Engendros

Yo no sé si todos ustedes han visto alguna vez la película de Dracula. Sin duda, algunos han leído el libro y en el universo de todos los que conocen la historia debe haber quedado la impronta de aquel hombrecillo que perseguía al Conde repitiendo “maestro”. No sé si algún especialista sabe en quien se inspiró Bram Stoker para inventar a aquel engendro, incapaz de acciones distintas a la adulación y desprovisto de un elemental código moral que le hiciera dudar ante las ordenes de su amo. Lo triste es que, sea quien fuere el modelo original, la historia política está llena de personajes que le emulan sin una pisca de vergüenza.

Nosotros, los venezolanos a esta hora presente tenemos una foto de dos buenos imitadores que andan por el mundo buscando Condes a quienes rendirle una reverencia propia que la que merecía Dracula por los ríos de sangre que han hecho correr rumbo al Mediterráneo, la reinstauración de campos de concentración en la ya no tan humanista República Francesa y quienes tienen más de una explicación pendiente por su demencial carrera guerrerista.

Una vez que la Mesa de la Unidad Democrática no ha rechazado las sanciones de Trump sobre Venezuela y que al respecto ha dado explicaciones más erráticas que el mismo cuento de la famosa abuelita, hay que mirar cual es el contexto europeo, en el que ya se ha ido apagando esa llama con la que rechazaron la elección de Trump dándose el tiempo de invitarlo a almorzar en la torre Eiffel y de celebrar par de posturas del cada vez mas aceptado mandatario. Por lo cual, es evidente que el objeto de esa gira es pedir que Europa se sume al coro de las sanciones contra Venezuela.

Ahora, veamos algunos detalles. Por ejemplo, que dos dichos diputados de un Parlamento que ellos denunciaron disuelto aparecen fotografiados en el exterior. Nadie sabe a ciencia cierta con cual cualidad si ellos denuncian que la perdieron pero esto es un asunto menor frente al hecho que dos ciudadanos, hombres, blancos y católicos, hablan en representación de un país mayoritariamente femenino, mestizo y diverso en religiones. Es un sector que siempre ha resaltado que el tatarabuelo era español o portugués, de linaje o de bodega pero finalmente extranjero.

¿Dignos de aquellas mesas, entonces? ¿En contraste con la gente de este país que merece el escarnio y la pobreza como destino como sostiene la farándula e incluso algunos miembros de la Iglesia? No es menor que aquellos miembros de la OTAN se sienten en la mesa con quienes en alguna cosa al menos se les parezca, a quienes venderían el alma por un visado que les limpie el tantito de indios que les queda en la sangre, venezolana o peruana, según cuentan.

Esa mañana, cuando pensaba en escribir mi columna una señora se me sentó al lado y me dijo “mija, el problema de este país es que todo el mundo cree que es buena gente y por eso se perdonan lo que hacen incluso antes de pensarlo“. Puede que sea o no sea el caso pero insiste, aquel que formó parte del 11 de abril en presentarse como quien va por la vida preñado de buenas intenciones, destruyendo por buena gente y verse chic, su país a su paso, como un tornado…

@anicrisbracho

Caracas

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