La igualdad que nos falta: el largo camino para el goce pleno de los derechos de los LGBTI en Venezuela

igualdaddd2_0.jpg

La Alcaldía de Caracas ha decidido dedicar el mes de junio a visibilizar la lucha de la población LGBTI en el país. En el mundo, el 28 de este mes, se celebra el Día Internacional del Orgullo LGBT para instar a la tolerancia hacia un colectivo que no ha alcanzado aun el gozo efectivo de todos sus derechos fundamentales.

Teniendo esto como marco queremos intentar hacer una valoración sobre el estado actual de los derechos de las lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales en Venezuela dejando claro que quien escribe interpreta que a la luz del paradigma de los Derechos Humanos no existe posibilidad de excluir a ninguna persona de la titularidad y goce pleno de sus derechos.

Por lo tanto, la reflexión que aquí se inicia parte de exponer que existe una profunda diferencia entre la igualdad formal, heredada de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, y, la igualdad material donde las personas pueden gozar de los mismos bienes, prerrogativas y honores.

Esto porque la igualdad formal convivió muy bien con muchas causas que hoy sentimos injustas: la esclavitud, la segregación racial, el condicionamiento de los derechos políticos de las poblaciones analfabetas o la dependencia económica de las mujeres. Así como la superación de todas estas cosas requirió un proceso de visibilización y denuncia  como el que hoy están llevando a cabo en Venezuela las poblaciones LGBTI.

Finalmente en esta especie de introducción quiero aclarar de donde nace mi convicción sobre que esto es un asunto fundamental, para quienes forman parte de la población LGBTI y para otros que, como yo,  simplemente rechazamos un sistema opresivo.

Yo siento que lo descubrí, un día cualquiera en una edificación que iban a demoler. La orden era clara y necesaria, el edificio no era habitable. La actuación de la municipalidad fue justa y transparente, así pese a que ordenó desalojar  asignó primero viviendas de interés social para todos los afectados salvo para uno, un joven homosexual tan pobre como los otros e incluso más solo.

Su reubicación no fue posible porque al no estar casado sino conviviendo con su pareja no entraba en la noción de familia que debía llenar la funcionaria. Por eso fueron los únicos que quedaron desprotegidos.

Otro tanto ocurrió con la más brillante médica que vi graduarse de la Universidad del Zulia, estudiosa, formada, con una profunda vocación de servicio y rebotada a cada entrevista a la que asistía por una causa inventada  por los convocantes cuando observaban que ella se sentía más cómoda mientras su aspecto era más masculino.

Son estos casos que se perpetuán cuando nos negamos a adecuar la legislación para proteger personas que existen y que tienen derechos inherentes que se ven a diario entorpecidos por una moralidad que se considera mayoritaria.

  • Nota histórica

En este punto, en el hecho que la homosexualidad en Venezuela no se encuentra legalmente prohibida tiene nuestro sistema algunas particularidades porque si bien podía existir algún juzgamiento sobre la base de las normas penales sobre el decoro o la moralidad de las personas LGBTI, sus conductas no fueron objeto expreso de la Ley sobre Vagos y Maleantes como si fue previsto en la ley española que la inspiró. Por lo cual, no tuvimos una prohibición abierta como si existió en otros países y además, siendo que este regimen ya se anuló con una decisión de la Corte Suprema de Justicia nos encontramos ante un escenario diferente.

En el que, en principio, no nos encontramos ante el deber de declarar inconstitucional una ley sino de dictar otras que permitan el ejercicio efectivo de derechos constitucionales que se han tenido como exclusivo de los heterosexuales.

¿Se trata de una nueva forma familiar? ¿De modificar el régimen del matrimonio? Muchas opciones están sobre la mesa pero lo que importa en realidad es entender que nosotros no tenemos enormes obstáculos jurídicos, al menos no constitucionales, que impidan proteger a la población LGBTI.

  • La visión constitucional

Así vamos a encontrarnos que nuestro sistema jurídico nace en una Constitución y que esta tiene una estructura donde hay principios fundamentales y derechos sagrados entre ellos el derecho a la igualdad y el derecho al libre desenvolvimiento de la personalidad, que sirven para entender que no es admisible que existan personas que tengan más derechos que otros por ser lo que son o como son.

En tal virtud, el artículo 19 constitucional que dispone la clausula general para el goce y disfrute de los derechos humanos precisa que los mismos amparan a todas las personas sin discriminación alguna, de modo que todos tienen, de conformidad con el articulo 20 derecho al libre desenvolvimiento de su personalidad  y se prohíbe toda discriminación basada en la raza, el sexo, el credo, la condición social o aquellas que, en general, tengan por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio en condiciones de igualdad, de los derechos y libertades de toda persona, según lo dispuesto en el artículo 21.

Observándose de este modo que toda clausula, legal, sublegal o emanada de la Administración Pública o del aparato de justicia que contraríe lo aquí dispuesto sería inconstitucional.

El problema allí no se plantea –o al menos no se admite- cuando se impone un deber de ser políticamente correctos que propugna una tolerancia ante las poblaciones LGBTI y muchos están de acuerdo que no puede existir una negación de derechos para ninguna persona pero se sienten francamente incómodos cuando saben que la igualdad llevaría a modificar  instituciones que como nos precedieron sentimos sagradas o incluso naturales.

Sobre este punto creemos importante señalar que no existe el derecho constitucional a cuestionar el modo de vivir de ninguna otra persona y que mientras su manera de vivir no constituya un delito se asume permitida, quedando tan sólo una brecha –de la que se sujetan las visiones conservadoras- que incluyen todos los asuntos morales dentro de la noción de orden público pese a que este concepto ha conocido una evolución con el paso del tiempo en sus distintas utilizaciones-.

  • El estatus legal

No existe todavía en Venezuela –como ya ocurre en otros países- una ley especifica que reconozca derechos a la población LGBTI o que imponga una clausula de interpretación o ampliación de normas civiles preexistentes. Por tanto, nosotros tenemos que hacernos de pequeños hitos donde legalmente se ha admitido que los LGBTI existen. Con esta reducida visión vamos a ver que en los últimos años han aparecido en la Ley para la Promoción y Protección del Derecho a la igualdad de las personas con VIH/Sida y sus familiares, en la Ley Orgánica del Poder Popular, en la Ley Orgánica del Trabajo y de los Derechos de Trabajadoras y Trabajadores, en la Ley de Instituciones del Sistema Bancario y en la Ley para la Regularización y Control de los Arrendamientos de Vivienda.

Junto a estos textos que ya son leyes en la República reposa un texto que no ha sido sancionado, un proyecto introducido en el 2014 y cuyo debate ha sido pospuesto, el Proyecto de Ley de Matrimonio Civil Igualitario en el cual parece configurarse una omisión legislativa y sin duda deberá producirse una discusión en los tiempos constituyentes en los que nos encontramos.

  • La vía judicial

En este contexto, el asunto ha recaído en la Sala Constitucional, como ha ocurrido en buena parte de los países latinoamericanos por tratarse de una materia que refiere el núcleo duro de los derechos fundamentales así como que exige una interpretación de la Carta Magna. Al respecto el tema ha sido admitido pero no decidido en las siguientes causas:

  • La demanda por el Derecho a la Identidad introducido por la abogada Tamara Adrián, así como la Demanda por Inconstitucionalidad del Art 44 del Código Civil y la Demanda por Omisión Legislativa del Proyecto de Ley de Matrimonio Civil Igualitario, con sus respectivas liberaciones de carteles de emplazamiento y citatorio a los distintos Poderes del Estado. Ambas han sido admitidas y se encuentran en curso.
  • La solicitud de la Fiscalía General de la República de remover todos los obstáculos legales que se opongan a los preceptos constitucionales y causen discriminación hacia las personas transgéneros y transexuales.
  • La Sala Constitucional, en su sentencia número 399, admitió a trámite la demanda por intereses colectivos y difusos que el pasado 6 de abril le presentaron Dominic Gabriel Ordúz, José Reniera Aponte, Carlos Eduardo Gutiérrez, Rigoberto Quintero Verdú y Richard Briceño Colmenárez para conseguir que “se les reconozca y se les dé el trato con el género y nombre prolegal con el cual son pública y notoriamente conocidos”; y por lo tanto en su partida de nacimiento, su cédula de identidad, pasaporte y cualquier otro documento aparezcan como Gabriela Desiré Ordúz, Madeleine Aponte, Lisset Gutiérrez, Rummie Quintero y Richelle Briceño Colmenárez. En esta causa, se realizó una audiencia en noviembre de 2017 y se está a la espera que la instancia constitucional publique su decisión.

Con ello en trámite, el mayor hito en la materia es la SENTENCIA 1187 DEL 15 DE DICIEMBRE DE 2016 DE LA SALA CONSTITUCIONAL DEL TRIBUNAL SUPREMO DE JUSTICIA (TSJ), la cual interpretando el Art. 75 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela,  reconoció la existencia de familias homoparentales con hijos habidos por métodos de fertilización asistida, garantizando el pleno ejercicio de los mismos derechos que tienen los jefes de familias y sus hijos e hijas en las familias tradicionales.

  • Decisiones de la Administración

Así las cosas, el panorama está lleno de tareas pendientes pero eso no ha impedido que podamos ver algunas aisladas decisiones de instancias administrativas que han intentado adelantarse. En ellas, la primera que tenemos la dictó el Presidente de la República pues el 15 de diciembre de 2015, Nicolás Maduro Moros creó el Consejo Presidencial de Gobierno Popular de la Sexodiversidad.

Además de ello consideramos digno de mencionar que:

  • el 28 de junio de 2016, Día Internacional del Orgullo LGBTI, (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, transgéneros e intersexuales), la Comisión Nacional de Telecomunicaciones hizo un Exhorto Público a los medios de comunicación para revisar la difusión de contenidos violatorios de los derechos de la comunidad sexo género diversa en Venezuela;
  • el 14 de septiembre de 2016, el Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería, modificó las normas que rigen el documento nacional de identificación ordenando que la fotografía de la cédula de identidad sea adecuada a la identidad de género que manifiesta la persona, sin importar el sexo con el que haya nacido.
  • Una vez que en el 2016 el Tribunal Supremo de Justicia interpretó el artículo 75 de la Constitución estableciendo que “el Estado brindará protección sin distinción” a las familias homoparentales, el 25 de enero del 2017 el Consejo Nacional Electoral emitió la primera acta de nacimiento donde se reconoce la doble maternidad.

Fuera de esto no nos quedan más que decisiones, más simbólicas que ejecutivas, que han sido dictadas por instancias estadales y municipales sobre todo tendentes a prohibir actos abiertamente discriminatorios o a incorporar días dedicados a promover la tolerancia. Con lo que observamos que el camino está a medio andar.

Es la opinión de quien suscribe que existiendo una noción de democracia, como la nuestra, que obliga a las autoridades a escuchar las demandas de la población y a incorporar los derechos que pese a no estar expresamente consagrados son inherentes al ser humano, debe dejar de esquivarse este asunto fundamental y ya superado en buena parte de la geografía mundial.

Tenemos un estadio jurídico confuso porque la homosexualidad no se encuentra prohibida, ni tampoco el hecho de modificar el sexo o el género. Por ejemplo, en Venezuela no es ilegal ser transgenero ni siquiera realizarse una operación de reasignación de género entonces ¿cómo podemos evitar que una persona que ya se transformó modifique sus documentos? Esto es absolutamente ilógico y socialmente atroz. Así como si ya es reconocido como posible y legal que dos personas de un mismo sexo sean los progenitores de un niño ¿cómo no va a ser legalmente posible que sean familia y exista una institución jurídica que proteja esa unión?

Por ello, nos alegramos y queremos acompañar esta iniciativa de debate, de visibilización de esta lucha con estas notas que reconocen lo que ya se ha logrado y exhortan a que pronto se abran las veredas para que no quede una sola persona en Venezuela a quien se le proscriba el derecho a ser quien es, a ejercer su sexualidad de manera responsable y feliz.-

Anuncios

Levantar otras banderas

frases-de-esperanza.jpg

Los últimos días han sido intensos para el debate. Pronto termina el primer período constitucional para el cual, en el año 2013, Nicolás Maduro Moros resultó electo y ya se celebraron las elecciones de Presidente para el periodo constitucional que inicia en enero de 2019. El clima político está determinado por algunos temas centrales: los precios, el contexto internacional y las medidas otorgadas por la Asamblea Nacional Constituyente, a través de su Comisión de la Verdad, a ochenta ciudadanos que estaban siendo juzgados o cumplían penas por actos relacionados con las guarimbas de 2014 y 2017.

Sobre este último tema han existido en el seno del chavismo las más amargas discusiones pues hay quienes consideran que esta decisión política puso en jaque el anhelo de justicia de la gente, otros, que no todas las víctimas fueron debidamente consultadas o aseguraron que a partir de ahora los que ya cometieron crímenes de odio, regresarían repotenciados por un anhelo de venganza por los tiempos que estuvieron encarcelados.

No es mi estilo jugar a suposiciones y en este tema, decidí no publicar ninguna opinión en caliente porque un asunto tan grande no puede abordarse solamente explicando los tecnicismos. Claro que era importante –y lo sigue siendo- ubicar que las acciones las dirigió la Asamblea Nacional Constituyente y no el Presidente de la República así como que no se trata de indultos sino de aligeramientos del modo de cumplimiento de la pena, lo que significa que estas personas siguen teniendo antecedentes, pueden regresar a la cárcel y que no tienen una libertad plena.

También es necesario acordarnos que no hay mucho espacio para la sorpresa porque desde el primer momento y pese al desconocimiento de los acuerdos por la oposición, Nicolás Maduro ha anunciado que cumpliría con todos los puntos a los que llegaron Acuerdo de Convivencia Democrática por Venezuela Santo Domingo firmados por el Gobierno nacional en República Dominicana el 7 de febrero de 2018.

Pero ahora, que las primeras reacciones han pasado creo que es el tiempo idóneo para hablar de lo fundamental y es que, lo que hemos visto ocurrir, no es otra cosa que la aplicación de nuestro maltrecho sistema de justicia. Ese, que centenario y únicamente modificado con parches, tiene una gradación absurda de los hechos delictivos: es más grave robar un carro que llamar a la guerra. Ese que le hace hasta los jueces difícil saber qué ley aplicar y que, genera que tantas veces los delitos queden impunes.

Cuando en el 2015, la Asamblea Nacional –antes del desacato- propuso una Ley de Amnistía nosotros fijamos nuestra postura. Es absurdo que el debate en Venezuela –con sus índices de criminalidad, el tiempo que tiene la situación por resolver y la pésima valoración de los ciudadanos del aparato de justicia- se centre en tratar la situación de algunos cuando el problema es de todos.

Entonces dijimos:

¿Cuál justicia necesitamos? ¿qué noción de igualdad ante la ley? ¿qué garantía de igualdad material? Las respuestas no llegaran solas al Parlamento. Por eso es que es tiempo de avivar los debates. Sabemos de sobra que no queremos que las esposas, las madres, los padres, los lesionados y las lesionadas reciban del Estado un archivo fiscal de las investigaciones o un sobreseimiento y una eliminación de las pruebas de los hechos que significaron la muerte de sus familiares, la expectativa de vida que tenían, etc., pero también debemos recordar que evitando tamaño mal no se obtiene inmediatamente la justicia.

Cada uno de los nombres en la lista, a la cual, esta semana nueva le suma por lo menos tres, merece ser recordado, la verdad dilucidada y los responsables condenados. Eso exige que el Estado una política redoblada de lucha contra la impunidad. Este flagelo, esa debilidad de todo el sistema de justicia de llegar a traducir la delincuencia, en todas sus formas y gravedad, en sentencias definitivamente firmes y ejecutoriadas, es un área que requiere debatirse y adecuarse.

Y en este tema, las cosas no han mejorado, menos después del bochornoso capítulo de la Fiscalía General de la República que nos llevó forzosamente a admitir que en materia de justicia, en especial, en la penal estábamos muy mal pero algunos han querido mantener la admisión –o la acusación- solamente en algunos personeros pero esto no es así porque la justicia no huye en moto, no es tan sólo una Fiscal, no es tan sólo aquella jueza que persiguió injustamente a algún campesino o aquél defensor que nunca va a las audiencias. Es un problema mayor.

Visto el tema de las penas –que es una verdadera vergüenza- queda el asunto de cómo se hacen los juicios y allí tenemos muchas dificultades porque aquellas ideas de construir una justicia donde las personas participaran y así fueran todos corresponsables y garantes de la transparencia de los jueces se murió por falta de quórum. Así, los juicios nunca tenían lugar porque no se presentaban los miembros de la “sociedad civil” y hubo que decidir, luego que reformar el Código, para dejar esto de lado y evitar que siguiera siendo la principal causa de retraso procesal.

Para estos asuntos es tiempo que el Poder Constituyente vaya a las premisas de la justicia y estas no son procesales sino del debate del tipo de sociedad que somos y de aquella que queremos ser. Por ejemplo, en todas las democracias liberales el primer derecho es la propiedad pudiendo incluso quitársele la vida a quien atente en contra de algún propietario. ¿Es eso compatible con nuestra idea de un Estado socialista? Probablemente no pero esas son las cosas que deben debatirse.

En mi opinión hay en el caso que estamos viviendo otro asunto y es cómo se reparan los delitos de odio y los actos de lesa humanidad porque ya hemos admitido que estos son un asunto distinto por ser futil e innoble, por afectarnos a todos al romper los lazos de nuestra convivencia y aquí parece que tiene mucha tarea pendiente la Comisión de la Verdad.

Si lo afirmo es porque de nuevo quiero que nos ubiquemos en nuestro sistema de justicia vigente porque no hay manera que nuestras nuevas visiones de justicia sirvan para juzgar a estos individuos porque eso atentaría contra la no retroactividad de las penas en perjuicio de los reos.

Siendo esto así, nosotros no vamos a poder mantener eternamente a nadie preso, ni imponerle penas vejatorias ni evitar medidas humanitarias –así ya cause escozor viendo todos los que han forjado informes médicos y se curan el mismo día en que dejan la cárcel- pero la necesidad de justicia no se va a agotar con el cumplimiento de la pena (larga o corta), en la cárcel o en libertad, de fulano o de mengano.

La necesidad de justicia trasciende de la individualidad de cada uno de los responsables y es allí, donde necesariamente tenemos que recurrir a la justicia simbólica. Nosotros necesitamos cambiar el nombre de algunos sitios, necesitamos fechas para la memoria, necesitamos actos públicos de arrepentimiento y esto no tiene nada que ver con el cumplimiento de la pena como tradicionalmente se hace.

Orlando Figuera debe ser el nombre de lo que nunca se olvidará en este país porque pagó con su vida y mucho sufrimiento  que algunos hayan ordenado aplicar manuales de guerra que hoy vemos en Nicaragua.  Más de un funcionario de seguridad cayó y deben abrirse plazas y cátedras que los recuerden.

Yo siento que es tiempo de levantar estas banderas decir que no a la indignación que inmoviliza y ser plenamente la ciudadanía que exige una justicia que no hemos sido. No se trata de venganza, se trata de justicia. No se trata de rencor, se trata de memoria.

Hay peligros inminentes de quedarnos en sólo ponernos bravos porque la democracia no es el burócrata sino el ciudadano y es tiempo de que seamos protagónicamente hablando el pueblo del 2002, el que sabe a quién enfrenta y  por eso nadie lo rindió.

Cumpliendo esta tarea, adoptando una legislación que realmente busque la justicia, que criminalice los peores actos llamandolos por su nombre y penandolos de una manera coherente, podremos cerrar el capítulo que hasta ahora tan sólo sentimos que se repite.

Exigencias en la red: ¿deber de complacer?

af8f7e593f6f1ad29e712dfdd4cf716c.jpg

Siempre me ha gustado el tema de las redes sociales. No sólo porque las uso sino porque son un desafío importantísimo para el derecho. En ellas, se mezclan en un solo clic muchas cosas que antes eran distantes.

Por eso, las redes son un sitio maravilloso para construir comunidades, conocernos entre profesionales afines y hay incluso quien en ellas conoce el amor pero, son también un espacio para planificar y ejecutar todo tipo de delitos, donde se confunden las regulaciones y donde pasamos en menos de un segundo de tratar asuntos sobre la soberanía hasta tener que analizar las exigencias del derecho de los consumidores y los usuarios. En fin, son un mundo. El mundo del presente.

Desde esa óptica con la que inicié a mirarlas el asunto iba sobretodo en la responsabilidad individual por publicar contenidos y opiniones propias o de terceros. ¿Cómo hacemos con esa gente que tuitea la dirección de alguien? ¿Con el ex furibundo que cree que puede subir las fotos de su antigua amante? Esos eran mis principales intereses.

Sin embargo, desde hace par de semanas, ahora cuando ya existe una especie de consenso entre los especialistas que identifican que las redes no son más que un simple medio y la responsabilidad de las personas es la misma, sea cual sea, la herramienta que usen para actuar (su voz, un megáfono o un muro de facebook) se me hace patente un problema peor, el tema de las relaciones de consumo que se establecen entre las personas en las redes.

Muchas veces me ha tocado y otras he visto como las interacciones de las redes sirven para criticar de una persona que su postura no sea la que el lector busca o para exigirle que debe sentar posición sobre algún tema.

Ahora hay un boom exigiendo manifestar indignación, tristeza o desesperanza porque si tienes ganas de tener una vida normal puedes ofender a quien lee, o incluso puedes recibir reclamos si tus posturas no están escritas en tecnicolor hablando de lo bonita que es la vida Caribe y el momento de maravilla que vivimos…

Ridículamente, la mayor parte de las “personas virtuales” que conozco han sido objeto de reclamos en ambas direcciones.

Y esto me ha traído a esta hoja ¿puede existir una obligación de hablar de lo que uno no habla? ¡Existen miles de razones para no publicar en redes sobre algo! Algo puede incomodarnos, disgustarnos o simplemente no estar en el centro de nuestros intereses. Los únicos obligados a hablar son los funcionarios públicos sobre sus funciones y existe un precepto constitucional que los libera de hablar mal sobre ellos mismos.

Con un asunto tan claro como este el problema no está en pensar si alguien está obligado a decir algo en las redes sino sobre qué hace que la gente crea fundado su derecho a exigir que otra persona se pronuncie públicamente sobre algo y lo que ocurre cuando a quien se le demandó, decide no hacerlo.

Este tema es para mí terriblemente triste porque mi experiencia y la de otros amigos ha sido que cuando esto ocurre, cuando no complaces a ese usuario –que conoces en la realidad o no- muchos se sienten con el derecho de acosar o descalificar a quién no se pronunció central y formalmente sobre el tema de su interés.

Incluso tengo un seguidor obsesionado con la forma en la que digo las cosas. Él suele estar de acuerdo conmigo pero me cuestiona las frases que uso o en base de un análisis de contenido que hace de mis redes, está convencido que yo sufro de amargas tristezas.

Una entrevista del diario El País de España a Terry Gilliam fue el argumento que me faltaba para escribir sobre estos temas porque él se pregunta cuán nocivas han sido las redes en la manera en la que interactuamos.

Interrogado sobre por qué la gente de hoy en día es tan sensible y tiene poca tolerancia al humor, dijo que piensa que esto tenía que ver con las redes: “[las redes] te permiten esconderte. Tengo mi perfil de Facebook para poner cosas y ver cómo reacciona la gente. Es una locura. Hay gente muy inteligente, pero luego están los otros. Hace poco me dijeron que apoyaba a un violador en serie. ¡Dije que Harvey Weinstein era un monstruo y la gente interpretó que le apoyaba! Digo “negro” y dicen “blanco, blanco, blanco”. Esa es la locura.”[1]

Y esto  me resultó interesante porque hoy hablamos cómo para las redes, los usuarios son la mercancía cuyas opiniones venden a compañías de mercadeo, de encuestas o de operaciones políticas pero ¿qué somos para los demás usuarios? ¿Somos también su mercancía? ¿Su marca favorita que quieren que lancen una colección de verano nueva? ¿Su cantante favorito que quieren que grabe a dúo?

Cuando además coincidimos en el rol de ser un usuario de redes y escritores, el asunto luce peor porque la gente espera más. En especial en este momento histórico en Venezuela donde al parecer uno tiene que tener una opinión sobre todos los temas y no salirse de ellos. Debe ser –seguramente- que cuando Shakespeare construía a Romeo no estaba la Inglaterra isabelina incendiada de miseria…

[1] https://elpais.com/elpais/2018/05/24/eps/1527158418_619975.html?id_externo_rsoc=TW_CM

Los debates que no tenemos

rechazar-una-oferta-de-trabajo.jpg

Todas las personas que conozco están de acuerdo en algunos temas básicos. Todos piensan que está mal que mueran millones de personas de hambre y de enfermedad; que la guerra no es una vía valida y que la economía tiene al planeta al borde de su propia extinción. Si esto piensan las más diversas personas, de distintos lugares, los temas van a variar en cuanto a las soluciones hacia las cuales debería girar la construcción del otro mundo.

Siempre me gusta pensar esto en los términos de Rawls sobre qué es lo justo. ¿Cuál es el mundo mejor para un empresario o para un campesino? ¿Cuál es la necesidad imperiosa para un joven jugador o para un viejo convaleciente? ¿Qué debe hacerse para mejorar nuestra vida si somos del sur o somos del norte?

De la Universidad nunca olvidé a un joven pelirrojo que fue conmigo a la Maestría. Francés, pulcramente blanco, cargaba a la universidad con un maletín de cuero suave y marrón. Peinaba de un modo tonto, tenía lentes y un apellido que olía a aristocracia. Era alto, torpemente simpático. Insoportablemente francés. El mundo en el 2009 le resultaba una pesada desgracia y tenía la honestidad suficiente para hablarme de ello.

Un día tomamos un café y el aprovechó para explicarme por qué el precio del petróleo debía bajar. El mundo, me dijo, desde que ya no hay colonias no es como era y nosotros  necesitamos Colonias para que el Estado de bienestar pueda ser.

Como les dije, era torpemente simpático y recogió su frase invitándome a quedarme en Francia. Los destinos del sur que eran para todos esos seres de la ultramar no debían ser los míos porque yo, a diferencia de aquellos tenía nombre y a él le encantaba mi dedicación a analizar un Derecho que él sentía absolutamente superior porque al final, el mundo nació en Roma y se perfeccionó en París ¿no?

Este recuerdo me atrapó en el presente al calor de algunas discusiones que están ocurriendo. No ya el mundo sino el país, ya no el país sino el chavismo. ¿Qué somos? ¿Cuál es la base que nos une? ¿Cuál es el mundo que soñamos?

¿Qué piensa del chavismo el coronel sentado en su elegante poltrona? ¿Qué es el chavismo para la señora que mira desde su patio la lluvia? ¿Qué es el chavismo para el joven que descubre que ha vivido toda su vida para algo que ya no le es muy diáfano?

¿Es el chavismo un gobierno de militares? ¿Un gobierno de comunas? ¿Un espacio de convergencia? ¿Quién y cómo, por qué está fallando?

Quizás para contestar la pregunta sobre el qué nos haga falta tomar todo esto y mezclarlo. El chavismo sería historia, presente y utopía. Sería militar y comunal. Sería la vieja y el chamo, así, el de la televisión y el del barrio. Hasta algunos clasemedieros desclasados (hacia arriba o hacia abajo).

Ese “qué” sin duda importa y por eso nos viene tantas veces al ruedo pero pocas veces, demasiadas pocas, viene acompañado de un debate sincero sobre el cómo.

Una vez que la región latinoamericana está como está (tiempos de represión tras un golpe en Brasil, neoliberalismo brutal en Argentina, cachorrismo desatado en Colombia, Panamá y Perú) sabemos que algunas propuestas básicas como el chavismo como movimiento diplomático de paz entre los pueblos comienza a no ser tan sencillo.

Pero el tema internacional no se agota allí cuando nuestros planes económicos estaban relacionados con la cooperación sur-sur y ahora todo es tan diferente. Por ejemplo, ahora los viejos aliados para completar las proteínas requeridas en el país, los alimentos del ganado y las vacunas de los pollos, son algunos de nuestros más violentos enemigos.

Ese marco hace que algunas preguntas que nunca terminamos de contestar se hagan tan imperativas que son asfixiantes. ¿Cómo nos desarrollaremos? ¿Con qué fuerza? ¿Cuándo? ¿A qué precio? Los modelos para respondernos estas preguntas colisionan en el seno del propio chavismo: producimos para hacer las cosas rentables; construimos un sistema que pese a su rentabilidad sea universalmente accesible; producimos para independizarnos así nos toque caer en algunos modos o calidades inferiores a las que veníamos acostumbrados.

Todas son ideas sobre la mesa. Todas vuelven al dilema de Rawls y a la mesa donde tomé alguna vez café. No hay una respuesta correcta pero hay un deber de trascender el qué quiero y esa me resulta la parte más complicada. Se trata de la urgencia de los cómos, ese mundo del know how que nunca hemos tenido, que tan poco llega a las conversaciones.

Era esa la idea en la que me iba leyendo conversaciones y tomando un café frente a un amigo preocupado hasta la médula en medio de este momento complicado ¿porqué no empezamos a hablar del cómo?, hay un mundo fuera del sofá y del lamento.

Veía por ejemplo una vez más un gran debate sobre todas las cosas que no es y que no hace VTV. Pensaba cuán ridículo ha sido el mismo debate que quiere culpar a la pantalla de la realidad porque no se le parece. No creo que nadie seriamente haya sido capaz de determinar que un medio con tan poco ranking fuera de los ministerios sea realmente definitorio en el bienestar de alguien e incluso en sus opciones electorales.

Pero es imposible pasar muchos meses sin volver a este estéril debate sobre la falta de política comunicacional de este gobierno. En “este” incluyo todos los periodos presidenciales de Chávez. Ahora, incluso las redes han empeorado el fenómeno porque –usted no lo creerá- que alguien no se queje es una causa de mucho escándalo (aunque alguien sea un fulano que no es ni siquiera parte del gobierno o de la oposición orgánica).

Pero vaya que el asunto se reduce en las opciones del cómo. Ese tema fundamental, el cómo se hace la fulana política esa y como se pone de cabeza a todos los burócratas que repiten la formula que al parecer no funciona.

Salgamos de aquí antes de fastidiarnos. Vamos al mundo de los precios y del campo. ¿Cómo? ¿Cómo lo hacemos? Sin título, sin ley, sin formulas rimbombantes ¿cómo recuperamos la calidad de vida de la muchacha que durante dos horas espera un bus en Araira para llegar a casa? Si, Araira, allá más allá del mundo raro que es Guatire.

Debería hacerse una campaña nacional en busca de los cómos. Una especie de cartel que diga no proponga la Comuna sino quiere poner el primer bloque o pida otro ejercito sino quiere ir a darle clases a los soldados. Abrir el debate y todas las hojas de papel y los códigos binarios que existan en el país no para calificar la victoria – o la derrota- sino para encontrar los modos de hacer la resistencia.

Creo que sólo defendemos aquello de lo que en algún modo nos sentimos parte, que soñar tiene que ser de alguna manera un modo de ejecutar porque sino la utopía es tan esteril como una gasa y tiene tan poca vida como ella.

Es verdad yo misma no tengo muchos cómo que ofrecer, mi intento de volver al campo duró las horas que me tardé en ahogar una plántula de tomate y volver resignada al mercado pero siento esta noche que es una urgencia empezar a hablar de cómos y olvidar tanto epíteto.

¿Cómo hacemos el país que queremos?

Para la memoria, la paz. A Evio Di Marzo.

La escultura d ela no violencia de Carl Fredrik Reuterswärd fue la manera en la cual el artista recordó la muerte de John Lennon como

La escultura de la no violencia de Carl Fredrik Reuterswärd fue la manera en la cual el artista recordó la muerte de John Lennon para que las armas no sigan usandose.

El asesinato del cantante Evio Di Marzo vuelve a desnudar algunas cosas terribles de nuestra sociedad y aunque no tengo un conocimiento de vida de muchas épocas pasadas que me permitan asegurar que esto fue –o no fue- así en el pasado, tengo la certeza que es inadmisible en el presente.

Según reseñó la prensa, el 28 de mayo de 2018, Evio Di Marzo fue asesinado por unos hombres que intentaron robarle su carro, a lo que se resistió e intentó huir, siendo herido de bala y colisionando luego. Llegó a un hospital caraqueño sin signos vitales y así fue, como una voz de Venezuela se eclipsó.

Di Marzo no fue hijo único, de hecho, su hermano es otro icono musical venezolano y ellos, como en tantas familias ocurre, militaban cada uno para un sector de la política venezolana. Evio, con el chavismo. Yordano, con la oposición.

Evio fue chavista, muy chavista y crítico, muy crítico. Por lo que, para la oposición era una decepción y para algunos chavistas, una incomodidad. Dudo que para alguien no haya sido un hombre honesto porque eso fue, saliendo del mundo de la superficialidad y la parafernalia.

Su asesinato para algunos es casi que su culpa. Al final, los chavistas son culpables de todo lo malo que ocurre, sea nuevo o viejo. Merecen, decía hasta una senadora de Estados Unidos, ser sancionados por decisiones políticas. Por lo que, algunos dicen primero que era el hermano chavista como queriendo decir que fue “bien asesinado”.

Un ser, autoidentificado como chavista, se montó en esa ola destacando las diferencias de Evio en relación a Yordano, de quien estimó que la muerte no sería una lástima. En un acto sumamente vergonzoso que no debe dejarse pasar.

¿Qué país somos y qué país queremos? ¿Qué familia es la familia venezolana? Yo no creo en ese país. Jamás lo haré. Ni en su existencia porque ese no es el país que recorro y sobretodo en que esos ruidosos seres formen parte representativa del corazón venezolano. No conozco una sola familia que milite homogéneamente en uno de los bandos de la política y daré mi vida por el derecho de los otros a existir. Sean o no mi familia.

Pienso en esta hora como nuestro gran poeta Andrés Eloy Blanco “Por mí, ni un odio, hijo mío,/ni un solo rencor por mí,/no derramar ni la sangre/que cabe en un colibrí,/ni andar cobrándole al hilo/la cuenta del padre ruín/y no olvidar que las hijas/del que me hiciera sufrir/para ti han de ser sagradas/como las hijas del Cid.”

Estoy convencida, como ya lo comentaba en el capítulo que enfrentó a Pedro Carreño con Isaías Rodríguez que Venezuela no es un país que necesite insultos o descalificaciones, mucho menos en el que veamos avanzar ideas terribles como si se tratase de agua corriente. Los linchamientos, la persecución internacional de “rojos”, la justificación de la muerte por “chavistas” o el deseo del sufrimiento de un “escuálido”, hacen que este sea un país donde difícilmente podemos respirar.

La mayoría de este pueblo no es ese. Es el tío que se burla en la comida familiar o la vecina que baja el último sorbito de café que había guardado para regalarse incluso a un desconocido. Estoy absolutamente segura que esto podremos pararlo porque somos más aunque hagamos menos ruido.

El hampa, ya lo decía Domingo Alberto Rangel, hace ya mucho tiempo que está por encima de todos los poderes. Ya se ha llevado demasiadas vidas. Las vidas suburbanas de tanta gente que sólo recuerdan sus abuelas; la vida de algunos destacados músicos, poetas, pintores, políticos y médicos que han dejado un cráter en la esperanza.

La respuesta que no se ha dado cuando se desbordó en los setenta, cuando sigue viva y apabullante en el 2018, no está en abandonar la calle y dejar que a todos nos coma el alma; ni en irnos del país pero sobretodo no está en dejarnos picar del odio maldito que la alimenta.

Ojalá que pronto evitemos todos la muerte, amando la vida. Amándola en nosotros y en los otros, quitando del camino esas carroñas que del color que se vistan aparecen desalmadas, perversas.

El deporte venezolano: la alegría sancionada

vinotinto

¡La alegría, ese sentimiento fresco y luminoso que pretenden quitarnos! Ese derecho en algunos países y ese festejo que tiene el calendario de días internacionales y esta tremenda batalla que estamos dando para defenderlo.

La alegría de la vida es sin duda ante todo una cosa simple, individual, asociada al placer y a la fortuna. Para otros, en ella habría algo de disposición y de la manera en la que nos enfrentamos a las cosas pero sin duda, la alegría tiene también mucho de simbólica y de colectiva.

Para la alegría sirve la música, sirve el canto y también el deporte. No tan sólo por las endorfinas que dejamos salir cuando nos montamos nosotros en nuestra actividad favorita o la sensación de libertad que nos invade.

Por eso, cuando estamos siendo bloqueados, como en este momento, cuando estamos siendo presentados como seres extraños quieren quitarnos la posibilidad de competir internacionalmente en los deportes.

Porque los deportes de alta competencia se reportan entre las noticias normales, con  fotos donde el mundo es un espacio plural donde todos caben e incluso se puede ver entre seres de distintos continentes, amor y solidaridad. Donde cualquiera puede triunfar y cambiar su suerte al escuchar su himno nacional.

Así lo vimos por ejemplo cuando en el 2016, la única noticia positiva sobre Venezuela que publicó Le Monde en muchos meses fue el extraordinario éxito de la joven Yulimar Rojas quien, con el pelo verde, el tricolor en las manos y una foto con el Presidente Nicolás Maduro en el bolsillo, se trajo una medalla de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Pero ahora estamos en el 2018, existe el Grupo de Lima y está toda esta línea que cuestiona que en un país cuya economía se derrumbó puedan haber elecciones y que haya sido reelecto un Presidente.

Entonces, cuando Venezuela ha sido condenada a la página roja internacional, al club de los Estados forajidos o canallas, la sección geopolítica y las fotos del ACNUR, se puede ver el empeño de algunos a eliminarnos de los eventos deportivos.

Dos países americanos, actuando casi simultáneamente han impedido que nuestros puedan competir. Hablamos de la decisión publicada el 16 de mayo que impidió la participación venezolana en el Campeonato Panamericano que se celebra en Guatemala porque ese país le negó la visa de entrada a nuestros deportistas[1] y de la decisión tomada hace un par de horas, el 24 de mayo, por el gobierno de Canadá que impide la participación de venezolanos en el Campeonato Mundial Militar de Voleibol.[2]

Son estos ejemplos que pueden pasar debajo de la mesa entre tantas noticias un buen faro para entender qué significa ser un país bloqueado por acciones dirigidas por el gobierno de Estados Unidos y ejecuciones lideradas por Canadá donde los sancionados son los venezolanos aunque pretenda hacerse del país una estructura de aros, donde existiría un primer sancionado que sería el Presidente y luego la intensidad de las sanciones se iría ampliando: a los Ministros, a los funcionarios, a los partidarios y luego al pueblo todo, como se lee de las declaraciones directas de algunos funcionarios norteamericanos y algunos torpes voceros nacionales.

Así como lo dijo, hace apenas tres días María Corina Machado, quien sentenciaba “vamos a hacer que el costo de su permanencia sea evidentemente mayor al de su salida de una vez por todas”[3], buscan destruir cualquier bienestar o alegría que el pueblo tenga o pueda tener, por ejemplo, con ver levantar la bandera en eventos deportivos, tan destacados como prácticas que sirven para hacer sentir orgulloso a un país de todos sus integrantes.

Ahora, como en muchas otras materias en la realidad las sanciones no son pruebas de laboratorio. No existen esos círculos imaginarios que se emplean en el discurso. Existe un universo de múltiples relaciones al que se le están aplicando tijerazos que impiden el funcionamiento normal.

Uno de los más conocidos efectos de las sanciones es que generan una insoportable escasez que tiene como resultado deseado ampliar la corrupción y esto es simple. A mayor dificultad para obtener algo indispensable sólo crecerá el mercado negro y el tráfico de influencia para obtenerlo. Sufrirá más quien no tenga estructuras para sostenerse: sean estas económicas, sociales o políticas.

Por eso, los que sufren mas las sanciones son los sectores que luchaban todavía por alcanzar un goce pleno de sus derechos que ahora, a mayor precio y menos cosas, pueden enfrentar peor las cosas que antes ya habían superado. Piense usted simplemente en la independencia que dio a tanta gente tener una pensión y lo que la hiperinflación ha hecho de esa sensanción.

Es la desesperanza el sentimiento que busca imponerse a un país donde debe convencerse a la gente que su destino es fracasar, claudique o no, de la lucha que ya ha emprendido.

En ese marco, estos son tiempos serios donde todos somos necesarios, en el esfuerzo de mantener la lucha y defender la alegría. Estos atropellos administrativos contra nuestros deportistas son actos particularmente hostiles porque se dirigen contra personas cuya responsabilidad individual en lo político no puede ser menos importante y su luz para regalar alegría, no puede ser más brillante.

No nos extrañemos de que esto ocurra y sin duda se hará cada vez con más fuerza hasta que se le plantee como solución individual a los que le interesen a la mano que nos sanciona darles nacionalidades extranjeras, como un salvoconducto que les permita ser individualmente importantes desprovistos de la suerte que colectivamente quieren trazarnos como pueblo.

[1] http://www.laiguana.tv/articulos/90522-guatemala-nego-visa-deportistas-venezolanos-competir

[2] http://vtv.mippci.gob.ve/canada-impide-participacion-de-atletas-venezolanos-en-campeonato-mundial-militar-de-voleibol/

[3] http://www.lechuguinos.com/maria-corina-arremetida-economica/