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campo, Libros, Venezuela

Casas Muertas Miguel Otero Silva

Leí, creo que como todos los adolescentes de este país, Casas Muertas en bachillerato. No recordaba absolutamente nada de ese libro, creo que como todos los adultos de este país. De hecho, en los últimos tiempos donde está de moda no querer saber ni hacer por Venezuela, siento una necesidad enorme de saber más. De llenarme de las palabras que dice mi gente y de las historias, en literatura o en historiografía, de nuestro país. Así fue que volví a leer este pequeño libro blanco, letras grises y una foto de casas que bien podían ser de Coro a primera vista. Vi de hecho que hace unos meses quisieron tomar algunos de los pasajes dolorosos del libro para hacer un paralelismo en ese momento, de paludismo y gomecismo, con el presente. No es un ejercicio muy difícil aunque no creo que sea muy justo tampoco. Hay hermosos pasajes de resistencia, no política sino vital en aquél libro, sobretodo en la niña Carmen Rosa que estaba “tercamente afanada en construir algo mientras a su alrededor todo se destruía” o en la Señorita Berenice que se empeñaba en abrir una escuela en la que cada vez habían menos niños.

Sin duda, Carmen Rosa con sus ganas de vivir y vivir su pueblo, haciendo una vida mediante recuperar la vida en los cuentos del pasado donde casi todos están muertos o derrotados, demuestra cómo la inteligencia se sobrepone a la tragedia. Ella, al final, perseguida pero no alcanzada por la muerte medita y siente emoción en saber que también se puede “ir levantando la casa con las propias manos en medio de una sabana donde solamente hay tres casas más, que mañana serán cinco, pasado mañana diez y después un pueblo entero”. Lo que resulta “más maravilloso que sembrar las matas de un jardín.”

Aquel texto obligatorio resultó entonces ahora, un espejo que tiene además una alegría adicional. Aquél pequeño pueblo abandonado, Ortiz, sigue existiendo en Guárico donde se levantó aunque la exploración petrolera había declarado su muerte. Esa es una imagen preciosa, extra, que deja ese texto de 1955 adornado además de palabras que no son rebuscadas ni fingidamente simples sino inusuales pero hermosas como: Cuchufleta, cimbreña. Jerigonzas, sorna, gredosas, aguaitacaminos o cundeamor.

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ABC de política, Diversidad, Libros, Sexualidades

Glosario de la Diversidad Sexual

  1. Orientación sexual: Capacidad de sentir una profunda atracción emocional, afectiva y sexual por otras personas. Según esta atracción esté dirigida a personas de un género diferente o igual al propio, o a ambos, se habla de hétero, homo o bisexualidad.
  2. Identidad de género: Vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente profundamente, la cual podría corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento. No debe confundirse con la orientación sexual, de la que es independiente, puesto que las personas trans pueden ser hétero, homo o bisexuales.
  3. Expresión de Género: Exteriorización de la identidad de género de una persona, incluyendo la expresión de la identidad o la personalidad mediante el lenguaje, la apariencia y el comportamiento, la vestimenta, las características corporales, la elección del propio nombre, etc.
  4. Trans: Expresión genérica que engloba a travestis, transexuales y transgéneros. Debe tenerse en cuenta que estas categorías no son completamente excluyentes y que por diferentes motivos su significado varía entre países, incluso entre hispanohablantes.
  5. Transgénero: Persona cuya identidad y/o expresión de género no se corresponde necesariamente con el género asignado al nacer, sin que esto implique la necesidad de cirugías de reasignación u otras intervenciones de modificación corporal. En algunos casos, no se identifican con ninguno de los géneros convencionales (masculino y femenino).
  6. Travesti: En general, persona a la cual le fue asignada una identificación sexual masculina al nacer, pero que construye su identidad de género según diferentes expresiones de femineidad, incluyendo en muchos casos modificaciones corporales a partir de prótesis, hormonas, siliconas, etc., aunque, en general, sin una correspondencia femenina en lo genital.
  7. Transexual: Persona que construye una identidad de género (sentimientos, actitudes, comportamientos, vestimenta, entre otros aspectos) diferente a la que le fue asignada en su nacimiento. En muchas oportunidades requieren para la construcción corporal de su identidad tratamientos hormonales y/o quirúrgicos incluyendo intervenciones de reconstrucción genital.
  8. Interesex/Intersexual: Persona cuyo cuerpo sexuado (sus cromosomas, gónadas, órganos reproductivos y/o genitales) no encuadra dentro de los estándares sexuales masculinos ni femeninos que constituyen normativamente la diferencia sexual promedio. Tradicionalmente se ha utilizado el término «hermafrodita», hoy desaconsejado.

Tomado de:

PROTOCOLO DE ACTUACIÓN PARA FUERZAS DE SEGURIDAD EN RELACIÓN CON LA POBLACIÓN DE LESBIANAS, GAYS, BISEXUALES Y TRANS

JP Sartre
ABC de política, Libros, Migración

Extractos de Jean Paul Sartre Prefacio a Frantz Fanon Los condenados de la tierra

1

…el Tercer Mundo se descubre y se expresa a través de esa voz. Ya se sabe que no es homogéneo y que todavía se encuentran dentro de ese mundo pueblos sometidos, otros que han adquirido una falsa independencia, algunos que luchan por conquistar su soberanía y otros más, por último, que aunque han ganado la libertad plena viven bajo la amenaza de una agresión imperialista. Esas diferencias han nacido de la historia colonial, es decir, de la opresión.

2

Si triunfa, la Revolución nacional será socialista; si se corta su aliento, si la burguesía colonizada
toma el poder, el nuevo Estado, a pesar de una soberanía formal, queda en manos de los  imperialistas

3

(citando a Fanon) …hermanos de África, de Asia, de América Latina: realizaremos todos juntos y en todas partes el socialismo revolucionario o seremos derrotados uno a uno por nuestros antiguos tiranos.

4

El colono no tiene más que un recurso: la fuerza cuando todavía le queda; el indígena no tiene más que una alternativa: la servidumbre o la soberanía.

5

Pero, dirán ustedes, nosotros vivimos en la Metrópoli y reprobamos los excesos. Es verdad, ustedes no son colonos, pero no valen más que ellos. Ellos son sus pioneros, ustedes los enviaron a las regiones de ultramar, ellos los han enriquecido; ustedes se lo habían advertido: si hacían correr demasiada sangre, los desautorizarían de labios afuera; de la misma manera, un Estado —cualquiera que sea— mantiene en el extranjero una turba de agitadores, de provocadores y de espías a los que desautoriza cuando se les sorprende. Ustedes, tan liberales, tan humanos, que llevan al preciosismo el amor por la cultura, parecen olvidar que tienen colonias y que allí se asesina en su nombre.

6

Nuestra fuerza de choque ha recibido la misión de convertir en realidad esa abstracta certidumbre: se ordena reducir a los habitantes del territorio anexado al nivel de monos superiores, para justificar que el colono los trate como bestias. La violencia colonial no se propone sólo como finalidad mantener en actitud respetuosa a los hombres sometidos, trata de deshumanizarlos. Nada será ahorrado para liquidar sus tradiciones, para sustituir sus lenguas por las nuestras, para destruir su cultura sin darles la nuestra; se les embrutecerá de cansancio. Desnutridos, enfermos, si resisten todavía al miedo se llevará la tarea hasta el fin: se dirigen
contra el campesino los fusiles; vienen civiles que se instalan en su tierra y con el látigo lo obligan a cultivarla para ellos. Si se resiste, los soldados disparan, es un hombre muerto; si cede, se degrada, deja de ser un hombre; la vergüenza y el miedo van a quebrar su carácter, a desintegrar su persona.

7

Golpeado, subalimentado, enfermo, temeroso, pero sólo hasta cierto punto, tiene siempre, ya sea amarillo, negro o blanco, los mismos rasgos de carácter: es perezoso, taimado y ladrón, vive de cualquier cosa y sólo conoce la fuerza.

8

Ustedes saben bien que somos explotadores. Saben que nos apoderamos del oro y los metales y el petróleo de los “continentes nuevos” para traerlos a las viejas metrópolis. No sin excelentes resultados: palacios, catedrales, capitales industriales; y cuando amenazaba la crisis, ahí estaban los mercados coloniales para amortiguarla o desviarla. Europa, cargada de riquezas, otorgó de jure la humanidad a todos sus habitantes: un hombre, entre nosotros, quiere decir un
cómplice puesto que todos nos hemos beneficiado con la explotación colonial. Ese continente gordo y lívido acaba por caer en lo que Fanon llama justamente el “narcisismo”.

Cocteau se irritaba con París, “esa ciudad que habla todo el tiempo de sí misma”. ¿Y qué otra cosa hace Europa? ¿Y ese monstruo supereuropeo, la América del Norte? Palabras: libertad, igualdad, fraternidad, amor, honor, patria. ¿Qué se yo? Esto no nos impedía pronunciar al mismo tiempo frases racistas, cochino negro, cochino judío, cochino ratón. Los buenos espíritus, liberales y tiernos —los neocolonialistas, en una palabra— pretendían sentirse asqueados por esa inconsecuencia; error o mala fe: nada más consecuente, entre nosotros, que un humanismo racista, puesto que el europeo no ha podido hacerse hombre sino fabricando esclavos y
monstruos. Mientras existió la condición de indígena, la impostura no se descubrió; se encontraba en el género humano una abstracta formulación de universalidad que servía para
encubrir prácticas más realistas: había, del otro lado del mar, una raza de subhombres que, gracias a nosotros, en mil años quizá, alcanzarían nuestra condición. En resumen, se
confundía el género con la élite.

9

Nuestros caros valores pierden sus alas; si los contemplamos de cerca, no encontraremos uno solo que no esté manchado de sangre. Si necesitan ustedes un ejemplo, recuerden las grandes frases: ¡cuan generosa es Francia! ¿Generosos nosotros? ¿Y Setif? ¿Y esos ocho años de guerra feroz que han costado la vida a más de un millón de argelinos? Y la tortura. Pero comprendan que no se nos reprocha haber traicionado una misión: simplemente porque no teníamos ninguna. Es la generosidad misma la que se pone en duda; esa hermosa palabra cantarina no tiene más que un sentido: condición otorgada. Para los hombres de enfrente, nuevos y liberados, nadie tiene el poder ni el privilegio de dar nada a nadie. Cada uno tiene todos los derechos. Sobre todos; y nuestra especie, cuando un día llegue a ser, no se definirá como la suma de los habitantes del globo sino como la unidad infinita de sus reciprocidades. Aquí me detengo; ustedes pueden seguir la labor sin dificultad. Basta mirar de frente, por
primera y última vez, nuestras aristocráticas virtudes: se mueren; ¿cómo podrían sobrevivir a la aristocracia de subhombres que las han engendrado? Hace años, un comentador burgués —y colonialista— para defender a Occidente no pudo decir nada mejor que esto: “No somos ángeles. Pero, al menos, tenemos remordimientos.” ¡Qué
declaración!

Howard Zinn
ABC de política, imperialismo, Libros

Howard Zinn: Pasajes de “Nadie es neutral en un tren en marcha”

I.-

Nuestros héroes militares –Andrew Jackson, Theodor Roosevelt- fueron racistas, exterminadores de indios, amantes de la guerra e imperialistas. En cuanto a nuestros presidentes más liberales –Jefferson, Lincoln, Wilson, Roosevelt, Kennedy-, estaban más interesados en el poder político y en la grandeza nacional que en los derechos de la población que no era blanca.

Los héroes de la historia eran, para mí, los granjeros de la Rebelión de Daniel Shays (Shays’ Rebellion), los abolicionistas negros que violaron la ley para liberar a sus hermanos y hermanas, los que fueron a la cárcel por oposición a la Primera Guerra Mundial, los trabajadores que organizaron huelgas contra el poder de las corporaciones desafiando a la policía y a la milicia, los veteranos de Vietnam que se manifestaron abiertamente contra la guerra, las mujeres que reclamaban un nivel de igualdad para su sexo en todos los órdenes de la vida.

II.-

El individuo es el elemento indispensable y a lo largo de mi vida he encontrado multitud de esos individuos, gente sencilla y gente extraordinaria, gente cuya simple existencia ya me infunde esperanzas.

III.-

Cuando fui profesor no pude ocultar a mis alumnos las experiencias que había vivido. A menudo me he preguntado cómo se las arreglan muchos profesores para pasar un año con un grupo de estudiantes sin revelarles nunca quién son, qué vida llevan, porqué piensan como piensan o qué esperan conseguir, sin decirles hasta donde aspiran que lleguen sus alumnos y el mundo en general.

IV.-

Nunca en mis clases he ocultado mis ideas políticas, el odio que me inspira la guerra y el militarismo, la indignación que me produce la desigualdad por cuestiones de raza, mi fe en el socialismo democrático, en la distribución racional y justa de las riquezas del mundo. Siempre he declarado que aborrezco la arrogancia bajo todas sus formas, tanto si son naciones fuertes  como débiles las que sacan provecho  de ella, tanto si se trata de gobiernos que exploran a los ciudadanos como empresarios que explotan a los trabajadores, ya sean de derechas o de izquierdas, porque se arrogan el monopolio de la verdad.

V.-

Esta combinación de activismo y enseñanza, esta insistencia en el hecho de que la educación no puede ser neutral en los momentos más comprometidos de nuestro tiempo, este movimiento pendular entre la clase y las luchas en la calle de aquellos profesores que esperan que sus alumnos hagan lo mismo, es algo que ha asustado siempre a los guardianes de la educación tradicional. Prefieren que la educación se ciña a preparar a la nueva generación para que ocupe el lugar que le corresponde en el antiguo orden,  no que lo ponga en cuarentena.

VI.-

Todo el mundo es susceptible de cambiar cuando las circunstancias cambian. El cambio podía ocurrir tan sólo en respuesta a los propios intereses, si bien aquel era un cambio que conduciría a otros cambios más profundos en la manera de pensar y de conducirse.

VII.-

Que a uno lo despidan del trabajo presenta algunas de las ventajas de la muerte sin la desventaja suprema: la gente dice de ti cosas maravillosas y puedes oírlas.

VIII.-

Cuando un grupo que ha sufrido unos perjuicios se percata de que tiene que confiar sólo en sí mismo, aun cuando este convencimiento pueda ir acompañado de amargas pérdidas en un sentido inmediato, a la larga se fortalece para luchas futuras.

IX.-

Las cosas malas que ocurren no son más que repeticiones de cosas malas que han ocurrido siempre: la guerra, el racismo, los malos tratos a las mujeres, el fanatismo religioso y nacionalista, el hambre. Lo bueno, en cambio es lo inesperado.

X.-

La gente no es violenta o cruel o ambiciosa por naturaleza, pero puede cambiar y serlo. Los seres humanos de todo el mundo quieren las mismas cosas, se conmueven cuando ven niños abandonados, familias sin casa, los muertos que causa la guerra. Ansían la paz, aspiran la amistad y el afecto por encima de fronteras de raza y nacionalidad.

El cambio revolucionario no se produce como un cataclismo, sino como una interminable sucesión de sorpresas, un movimiento en zigzag pero que tiende a una sociedad mas decente.

No es preciso comprometerse en acciones grandiosas o heroicas para intervenir en el proceso de cambio. Actos modestos multiplicados por millones de seres humanos pueden transformar el mundo.

La esperanza en los momentos malos no es romanticismo desatinado. Se basa en el hecho de que la historia de la humanidad no está tan sólo hecha de crueldad sino también de compasión, sacrificio, valor, afecto.

En esa historia tan compleja lo que decidirá nuestras vidas será aquello a lo que demos más importancia. Si sólo vemos lo peor, destruirá nuestra capacidad de actuar. Si recordamos aquellos tiempos y lugares –los hay y muchos- en los que la gente se ha comportado de manera magnífica, nos infundirá energía para actuar y nos brindará como mínimo la posibilidad de proyectar la peonza en una dirección diferente.

 

Y si actuamos, por poco que sea lo que hagamos, no será preciso esperar ningún futuro utópico y grandioso. El futuro no es más que una sucesión infinita de presentes y vivir ahora como pensamos que deberían vivir los seres humanos, desafiando todo lo malo que nos rodea, es ya de por sí una maravillosa victoria.