda si esto significaba que la oposición piensa ir a la confrontación directa, a la promoción de asaltos, actos terroristas y volver a su ya patentada formula, las guarimbas.

¿Se trata de escribir sobre la gloriosa historia bolivariana la triste hora de Siria? O ¿de legitimar, como tantas veces ha ocurrido, por ejemplo en Nicaragua que Estados extranjeros armen cuerpos irregulares para llegar abiertamente a una situación de guerra?

¿Qué creemos nosotros, en definitiva, qué es la Guerra? ¿Recordamos algo? Las guerras declaradas en Venezuela no se viven desde hace más de un siglo. Sin negar con ello que la historia ha sido plagada de capítulos de exterminio y persecución.

¿Qué creemos que son los actos que continuamente comprometen la electricidad y las telecomunicaciones? ¿El desvío del material estratégico? ¿El tratamiento permanente del “tema Venezuela” en reuniones donde no somos convocados hasta cuando las reglas de las organizaciones lo impiden? ¿Es realmente nuestra crisis de salud o nuestra merma del poder adquisitivo una causa para tanto escándalo? ¿Por qué no hay la mitad de las reuniones que se hacen sobre Venezuela para hablar de la red de esclavos y esclavitud que recorre media África? ¿No ameritaría que se lleven más agendas abiertas de giras internacionales el creciente riesgo nuclear en el planeta que la situación en un país que no ha amenazado de guerra a ningún vecino y que no tiene un gasto militar capaz de sonrojar a nadie?

A los pocos días de la invasión a Panamá, los muertos habían sido olvidados. Se había escrito la retórica de que Estados Unidos había vuelto a poner orden en aquella merienda que habían hecho esos seres caribeños que decían ser capaces de gobernarse en libertad. Aunque el acto simbólico de reconversión del canal ocurrió diez años después de aquella masacre y la bandera nacional puede ondear, Panamá sigue siendo un país obediente que hace obedecer a cualquiera que sienta injusto un sistema donde la especulación gobierna.

Así de pronto, con horror entendía y aunque era una tarde hueca, innecesaria, a la que le faltaba el júbilo de cerrar estas malas horas, recordaba a Chávez pues si este es el tiempo de la segunda y verdadera Independencia, es evidente que el combate será cerrado, doloroso, lleno de momentos de profunda incertidumbre y a veces, enviarán sus mejores hombres o se conseguirán los  más canallas hombres que hayan nacido en esta tierra para evitar que llegue el tiempo donde seamos irreductiblemente libres.

Se llama José, tiene sesenta años

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Se llama José, tiene sesenta años. Un día cualquiera, hace par de ellos, le vino un ACV. Un ictus dirían ahora los médicos. La noche antes se acostó como cualquier día y a la mañana siguiente su cerebro había sido tomado por una hemorragia. Era quirúrgica, urgente, enorme. Los médicos,  al ver la imagen se asustaban. No vieron la imagen el día que pasó porque no habían maquinas disponibles. Todas estaban apagadas, puestas, acumulando polvo en los hospitales mientras José era sólo uno más en la lista de los que la necesitaban.

Para llegar a esa escena, la médica sentada con su bata blanca en una computadora y su cara de susto habían ocurrido varias cosas antes. La familia había rogado ayuda, el seguro había rebotado y todos habían intervenido. En ese trance, incluso algunos querían creer que el drama sería la imagen.

Pero no, ese era tan sólo el comienzo. La tragedia vendría después y en vez de presentarse como un paquete para llevar, sabiéndolo todo y decidiendo rápido,  aparecía como un goteo en la medida que las cosas se conseguían.

José estaba consciente y adivinaba bien lo que ocurría. Se había convertido en un número en una lista. Necesitaba cosas que no había. La familia corrió a abrir los closets, las cajitas de cosas importantes, la sección de lo que nunca nadie usó.

Todo absolutamente todo se puso en venta pero en esos días todos ponían todo en venta y las compras estaban escasas.

Para vender, ponían todo a grandes precios o al menos así sonaba pero no había manera que eso aguantara una vuelta a la farmacia. Una casa valía menos que un par de metros de gaza.

Iban visitando hospitales. En un momento decidieron que eso era muy peligroso para José y evitaban llevarlo. Con las hojas en mano le iban contando el caso a médicos que urgidos y compungidos habían cambiado de trabajo.

Como si el último bombillo del pasillo se hubiese apagado tras languidecer, el Hospital había cambiado de naturaleza. Había gente. Mucha gente. No había mucho más que gente.

Médicos de todas las ramas habían cambiado su trabajo y se convirtieron de a poco en alquimistas. Otros redescubrieron que en curar había tanto –o más- de comprensión y cariño que de cortadas y químicos.

Ellos estaban allí, en medio de mafias increíbles. Hasta la muerte ahora parecía dominada por un personaje que encarnaba lo peor de lo raza humana. El dolor era su negocio y el personaje a veces era un simple empleados, otras veces un médico, otras, un camillero. Era un personaje omnipresente que sacaba lo poco que quedaba en los estantes y convertía lo gratuito en impagable. Era hombre o mujer. Jugaba a ser Dios o el demonio.

La esperanza comenzaba a sonar como el teléfono. La hija de José sabía que no estaba sola. Había sistemas, trabajadores sociales, instituciones de beneficencia, centros de llamadas de hospitales y farmacias.

Pero José era uno más en una lista para esos números, no para ella. Todos bajaban la cara cuando escuchaban la historia, cuando sentían la agonía, el gotero que se desparramaba en el piso cuando pasaban las horas y la salida era cada día menos esperanzadora.

Un par de señoras, entre la lástima y el gozo, querían transformar la ocasión en una epifanía. Un deber de aceptar la más rotunda derrota. El dolor de los enfermos era culpa del gobierno. Sentenciaban, ejemplificaban, insistían.

Venía el cuento macabro y repetido de la crisis humanitaria pero a punta de post verdades y de escándalos a esas señoras se le habían olvidado muchas cosas. Como que las medicinas prometidas por Madrid eran pocas y estaban vencidas; que Colombia había avanzado en su doble juego, haciéndose la vista gorda del contrabando que salía de Venezuela y bloqueando las compras de medicinas que hacía Caracas; que las farmacéuticas en su mayoría eran trasnacionales norteamericanas y Europeas; que los planes de salud muchos se hicieron con antiguos aliados como Brasil, que hoy nos apuntan.

José entonces a mi me resultaba un herido de guerra en aquella camilla. Víctima de todos estos bloqueos que nos vienen aplicando, los que causan que las maquinas no tengan repuestos, los que exacerban esa necesidad reptil de aprovechar la herida de otros para hacer, así sea falsa, alguna riqueza.

Era también un herido de la información mal comunicada, de los miedos de admitir que hace mucho tiempo, aún si nos envían embajadores o encargados de negocios, hay países que nos han declarado la guerra.

Cerraba esta nota, dolorosa, con la prensa imprimiendo las noticias. Ya Estados Unidos se olvidó de su promesa inicial de castigar personeros. Junto con Argentina vienen con todo contra PDVSA, a alguno se le olvidará también explicarnos qué significará esto para las emergencias.