Por el derecho a decidir.

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Entre abogados, los votos concurrentes son las exposiciones que hacen los jueces para decir que están de acuerdo con algo pero quieren, necesitan, explicar sus razones. Porque, puede que sea importante para ellos decir que concluyendo lo mismo el razonamiento  difirió del que la mayoría de sus colegas suscribió. En este caso, yo me siento en esa silla.

El día de ayer, 20 de junio se realizó un acto público para solicitar a la Asamblea Nacional Constituyente que despenalice el aborto en Venezuela. Una especie de movida que se ve enmarcada en un mes de junio cuyo balance tiene lustros en materia de igualdad de género. El primero, la media sanción de una ley que legaliza el aborto en Argentina, y, el segundo, la entrada en vigencia de un nuevo régimen jurídico de las mujeres en Arabia Saudita que se publicita como el inicio del camino hacia la igualdad. Al menos, las que tienen carro han logrado manejar sin autorización de un hombre y con un permiso a su nombre.

El tema del aborto es un asunto complicado porque viene asociado con muchos mitos. El primero es realmente muy importante para el Derecho porque demuestra que la gente cree que las cosas no ocurren sino están en una ley o se promocionan por estar permitidas legalmente. Esto es un cuento fantástico que no tiene nada de cierto.

Si nos vamos a las historias que nos hicieron, Caín mató a Abel antes que se tuviera noticia de un Código Penal que incluyera el homicidio y nadie duda que eso fue un homicidio y lo mismo ocurre con muchas cosas. No porque la gente de un mismo sexo no se pueda casar no existen parejas homosexuales, y, la proscripción del aborto no genera que no se practique. Al contrario, si se prohibió fue porque se practicaba.

La prohibición absoluta que existe en el país ignora muchas cosas y la principal es que los embarazos no son todos historias deseadas, en condiciones seguras para el bébé y la madre. Puede un embarazo derivarse de un incesto o de una violación; puede poner en riesgo la vida de la madre o de la criatura, o de ambas.

De igual forma, la clandestinidad del embarazo y los métodos “artesanales” con los que se realizan son la causa por la cual, las mujeres que se los realizan suelen tener complicaciones que afectan su salud o pueden acarrear su muerte, y aquí, el aborto es un asunto de clases sociales porque la seguridad y salubridad del mismo dependerá del estatus de la persona que lo requiera.

Con estos argumentos en líneas gruesas es que el tema se ha planteado como un asunto de derechos humanos, que se le ha cambiado el nombre en muchos países, por ejemplo en Francia se abandono este pesado vocablo y se habló de la “interrupción voluntaria del embarazo” Igv, por sus siglas en francés, como manera de quitar toda la carga de cuestionamiento moral que viene emparejada al tema del aborto.

Ahora, regresando a Venezuela, a la esquina del edificio la Francia de Caracas donde se realizó la concentración, yo no puedo sino sentir que nosotros seguimos nuestra tradición de hacer las cosas de una manera inconexa.

El aborto o la interrupción del embarazo, legal o no legal, tiene que ser la última alternativa que tenga una persona porque realizarlo siempre tendrá riesgos e impactos para la salud y para el espíritu. Por ende, es un poco extraño la ausencia de un debate serio sobre el tema del acceso a la anticoncepción y a la educación sexual.

Se suponen que estas son las dos maneras de evitar que una persona llegue a tener que necesitar un aborto y la primera, está seriamente limitada por el estado actual del sistema de salud y las farmacias. El segundo se sigue limitando a una charla sonrojada en segundo año de bachillerato.

Si usted desliza el dedo con frecuencia por la prensa nacional verá extremadamente pocas noticias sobre el tema de los anticonceptivos y si lo pasa por la hoja de publicidades, públicas o privadas, verá muy poca información sobre educación sexual.

Hoy usted verá que al no hablarse de ninguna de estas dos cosas, el país tiene una línea de trabajo gubernamental permanente en materia de parto humanizado y una, línea política que comienza a hablar del aborto.

¿Estamos viendo el mundo desde el día después? Parece que a la sexualidad en Venezuela le seguirían entonces dos únicos destinos: parir o abortar, cuando en el medio está un derecho fundamental y una de las mejores facetas de la vida humana: la sexualidad libre, plena y responsablemente vivida.

Por eso mi voto es concurrente. Creo en el derecho a la sexualidad como una de las cláusulas que no han sido desarrolladas, uno que debe ejercerse desde nuestra naturaleza y deseos; creo que tenemos que mirar cuál es la situación del acceso permanente, ininterrumpido y programado a los anticonceptivos que cada quien elige por su preferencia y salud; tenemos que valorar cuáles son las alternativas para palear una enorme maternidad adolescente no deseada y con ello evitar los abortos, los cuales si han de ser no deben ser un riesgo para la mujer pobre, como tampoco debe serlo el parto, el cual requiere mucho más que salas bonitas para ser humanizado.-

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