Al menos nueve desde el silencio

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Una persona, profundamente impresionada por el feminicidio de Sheila Silva, preguntó en un grupo si este sería el único caso que había ocurrido de tan terrible naturaleza. Algunos rápidamente contestaron afirmativamente.

El asesinato de Sheila Silva ha devuelto el interés político a la forma más extrema de violencia de género que es aquella que ocurre cuando el piropo, la restricción de libertades, el insulto o la golpiza llega a una fase final que consiste en la muerte de la mujer. Develando también que hace bastante tiempo que no prestamos mucha atención a la materia, por su cotidianidad o su incorrecta visualización.

Zaimar, Sinar, Johana, Eglis, los hijos de Juliana, un cadáver en los Palos Grandes, Delia, Jean, Erislaida, Lisbeth. Son los nombres que arrojan una búsqueda rápida por las palabras “mujer”, “esposa” y “pareja” en la página roja del portal de Últimas Noticias. Casos que ocurrieron antes en un esquema en el cual la muerte la produce un agresor sentimentalmente conocido por la víctima y que se explican como el final de una acalorada discusión, producto de que la mujer rechazó una propuesta romántica del agresor o porquela víctima andaba sola.

Así fueron:

Semidesnuda, amarrada, golpeada y en una maleta apareció Zaimar en Quinta Crespo.

Quemada por drogadicta Sinar Bolívar en Coche.

Apuñalada en el cuello al salir de una fiesta, Eglis.

Johana, ultimada en Ciudad Belén.

Jorcely, asfixiada por su pareja.

Juliana sobrevive al incendio que provoca el vecino que la pretende pero sus dos niños mueren quemados.

Entre Santa Eduvigis y los Palos Grandes consiguen un juego de piernas sin cuerpo.

Delia, fue degollada por su esposo.

Alejandro golpeó en la cabeza y apuñaló a su esposa que no mereció ni ser identificada en la nota.

Jean tenía 23 años cuando su novio la asesinó con un disparo.

A Erislaida la apuñalaron.

A Lisbeth Lissette también le dispararon en la cabeza.

 

Mujeres casi todas asesinadas en los entornos suburbanos donde vivieron. Historias que no marcan la pauta informativa porque son en su mayoría envueltas bajo la afirmación que el barrio es violento, las fiestas nocturnas son peligrosas o la drogadicción es una bomba de tiempo.

 

Los feminicidios, como actos particularmente reprochables no tienen tan sólo que ser condenados sino que deben ser principalmente prevenidos. Tienen que tratarse como la consecuencia de una concepción en el que la mujer es para ser esposa ¿para qué más? En el que la vida en pareja es el único esquema de vida, por lo que vale la pena aguantarlo todo para no romper el hogar.

 

Nos falta sembrar el respeto hacia la vida propia y la libertad del otro,  fomentar la salud de las relaciones humanas y promover la no violencia. Esos cambios son los que rompen esos ciclos.

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Pensar desde la esperanza

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¿Cuántas noches un jovencísimo Maradona se quedaría dormido soñando con meterle dos goles a Inglaterra? ¿Cuántos al saberlo no se burlarían de aquél muchacho un tanto retaco con tan poca pinta de extraordinario?  ¿Qué sería del fútbol si antes de empezar Maradona se hubiese cansado o se hubiese rendido a la primera oleada de burlas y desalientos?

 

Todas las historias de lo que la humanidad ha hecho han visto levantarse a esos quijotes de la utopía que valientemente han puesto su vida por los sueños que tantas veces parecen causas perdidas.

 

Así me imagino a un Chávez sorteando la Academia Militar con su estructura servil y distante, también a un Martin Luther King queriendo soñar en un país que pudiera dejar de avergonzarse de su africanidad, a una Simone de Beauvoir irrumpiendo la Sorbona para decirle a su amado Sartre que la mujer no era tan sólo un tema de hombres.

 

Para cambiar las cosas primero hay que creer en el cambio. Eso nos dice la Biblia desde el Eclesiastés donde enseña que hay tiempo para todo y hay momentos de siembra pero también hay que ser capaces de atrevernos a pensar  qué cosas queremos y que vamos a lograrlo.

 

Esta fiebre, que roza los cuarenta grados y la convulsión de los precios, podemos superarla, hay que creerlo y hay que hacer que esto pase, innovado, comprendiendo, resucitando.

 

¿Cuánto le costaría a un país latinoamericano que todos sus niños aprendieran a leer, que esos niños tuvieran escuelas y que las escuelas sirvieran a las comunidades para que los adultos –los niños viejos que no tuvieron escuela- fueran a aprender lo que antes se les ocultó? Demasiado. Esa es la respuesta del manual de finanzas y políticas públicas. Por eso, con los manuales debajo del brazo tan poco se alcanza.

 

Dicen que las abejas no pueden volar. Eso dice la física en función de su peso y de sus alas pero parece que ellas aún no se enteran y por eso vuelan y dan miel.

 

Dicen que en la política no hay hombres honestos, que nadie dice lo que piensa y que nadie da puntada sin dedal pero yo recuerdo que para que un imposible ocurriera, como que un pueblo sin armas detuviera un golpe de Estado financiado por Washington, hubo un Fiscal que habló.  Así aunque dicen que esos hombres no existen, este fue y voló, como las abejas.

 

También ocurrió aquel proyecto maravilloso de sembrar escuelas y nos trajo premios que liberaban de vergüenza, como alcanzar ser un territorio libre de analfabetismo o la gratuidad educativa.

 

En estos tiempos, en los que la oposición es una triste pelea que no sabemos si es de perros o de mezquinos hermanos ante la muerte ruinosa del padre, el chavismo debe volver a pensar desde la esperanza.

 

Maradona logró su gol, Chávez su Revolución y aquél Fiscal contuvo un golpe. Tres utopías latinoamericanas logradas por grandes hombres para grandes pueblos. Juntos y diversos. Criticados y criticables. Vivos, sinceros. Hombres que se convirtieron en historia cuando les dieron sólo un momento.

@anicrisbracho

Caracas

Se llamaba Sheila

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Yo no la conocí hasta que esa mañana su nombre llegó a los titulares: Sheila Silva, 38 años, asesinada “pasionalmente” por su pareja que la lanzó del piso 11 de un edificio en Longaray. Pronto, los amigos que si la conocían salieron a la denuncia. Un hecho terrible tocaba sus puertas.

Venezuela tiene una ley que le ha valido glorias, somos jurídicamente avanzadísimos y estas cosas siguen pasando. Seguimos incluso sin saber cuántas veces pasan y sin sistematizar los intentos de mujeres por evitarlo antes de que sea demasiado tarde.

El asesinato de Sheila fue en dos tiempos. Pues la mató su supuesto compañero y luego vinieron los medios como aves de rapiña que con sus titulares volvieron a negarla. Dijeron: asesinaron a la asistente de Jorge Rodríguez, cosa que parece ni siquiera era, pero realmente hagamos una pausa.

¿Ella no tenía existencia propia que le pusieron un hombre al frente? ¿Si era la asistente de Rodríguez que es un funcionario madurista como dijo la prensa, su vida vale menos que alguna otra?

Nosotros tenemos que feminizar la política tanto como se ha politizado el feminismo. No somos sólo una fuerza electoral incluso nuestras luchas son necesarias para mujeres de izquierda, de derecha, para sus compañeros e hijos.

Los amigos periodistas tienen que revisarse. Siguen reproduciendo estereotipos, haciendo publicidad de la dominación de género y poniendo con ligereza que una vida eclipsada en el seno de mayor intimidad de una persona es “un crimen pasional”.

Por el derecho de Sheila a vivir y a no ser asesinada, a ser nombrada y juzgada por quién fue, las banderas deben levantarse. Por ella, por las que cada día caen bajo la tiranía de las parejas y la inclemencia de los medios.

Otro mundo no es posible sino urgente.

Guarimba Económica

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“Guarimba significa un lugar de protección en algunos juegos infantiles venezolanos; el término fue utilizado por Robert Alonso para convocar un movimiento de desobediencia civil, con la táctica de que las personas se agruparan para realizar actos de desobediencia en su área natural.”

El escenario nacional habla claramente, el problema de la gente, no es político sino económico. Lo anterior lo afirmamos con la absoluta certeza de que nunca lo económico es apolítico. Sólo que en grandes rasgos, en la biblioteca de nuestros pensamientos, esas son cosas de distinto orden. Lo político sería el juego del poder visible, los cargos públicos, las decisiones fundamentales, las elecciones,…, lo económico sería el arte de acceder a las cosas y dividir los bienes. Aunque, nunca se separen plenamente estas cuestiones.

El hecho de que el problema es económico, debe ser la más incontrovertida verdad del momento. Incluso si el domingo pasado hubo elecciones, el nuevo mapa no pudo sostener el interés hasta el domingo siguiente pues todo el sistema económico fue víctima de un nuevo “bombardeo” de alza de precios.

¿Un kilo de pollo? ¿un pote de margarina? ¿un pomo de jabón? ¿un par de huevos? Todos los objetos suenan a verdadera tragedia y el asunto es que aunque en este nuevo año haya subido el salario no ha sido posible detener que cada uno de estos bienes pese por sí solo un asombroso porcentaje del salario que devenga una familia.

¿Un tercio del salario mínimo cuesta un kilogramo de carne? ¿La ropa es más barata que un litro de leche? El asunto es sencillamente criminal e inexplicable.  Los viejos partes de guerra de zonas de enfrentamiento se han sustituido por fotografías sangrientas de los anaqueles o de las supuestas facturas de despacho a precio nuevo.

Muchas de las personas así como cuando vivimos la guarimba “política”, hablan hoy convencidas de la veracidad de hechos que no han visto. Por eso, afirman sin dudarlo “¿viste que el pollo llegó a tanto? Mi prima me envió la foto…”, con esa base cuando van a comprar ya ni siquiera cuestionan si ese es el precio cuando se los presentaron ya lo daban por cierto. Entonces quizás el problema no es ni nuevo ni distinto, es tan sólo el mismo método jugando en otra cancha.

Es la guarimba económica. Su General, se esconde detrás de una página web que logró que en Venezuela –como diría un antiguo Rubén Blades– “en vez de un Sol amanezca un dólar”, el cual dirige la estrategia en el campo de batalla, donde como si fuese un pito todos los sectores se alinean.

¿Un liderazgo que se esconde pero que se obedece? ¿Una página web somete a todo un país? Ni Einstein cuando advirtió el riesgo de la tecnología que empezaba a ver pudo soñarlo. Vivimos una guerra virtual que pierden los que hoy comen menos, los que están en hospitales y que quienes la combaten libran la batalla más difícil de nuestra segunda Independencia.

Nuestros enemigos aplican la máxima en la que no vale la pena preocuparse por los medios sino alcanzar los resultados así parezcan a veces un equipo de fútbol jugando sin público o no hagan otra cosa que apelar a esa particular lástima que es característica de los venezolanos que suelen compadecerse con sus verdugos porque al final que tanto importa que nos roben “si a lo mejor nadie les da dólares a ellos.”

Por ello, en toda evidencia, la condenada paginita no es sólo una paginita. Es un instrumento mediante el cual se mantiene la distancia de clases, al reconfigurar los precios de los bienes para destruir las políticas redistributivas del país. Su indomable tendencia a subir no está libre de motivaciones ni de bases, se alimenta de políticas favorables en el exterior y de debilidades palpables en el sistema nacional.

Si intentáramos enumerar las deficiencias del sistema nacional que han sido provocadas, veríamos la poca capacidad de producir divisas que tiene el país así como la perforación del suministro fijo de dinero con la baja inducida del precio del petróleo, las sanciones a PDVSA, la advertencia a las empresas extranjeras de no contratar con Venezuela y finalmente, el juego de las calificadoras de riesgo. Desde esta base, a modo cascada se agravaron los viejos vicios y surgieron los nuevos, haciendo que el esquema que permitió mejorar la vida nacional se presente arcaico, mal aceitado, incapaz de contestar semejante ataque.

¿Cómo se fijan los precios en este contexto? ¿Quién controla que los buques no puedan llegar por las vías directas o que las mercancías no puedan entrar desde los países vecinos sino que tengan que cruzar medio mundo sumando fletes increíbles a cada pequeño e indispensable producto? ¿Cómo se produce lo suficiente y de manera soberana en un planeta controlado por las trasnacionales del agro que han logrado que los animales y las plantas sean dependientes de sus formulas para nacer, vivir o crecer?

Son esas las yagas a las que hay que ponerle el dedo. Mirando por demás que la población, ya sea el vendedor o el comprador, incluso el funcionario está siendo llevado a una situación extrema que activa los instintos y duerme los principios.

Debemos hablar más y hablar mejor. Debemos actuar más y actuar mejor. Lo que no quiere decir que no hemos hablado por lo menos cuatro años de la existencia de una guerra económica o no hayamos creado y cerrado instituciones,  dictado leyes, desarrollado providencias, acordado “como caballeros” con fulanos o sutanos. Significa que la situación se agudiza y que la estrategia debe ser repensada.

¿Es posible generar un proceso de fiscalización masiva que permita bajar los precios como se hizo en el año 2013? Probablemente no porque el bloqueo ha logrado bajar la cantidad de bienes disponibles y porque con aquello no logramos instaurar una noción de comercio justo, con acceso para los usuarios y ganancia suficiente más no insolente por parte de los comerciantes.

¿Es posible ignorar un grito nacional que pide que alguien haga algo? Sin duda que no y lo que se haga debe hacerse antes.

Cuando nuestras estrategias se han centrado en el precio final, en el último establecimiento hemos contribuido a creer que es allí donde se determina el precio y no cuando, nace la ternera que dará la leche que requieren los niños. Los precios no se cambian en el último momento sino que reflejan toda la vida del producto, su obtención, su desplazamiento, su conservación. Tenemos que volver a entender la economía y el precio con lógica de sistema.

Luego, está la sanción que ha de producir la acción que se desarrolle y esta ha de producir un sentimiento de protección y de compañía, porque tiene que vencer la sensación de abandono que siente cada panadero al que le venden harina colombiana y cualquier madre contando las tarjetas ante el mostrador del supermercado.

¿Es real que el Estado no está haciendo nada? Esto es falso porque, por ejemplo, el CLAP y la reactivación de las casas de alimentación demuestran la voluntad y la acción de protección de los rubros más necesarios y de los sectores más deprimidos.

¿Podremos superar la situación haciendo lo mismo? Es una máxima de lógica elemental que a las mismas acciones le suceden las mismas consecuencias y si esto puede evitarse es mediante el control de variables por parte de alguno que quiera distorsionar o mejorar un esquema ya conocido.

Las acciones para alcanzar el buen vivir requieren entender que el esquema en el que hemos vivido hasta ahora es profundamente manipulable, lo controlan par de sujetos y depende del exterior. Nuestro menú básico por ejemplo es tan limitado que no tenemos los colchones de alternativas que tienen muchos otros pueblos.

Por eso, hay que deconstruir el comer, hay que reinventarlo porque si bien la proteína es un rubro que no puede oscilar libremente y debe haber reparo a las pretensiones de cobrar cientos de miles por cada kilo de animal tenemos también que entender que en el mundo existen más formas de obtenerla que el pollo y la carne de vaca. Bienes que, por cierto, no eran las fuentes básicas de la alimentación precolombina y se sostienen por la lógica comercial de conveniencia de los países productores de estos bienes o de los químicos que soy hoy indispensables para obtener estos rubros.

¿Con qué fuerza pensamos un nuevo mundo si somos víctimas de un acoso? Sólo podemos ir en ese sentido mediante la razón y esta no se trabaja con la retórica que hemos acumulado sino mediante la identificación y los sentimientos. La certeza absoluta de que libramos una batalla justa, para nosotros y para otros.

Sólo la necesidad pare los nuevos inventos y sólo en dialogo permanente, fijando la cúspide de la preocupación política en la base del pueblo, puede la Revolución llegar a buen puerto sin traicionarse a sí misma cuando su obra más grande es poder seguir diciendo que estamos resistiendo.

Por mi abuelo, a Leonardo Ruíz Pineda

 

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Hoy se cumple un año más de un hecho atroz en nuestra historia nacional pues hacen sesenta y cinco años desde que, en San Agustín, fuese asesinado a balazos por agentes de la policía política de la Seguridad Nacional, Leonardo Ruíz Pineda. Este no fue un hecho histórico menor, la prueba es que un sector muy grande de Caracas fue bautizado en el recuerdo de quien fue símbolo de la lucha por la democracia y la libertad durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Claro, sin quitarle un solo mérito a Fabricio Ojeda que poco después también fue asesinado, con quizás más crueldad, pues lo asesinaron gobernando sus antiguos compañeros.

La muerte de Ruíz Pineda podría ser uno de los tantos sucesos que, como la mayoría de los venezolanos de mi edad, no recuerde, sin embargo este acto de sangre conmovió profundamente a mi abuelo quien en su memoria llamó a su siguiente hijo Leonardo pese a que en la familia este nombre no fue usado nunca antes y que en la Coro de la época era considerado poco glamoroso porque no había Leonardo más recordado en Falcón que José Leonardo Chirinos.

Mi abuelo poco antes de morir escribió sus memorias que mi abuela me entregó escritas a máquina  y corregidas a bolígrafo en una carpeta marrón. Ese día, podría decirle a Erika Ortega, también marcó decisiones importantes de mi propia vida.

Lo cierto es que mi abuelo, Bracho Navarrete, como le gustaba firmar, dijo sobre esa noche lo siguiente:

“Me tocó vivir horas de angustia con motivo del asesinato del doctor Leonardo Ruiz Pineda, Secretario General  en la clandestinidad. Había tenido antes de su muerte una entrevista en la casa del Dr. Ignacio Franco y habíamos quedado convenido que en los próximos días me incorporara a su equipo de trabajo. La noche de su muerte recibo aviso por intermedio de Santos Gómez de que debía esperarlo en la Avenida Bello Monte con mi vehículo estacionado frente al Restaurante  e Mario Amelotti a las 7 p.m., donde el haría e trasbordo de vehículo. Me estacioné y esperé hasta que después de transcurrido un largo espacio de tiempo apareció la Doctora Regina Gómez y me informó de los sucesos y me pidió que me movilizara en seguida.

Así quedó frustrada esta segunda entrevista y Leonardo Ruiz Pineda yacía en la calle de la Avenida Sur, cerca del negocio la cochinera de San Agustín del Sur.”

Recuerdo la primera vez que leí ese pedazo del texto, mi abuelo que hacía poco me había demostrado que podía morirse tras ser en la infancia ese hombre callado y elegante que parecía eterno, no sólo se había muerto en ese año 2000 sino que había estado esa y otras veces al filo de la muerte.

Ese pasaje me vino a la mente otra noche, una de las más tristes de mi vida. Cuando confirmaron la muerte de Robert Serra con quien hablé el día en que murió y que debía ver pocos días después para tratar reuniones del Comité del Partido contra la Guerra Económica que por aquél tiempo había creado el Presidente Nicolás Maduro.

Si bien no conozco a nadie que tras algunas décadas de vida y un par de horas leyendo sobre política dude del carácter antojoso que tiene la historia, ni de las constelaciones familiares, ni de los temas que reaparecen en la actualidad cuando los pensábamos dormidos, el tema de la represión y de la libertad tiene una tensión permanente que pocos tiempos saben ver desaparecer.

Quizás por eso es uno de los asuntos que siempre me ha intrigado más del Derecho. Yo sé que yo no hubiese desarrollado un absoluto rechazo a la tortura y a las vejaciones sino recordara los gritos dormidos de mi abuelo y la difícil tarea de mi abuela de explicarme, cuando dormía en una camita debajo de la hamaca, que aquello tenía que ver con la dictadura, la cárcel y el hielo.

Ni tampoco me hubiese importado menos de la gente su militancia política sino hubiese conocido la existencia de familiares y otros afectos, que siendo funcionarios perejimenistas  le salvaron la vida a Bracho Navarrete, las suficientes veces para que yo tuviese abuelo.

Nuestra conciencia nacional no ha podido cerrar estos capítulos donde por diferencias políticas, se asesina o se ordena asesinar, donde la fuerza física o pública son instrumentos para convencer a otros, y donde algunos quieren construir imaginarios donde el pasado está exento de cruentos episodios.

Siempre cierro estas fechas convencida que hemos errado profundamente en los métodos de enseñanza de la historia y de mecanismos de homenajes a mártires que en distintos momentos, incluso con distintas ideologías creyeron en el país. Esto lo digo con toda la severidad que pueda decirse cuando algunos andan buscando soluciones promoviendo invasiones y con poses de estrellas de cine.

Quizás los homenajes que los adecos luego no supieron darle a Ruiz Pineda fue nunca repetir las prácticas que dejaron a uno de los más valiosos hombres que tuvo el país tirado en una solitaria calle de San Agustín y son esos los que debemos darle a Robert, construir un país sin sicariato, una política que empiece la agenda preguntando en la reunión “¿y cuánto va a costar el pollo en Quinta Crespo y cómo va hacer la gente para pagarlo?” en vez de dedicar tanto dinero a bauizar calles, instituciones y fotografías.

Lo digo convencida porque hoy cuando algunos lean esto al oír Ruiz Pineda sólo se acordarán que eso no es ni tan lejos de Caricuao…

La sociedad dormida

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Hace tanto tiempo que se ha puesto de moda hablar todos los días mal del gobierno –si es que en algún momento ese arte ha entrado en decadencia- que parece que algunas partes de la sociedad se quedaron dormidas. Aclaro, hace mucho tiempo que vengo hablando de esto. La guerra psicológica opera para convencernos que nada vale la pena, que nosotros mismos no la valemos y la guerra económica funciona para caotizar nuestra vida que ahora es un tránsito permanente entre la angustia de conseguir un producto y el sobresalto a la hora de –al menos intentar- pagarlo.

Con esas condiciones, nos han llevado nuevamente a un ocaso donde parece que el horizonte no queda más lejos que nuestro ombligo, que no hubo en el pasado crisis peor y sobretodo que no hay un futuro posible.

Sin embargo, si pudiéramos apagar por un momento tanto agobio y pensar lo que vivimos como lo que es, un momento histórico, podríamos preguntarnos cómo se levantaron las tatarabuelas cuando al país no le quedaba ni la mitad, no lo sostenía más que un par de conucos pero tenían por primera vez una bandera. Eso o cómo sería el amanecer cuando, con el paso de las horas llegó la malanoticia de que habían asesinado a Ezequiel Zamora.

¿Cómo mejorará el país? ¿cómo cambiaremos de esquema económico? ¿de qué forma recuperaremos la simplicidad que habían conseguido algunos trámites indispensables para la vida  cotidiana? Si hiciéramos esas preguntas y las lanzáramos al aire, el eco regresaría vacío. La gente está entre ocupada en quejarse, preocupada por sobrevivir y convencida que cualquier esfuerzo es insuficiente, en consecuencia, innecesario.

Muchos de los temas que nos preocupan hoy no son responsabilidad exclusiva del gobierno. Incluso para que estemos claros, muchos no se podrían solucionar ni con un cambio de gobierno y requieren que la gente asuma sus propios roles.

En esta línea nada me preocupa más que la situación de los niños. Este año han sido monstruosas algunas noticias a este respecto y peor, aquellas realidades que ya para algunos ni siquiera son noticia.

¿Una madre mata al hijo para migrar con el novio? ¿unos niños matan a un militar por entretenimiento? ¿una gente le paga a unos niños para que alteren el orden público? ¿una manada de pequeños se pasea por un centro comercial pidiendo comida y en evidente abandono? Todas las anteriores son situaciones del año en curso.

La vida de un niño no es responsabilidad primaria del Estado. Es responsabilidad compartida de tres sujetos, uno llamado familia, el otro sociedad y por último del gobierno. Su dimensión de responsabilidad está en no atentar contra su vida y proveer según las capacidades financieras, de manera progresiva, mejores condiciones para su vida.

En la situación de los niños que permanecen en la calle intervienen las madres, las abuelas, las maestras, las y los Alcaldes, los policías…, en la indiferencia a veces quienes creen que con darles limosna basta o que con no darles ayudan a que disminuya el problema, los que les pagan para que le hagan una cola y finalmente los que teniendo competencias en la materia prefieren mirar para otro lado.

Las asociaciones políticas, religiosas, civiles, de derechos humanos parece que están dedicadas a temas de más glamour como las campañas electorales o ir a hablar en Washington, o, simplemente quejándose de la dura hora que estamos viviendo. Otras felizmente, están en la calle o en los hospitales tratando de mantener su empeño.

Es dura esta hora, es cierto. Sin embargo, las horas duras no pasan solas ni nadie escala sólo mirando una  montaña primero hay que ponerse de pie y mover las piernas.

Por erso hoy escribo para la maravillosa gente de este país que milita o no en la política, que vota a la izquierda o a la derecha, o simplemente no vota, que va a misa o al culto o a ninguna parte, a la que sin duda le hará bien salir a hacer y a recordar un país que tanta crisis les nubló.

Sin buscar culpables

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¡Ah la bonita tradición venezolana de vivir en elecciones! ¡Ay, la taquicardia que aumenta con cada paso de Tibisay Lucena acercándose a la mesa y las tomas de la Sala de Totalización! ¿Cómo no hablar de la impaciencia que produce cuando la Rectora empieza a acordarse de ese gentío que trabajó y a darles las gracias? Si, esas escenas son típicamente venezolanas. Esos números, esos nombres, ese mapa que se pinta de colores producen en nosotros las más profundas emociones,  haciendo parecer por un momento, que la política es un partido de fútbol.

Hay gritos victoriosos, llantos incontenibles, silencios que caen como una patada en el estomago y luego, bueno, sigue la resaca. Los que amanecieron esplendidos pensando que el pueblo les daría la razón ya han patentado el esquema de “la arrechera”. El primer paso es incendiar las redes sociales y cómo sientan el ambiente ir a la calle a formar un parampampán.

Ahora, así lo armen o no, muchos cierran el día repitiendo lugares comunes que suenan a maldiciones apocalípticas: “por eso tenemos este gobiernucho”, “la gente tiene lo que se merece”, continúe usted por la callecita con las frases que recuerde.

Ese discurso, donde los resultados electorales son tomados para determinar que la gente es buena o mala, lo escuchamos tantas veces que lo sentimos natural. Sin embargo, no lo es y oculta un grave peligro.

Las decisiones políticas, en concreto los votos, son el resultado de muchísimos factores: el carisma de un líder, la afinidad con una propuesta política, los intereses individuales, la ideología, la sensación de amistad con un partido, o, una valoración fría de gestión que llevará a la gente a votar a favor o en contra de un candidato. Cuando todas esas causas se suman en cada uno y todas esas personas acuden a una urna es que se obtiene un resultado electoral. Con ello, en la política existe la capacidad de que algunas opciones políticas logren votantes permanentes y otros grupos que se deslizan de un bando al otro, de la promoción a la abstención, según se les presente el escenario.

Si esto es así en general, existe también la capacidad de influenciar a las personas para dirigirse hacia alguna de las opciones o para que rechacen alguna y esto no es ni nuevo, ni ilegal sino plenamente natural.

¿Qué ocurrió en el Zulia en este viraje a la derecha? Quizás todos los factores anteriores sumados a la enorme energía que, como lo advirtió Chávez, ha destinado la contrarrevolución para apropiarse de este Estado y del eje andino.

Por ello, algunos problemas en el Zulia aparecieron primero, se han perpetuado o tienen más intensidad. Por esas calles, de la Limpia, la Guajira, Milagro Norte, apareció el fenómeno del bachaqueo cuando en Caracas la palabra ni siquiera existía. Por allí, el sistema eléctrico apenas funciona y el cableado de internet ha sido robado casi en su totalidad.

Cuando observamos este factor y vemos que estos Estados tienen maneras de ser, tradiciones e historias que guardan fuertes particularidades en relación a la más general de la Nación podemos ver que la estrategia de la Revolución debe construirse de una manera que calcule estas realidades propias, diseñando un modo para hablarles en un idioma que les llegue y considerando todas las fuerzas que trabajan por alejar del centro gravitacional venezolano a las regiones fronterizas.

Al verlo, más que sonrojarnos o entristecernos porque estos sean los Estados en los que la oposición obtuvo una mayoría electoral, veremos que por lo menos Zulia y Táchira fueron ganados en el 2012 tras el esfuerzo previo, consolidado, dirigido y liderado por el Comandante Chávez, lo que le permitió por lo menos al Estado petrolero ser casi por primera vez desde que inició el proceso bolivariano, revolucionario.

Es evidente que esta configuración política de la frontera es un nuevo frente de batalla y esto no es para el chavismo de estos Estados un misterio, ni siquiera una sorpresa pero no puede construirse ni favorecerse un discurso desde la Revolución en el que se tilde a los zulianos, a los merideños o a los tachirenses, de colombianos, ni de ser culpables de “entregar la República”. Esa retórica del “pueblo culpable” es una construcción de la derecha que además nos hará un magro favor cuando nos interese recuperar la influencia política y nacional sobre dichos territorios.

Hace un par de años, me tocó ir a una actividad parlamentaria en el Táchira y un señor campesino y gocho, hablándome de usted, de manera muy severa me decía “lo que pasa con ustedes en Caracas, es que no entienden lo guapo que hay que ser para ser chavista en zona infiltrada por el paramilitarismo”.

Hoy recuerdo su voz con mucha fuerza, la de él, la de mis compañeros en el Zulia que militábamos acosados por la Policía Regional de Pablo Pérez, o, bajo las balas que los adecos soltaban sobre el chavismo que protestaba ante Panorama. No es una gracia ni una estrategia fomentar esos discursos, que lo que viene para los compañeros no es “concha de ajo” y de esto hablaremos cuando los que ayer mandaron a quemar casas o a bloquear pueblos aparezcan ahora vestidos de caudillos a inventarse revueltas.-

Escritoras

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¿A dónde están sus voces? Esa pudiera ser una pregunta ante una Biblioteca. Ni un solo libro de los grandes clásicos fue escrito por una mujer. ¿Las mujeres fueron voluntariamente mudas? ¿Desprovistas de imaginación y capacidad de describir? ¿Ellas, que saben distraer la pena con la promesa de un tormento o de un consuelo?

Las mujeres siempre hemos existido, o, al menos así parece desde los tiempos de Eva y las primeras mutaciones genéticas que transformaron a algunos monos.

Mi amiga Jacqueline me felicitó por una fecha que aquí no existe. Para los españoles hoy es el día de la escritora, así, con “a”. De esas que se llenan de tinta y pierden las uñas en los teclados. Las que antes firmaban con nombre de hombre, las que fueron obligadas a callarse porque les faltó el abecedario para tener voz. Esas que hoy somos tantas que nos paseamos indiferentes en relación al género de los colegas.

La paridad, la concepción de una mujer que pierda el rol de florero y la dictadura de la estética en Venezuela son urgencias y esta acción afirmativa, de memoria, de un día de la escritora podría celebrarse en Venezuela como una cuestión de justicia.

Porque Venezuela tiene escritoras y algunas incluso muy grandes son, como Teresa de la Parra, Ana Enriqueta Terán, Lydda Franco Farías o como María Calcaño indiscutible soberana de la poesía marabina.

O quizás no sea cosa de fechas sino de luces, sobre sus nombres, sobre sus sueños, sobre sus dudas. La mujer escribió y escribe sobre ella y sobre otros así como los hombres les escriben. Generalmente las Marías, las Juanas, las Carmenes están allí como majas desnudas bañadas de pétalos, en rosada promesa pero como si fuera un secreto, también existen otras, también sueñan otras cosas, también tienen fuerza y rabia.

 

El 15O explicado a los amigos extranjeros

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Ayer Venezuela fue a elecciones, como suele ocurrir casi una vez al año en la nación caribeña. La elección fue electrónica, rápida, con resultados anunciados el mismo día y fieles a la tradición la colisión opositora ya anunció que no reconocía el dictamen del CNE. En resumen, el chavismo demostró que sigue siendo la primera fuerza política en Venezuela y esto es un acto de resistencia heroica. Sin embargo, hay detalles que considerar tales como que, como era evidente mantener la titularidad chavista de todas las gobernaciones que lo eran, resultaba una meta imposible.

Al día de ayer, de un total de 23 escaños, 20 eran del gobierno y tres de la oposición. Al día de hoy  17 siguen siendo rojos.

Si el asunto de la política fuera simple matemática se vería que la fuerza del chavismo disminuyó pero esto sería un análisis irresponsable porque hay que observar que el hecho inédito fue la correlación de fuerzas que hasta ayer pintaba el mapa, casi completo, de rojo.

El resultado nacional marca estados que cambiaron de color. Eso también es más que simple matemática. El estado Miranda que la oposición considera “la joya de la corona” por poseer casi todos los municipios capitalinos retorna al chavismo luego de ser la base de operaciones de Henrique Capriles Randonsky, desinflado líder la oposición que incluso consideró, cuando cantó fraude, que le había ganado a Chávez y luego a Maduro.

Sin embargo, se configura un eje muy peligroso en la frontera con Colombia, al obtener la oposición el espacio que algunos han denominado la media luna que conforman los estados andinos, que a excepción de Trujillo, viraron a la derecha acompañados por el titán petrolero del Zulia. La frontera está a manos de la contrarevolución siendo Táchira y Zulia las zonas de mayor violencia en las jornadas de desestabilización que se han venido viviendo desde el 2014.

Como ya viene siendo tradicional en Venezuela la oposición canta fraude aclarando que “ciertas excepciones aplican” y así veremos que pasarán a reconocer los resultados en las zonas en las que ganaron y sufrirán de amnesia con respecto a que convocaron a sus votantes a la abstención.

Aquel llamado de primera hora no pudieron recogerlo ni con los curas que anunciaban que la Biblia condenaba la abstención como pecado capital en la liturgia del sábado; ni con la ruidosa cuña de la radio que soltaron en Miranda recordándole a la gente que Primero Justicia nunca les había abandonado.

Esperamos de la gente el pacifismo con el que vienen contestando a los llamados desesperados de la violencia mercenaria y mantengamos la mirada atenta, en especial al Zulia, que pasa no sólo a manos de la derecha sino a las tinieblas bajo la amarilla bandera que ha dirigido las solicitudes de intervención extranjera.