Madres huérfanas

duelo-y-tristeza.jpg

Este texto que constituye una especie de segunda parte del recién publicado en mi blog “ciudadanos huérfanos” es el primer retrato que intento de una parte de la población que me fue descrita por Erika Ortega Sanoja, a quien naturalmente dedico este texto.

El niño del que hablábamos en antes, criado en la Venezuela de los ochenta y los noventa, con la llegada de la televisión satelital y el fenómeno Chávez, que debe haber pasado la pena de bailar la Sopa de Caracol, el baile del perrito y la Macarena; que lloró a chorros, sin cuestionar las causas, el maltrato que recibía Cirilo de parte de María Joaquina y que se emociona aun con la música del Miss Venezuela y la voz del presentador del cine millonario, vivió también en menos de quince años, un período de historia nacional tan intenso que, si le hubiese sido posible enterarse, sabría que empezó con las privatizaciones para terminar en las nacionalizaciones, con el barril de petróleo a menos de diez dólares hasta alcanzar más de 100$  y luego desplomarse.

Fuese hijo de un chavista o de un opositor, el mundo siempre le fue presentado como binario,  el pertenecía al bando bueno y los otros, al bando malo. No existían además en esa concepción del mundo, las amplias franjas de grises que suelen suceder en la historia de cualquier país.

Si su ambiente era de oposición fue criado sobreviviendo una infinita sucesión de promesas del vete ya, que no logró ver consolidarse ni con la muerte de Chávez además de pasar todo su tiempo vital esperando ocurrieran las amenazas del comunismo expoliador y comeniños sobre su vida. Por eso, su vida ha sido una versión empeorada del país provisional del que ya nos hablaba Cabrujas.

Si por el contrario, su entorno fue chavista viene con una estructura de vida donde los sueños tardaban poco y exigían poco para concretarse y vio surgir canchas, ambulatorios, farmacias, areperas, …, por sus predios.

Había encontrado un padre que ganaba todas las batallas y que explicaba mejor que la mejor de las maestras de las escuelas, la historia o el presente que lo llevaban a decidir lo que decidía. Nacía así en un autoestima enorme,  de madrugar para ver la bandera en la fórmula UNO o la orquesta en Hamburgo. En este tiempo, el que quiso estudiar, estudió; el que quiso viajar, viajó; el que quiso carros o casas, los compró.

Pero todos ellos, los unos y los otros, se han despertado en estos tiempos en otro país. Comparten, en sus extremos que su proyecto de país no llegó a su último eslabón por muy cerca que han podido estar cualquiera de los dos. No recuerdan otro país, otro momento, ni todas las vueltas que los trajeron aquí.

Ambos, hijos de la tecnología y de los medios de información se despiertan sin saber donde están con la firme convicción que el juego se trancó y a lo que sea, salir de aquí, es la manera de estar mejor. Con títulos a cuesta, onerosísimos en los países que se habían mantenido en esas franjas grises de la historia que escogen, se van.

La vida allá podrá ser buena o mala, podrán obtener cargos gerenciales, dar clases en primeras universidades o engrosar los que viven de un asilo político que todos saben está por lo menos un poquito amañado o dedicarse a la buhonería, eso importa menos porque irse es lo  que encuentran como la única quimera a la que aspirar.

No son ellos los que nos preocupan en este momento. Ellos después de todo podrán resumir su aventura, sea como sea, en que estaban viviendo su vida sino en el personaje que dejan, viviendo de la pensión o de la jubilación, ayudándola ellos o esperando que ellas los ayuden, que son las madres que quedan acá.

La madre que trabajó una, dos o tres décadas, que se confortaba en las mañanas en la espera del transporte con que llegaría ese momento donde jubilada sería una feliz abuela y que sus hijos atenderían sus penurias de salud y sus antojos de la edad avanzada  pero que ahora se despierta en la casa vacía con el mero consuelo del skype.

La madre cuyo único consuelo es integrarse a grupos de otras y argumentar, con sobrado orgullo que esto es un esfuerzo supremo por una vida mejor y encontrarse con otras que le cuenten la misma historia mirando desde el celular la foto del último paseo o la bonita escuela donde todas las demás niñas son perfectamente rubias.

Estas mujeres cuya dimensión numérica desconozco y que, si aun están en edad laboral se latigan cada día para mantener ingresos suficientes que enviar bajo la descomunal crueldad del dólar guarimbero, que han vendido las casas que compraron de a poco suspirando cada mes con la cuota diciendo “…para cuando Fernandito se case”, o que practican en el espejo el consuelo de entender que tan brillante summa cum laudem ahora se agrada con cargos de obrero, porque esa es la desgracia que le tocó, es un sujeto político. Uno que su espacio natural es la oposición, la mas violenta de ella, porque han logrado exigirles que como el gobierno no les quitó a sus hijos sean ellas, que, en demostración de desespero los hagan vivir fuera de esta desgraciada tierra.

¿Dónde vivirán los hijos de la última cacerolera que se hizo viral en internet? ¿Qué identificación habrá entre las madres huérfanas con los macabros manganzones que hoy dirigen la derecha? ¿No verán en la carta de Smolansky el recuerdo de la letra de su chamo en tercer grado? Erika me lo decía en junio, el personaje mas convencido que vio en las marchas de la oposición eran las madres huérfanas, vestidas de blanco, rosario al pecho, hijo lejos.

Estas madres son el desecho de una lógica internacional de saqueo, que ahora nos cobra los años que nos dejó invertir socialmente robando personas que luego sirven como razón para justificar una intervención directa en Venezuela. Son también, en caso de que no se den cambios mayores y esta novela siga estando de moda, un problema social en potencia en tanto ven comprometidas las estructuras familiares de soporte tan necesarias en la edad adulta.

El reencuentro familiar en el extranjero que quizás algunas esperan es improbable con las regulaciones de la migracion internacional cada vez mas construída en aras de ampliar la eficiencia y la eficacia de estos ingresos en la estructura económica. Por eso, son un sujeto político a considerar, a analizar y que no se debe obviar.

Anuncios

Ciudadanos huérfanos

television-noticias-menores-tabasco-hoy.jpg

Hay gente que camina sin preguntarse por donde anda. No se preguntan el nombre del árbol que les da sombra ni cuánto tiempo tendrá allí. No se preguntan porqué el edificio en el que trabajan es una torre, una pequeña casa, una oficina nueva. Pasan la vida asumiendo todas las cosas como predispuestas, como si el tiempo no las ha hecho cambiar.

Con el tiempo he caído en cuenta que esa gente asume de este modo buena parte de la vida y no es su culpa. Nacieron, los pusieron delante de un televisor, les hicieron bailar todas las músicas pavosas que estaban pegadas en su época. Les hicieron ir a dormirse sobre pupitres y seguir el ciclo.

Cuando esto pasa, cuando la gente es arreada en la vida por una inercia social estereotipada nos encontramos con la capacidad ilimitada de impactarles. A la final no adivinarían nunca que debajo del asfalto, más o menos nuevo que pisan, seguro antes hubo una calzada y antes tierra. Que en menos de cien años, que es apenas un poco más de la vida que seguro tuvieron sus abuelos, este país fue cambiando aceleradamente y haciéndose esa amalgama cultural que resultó de amontonar precarios campesinos, con europeos hambreados, izquierdistas del cono sur, una intelectualidad afrancesada y un modelo económico diseñado por los gringos.

Podrían negar con mucha energía que en 1998 cuando la victoria de Chávez comenzaba a hacerse evidente, Acción Democrática utilizó una sartén que chispeaba aceite para advertir que Chávez vendría a freír a la población venezolana, a la vez que vestida de barbie abogada Irene Sáez hablaba que en Venezuela había que parar con la pobreza, el desempleo y la inseguridad.

De esa Venezuela que conocieron jovenes o niños que los formó para servir, con algún nivel técnico en empresas, principalmente trasnacionales, la verdad es que queda poco. El mundo se reiventó aquí y afuera, la empresa grande se transformó en pequeña, la norteamericana huyó hacia Asia y quedaron, muchos, con su plan lineal a cuestas intentando entrar en el zigzag de la realidad actual.

El vivir mejor que empujó a sus viejos, con la nostalgia a cuestas, a conquistar los cerros de la ciudad cerrada a recibirlos, del que bajaron o no, parecía desdibujar Caracas y pintar un oasis, multiforme, que siempre queda afuera. El rumbo sólo es el extranjero.

Entonces, con esa poca curiosidad, algunos de ellos han hecho maletas y enrumbado a nuevos paraísos. Se agrupan en comités que desde Santiago de Chile quieren contarles a los chilenos que es vivir en dictadura. Se fotografían en Paris sin jamás haber oído los hilos de la calma romperse ante el inminente bombardeo sobre la ciudad de la luz que quizás, haría Hitler. No les llega el olor de la sangre mexicana que se sembró en resistencia cuando todas esas ciudades de nombre castellano fueron arrebatadas a México, por parte de los Estados Unidos. Como no escuchan los gritos de las almas que penan en las costas del mediterráneo o en el paso de Calais cuando huyen de la guerra y del hambre que desde sus cuentas sociales pretenden para Venezuela.

Por el contrario, la llegada del venezolano afuera parece dibujarse como una línea que proyectar hacia Venezuela, la foto del piso de Maiquetía convertido en testigo de la partida, la foto del reencuentro porque siempre hay alguien que se fue primero, luego los parques y luego, el silencio.

Esa misma gente, sentada desde un escritorio del Ministerio se quejan con amargura de la corrupción en el gobierno y esperan con ansiedad la nueva cadena de Whatsapp con la que se sustituyó el rumor de oído a oído que siempre salía de un empleado de confianza que trabaja en Miraflores.

Es a ellos que pasan toda la vida sin una brújula, sin un sentido de ser mas que el niño que abandonaron con el chavo, los Power Rangers, los Telettubbies o los Backyardiggans, el ser que hay que rescatar para que la ciudadanía sea primera vez el espacio donde llegan y permanecen siendo –quizás por primera vez- parte de algo.

La sociedad del odio

hater_quotes2.jpg

A mi Yamila, que me ha enseñado tanto.

Hace aproximadamente un año escribí un articulo ironizando sobre como estábamos descubriendo, por lo menos en Venezuela, una nueva forma de gobierno. Una muy banal, donde todo se obtenía o se perdía con tener la foto precisa con el personaje correcto. Así, a un año de aquello algunos recuerdan mi definición de la fotocracia y se divierten señalando cuando ven aparecer a algún fotócrata en el escenario.  En el presente, dudo que la fotocracia ya no sea una forma de gobierno que logra, con algún éxito, instaurarse pero observo como en esa misma banalidad, donde todo es inmediato, emocional y aparente, se va produciendo un problema mayor, el de la sociedad del odio o para seguir jugando con las palabras la hatercracia.

Lucía Etxebarria, escritora española sobre la que hoy se habló por su denuncia de un robo en las famosas fiestas españolas, los sanfermines, dedica una columna a comparar el odio que produce y manifiestan, dos mujeres que saben que son los dos lados de una infidelidad. Al relatarlo, habla de una persona en esa situación hace par de años y dice …entonces las redes sociales no eran cibernéticas sino reales. Ellas coincidían en bares y en fiestas. Se intercambiaban miradas gélidas y punto. Ella nunca se rebajó a demostrar que lo sabía y que le importaba, mucho menos a dar un espectáculo gratuito a terceros. “[1]

Ahora, por el contrario, cuenta como en las redes sociales existe un culto al odio en el que esos dos personajes se cruzan amenazas, descalificaciones e insinuaciones. Por un hecho, que, doloroso en cualquier época, antes ambas hubiesen matado porque se mantuviera en privado.

Un cuento tan trivial como este se ubica en mi cabeza poblada desde la mañana por la comparación –escalofriantemente sin diferencias- entre los crímenes de odio que han llenado las primeras planas. De Kiev a Charlotesville parece que el espanto hizo una escala en Caracas.

La gente entonces ahora odia y siente en ello un derecho legítimo, una proclama cualquiera. Odia a la gente, odia el trabajo, odia los perros, odia el calor, odia el ruido.  Ahora se festeja el odio, se publica, se difunde…

Pero resulta que el odio habla en inglés, hay toda una especie de tribu virtual llamada de los haters, o, al menos eso me cuenta Google cuando lo interrogo al respecto.  Su característica principal sería la exageración del rechazo o apatía a cosas, deberes o personas. Su publicación una especie de conformación de comunidad. Sus medios las redes sociales y toda esta nueva manera de comunicarse que son los memes.

El odio que se presenta así como esa actitud de rebeldía adolescente parece que no se acaba cuando se difunde sino que se viraliza y se va tornando en una espiral que permite jugar al suicidio, llamar al homicidio, celebrar el asesinato o promover una invasión. El rechazo a lo humano se va haciendo tan fuerte que comienzan a confundirse los escenarios de la realidad con los de la virtualidad.

Los hatercratas parecen unidos por una indiferencia manifiesta que los lleva a vivir en un mundo que no se conecta con sus países de habitación, que los hace vivir en la añoranza de cosas que nunca han sido y que, usando un poco a Bolívar, parecen ser piezas muy útiles para su propia destrucción.

Termino estas líneas convencida que el nuevo riesgo nuclear de esta humanidad, se llama odio y es tan o más peligroso en la medida que se vende en pantallas que miramos y abrazamos más que los humanos de los que nos rodeamos.

[1] http://www.elperiodico.com/es/opinion/20170520/si-con-todo-que-tienes-no-eres-feliz-por-lucia-etxebarria-6045245

La historia no se duerme

851d83816937813269b5fe445e2c6a67--marseillaise-la-france

Despertaba el domingo con el sol sobre los libros. El noticiero seguía con su tono decadente y yo, con tijeras en mano, intentaba dibujarme una época. Mi primera verdad es la del título de estas líneas, la historia no se duerme. Lo que no tendría ninguna sorpresa salvo porque siempre en las aulas la historia está allí, comatosa, detenida, inalcanzable. Llena de olimpos que no destruye nadie…

La Independencia fue un acta, la fraternidad una proclama, la autodeterminación una cumbre, la justicia una conquista, Mandela borró de una sonrisa el apartheid, el nazismo era una  pasada historia…, todo parecía retorica y estática. El movimiento era lineal, permanente hacia mejores condiciones para un universo cada vez más amplio.

¿Entonces cómo leer los noticieros? La progresividad del derecho y la línea venturosa de la historia parecían claramente improbables con los titulares. Bordeamos una crisis de misiles, los Estados Unidos tiene un maniaco en la Presidencia, los subsaharianos que huyen del hambre son hundidos en las costas bajo la supervisión triunfal de buques europeos que prefieren que eso se quede allí… Hoy, vuelve la supremacía blanca y sus atemorizantes manifestaciones.

¿Entonces cómo se organizan los pueblos? La presentación de la realidad en formato de anécdota hace que el espanto, siempre tan interno, se desplace a un espacio lejano donde todos nos sentimos incapaces de hacer algo por el otro y nos consolamos en nuestra conciencia de pequeñez, de lejanía. A la final nos reconfortan las clases de historia, no somos ni Mandela, ni Bolívar, ni García Lorca, ¿o si?

 

 

 

La mujer amputada

web2

¿Puede un texto íntimo sobre el ser que somos nacer en la espera de una atestada y polvorienta ferretería? Sin duda, debería disculparme con mis lectores por traerlos a esta escena. Al ruido, al polvo, a las miradas de la avenida Baralt de Caracas y sus bazares de pequeñas cositas, bichitos, conexiones, metales, cables, plásticos… pero es justo allí donde empiezo a pensar este texto en el que quiero hablar desde adentro de esa mujer amputada que me descubro siendo y que sin duda encuentro en tantas de mis congéneres.

Ignoro si alguna vez alguien tendrá en su vida aspiraciones de catalogar la mía. A la vez que me divierto en adivinar cuál sería el adjetivo que escogería para referirse a mí ¿abogada? ¿escritora? ¿política? No creo que a nadie se le ocurra describirme de otro modo aunque hay quienes usan el pasmoso adjetivo de “intelectual”.

La verdad en esa ferretería es que soy una mujer de metro y medio, zapatos brillantes, falda a la rodilla y camisa verde. Soy un bicho raro. Poco antes salía de la biblioteca, con el pelo a medio recoger, los lentes gruesos, el silencio ceremonial. Allí, soy un bicho ordinario. Entonces me dibujo en el asombro de los hombrecillos que me miran, con el sudor en la frente, la franelita gastada, deslucida, olorosa. Me entiendo en ese momento como medio ser.

He vivido semanas de un drama que es una verdadera comedia. Me atacan inclementes todas las facetas de la vida cotidiana. Me he dedicado en serio a esto de escribir y de hablar y se me ha formado una revuelta. El piso decidió pintarse de sucio con una capa que sólo se intimida, por un par de horas, con las escobas, las aguas y los químicos. El carro es un auténtico guarimbero pero sé que debo disculparlo, el pobre ha sido una especie de Oliver Twist, siempre dispuesto a superar la infamia a cambio de mi cariño. Pongan ustedes los etcéteras que me llevaron pese a mi desconfianza, a una ferretería de la avenida Baralt.

He decidido que es tiempo de buscar la mitad que no he sido nunca. Tengo una agenda, un cuaderno y una lista de reproducción de youtube que me habla de aceites, motores, ruidos…, y este es ahora mi experimento en cuerpo propio de lo que tanto teoricé antes sobre la igualdad de géneros.

Somos, en esta sociedad binaria, todos tan sólo una mitad. Créanme, no lo digo románticamente. Lo pensaba ayer en la última mesa del bar donde escuchaba el discurso en el cual, por enésima vez, se ahogaba uno de mis proyectos emocionales. El, tenía que encontrar una esmerada retorica que me alejara de evidenciar que los hombres también se asustan.

Por tanto, amputados como vamos tenemos que aceptar una especie de dependencia impuesta con reglas claras. Usted, como pensaría Lydda debe ser tan desgraciada como la muchacha de la novela porque para eso una está. El, tendrá que estampar el beso protocolar y desvivirse en asuntos de hombres que cargan el peso de la familia ejemplar.

Nosotras, a medio siglo o un poco más, de la liberación femenina seguimos siendo una mitad amputada de la posibilidad del desarrollo pleno. Ese, que hará que si pisamos una ferretería no tengamos que padecer el discurso de la mami, la mirada desconfiada que determina, con exactitud si pertenecemos a las divorciadas, a las marimachas, o, a las mujeres solas que son una especie de categoría que integra aquellas dos clasificaciones del mal.

En esa escena sentía con claridad que una nunca se escapa a ese machismo y su violencia. Ciertamente,  yo he podido caminar mi carrera con los dos pies sobre la tierra. He comido en espacios donde sólo algunos entran. He conocido hombres y mujeres de esta historia y alguna hoja, ha tenido mi nombre. Allí llegué, con la línea que se hace cuando uno va avanzando, a una estructura de poder. La mirada no fue tan distinta que la del hombrecillo de la ferretería, siempre entre el morbo, la compasión y la desconfianza.

La pregunta en mi distinguido interlocutor pasó de considerar de quién habría sido mujer para llegar a esa sala, a, considerar qué clase de distorsión haría que adoptara una vida entre los hombres tan lejos de tener un hombre. En esa mente, las palabras son como en el matrimonio, el hombre es marido y mujer, pues, es mujer.

Por eso este texto empezaba en esa ferretería. Las concepciones sobre el género siguen siendo las mismas sólo disimuladas porque se ha visto que aquello del súper macho es políticamente anticuado.

Ironizaba con mis amigos en días recientes sobre qué me he propuesto buscar la dirección de la fábrica de esposas, acompañantes y asistentes de nuestros políticos. Producimos al por mayor muchachas de pelo negro largo, cuerpo curvilíneo, uñas de plástico y pocas palabras. Su función es decorativa, signos del estatus como las camionetas y los celulares. Muchas provenientes de los campos y de las zonas desfavorecidas, arrancadas de la posibilidad de un desarrollo intelectual independiente. Son las que alimentan el listado que miraba el Ministro, el de “mujer de…”

Esa muchacha es en el imaginario colectivo mi antónimo. Situación que no creo cierta. Es una mujer que luce y le explican una existencia tan amputada como la mía. Su espacio meramente domestico no toca sino en la sala de espera mi espacio, principalmente público. Su existencia como antónimo hace que algunos se imaginen y castiguen con que sus anhelos y los míos son opuestos. Buscará aquella una relación que la proteja y le saque la vida de los entuertos.

¿Yo? Pues nadie se explica que buscan las mujeres en estas otras esferas, hay una tolerancia incomoda con nuestra existencia que va a acumulando desde las proclamas del supremo catolicismo y sus promesas que moriremos vistiendo santos hasta el imaginario de otras que nos catalogan como verdaderas arpías, luego, ese limbo extraño para aquellos que no saben exactamente qué hacer con nosotras cuando retamos su existencia binaria, cuando no acudimos al “sálvame” que estaba en la página dos del manual de las parejas.

En toda evidencia, me resulta que el sistema binario que tiene un mundo de dos y luego sigue con sus opuestos nos va quitando pedazos. Nos limita un universo de saberes que necesitamos. El mundo es la idea y también es la cosa. Es la administración de la casa y la existencia pública. No tan sólo no somos contrapuestas porque esa oposición nace de una amputación, de hombres y mujeres, tan capaces de ser sensibles y esmerados, infieles y violentos, el uno como el otro. Se mantiene en la permanencia de un discurso hacia la mujer que sigue viendo un universo que catalogar entre brujas y doncellas. Señoras y perversas.

Tan amputados todos, tan mal complementados. Tan urgidos de completarnos hacia y desde adentro, tan perdidos en un discurso que se construye en salones de reuniones y que pasa tan pocas veces el dedo sobre el mostrador de metal y vidrio donde empecé a hablar con ustedes de mis propias amputaciones.

Yo, tan intelectual como pueda ser cargo la incapacidad de las ejecuciones mínimas que tantas saben construir y por eso estoy frente a aquel hombre en el mostrador, convencida que mi curso virtual de plomería me permitirá ver diferencias más profundas que las que hasta esa fecha veía, sólo capaz de distinguir que es de plástico y si aquello es metal.

Y lo pienso esto es quizás el asunto aquel de la sororidad que tan titular fue hace unos años en el manual rápido de feminismo, es un asunto de negarnos a detestarnos a la final somos tan sólo miembras del mismo esquema manifiestamente represor y básico.

Constituyente y economía

economia +

Durante toda la campaña electoral de la Asamblea Nacional Constituyente se escucharon voces disidentes afirmar que esta vía, la de la modificación constitucional, aportaría poco a la necesidad más sentida del pueblo venezolano: el asunto, tan simple como complejo, de tener una arepa que comer cada mañana y dos comidas más a lo largo del día.

Denunciaban así algunos que pocas soluciones prácticas podía dar el debate filosófico-político en el que consiste una constituyente a este problema, intentando consolidar la idea que la Asamblea Nacional era tan sólo un asunto político.

Si esta matriz se intentó posicionar, fue paradójicamente al mismo tiempo que se señalaba que la futura Carta Magna iba a ser un perverso ordenamiento comunista capaz de erradicar las libertades económicas de las que los ciudadanos gozan e incluso aquellas de las que nunca han gozado.

Para amplificar esa sensación de duda e impotencia, la Venezuela constituyente amaneció desde sus primeros días apuñalada por el flujo ascendente e indetenible del valor del dólar apátrida y guarimbero, que fijan desde Cúcuta  a través de una página web, como queriendo decir que contra la guerra económica no ha podido el Ejecutivo, ni la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y que tampoco podrá el Poder Constituyente.

Por ello, queremos dedicar las líneas del día de hoy al asunto de la Constitución económica.

En primer lugar, hemos de considerar que toda Constitución, como señala Miguel de La Madrid, tiene implícita o explícitamente una concepción de las relaciones que deben existir entre el Estado y la economía, la cual, a su vez, forma parte de la filosofía política que aquella sustenta sobre las relaciones entre Estado y sociedad.[1] Visto lo anterior, vemos que la noción moderna de Constitución se relaciona con el liberalismo político, marco que le permitió a la burguesía implementar el capitalismo.

Para luego transformarse, con el esfuerzo heroico de los pueblos, en un constitucionalismo social, que vería nacer los derechos del trabajo, como el que se desarrolló en la Constitución mexicana de 1917.

El tema económico así visto siguió su rumbo en las distintas épocas constitucionales. Siendo el constitucionalismo de fines del siglo XX, un esquema favorable al neoliberalismo que se impuso como arma rapaz de los poderosos en contra de las garantías del Estado de Bienestar.

Así lo describe Facundo Gladstein,

“El oleaje ultracapitalista de las décadas de los ochenta y noventa se plasmó jurídicamente en constituciones de matriz neoliberal, cuyos mayores exponentes latinoamericanos son las constituciones de Colombia de 1991 y de Argentina de 1994. En sus textos se reflejó el pensamiento, la filosofía y la concepción económica del genocidio financiero que arrasó con las haciendas latinoamericanas en aras del mercado pero diezmando a las sociedades, y como ya hemos visto, empobreciéndolas hondamente.

Ejemplo de ello son normas de carácter meramente enunciativo y generales, sin delimitar el diseño económico del aparato estatal. Textos, como en el caso de Argentina y Chile, sumamente cortos y ambiguos, representan el constitucionalismo clásico.”

Las cuales no serían seguidas, ni en el estilo ni en el contenido, por las tres cartas que configuran el denominado nuevo constitucionalismo latinoamericano cuya primera exponente fue la Constitución venezolana de 1999, que, tocará el tema económico condenando prácticas perversas, como la especulación y el acaparamiento, determinará  que la economía es un área de seguridad de estado y contendrá sendas disposiciones en materia social.

Considera Galdstein que estas tres hermanas, la venezolana, la ecuatoriana y la boliviana se propusieron “una sociedad más igualitaria en un mundo desigual” de modo a construir un muro frente a lo que él considera que constituyó un verdadero genocidio económico: la implementación del neoliberalismo en América Latina. De allí que con estos textos, con las interpretaciones que de ellos se hicieran con carácter originario, pudiera crearse el margen de la nueva integración regional y el desarrollo de las misiones sociales como políticas públicas de redistribución del ingreso.

Con lo que pretendemos plantear, con toda la seguridad del caso, que mucho tiene que ver el marco constitucional con la satisfacción individual y colectiva de los derechos socioeconómicos. Por lo cual, el Constituyente de 1999 fue la pieza fundacional del Estado de las Misiones sociales y el Constituyente de 2017 tiene que usar sus herramientas normativas para enfrentar un contexto agresivo y despiadado contra la Nación.

Describimos como un “contexto agresivo y despiadado” la implementación abierta de sanciones contra Venezuela toda vez, que, la experiencia política y las declaraciones de los organismos multilaterales han demostrado que incluso planteadas como individuales las mismas afectan gravemente las capacidades de compra y endeudamiento de los gobiernos que, terminan repercutiendo en el acceso de los pueblos a los bienes fundamentales para la vida.[2]

Luego está la situación que hemos venido enfrentando en los últimos años, descrita en el léxico corriente de nuestros políticos como guerra económica, consistente en el coordinado esfuerzo para hacer más difíciles, las pequeñas exigencias de la cotidianidad y del hogar. Hace un tiempo, con documentos en mano, fui viendo por los reportes de retenciones de la Guardia Nacional, las guías de despacho de Sunagro y los reportes de abastecimiento que el desabastecimiento se creaba, se empeoraba y se mantenía simplemente con la alteración de la frecuencia y la cantidad. Así, de lo que antes llegaba cada jueves, digamos que diez kilogramos, ahora llegaba un solo jueves en un despacho de cuarenta kilogramos. La situación enloquecía a todo el mundo, al vendedor que temía ser acusado de acaparador, al comprador que quería lo que veía porque no sabía si lo volvería a ver y a las autoridades del orden público que a ciencia cierta no sabían a qué se enfrentaban.

Otra de las técnicas usuales fue hacerle la vida más difícil y la ganancia más pequeña a los pequeños comerciales, a esos, al bodeguero del barrio, a la señora de las empanadas…las facturas y las notas de entrega, los aumentos del condominio, del arrendamiento, la venta condicionada, el cambio de códigos, la modificación de la categoría o de la relación comercial con el vendedor. Todos se fueron sumando de a poco a la realidad.

Hasta ese entonces las cosas tenían poco sentido. Hablábamos de una rebelión de la burguesía, de que habían decidido echar el resto, nos acostumbramos a ir echándole la culpa al compañero que como mártir designábamos para que encarara la tormenta y fuimos por demás encontrando cada día una solución más grande, mas burocrática y compleja para el problema.

Aquí está la primera diferencia del momento constituyente al reunir en un espacio de dialogo y construcción miembros de cada uno de estos eslabones: de los trabajadores a los que no les alcanza, de los pequeños empresarios asfixiados y de los industriales sometidos por sus proveedores. La primera tarea sería la de despertar el sentido de lo común en todos ellos: la lesión que vamos acumulando de un eslabón a otro hasta que revienta insoportable en el consumidor final, poniendo en riesgo toda la cadena.

La segunda, el deber de cambiar la lógica del gobierno sobre la economía en la cual los mecanismos han de ser menos burocráticos y de más fácil mutación dada la evidente capacidad de reinventarse que tiene la acción.

La tercera, la Asamblea Nacional Constituyente como foro político tiene que mirar la situación económica como estrategia de toma de poder, o, de debilitamiento de la cohesión del pueblo venezolano. En tal sentido, ha de entender que la derecha considera que ha llegado hora de las grandes fortunas, de la noción de democracia minimizada a la transacción financiera. El tiempo de los nuevo Chicago o Princeton boys, a los que no tan solo reúne el desprecio por los pueblos y sus procesos sino sus sentidas y publicas amistades.

Siendo este el punto, más allá de las acciones puntuales e inmediatas que ha de adoptar, uno de los que reviste de mayor complejidad. En tanto, desde aquí ha de construirse un nuevo discurso económico, esperanzador, de nuevo estilo, nacido del ideal socialista que nos impulsa pero capaz de adaptarse al sentir y vencer los miedos de las nuevas generaciones.

¿Qué esperan los jóvenes de la economía de este país? ¿Qué necesitan los emprendedores para no desfallecer, como lo hace la mayoría, en los tres primeros años de su e esfuerzo? ¿Quiénes son los factores que deben verse? ¿Cuál es el espacio de los nuevos productos?

Sobre el tema de las aspiraciones quiero destacar el trabajo publicado por la Revista Síntesis, donde Jacqueline Montes en base a los resultados de la investigación que desarrolló sobre la materia sostiene,

“La validación de modelos de sociedad solidarios e incluyentes es un elemento compartido por el 60% de los jóvenes que piensa que el socialismo es el mejor sistema económico (II Enjuve-2013); frente a un 20,1% que lo rechaza y ve como opción al capitalismo, en este caso la mayoría de quienes sostienen esta posición son muchachos provenientes de los sectores sociales A y B, lo cual no resulta sorprendente, dado que los jóvenes no escapan a la influencia de los intereses de clase, como comentábamos antes.

Sin embargo, los trabajos con Focusgroup nos permiten asomarnos a los matices de las opiniones. Encontramos que los jóvenes chavistas que aprueban el modelo socialista tienen una clara conciencia de la necesidad de superar el modelo económico rentista, dependiente del petróleo, y apuntan con urgencia al desarrollo de la capacidad productiva del país que permita garantizar la sostenibilidad en el tiempo del modelo bolivariano, la suya no es una opinión acrítica, por el contrario, ven y señalan los errores, pero son optimistas en su capacidad para corregirlos. Los jóvenes opositores por su parte, los más politizados, rechazan el modelo actual por encontrarlo como limitante de sus oportunidades de desarrollo, de crecimiento, defienden el modelo capitalista y desean ser reconocidos por sus méritos, pero dan muestras de una mayor conciencia de la responsabilidad social, pues entienden que los modelos que se alejan de las necesidades de las mayorías generan brechas sociales que pueden terminar en revoluciones como la que ellos conocen y rechazan.”[3]

El asunto del poder constituyente tiene como contraste con el poder constituido el hecho de ser la voz viva de un pueblo. En tal sentido, tienen sus representantes un deber con la historia mayor que el que tienen de ordinario los diputados y esto ha de llevarlos a un proceso en el que todos los presentes convoquen a todos los ausentes; donde manifiesten y actúen tomando en cuenta que la Constitución siempre tendrá una importancia fundamental para la economía pero que no existe un concepto cerrado, absolutamente correcto, de determinar las relaciones del sistema económico sino tan sólo el deber de, recordando la irretroactividad de los derechos ya adquiridos, buscar un punto de comunión nacional que permita superar  la estrategia del caos a la cual hemos sido sometidos, como manera de preparar la opinión pública para la sustitución de los liderazgos populares por los industriales y tecnócratas en los máximos cargos nacionales.

Por ende, radicalmente distinto es el planteamiento del problema al que ha de enfrentarse la Asamblea Nacional Constituyente al que, con mayor o menor éxito, ha consumido al Poder Público Nacional venezolano porque no son soluciones para la inmediatez sino profundamente cargadas de futuro las que ha de a

[1] 440

[2] Organización de las Naciones Unidas ha señalado en su Observación General N8 (Comité DESC) que “si bien los efectos de las sanciones varían de un caso a otro, el Comité es consciente de que casi siempre producen consecuencias dramáticas en los derechos reconocidos en el Pacto. Así, por ejemplo, con frecuencia originan perturbaciones en la distribución de suministros alimentarios, farmacéuticos y sanitarios, comprometen la calidad de los alimentos y la disponibilidad del agua potable, perturban gravemente el funcionamiento de los sistemas básicos de salud y educación y socaban el derecho al trabajo”

[3] Entrevista: Jacqueline Montes. Junio 2017. http://www.sintesis.com.ve/entrevista-jacqueline-montes/

 

La justicia no huye en moto

penelope-glamour-4Hace par de horas que se viralizó un video de Caraota Digital que muestra a Luisa Ortega Díaz huyendo en una moto de Parque Carabobo, el cual es, en mi opinión, uno de los momentos más bochornosos de la historia nacional. En el pasado, tan lleno de tensiones y traiciones como el presente, no he logrado referir una escena donde un personaje que haya ocupado un cargo en el que se requiere ser tan valiente salga con tanta cobardía.

Pues si bien, en todos los espacios me he reservado hacer valoraciones personales sobre Ortega Díaz porque pienso que para eso están los tribunales, tanto los del sistema de justicia como los de la historia, considero que en esa escena cabe más de una pregunta urgente.

El momento histórico que vivimos, tan complejo, tan variante, nos lleva a reflexionar qué nos dice sobre el sistema de justicia que la que hasta hace pocas horas era la titular de la acción penal en el país salga, en ruidosa violación a la normativa de tránsito, huyendo.

La justicia es una virtud de la República, un propósito del alma buena y una apuesta compleja. Lo justo no es lo mismo según se vea y se pertenezca a uno o a otro mundo. Para un obrero la justicia es el salario, para un empresario la ganancia, para un preso la celeridad, para la madre de un asesinado, la severidad… pero creo que en esa diversidad de opiniones y visiones hay que aprovechar un punto de encuentro nacional y es el hecho de sentir que lo que viene siendo, formal e institucionalmente llamado justicia, no es justo.

No era justo en 1998 y por eso se reformuló en la Constitución bolivariana y no es justo todavía. Sostengo que la justicia debemos plantearla desde la perspectiva más amplia posible y entender que no seremos un país más justo tan sólo en los límites políticos del tema. Por ello, antes consideré que una Ley de Amnistía, además viciada por tantos aspectos como la que se discutió en el 2016 le haría un magro favor a la sociedad pero ahora pienso que debemos cuidarnos de circunscribirnos a la necesidad, sentida y gritada, de castigo por los más recientes hechos.

Ghandi decía “ganamos justicia más rápidamente si hacemos justicia a la parte contraria” pensamiento que si adoptamos nos llevará al valiente trabajo de tomar todas las víctimas en su condición de humanos, dotados entonces de una misma dignidad y estatuto jurídico, lo que hará de los autores de los hechos que les hirieron, igualmente responsables, por lo que cometieron. Sin que a unos se les olvide o que a otros se les proteja.

La justicia respecto a estos hechos ha de ser ejemplarizante, dialógica, restaurativa del estado previo a los acontecimientos y libre de retaliaciones y venganzas. Si logramos esta meta aportaremos al país parte de lo que necesita pero tan sólo podremos sentir que iniciamos el largo camino de reconstruir jurídicamente la justicia.

La última frase la escribo a propósito pues hay que construir nuevamente la justicia y esto nos llevará a sortear un segundo riesgo que es considerar que una mejor justicia se logrará con tan sólo reasignar los responsables de los roles en el proceso judicial.

La injusticia misma está anclada en los procesos y allí, radica el terrible problema de los linchamientos y otras formas de hacer justicia por mano propia. Tenemos que buscar qué entiende el pueblo como justo, qué  odia de lo que existe y cómo las víctimas sienten que se verían compensados los más diversos delitos y abusos a los que han sido sometidas.

Quiero en esto aferrarme a una idea de mi profesor JF Akandji-Kombé quien, pensando en el derecho de su país, recordaba como premisa fundamental para el Derecho Constitucional, que debemos saber que somos capaces de producir un pensamiento jurídico propio y que este es el único que será capaz de mejorar nuestras sociedades. Por ello, a la hora de repensar la justicia tenemos que escuchar a los presos, a las  víctimas, a los jueces, a los fiscales, a los defensores, a los transeúntes e incluso atrevernos a mirarnos fuera de las vías férreas que pensaba Calamandrei, debían ser el sistema de justicia.

Este problema, que si nos referimos a algunos informes internacionales es el mayor y más longevo de los males que sufre Venezuela no fue obviado por el Comandante Chávez, quien lo usó como una bandera para la Constituyente de 1999 y que al ver que los frutos no fueron los esperados  continuó exigiendo cambios. Por ello dijo en el 2007 “la impunidad es el cáncer mas grave que nosotros tenemos, porque no hay temor a las leyes ni a los tribunales cuando reina la impunidad”

¿Cómo construir ese temor, el temor de un aparato de justicia que funciona y borrar el terror a un sistema de justicia que violenta derechos de quienes le son sometidos? Esa es la pregunta que ha de contestarse. La criminología ya lo alerta, esto no es un problema del monto de las penas. Las personas no le temen al castigo fuerte sino al castigo probable. Es un asunto más de la articulación que de las consecuencias.

 

La terquedad por la paz

brotherhood-2173097_960_720

Por mí, ni un odio, hijo mío,
ni un solo rencor por mí,
no derramar ni la sangre
que cabe en un colibrí,
ni andar cobrandole al hilo
la cuenta del padre ruín
y no olvidar que las hijas
del que me hiciera sufrir
para ti han de ser sagradas
como las hijas del Cid.
Coloquio bajo el olivo- Andrés Eloy Blanco

Desde la Constitución de 1811, existe en Venezuela un régimen que limita las relaciones de los individuos en funciones de Estado con las naciones extranjeras. Esta regla, a modo de cuidado celoso, se funda en el deber de proteger la soberanía y la integridad territorial.

Con esta afirmación, pacífica en la historia constitucional, podemos ver el carácter jurídico del llamado del a intentar que los problemas nacionales se resuelvan entre los venezolanos.Lamentablemente,  algunos sujetos políticos en vez de ser voceros de una fracción del pueblo actúa en cierto modo como caja de resonancia de directrices externas, lo que les lleva a celebrar e incluso a solicitar actos que buscan asfixiar un país.

Ahora bien, una vez que a través de la aventura de solicitar la aplicación de la Carta Democrática Interamericana fueron naturalizando en la opinión pública el abierto rechazo a la Constitución y la supuesta primacía de instrumentos internacionales, cualesquiera que sean, queremos valorar el presente desde una óptica superior a la de la violación del régimen de protección de la Nación en las relaciones, en especial en los acuerdos y en los honores, con los extranjeros.

Hemos decidido entonces destinar las próximas líneas a un tema fundamental para el país y es el de la paz.

Para Howard Zinn,  la paz es un imperativo moral y en la óptica que queremos abordarla en el día de hoy es un mandamiento que han impuesto las distintas religiones. Nosotros, que somos mayoritariamente cristianos, la vemos desde el antiguo testamento, donde se llama shalom que viene el vocablo shalam que significa estar completo, restituir o pagar.

Entonces, podríamos decir que sólo en paz estaríamos completos y quizás de allí devenga que en el Nuevo Testamento, en los fundamentales capítulos posteriores a la resurrección de Cristo, Jesús regresó y según cuenta Lucas se puso entre sus discípulos y les dejó su paz.

Sería entonces la paz la única manera de ser y además, un regalo gozoso de Dios. La cual, tiene valoraciones similares en otras religiones que en su conjunto, reunidas como fibra moral de la humanidad han determinado que la paz sería uno de esos conceptos multifacéticos en tanto es un deber de todos, una finalidad del Estado y un derecho que es a la vez individual y colectivo.

Por ende, parece que no podemos regalarle la paz a las miserias de nuestros enemigos. No podemos permitir que se imponga una guerra. No al menos a la luz de nuestra religión y de nuestro derecho. Tampoco parece que sea una manera de cumplirle a nuestra tradición histórica que tan mesuradamente ha permitido el empleo de la violencia.

Siendo como es el caso que la gran promesa de la Asamblea Nacional Constituyente sería que esta se constituiría en el instrumento de la paz, pienso que algunas reflexiones son imperativas. La primera y más difícil es cómo lograr la paz  porque como propósito del alma, después de estar en concordia con uno mismo hay que empezar a transitar, hasta la terquedad, el camino para estar en armonía con el otro.

Si este es nuestro propósito la actividad constituyente debe seguir el camino del abrazo de los que no han querido encontrarse con nosotros. La tarea requiere un esfuerzo tan notable como el de la hora de la Independencia, donde se estableció el deber de los Patriotas de respetar la dignidad de los realistas y una primera Constitución que, centrada en un nuevo orden público, quería preservar el mayor respeto posible por los sujetos y su ámbito privado.

Por eso pienso que son dos los debates constituyentes que han de darse en este país en todas las esquinas, permitiendo espacios alternativos como para votar se usó la contingencia electoral donde se construya una noción de paz y una de justicia en las que todos quepan.

Tenemos una literatura y una historia llena de estas banderas pero sobretodo cabe la que dejó dibujada Andrés Eloy Blanco que debe ser, en mi opinión, el lema de esta nueva hora constituyente. Es tiempo de tener escrito en la frente el “Coloquio bajo el olivo”.

Pues con razón hemos dicho que para alcanzar la paz antes será necesaria la justicia y es verdad, la justicia ha de ser pero la paz no se logra sólo con justicia sino hay vocación para ella, convicción y como quisimos llamarla para este texto, terquedad.

La primera piedra

bc69f-pasion-por-la-piedra

“El país tuvo siempre una visión precaria de sus instituciones porque, en el fondo, Venezuela es un país provisional.”

José Ignacio Cabrujas

Escribo con las campanadas de la Catedral de Caracas de fondo, llegan con el viento mezcladas con el fragor de la Plaza Bolívar. Pienso en cuantas cosas han pasado por estas calles desde que eran poco más que una decena. Pienso en cuál sería la primera vía, subiendo o bajando, que correría Simón Bolívar. Sé que por aquí han pasado un poco más de doscientos años de una República.

Miro al frente y si borro la remodelación de la Francia y esquivo los carros amontonados en la Alcaldía, olvidándome de la esquina caliente y de la tarimita en la puerta del Capitolio, veo un edificio. Allí queda el Palacio Federal Legislativo que fue inaugurado el 19 de febrero de 1873. El inmueble tiene varias fachadas y en ellas todavía se leen las inscripciones doradas que reflejan cuál parte del Estado debía funcionar allí según lo pensó Guzmán Blanco y su principal arquitecto, que, como capricho de la historia, era el hijo de Rafael Urdaneta.

Así de simple es mi idea del día de hoy cuando de pronto, tras tanto ruido, me parece que el Estado es un edificio y que un país, no es mucho más que un par de cuadras, donde pasó su pasado, pisa el presente y debería proyectar el futuro.

Si un país fuese tan sólo un par de cuadras, no cualquiera sino las nuestras, las que cruzamos para llegar al trabajo o la cuadra donde quedaba nuestra escuela, tendríamos que valorar nuestra ciudadanía críticamente, en este y todos los tiempos, en la cordialidad y en la civilidad con la que convivimos.

Tendríamos que sentir, cuando cruzamos la avenida 20 de Maracaibo que son esos cadáveres de árboles, todas las selvas que tiene este trópico. Tendríamos que ver que todas las casas quemadas son en cierto modo, nuestras casas y que odiar al otro, es tan ridículo como las guerras que se declaran los vecinos.

En estos tiempos, donde pasan más cosas que horas, estamos sometidos a tanta rabia y cansancio que creo que estamos padeciendo una epidemia de miopía. Somos incapaces de ver que somos los mismos, con franelas de distintos colores, por eso nos acusamos unos a otros de idénticas fechorías.

¿Cuántos venezolanos somos? ¿Quién conforma el pueblo venezolano? ¿Hay una barricada permanente entre cada chavista y cada opositor? ¿Qué país queremos? ¿Qué presión sobrellevamos? ¿Quién no se da cuenta, con la infame firmeza con la que pujan el dólar, que esto no es un proceso económico normal?

¿Realmente, existe un opositor convencido que no existe un chavista? ¿Entonces para qué los candados, las quemas de centros, las barricadas, el sargento asesinado? ¿Por qué cuando caminaba la cuadra, detrás del Club Inavi, sorteaba junto con una lluvia de gente, apostamientos con cámaras incrédulos de ver personas llegar a un centro electoral? ¿Por qué en la puerta, vestida de blanco y con rosario, una muchacha gritaba todas las maldiciones que se le ocurrían contra quienes iban al centro?

La oposición decidió no ir a elecciones y con ello, evidentemente, la afluencia electoral tiene que ser brutalmente menor a los procesos donde todos participan. Es un elemento lógico que si hasta aquí, han asistido quince o dieciséis millones de personas que sólo participen siete u ocho millones, nos dará la sensación de la fiesta a la que faltaron la mitad de los invitados.

La oposición decidió ir a una figura atípica en la democracia venezolana donde reunió un universo de personas, sin requisitos electorales, sin registros históricos, sin autoridad legítima, que también llegó a ser un gentío.

Entonces todos estos días hemos estado en un fuego cruzado de declaraciones donde todos, como en un patio de escuela, se acusan de tramposos. La verdad, a título personal, es que nosotros vivimos ante el deber de reconocer la existencia del otro y el riesgo de no hacerlo. Pues, la barricada fundamental a derrumbar es la negación de la existencia del distinto porque tan sólo en la sumatoria de los pocos y de los muchos, de los iguales y de los distintos, puede vivirse en democracia.

Pienso que un país de treinta millones de personas no podrá construirse con ocho millones halando para un lado y ocho millones halando para el otro. No con fuerzas que apuestan en vez de avanzar a destruirse. La oposición no se dio en su simulacro ocho millones sino siete pero pongo en esta hoja una igualdad numérica porque realmente el debate de si fueron tantos exactamente aquí y tantos exactamente allá, es absolutamente estéril en tanto ninguno de los dos procesos se ganaba porque votara mucha ni poca gente.

Mientras tanto, las tareas siguen sobre la mesa.

El país necesita justicia y no revanchas. La actitud revanchista nos pone a un pie del despeñadero. La justicia no es sinónimo de castigo. La justicia que se requiere no se agota a responsabilizar a quince o a cien del show del terror de estos tiempos. El país necesita una manera que deje el hampa de comerse la paz. El país necesita un sistema que detenga que las páginas webs se coman el salario. El país necesita una educación que haga debates de los grandes temas para que los post-millenials entiendan, lo que nosotros no entendimos, que es el derecho a la diferencia y el deber de la tolerancia.

Cuando fui a votar, un señor de noventa y seis años me decía que nunca había visto un momento político como este y yo sentí una vergüenza generacional que quiero compartir. Somos una generación que oscila entre la locura, la complicidad y la insolidaridad. No tenemos cara para mirar a quienes hicieron este país y estamos a punto de no tener qué legar a nuestros hijos.

¿Somos realmente así?

La inusual campaña por el voto nulo, ¿una confesión?

image58235cfe70e821.12042629.jpg

Hillary Clinton, quien es, sin lugar a ninguna duda una de las personas más poderosas del mundo perdió las elecciones presidenciales en 2016. Su campaña había sido tan triunfalista que su derrota fue un duro momento para la prensa mundial que ya tenía impresas las primeras planas que anunciaban que la rubia de la guerra había ganado la contienda.

¿Cómo pudo haber ganado Donald Trump? ¿Ese patán recordado por los reality shows y escandalosas declaraciones racistas y misóginas? Por semanas los medios y la política denunciaron a los rusos. Alguien tenía que haber hecho algo con la inteligencia e influencia necesaria como para jaquear la primera potencia mundial del espionaje y del jaqueo.

¿Son los sistemas electorales infalibles, perfectos, puros? La respuesta histórica, matemática y social es evidentemente que no.  El mundo pasa por décadas de experimentos de intentar mejorarlos, usando la tecnología sin terminar de desechar las impresiones o papeletas que tienen la virtud de preservar palabras, que sólo dichas, se perderían.

Hoy estamos en Venezuela a tan solo dos días de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, proceso que pasará a la historia, fuera de las controversias, por encontrarse amenazado por personajes que llaman a impedir que se vote y que viendo que probablemente sus acciones físicas no sean fructíferas porque el Plan República está en la calle, porque el CNE redistribuyó los centros, porque los que impidieron la instalación de las mesas se encuentran detenidos, etc., están denunciando una hipotética maniobra que obligaría a las personas a votar. Por lo cual, ahora despliegan una campaña proponiéndoles votar nulo para defenderse de semejante coacción que los obligaría, pese a amenazas y barricadas, a ir a votar.

Este asunto me resulta que no puede pasar bajo la mesa porque en Venezuela siempre hemos dicho que a confesión de parte relevo de pruebas y tenemos que ver que el año 2015, la más reciente elección, tuvo como característica tener el mayor número de votos nulos de la historia electoral venezolana. Así,  en centros que son tradicionalmente chavistas, las voluntades perdidas superaron los márgenes de diferencia por los cuales un contrincante venció a su rival.

Aquel proceso era radicalmente distinto a este, pues todos aquellos sujetos que hoy se rajan las vestiduras llamando a detener las elecciones en aquel capitulo lo hacían para exigirlas. La campaña electoral había sido larga y agotadora, contrastante, muy en el esquema que se usó en todo el continente. La derecha había hecho del desabastecimiento su mitin y de la cola su candidato mientras el chavismo apostó a los espacios políticos ordinarios.

Un ejemplo de esta situación fue lo ocurrido en el circuito de la Costa del Estado Falcón, donde al momento de impugnar los resultados, el candidato de la coalición chavista, Andrés Eloy Méndez denunció que “realizamos esta impugnación ya que en la Costa Falconiana fueron casi 9mil votos nulos en los Centros de Votación históricamente chavistas [mientras que] la diferencia entre el candidato opositor del Circuito 4 de Falcón y mi candidatura fue de apenas 2700 votos”.

Argumento que rápidamente fue tildado como ridículo por la oposición que aseguraba tener una aplastante mayoría que ni en aquel momento, ni en este, ha podido demostrar. Cuando, a tantos días de confrontación responde sin quererse medir por los medios constitucionalmente establecidos y procediendo con rapidez a quemar las constancias de su simulación electoral.

La decisión sobre la impugnación hecha por Méndez aun no ha sido dictada pero debe la opinión pública considerar esta nueva campaña, donde con tanta arrogancia afirma la derecha tener una herramienta contra el sistema electoral con la utilización de los votos nulos.

Así, que valga preguntarnos si ese cumulo inusual de votos nulos puede provocarse y porque es necesario hacer una campaña explicando cómo votar nulo pues no parece que sea  un asunto tan sencillo que cualquiera con un mínimo conocimiento de la tecnología puede adrede hacerlo, como si ocurre con el voto válido que no exige ningún esfuerzo si quiera comparable con la utilización de un cajero automático.

Por ende ese universo, probablemente no sea un reflejo fiel de una voluntad sino la evidencia que puede de alguna manera jugarse con un sistema cuando en contra de la democracia venezolana no están los rusos sino la primera potencia del imperialismo, el cyber watch y todas las otras técnicas para jugar con la tecnología.

Con estas línas va la esperanza que la alarma haga que se refuerce, tanto como la seguridad del votante con la nucleación y de las calles con el Plan República la seguridad del asunto tecnológico del sistema y se recuerde que en nuestro derecho no existe la obligación de votar pero si la de dejar votar.