Sombras de la violencia de género.

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Esta semana, en específico, el sábado es el Día Internacional contra la Violencia hacia las mujeres. La fecha es una de las tantas que ha dedicado las Naciones Unidas a los asuntos que afectan la vida, la  integridad o la felicidad de las personas. Las mujeres somos esa mitad de la humanidad que hemos ido sorteando las barreras que a nuestro desarrollo las culturas y las religiones han impuesto.

En Venezuela ya hace par de días que inició una campaña gubernamental sobre la materia que prende de morado el recuerdo y el rechazo, acompañado de algunas iniciativas privadas que volverán a poner el tema sobre la mesa.

¿Un día para la no violencia? ¿De dónde nace? ¿Por qué se mantiene? ¿Qué logros ha tenido la política pública y la praxis judicial en la materia? Estas son preguntas que quedarán descuidadas frente a las campañas que se bastarán diciendo que golpear –y dejarse golpear- está mal.

Aunque esto sea verdad el tema de la violencia de género nos llama a asuntos que son a la vez más profundos y más cotidianos porque hay tanto antes, durante y después del golpe, que incluso hablar sólo de golpes es ignorar una elipse de sufrimiento naturalizada.

El asunto de la violencia comenzará en la casa, en la manera de seleccionar los juegos y los roles, caminará junto a la niña a la escuela con las reglas de apariencia del colegio, irá con ella a la universidad con los piropos y se enraizará en el tema de la sexualidad.

La sexualidad y la violencia tienen mucho que ver: la sexualidad del hombre se exhibe y de la mujer se cohíbe; las consecuencias del sexo son sólo pesadas para la mujer lo que ocurre en un mundo que juzga y premia por lo mismo. La mujer será completa, será señora, sólo cuando ese capítulo haya sido cumplido.

Una mujer es una madre o no es mujer.  Cuando no lo es , se convierte en un ser en largo e inacabado proceso de formación sin objeto aparente para vivir. Le faltará ese apellido que indicará “de quién es”, no tendrá quien “le represente”, será la tía solterona, la dueña de los gatos, a la que se le mueren las matas.

Esta línea será la causa de la risa incomoda de muchos y ese es el primer dardo que quiero lanzarles, el asunto de la violencia es ante todo un tema que deriva de la igualdad.

No nos pongamos muy profundos, igual significa  tener la misma naturaleza, cantidad, calidad, valor o forma que otra u otras personas o cosas, compartir con ellas cualidades o características comunes o parecidas, y nuestra historia nace de la idea de la desigualdad.

Manda el rey, obedece el señor, sufre el vasallo, no existe el esclavo. Ese esquema no es ni tan viejo ni completamente superado. No son iguales, el derecho romano que repetimos hasta hoy como la cuna de nuestra sociedad,  distingue a sus sui iuris sentados encima y no al lado de los alieni iuris, a los que pertenecen las mujeres.

La igualdad es un largo camino de sacrificios. Un proceso de dudas en la concepción del mundo porque quizás Teresa Carreño tan virtuosa ella, no necesitaba un marido para hacer la música más maravillosa que el país recuerde.

La igualdad de género pasa por las clases, menos que sus hermanos las mujeres de la aristocracia o de la burguesía eran y son, más cultas y más libres que las de las clases emergentes. Esa es la razón por la cual feminismo y socialismo sino son sinónimos son proyectos que se contienen.

La igualdad se vende como un concepto alcanzado porque hoy las mujeres pueden conducir, pueden estudiar, pueden trabajar, pueden votar…, pero para que la igualdad pública sea real falta el tema pendiente de la igualdad privada que hace la diferencia sobre la capacidad de ascenso, permanencia y perfección en el mundo laboral.

Por ende, el asunto no se ha logrado y muchas viven las consecuencias. El hijo nacido de su madre es muchas veces un hijo habido en soltería, independientemente de los anillos que digan lo contrario. Las responsabilidades sobre escoger y llevar la familia son definitivas para el plano real.

La violencia es como esa agua que se cuela por cualquier hendija, adopta primero la forma de cansancio y de agobio. La incapacidad de avanzar o el deber de sufrir pesos mayores, sea cual sea la forma de vida decidida.

Se pega como el barro a los zapatos nuevos porque nacida en ese esquema acompaña a la persona en las distintas dimensiones de su vida y es un producto cultural, justificado, invisible.

En el presente y a mayor desarrollo profesional de la víctima la violencia avergüenza, la víctima pasa por el complejo proceso de que le sea explicada que en la selección de la pareja ella se convirtió en culpable de aquello le ocurriera.

La violencia son todas estas cosas donde no ha habido un sólo golpe. Es una construcción de vida donde la propia existencia no se entiende sino en dependencia.

Es la guerra por la propiedad individual, permanente, inmodificable sobre el otro que lleva a odiar a todas las aparentes o potenciales rivales. Es la vida dividida entre esposas y potenciales zorras, atacantes, otras… Una concepción de pareja que no implica el respeto entre quienes se unen sino de quienes les rodean y que son siempre otras mujeres.

La relación no se teje de iguales con deberes de solidaridad y respeto, se teje como barrera a la otra a quien le hemos ganado la carrera. Es esa mezcla pasmosa de odios que se llevan a la cama y  que se prolongan por teléfono.

Esa acción de control de las llamadas, del no me parece, del no le hables.

El camino a la no violencia pasa por iluminar las sombras, mirar su vida y pensar las relaciones que llevamos con los masculinos, con las femeninas. Por eso no basta con poner imagenes y versiones de ese caso que simplificado siempre plantea  “si te golpea denuncia”.

En Venezuela el asunto estadistico sigue siendo escaso pero estudios internacionales van hablando de algunas verdades:

  • Si la paridad ha mejorado la violencia no ha bajado. Para algunos la violencia resucita en el duelo del privilegio perdido (el no atender el hogar, el espacio homosocial, el mito del hombre exitoso, etc).
  • Los femicidios se producen en personas que han denunciado principalmente malos tratos, amenaza y violencia psicólogica y no siempre hacen una escala en la violencia física.
  • La tecnología favorece y facilita la violencia que ahora tiene todo un nuevo campo con las formas de amenaza y extorsión que se relacionan con vídeos y fotografías, y, las de control que se sirven de los estados, de los reportes de conexiones, o, de los mapas de ubicación para limitar la libertad de la pareja.

Nos faltan los datos para contarnos cuáles son las verdades en nuestra Venezuela, ahora plagada de violencia económica y que todavía conserva su obsesión con la imagen física y eso, quizás, también es una forma de violencia que no será denunciada esta semana.

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Para leer la odiada ley contra el odio

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Hace muchos años que camino esta frontera. Esta especie de separación o suma del espacio de lo político y lo pedagógico con lo jurídico. Muchas veces sentí en una frase de Giselle Halimi la justificación de lo que hago porque ella decía que el abogado ha de hacer del Derecho su arma de militancia. Así empezó esto, allá en el 2007 cuando nacía la Ley sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y ha seguido hasta el día de hoy.

Siempre que una ley nueva llega a mi espacio es porque la misma nace apuñalada desde la cuna. Los visitantes, los receptores, no acuden cargados de globos azules sino de puñales a justificar, irónicamente o no, las mismas cosas. Por eso, les hablo de esta frontera porque a la llegada de una ley surge una urgencia primero comunicacional y fundamentalmente pedagógica.

Se trata del deber de “desalambrar” aquella criatura y dársela a sus verdaderos dueños tal y como es, como ha de ser.

Hace par de días que la Asamblea Nacional Constituyente presentó la Ley Constitucional Contra El Odio, Por La Convivencia Pacífica y La Tolerancia, sobre la cual escribiré con mas profundidad en el futuro porque yo había manifestado mis preocupaciones y aspiraciones sobre el instrumento así como me quedan aún muchos temas que aclarar o al menos que decidir para poder regalarles esa lectura en clave o en defensa que en estos momentos está en mí aun incompleta.

Pero nació la ley, como es tradicional para las leyes importantes de la revolución, una tarde plúmbea en medio de la balacera. Ya es el tema favorito de los programas de humor y de las cadenas de whatsapp que lo trivializan considerando ridículo que la gente deba cuidar lo que dice.

Ese es el primer recordatorio para todos los que andan con la memoria corta porque algunos incluso parece que creen que las leyes de Chávez pasaron todas facilito en medio del acuerdo respetuoso de los señores del Valle. Pausa, soplemos en los recuerdos…

¿La temible ley mordaza? ¿Se acuerdan? De solo nombrarla temblaban todos. Ahora resulta que ni con dos reformas fue suficientemente dura como para impedir que a las mujeres se les trate como objetos, se llame desde la radio a la guerra o salgan reflejados los valores de lo afirmativo venezolano al menos de vez en cuando sobre alguna pantalla.

No había en Caracas un taxista que no estuviera asegurando que había llegado el fin del mundo cuando la Asamblea Nacional se le ocurrió que las mujeres podían vivir sin violencia. Más de uno hizo su revuelta y se metió al bolsillo el cepillo de dientes no fuera a ser que esa noche se les volviera loca la vieja…

Entonces, como pasó en ese entonces ahora es tiempo de tomarnos las cosas y leerlas por nosotros mismos. Leer el derecho es primero tomar las palabras en su significado común, luego en su relación con otras normas y finalmente con la realidad.

En mi comentario previo a la versión borrador que circuló yo sostuve que para mí habían varios puntos que tratar, el primero era la afirmación de la existencia de las personas como un derecho. Existir siendo quienes son.

Siendo caraquistas, magallaneros, gorditos, flaquitos, tuertos, mudos, brillantes, flojos, promiscuos, religiosos, bullangueros o callados. El enfoque de la ley no es exactamente ese sino que responde a nuestra tradición de tomarnos un atamel porque vivimos atacando las fiebres. Es una ley que resulta de una severa fiebre de violencia desatada. Ese es el otro elemento, nosotros estamos partiendo de una ley que no está haciendo un acto de imaginación sino de memoria.

La memoria es una fuente válida según los manuales de Derecho y también según el saber popular que advierte que quienes no conocen la historia están condenados a repetirla. Los manuales sobre Derechos Humanos establecen esta como una de las primeras formas de garantizar derechos humanos, el adoptar medidas administrativas o legales que reparen, repongan e impidan que lo que ocurrió se repita.

A esto súmele usted otro componente y es el escándalo internacional. Uno de los que más han circulado por la web es el comentario de la RELE, la Relatoría de la Libertad de Expresión de la OEA, sin hacer tanto énfasis en que esta oficina dedica una sección permanente a estar en estado de alarma por Venezuela.

En el plano internacional pondremos sólo dos recuerdos. El primero el ejercicio del Tribunal Penal Especial para Ruanda que admitió y condenó en consecuencia a una radio porque se dedicó tan eficientemente a convencer a la mitad de un país que la culpa de todo era de la otra parte que la ONU inactiva e indiferente al momento de los hechos llora hoy no sabe si 800.000 o 2.000.000 de personas muertas.

La regulación y prohibición del odio no es un asunto novedoso. Por un lado, Rousseau pensaba que la ciudadanía era una forma de religión basada en el amor por lo nacional. Por otro, nada importa mas que evitar la discriminación cuya génesis es el odio, nada, al menos desde 1945.

Justo por eso, es Alemania el país más activo en la materia demandando y llamando a capítulo a todos quienes promuevan o difundan espacios que cuestionen las bases del pacto social de la posguerra. Facebook lo supo hace pocos meses. También este tema aparece en España y no está tan lejos de todos los sistemas que protegen a los países de la difusión web o personal de las ideas radicales, el fundamentalismo o el terrorismo.

Como ven, cierro mi comentario sin leerles la ley. Este es un trabajo común, porque la ley ya es la ley y en ella tendremos nuevas reglas del juego que ameritan conocerlas, criticarlas y entenderlas.

Miss Feminista y eso…

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Hacía seguramente una década que yo no veía el Miss Venezuela. Las razones sobran y la ideología es mucho menos importante que mi poca afición por la televisión. Creo que sólo vi antes, como esa noche, ese programa por alguna presión social. Esta vez, la familia en casa y yo sin cable, evidentemente.

Aquel espectáculo dio la impresión de las últimas horas de luz de un bombillo. Era una imagen patética incapaz de generar en uno más que una fastidiada resignación. Fue casi un velorio de otra época y pa’ allá y pa’ cá con la nostalgia de los ochenta y la sensación de bolsillos rotos del presente.

Pero aquella tristísima cosa que alternaba la lista de artistas que venían cuando la cosa estaba buena y unos bailes de fin de año de escuela le picó el ojo a un concurso mucho menos conocido, el Miss Perú, que ha logrado conquistar la fama que no ha obtenido por la belleza al incorporar un par de líneas que leyeron cada una de aquellas concursantes.

Han matado a tantas dijo una; han golpeado a tantas otras…; la lista era fría pero quedaba bien en la ola de hablar de  la violencia pero nadie que conozca algo del tema podría evitar sospechar que no era más que una estrategia pobre de marketing para quitarse la muy merecida denuncia que los concursos de belleza son en sí mismos una forma de violencia.

¿Qué es esto de la violencia? No en el pasado ni en el libro sino en el ahora. Es un tema que se ha vuelto rentable y aparece en el teatro o en la televisión hasta en el Miss Venezuela como una manera de ser políticamente correcto. Obviamente, no practicarla sino denunciarla.

Si todos sabemos que aquello es una cosa mala, la más frecuente de las violaciones a los derechos humanos según dijo Kofi  Annan pocos sabemos que se ha convertido casi en un impuesto porque a mayor igualdad de género ocurre mayor violencia. De modo, que algunos ubican el problema en la incomodidad que le produce a algunos defensores y defensoras del patriarcado ver transformarse las relaciones de poder que sienten naturales.

En Venezuela este asunto es también un misterio. Uno que se solapa en que, como dijo Domingo Alberto Rangel, el único secreto en un país de chismosos es el número real de las víctimas de la delincuencia porque, en sentido simple, los actos de violencia son también delincuencia.

Pero aquí ya yo voy poniendo un asterisco. Un desaire a las compañeras que leen esto con el incendio que producen los panfletos que apoyan nuestras causas. La violencia de género no es un acto deliberado y permanente, sin motivaciones coyunturales, que sólo cometen los hombres.

Piensen lo que piensen los que fijan los criterios, es violencia de género la crianza de niñas para atender a hombres, es violencia de género las normas de comportamiento sexuadas y el aprendizaje de la sumisión de la mujer al marido y el disimulo del cuerpo.

El cuerpo que es como es, que sangra, que suda, que cambia. El mundo que tiene amarras en el pasado que se fijan en casa. El detonante que cargamos, hombres y mujeres, que creemos que los otros son objetos y son nuestros.

Por nuestro derecho de propiedad, que para muchos consciente o inconsciente el más sagrado, podemos eliminar el derecho a la amistad, a la comunicación, al esparcimiento o a la soledad. Creemos que el sí o el no se dan de contado para el sexo, el amor o la sociedad.

Nada amenaza más a estos temas que el convertirse en moda. La violencia no se combate señalando afuera sino mirando adentro, los no y los si, los absolutos y los relativos, lo dicho y lo callado.

O pensamos o muy pronto nos desbordaran las Miss Feministas y las feministas opresoras o algunos otros seres extraños.

Aquí seguiremos preguntando por la paridad política, por el derecho a conservar nuestro cuerpo, escoger nuestra sexualidad, pisar con nuestros zapatos, denunciar lo que se justifica y negarnos a usos malintencionados de los juzgados.

Claves del caso Guevara

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La llegada de Freddy Guevara a la Embajada de Chile es un hecho que viene a continuar una larga lista de asilos y otras aventuras que se viven en territorio diplomático.Por ello, más de uno viendo la situación se pregunta si esto se parecerá al caso de Julián Assange y otros, recuerdan algunas frases que soltaran algunos personajes en el golpe de 2002 cuando aseguraban que si algún chavista llegaba a la Embajada de Cuba pues “tendría que comerse las alfombras”.

Ahora bien, siendo que no queda duda alguna que este es otro de los grandes casos judiciales y políticos del año 2017 en Venezuela nos proponemos a continuación dejar unas “Claves” que nos permitan ubicarnos sobre qué es, porqué se da y cómo se dio el “caso Guevara”.

Lo primero a retener es que las embajadas, por normas de Derecho Internacional, son un espacio tan grande como una casa de territorio extranjero en otro país. En consecuencia, es un lugar donde el poder público nacional no puede irrumpir.

Eso lo entiende la Venezuela bolivariana incluso cuando a Chile se le han olvidado muchos temas elementales del derecho internacional, tan sencillos como el derecho a la autodeterminación de los pueblos o la igualdad jurídica de los Estados o el deber de respetar las decisiones de un gobierno porque finalmente, es soberano.

Si lo ha olvidado es porque Chile es uno de los gobiernos que desde la OEA hasta las reuniones con Trump ha sido más activo en la campaña en contra del Presidente Nicolás Maduro lo que no genera mucha sorpresa porque en definitiva, después de que Pinochet tomara la Moneda los cambios políticos en Chile han sido, digamos, de mínima intensidad.

La situación de Guevara, para propios y extraños, la podemos resumir mirando que este personaje forma parte de la Generación del 07,  que es un grupo de estudiantes mayoritariamente de universidades privadas y católicos que ha buscado y mutado en la revuelta en contra de la Revolución Socialista.

Guevara llegó a la política venezolano asociado a historias como las de las manitos blancas. Luego, se constituyó en el segundo a bordo del partido de extrema derecha Voluntad Popular, cuyo principal representante fue judicializado en el 2014 al ser la cabeza del plan de “La Salida” como mecanismo sin regreso para sacar por presión de calle al chavismo de la Presidencia.

La noción de “presión de calle” a la venezolana, en estos tiempos, no podemos darla como sinónimo de lo que significa en otros países sino que debemos entenderla como la acción sistemática de impedir que la gente continúe su vida, mediante el cierre de las calles, las avenidas y los accesos a las principales vías.

Esto es la guarimba, una especie de autosecuestro de algunos y de privativa de libertad generalizada para los otros. Sin duda alguna, es un proceso mediante el cual la oposición determina una suspensión de garantías para el gobierno, sus afines y aquellos que no obedezcan sus instrucciones.

En el contexto 2017, las acciones fueron particularmente violentas doblando el número de muertes fatales del 2014 y entrando a nuevas prácticas que incluyeron el acoso a las instalaciones militares y la acción sistemática en contra de quienes fueran considerados adversos. Hablamos de un asecho a un maternal, de una “huelga” con urnas sacadas de un cementerio, de la quema de casas, del linchamiento de jóvenes que tenían credenciales militares o “pinta de chavistas”, etc.

La convocatoria a estas acciones se desarrollaba principalmente por internet llamando a manifestaciones que con el tiempo se convertían en verdaderos campos de batalla. Por no entrar al asunto precariamente definido de los trancazos y plantazos que desde el twitter se convocaban, disponiendo que la gente no saliera o no dejara salir, no se desplazara o no dejara que otros lo hicieran.

Ese hecho viral es para el derecho un hecho público notorio y comunicacional. Si a esto usted todavía no tuviera mucha certeza de un liderazgo claro, en parte de las jornadas más sangrientas apareció el ciudadano Guevara en compañía de los mercenarios que fueron llamados con el romántico apelativo de libertadores.

Desde el Derecho Romano se conoce una manera de entender la responsabilidad de las personas por sus actos, ya sean acciones u omisiones, y, en muchos países, casi toda Europa por ejemplo se considera que existe responsabilidad de lo que ocurra en los actos públicos de sus convocantes. Allí tendríamos las primeras dudas que debe el sistema de justicia aclarar.

¿Existe una responsabilidad penal del individuo señalado por lo ocurrido? ¿Son sus actos compatibles con la instigación al delito, con la asociación para delinquir, con los delitos contra el orden público?

Sin embargo si esos cuestionamientos son la base del juicio, si la principal prueba es precisamente que todos los actos fueron públicos, notorios y comunicacionales, algunos incluso fueron asumidos con la clara intensión de ser tomado, nacional e internacionalmente, como el líder de la subversión, en Venezuela existe una institución que protege a los parlamentarios.

Se trata de la inmunidad que gozan todos los que se dedican a la diputación. Un privilegio que no es en razón del individuo sino de la función que cumplen. Una capa que les permite hablar, investigar y acusar sin que pueda ser perturbado en ese trabajo con las instituciones penales que a todos los demás nos vigilan: los tipos de difamación, de injuria, etc.

Por lo tanto, es claro que la inmunidad protege a los diputados cuando actúan como diputados no cuando son ciudadanos actuando en su vida privada o pública que no requiera de tal rango para ejercerla. La inmunidad no le permite a nadie robar, ni matar, ni llamar al odio ni pretender acabar la República.

Sobre el tema no hay en Venezuela doctrina más extrema que la que desarrolló Betancourt que le aplicaba a cualquier sospechoso de subversión el régimen penal ordinario y con ello encarceló casi a toda su disidencia.

No estamos en ese tiempo ni en esa lógica. Eso lo aclaro porque siempre aparece alguien a decir que lo que vivimos hoy no  ha ocurrido antes. Si ha ocurrido y en ese caso, de un modo extremo.

Estamos ante la activación del Estado, de forma multiorgánica, para levantar la barrera de protección a los fines que el sistema de justicia determine la responsabilidad por los hechos ocurridos. Un tema que toca la fibra venezolana que tan a menudo se queja que por los delitos sólo pagan los “pendejos”.

 

Así fue el recorrido:

El Fiscal General de la República, TAREK WILLIANS SAAB, le presentó al Tribunal Supremo de Justicia un escrito el 2 de noviembre de 2017 donde considera que tiene pruebas suficientes para empezar a investigar a  FREDDY ALEJANDRO GUEVARA CORTEZ por los delitos de USO DE ADOLESCENTE PARA DELINQUIR,  ASOCIACIÓN (para delinquir); INSTIGACIÓN PÚBLICA CONTINUADA, acompañado de los soportes de lo que dice en actas de entrevistas, principalmente.

A este escrito, el Tribunal Supremo de Justicia contesta convocando a la Sala Plena que es la instancia que reúne a los magistrados de todas las Salas del máximo Juzgado y que conoce de casos de especial relevancia, que termina con una decisión que considera que,

FREDDY ALEJANDRO GUEVARA CORTEZ, de haber incurrido de manera permanente en los delitos de ASOCIACION, INSTIGACIÓN PÚBLICA CONTINUADA, y  USO DE ADOLESCENTE PARA DELINQUIR, tipificados respectivamente en los artículos 37 de la Ley Orgánica contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo; 285 del Código Penal vigente en relación con el artículo 99 eiusdem; y 264 de la Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y Adolescente.

Por ende, no existe una condena en contra del referido ciudadano sino la confirmación judicial que el Fiscal General tiene elementos que ameritan juzgar. Existe cuando esta situación se presenta dos alternativas, la primera es ir al Antejuicio de Mérito que es un procedimiento dispuesto en la Constitución y desarrollado en el Código Orgánico Procesal Penal o considerar que existe flagrancia.

La flagrancia que aparece en nuestra mente con esa frase de las comiquitas de “tener las manos en la masa” es una categoría más amplia porque permite por ejemplo que se considere que está presente cuando el delito es continuado. Es decir, que no ha dejado la situación de presentarse. En base a esta categoría el Tribunal Supremo de Justicia ordenó que se continuara la persecución penal.

Concluyendo aquí la situación en torno al poder constituido con una remisión a la Asamblea Nacional Constituyente que tiene por virtud constitucional permanente la capacidad de supremacía sobre estos órganos y además por ser quien, ante la inusual pero continuada situación de desacato de la Asamblea Nacional, está fungiendo como único parlamento nacional.

Este debate tuvo lugar el día de ayer, 6 de noviembre y concluyó con el dictado de un decreto para allanarle  la inmunidad parlamentaria al dirigente de Voluntad Popular (VP) Freddy Guevara, por su responsabilidad en los “hechos de violencia” ocurridos en el país durante los meses de abril y julio de este año. También autorizando al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) a continuar el proceso judicial en contra de Guevara por los tribunales ordinarios.

Sin embargo, este caso ya tiene un faceta internacional puesto que el dictamen del Tribunal Supremo de Justicia se rindió estando el ciudadano en libertad y sin que procedieran los cuerpos de seguridad a aprehenderle. Por ello, le fue posible burlar la fuerza de la ley mediante el ingreso a una embajada extranjera que tiene, como ya lo dijimos, ese estatus particular.

Este caso que será presentado en titulares internacionales como otra locura represiva del Presidente Maduro  contiene algunos puntos a recordar tales como la utilización de niños y niñas en el conflicto y la calle, lo que ya fue condenado hasta por la mismísima Comisión Interamericana de Derechos Humanos y se refiere a determinar las responsabilidades por hechos de inusual gravedad en la historia repúblicana.

Puesto que, según los datos que presentó resumidamente el secretario ejecutivo del Consejo Nacional  de  Derechos  Humanos, Larry Devoe

“Entre abril y julio de 2017 ocurrieron más de 4 mil 300 hechos de violencia en el país; murieron al menos 120 personas; y al menos 39 ataques contra instalaciones militares; se le pagaba entre 50 y 60 mil bolívares a jóvenes para que cometieran actos violentos. De estas evidencias se puede concluir la responsabilidad de actores políticos en hechos de violencia”

Esperemos que esta vez si pueda hacerse justicia y no sea este otro insólito episodio que, como una Fiscal que huyó en una moto, deje el 2017 para la historia.

Para no rendirme

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Hace varios días que una pregunta me hace gracia. Algún estudiante me preguntó de dónde sacaba yo la energía de estar todo el día escribiendo. Sabía de mis otros textos y eso me sonroja hasta el día de hoy.

Es realmente este tiempo, por muchos caracteres que nos enviamos por whatsapp un tiempo donde leer y escribir siguen pareciendo desfasado y es una aventura para locos intentar cumplir con la máxima freiriana de enseñar para dudar, para preguntar, para increpar cuando trabajamos en el campo de las ciencias jurídicas.

Claro, muchas cosas han cambiado incluso ya hay quienes afirman que en esta sociedad de la información podrán las ciencias sociales tener herramientas nuevas que le permitan alcanzar la fiabilidad de las ciencias naturales porque al fin y al cabo, todo lo estamos diciendo y registrando ¿o no?

Si esto es emocionante es una realidad que en la mayor parte del mundo los abogados no son formados para cuestionar sino para operar, quizás como a los médicos que se les somete a muchas horas mostrándoles donde puyar o cómo cortar, nuestra formación resulta parecida.

¿Pero en estos tiempos, es esto un ejercicio ético?

La realidad nacional nos muestra el daño que hacen las posturas que entienden el mundo unicolor y niegan la existencia de matices. La humanidad es buena y mala, cruel y piadosa, inteligente y brutal. Así son las instituciones que los humanos construyen y los organismos que las simbolizan.

Si son relativas tampoco son realmente estables y mucho menos neutras. La esclavitud en el pasado fue una situación perfectamente legal y luego tajantemente proscrita, hoy es una realidad que se escapa por los márgenes de lo que se supone que es el estadio jurídico ya consolidado como universal.

Nuestra intención de pretender la rigidez del Derecho, la postura que defiende sin preguntar o que copia como verdadero el comentario del primer libro o primera sentencia que se consigue no tan sólo ofende el oficio del jurista sino que compromete su capacidad de cumplirle a la sociedad.

¿Cómo entendemos si tomamos como que todo está hecho la necesidad de un momento constituyente? Y esto lo digo dejando al margen el debate sobre sí como se ejecuta es como debería ser, o, si cómo se convocó es como debía hacerse.

Lo digo considerando que izquierdas y derechas declararon en los pasados dos años que el asunto estaba tan enredado que era necesario ir a una Constituyente.

Escribir, decían los manuales que leíamos en técnicas de estudio, es una forma de recordar, de tomar para uno las cosas que otros fueron pensando y volver a cuestionar. Cuestionarse uno, cuestionar las cosas.

Si el tiempo se me va escribiendo o hago del tiempo un ejercicio escrito es porque siento la necesidad de defenderme de esos escenarios dominados por demonios, esos enormes teatros del ego, de la necedad, de la negación donde la mayoría de nosotros estamos viviendo.

Es porque me niego que otros reduzcan toda mi existencia a pensar en cuánto compraré las cosas que necesito y espero como Galeano la libertad de que no sean las cosas las que me usen, el carro el que me conduzca o la tristeza lo que me defina.

El bloqueo literario

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A José Negrón

Una bonita nota de Inés Martín Rodrigo[1], para la página cultural del ABC de España quiere denunciar que el genocidio, al matar a seis millones de personas y someter a condiciones infrahumanas a tantas mas, se tragó un enorme potencial literario. Ella habla de tres mujeres, escritoras todas que murieron en Auschwitz. Es imposible para quienes nos preocupa el asunto del género y amamos la literatura no conseguir conmovedora su nota, ni morir de ganas de conseguir el libro que reseña que contiene los textos y las historias de estas tres escritoras que como reseña Martín no sólo murieron en los campos sino que por mucho tiempo no llegaron a los stands donde se recuerda a los literatos, con o, que sufrieron esas experiencias.

Sin embargo, quiero quedarme en su idea nuclear, la del genocidio literario que es un tema poco tratado a la vez que resulta obvio que el delito que consiste en desarrollar mecanismos sistemáticos para acabar con un pueblo, necesita destruir su literatura.

Puede destruirla mecánicamente, mediante atroces hogueras que aun hoy se ven en bibliotecas o escuelas o simplemente acallando las voces de su gente. Por ejemplo, determinando que ciertos pensamientos deben proscribirse.

Como es el caso de Raúl Ojeda cuyos textos fueron erradicados de la distribución comercial internacional por medio de una decisión del Departamento de Estado de los Estados Unidos que consideró su obra como demasiado próxima a los intereses de Caracas.

Pero también el caso de muchos otros de esta cara del mundo, de este intento de segunda independencia que se fragua bajo un pesado temporal como el que vivimos.

Es cierto, tenemos unos dos años escuchando el tema de la crisis del papel de los periódicos y en voz mas bajita le acompaña toda la industria editorial. La verdad es que sin papel el arte de las ideas no logra mucha proyección así las pantallas estén de moda.

Ahora, no creo que la falta de papel sea un hecho deliberadamente generado por la pura maldad de Miraflores como algunos intenten señalar.

¿Con qué billete, a cuál empresa, en qué país le puede comprar normalmente papel  Venezuela en las condiciones geopolíticas y macroeconómicas en las que se encuentra? ¿Por qué no han existido campañas internacionales que pongan a disposición de Venezuela cajas y cajas de papel o de la tinta que no tiene ni 1% de producción nacional?

Si los genocidios son siempre culturales son también económicos, para lograrlos  hay que asfixiar a los pueblos, robarles su normalidad, someterlos a condiciones que los hagan arrepentirse.

De eso va el bloqueo en Cuba, las masacres en Palestina, la construcción por los medios de un perfecto villano que aunque es el mismo a veces se llama Castro, otras Maduro, otras Putin, Bashar al-Ásad o Kim Jong-un.

Hay que arrebatarles la capacidad que su literatura nazca en su propio suelo o conozca otros paisajes porque la poesía, la crónica o el diarismo son artes hermosas que no son propias de esas huestes bárbaras que nos amenazan.

Pero rendirse es un acto poco frecuente en quienes han decidido ser libres. Por eso siguen existiendo ferias del libro, periodicos que incluso para hablar mal del gobierno siguen resistiendo y autores que se desvelan para inventarse maneras de ser conocidos.

¿Un poemario para instagram? ¿un libro financiado por una fundación nacida de la confianza que genera tratar con un talento inusual y extraordinario?  Por mucho que yo ande escribiendo este año al pensar en estas cosas sólo quiero aplaudir de pie a otros que aguantan completo el calvario de publicar en estos tiempos.

[1] http://www.abc.es/cultura/libros/abci-memoria-contra-genocidio-literario-holocausto-201711010158_noticia.html

El derecho a la ciudad

EDGAR QUEIPO FOTO RECTANGULAR DE PORTADA FACEBOOK
Edgar Queipo

La crisis económica y la violencia política de los pasados meses han puesto en evidencia que los venezolanos y las venezolanas requerimos un nuevo derecho, o, mejor dicho derivar del derecho al hábitat un derecho a la ciudad.

La ciudad, esta  área urbana que presenta una alta densidad de población, conformada por habitantes que no suelen dedicarse a las actividades agrícolas, que todavía guarda algún origen español y tras de sí alguna relación con las civitas romanas, es el espacio donde vivimos la mayor parte de nosotros.

En ellas nacemos, vivimos y morimos. Crecemos, convivimos. Manejamos, nos enfermamos, nos enamoramos…, la ciudad es un concepto que nos envolvió desde antes de darnos cuenta que existíamos.

Pero es también un concepto de relevancia jurídica porque una ciudad no es sólo tierra y gente sino que necesariamente es un tema de servicios públicos, salubridad, convivencia y desarrollo.

La ciudad es moverse con facilidad, accesibilidad y comodidad. Algo que anda mal en estos tiempos y que no debemos mirar tan sólo en la simple lógica de unidades disponibles/precio del pasaje. Es darnos cuenta que ni nuestra bonita Constitución, ni las más exitosas o grises de las gestiones en el Ministerio del Transporte o en las Alcaldías han podido completar un transporte público, de calidad, de precio accesible que llegue a los distintos puntos de la ciudad.

Insisto, ni los mejores proyectos del Trolebús de Mérida, ni del Bus Caracas o del Metro de Maracaibo pueden ser tomados como ejemplos absolutamente exitosos o suficientes de transporte urbano.

Esto porque la mayoría de las rutas son cubierta por estas entidades extrañas, asociaciones que exigen aumentos de los pasajes pero no cambian unidades, en las que nadie sabe donde termina el patrono y donde comienza el empleado. Usando estas fronteras  para encubrir muchas veces groseros sistemas de explotación de un cómodo y distante dueño de la flota que fija sus honorarios.

Si la ciudad es un entramado de servicios, tiene mucho mas que el problema del transporte y tienen que establecerse espacios para la vida. Con reglas que fijen como utilizarlos y cultivarlos, como decidirlos.

La ciudad como espacio para la vida es también una unidad política cuya forma de gobierno es la mínima expresión del pacto social general.

¿Seguirán siendo Municipios? ¿Qué pasa con la ciudad y las estructuras comunales? ¿Son las comunas la nueva expresión de lo político? ¿Cuál ciudad requiere el buen vivir del que ya tan poco hablamos?

Se aproximan elecciones municipales y estamos en tiempo, por un lado de Constituyente –lo que llama a crear- y por otro de colapso –lo que obliga a solucionar-, en ellos vale invitar a que se debata el problema de fondo, el proyecto, el sueño y no tan sólo si este o aquél, con tarjeta propia o prestada, será el próximo alcalde.

Los abogados y el mundo

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Ocupa la mente de un abogado, la mayoría del tiempo el penoso deber de ajustar la realidad en normas que le fueron dadas.

Si alguien golpea a otra persona, debe meterlo en una cajita teórica, la de las lesiones y correr a un médico y firmar una hoja y llamar a un Fiscal para visitar un juez. Ese es el grueso del oficio.

El mundo del abogado es entonces un conjunto de cajitas conceptuales que da por ciertas. La frase más importante de un abogado promedio es aquella que enseña que no importa si algo es duro porque si es la ley, esa es su naturaleza.

Esta traducción de la vieja frase latina es conveniente porque enseña que la ley puede ser dura lo que no sabemos es que dice esa dureza sobre lo justo o lo injusto, lo bueno o lo malo, lo hermoso o lo horrendo, lo moral o lo inmoral.

Es dura, punto final.

En algún momento del viacrucis que significan las materias teóricas del pregrado y la búsqueda de papelitos adicionales puede que ese abogado haya topado con el asunto del derecho y el progreso. Allí, nuevamente, se llenará de lugares comunes.

Entenderá rápidamente que el hecho social es más rápido que el acto jurídico; que no hay como alcanzar la tecnología por lo que vivimos cociendo las anomias.
Con tanto chachachá, se le convencerá finalmente que el Derecho ha servido para el avance de los pueblos y que las leyes crean sujetos.

Pero ¿es esto así? ¿Es algo más que ego profesional creer que los juristas crean algo? A lo sumo en este momento me resulta que desde el Derecho y tan sólo los más agudos, sin lograr nunca crear, podrían descubrir algo.

Sin embargo, dado que la mayoría de los abogados miran desde su cajita, convencidos que la dureza de la ley le impide cuestionarla y que en su propio oficio puede crear realidades y cosas tiene el enorme riesgo de no enterarse que la gente, que las necesidades, que las aspiraciones y que los conflictos siempre le preceden.

¿Crearon las leyes contra la segregación las poblaciones afroamericanas? En lo absoluto, antes de ellas existían miles o millones de personas víctimas de los prejuicios de los abogados y jueces.

¿Creó la ONU a los humanos cuando quiso hacer un documento que declaraban que todos eran iguales en dignidad y derecho?

Puede incluso que esto nos haya causado risa pero ya va…

¿Qué hay de todos aquellos que aun hoy no han llegado al título de una ley? ¿Acaso no existen? ¿Tenemos que inventarlos? Por eso, todo el cuento de la relación entre el progreso y el derecho, la capacidad de los juristas de hacer del mundo un lugar mejor olvida que la realidad siempre le precedió.

Los homosexuales y su precario catálogo de derechos, existen; las mujeres que abortan, existen; el consumo recreacional y terapéutico de las drogas también, y así la eutanasia y la adopción acordada, los vientres subrogados, etc.

La postura con la que los abogados miran el mundo convencidos que las leyes determinan la existencia de los hechos sociales, le hacen un magro favor a sociedades que viven en realidades y problemas distintos a los que ya caben en las cajitas aquellas, donde al parecer no son las leyes sino los prejuicios lo que resultan verdaderamente duros.-

Al menos nueve desde el silencio

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Una persona, profundamente impresionada por el feminicidio de Sheila Silva, preguntó en un grupo si este sería el único caso que había ocurrido de tan terrible naturaleza. Algunos rápidamente contestaron afirmativamente.

El asesinato de Sheila Silva ha devuelto el interés político a la forma más extrema de violencia de género que es aquella que ocurre cuando el piropo, la restricción de libertades, el insulto o la golpiza llega a una fase final que consiste en la muerte de la mujer. Develando también que hace bastante tiempo que no prestamos mucha atención a la materia, por su cotidianidad o su incorrecta visualización.

Zaimar, Sinar, Johana, Eglis, los hijos de Juliana, un cadáver en los Palos Grandes, Delia, Jean, Erislaida, Lisbeth. Son los nombres que arrojan una búsqueda rápida por las palabras “mujer”, “esposa” y “pareja” en la página roja del portal de Últimas Noticias. Casos que ocurrieron antes en un esquema en el cual la muerte la produce un agresor sentimentalmente conocido por la víctima y que se explican como el final de una acalorada discusión, producto de que la mujer rechazó una propuesta romántica del agresor o porquela víctima andaba sola.

Así fueron:

Semidesnuda, amarrada, golpeada y en una maleta apareció Zaimar en Quinta Crespo.

Quemada por drogadicta Sinar Bolívar en Coche.

Apuñalada en el cuello al salir de una fiesta, Eglis.

Johana, ultimada en Ciudad Belén.

Jorcely, asfixiada por su pareja.

Juliana sobrevive al incendio que provoca el vecino que la pretende pero sus dos niños mueren quemados.

Entre Santa Eduvigis y los Palos Grandes consiguen un juego de piernas sin cuerpo.

Delia, fue degollada por su esposo.

Alejandro golpeó en la cabeza y apuñaló a su esposa que no mereció ni ser identificada en la nota.

Jean tenía 23 años cuando su novio la asesinó con un disparo.

A Erislaida la apuñalaron.

A Lisbeth Lissette también le dispararon en la cabeza.

 

Mujeres casi todas asesinadas en los entornos suburbanos donde vivieron. Historias que no marcan la pauta informativa porque son en su mayoría envueltas bajo la afirmación que el barrio es violento, las fiestas nocturnas son peligrosas o la drogadicción es una bomba de tiempo.

 

Los feminicidios, como actos particularmente reprochables no tienen tan sólo que ser condenados sino que deben ser principalmente prevenidos. Tienen que tratarse como la consecuencia de una concepción en el que la mujer es para ser esposa ¿para qué más? En el que la vida en pareja es el único esquema de vida, por lo que vale la pena aguantarlo todo para no romper el hogar.

 

Nos falta sembrar el respeto hacia la vida propia y la libertad del otro,  fomentar la salud de las relaciones humanas y promover la no violencia. Esos cambios son los que rompen esos ciclos.